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26 feb 2011

El periodista es un técnico en la raja del culo

Fuente | Telecinco

El periodista es un técnico en hechos

Fuente | El País

"Podríamos decir que el Wikiperiodismo es al periodismo lo que la Wikipedia a las enciclopedias clásicas", dijo Juan Luis Cebrián en la apertura del Master de Periodismo de El País. Arcadi Espada, desde enfrente, tardó poco en enmendarle la plana:

"No, y este es el principal problema de ese supuesto periodismo. El funcionamiento clásico, e ideal, de la wikipedia es el de especialistas escribiendo sobre las materias que dominan. En el periodismo wikingo el especialista ha desaparecido. Siempre y cuando se entienda algo fundamental. No hay periodistas especialistas en ciencia, política, economía, etcétera. O en cualquier caso se trata de una especialización secundaria. La especialización del periodista sólo consiste en su capacidad de construir relatos globales sobre cualquier materia. De traducir al común las especialidades de los gremios. Y luego de relacionarlas, seleccionarlas y jerarquizarlas. El ciudadano se cree que por presenciar casualmente un hecho ya es un periodista. No. Cualquier hecho requiere un técnico. El periodista es un técnico en hechos. Alguien que sabe hacer las preguntas, alguien que sabe escribir las respuestas".

22 feb 2011

El burdel, Cercas y Espada

Arcadi Espada y Javier Cercas
Fuente | Letras Libres

El asunto del 'lupanar en Arganzuela' va camino de convertirse en el alimento más provechoso del panorama mediático español del modernísimo siglo XXI. Tras la apariencia de chisme cultureta se esconde una de las más sustanciosas lecciones periodísticas que ha deparado la profesión en los últimos tiempos. Por eso merece la pena seguir de cerca este duelo -en el que ambos contendientes esgrimen un arma tan (in)ofensiva como el teclado-; por eso me parece tan acertado el análisis que de él hace Daniel Gascón en el blog de la redacción de Letras Libres:

"Arcadi Espada y Javier Cercas mantienen desde hace años una polémica sobre la verdad periodística y literaria. En España no abunda ese tipo de controversias enriquecedoras que, cuando descienden lamentablemente de la teoría al insulto, recuerdan la frase de Woody Allen: “los intelectuales son como la Mafia: solo matan a los suyos”.

Hace unos días, Cercas escribió un artículo donde defendía a Francisco Rico, que había publicado un texto contra la ley del tabaco donde decía que no había fumado en su vida. Muchos lectores, que sabían que el filólogo es un hombre a un cigarrillo pegado, protestaron. Cercas les acusaba de no tener sentido del humor y defendía que “el periodismo es un ensayo de comprensión imaginativa del presente”, “no una mera acumulación de hechos sino una interpretación de los hechos”, y que no debemos exigir que todo lo que se cuenta en el periódico responda a la verdad de los hechos. El martes, Arcadi publicó una columna en El Mundo donde contaba que Cercas había sido detenido en una redada en un prostíbulo de Arganzuela. Algunos medios implicaban a Cercas en una trama de explotación de mujeres y Espada salía en su defensa.

Como ha explicado el propio Espada, lo que contaba la columna era falso: el periodista aplicaba los argumentos de Cercas al autor de Soldados de Salamina. Usaba con brillantez un procedimiento similar al que había empleado en un fragmento de Diarios:

'El célebre periodista español Mariano de Cavia mintió un siglo antes escribiendo un artículo donde narraba el incendio del Museo del Prado. Mucha gente lo creyó. Lo que Cavia quería, justamente, era evitar la posibilidad del incendio y convencer a las autoridades de la necesidad de mejorar la seguridad en el museo. Nunca sabremos si con ese artículo se evitó la quema del Prado y tamaña desgracia para la Humanidad. Pero sí sabemos que Alfonso Hueste-Medina, un anciano coleccionista de arte de Madrid, seguramente ya enfermo, murió de un infarto fulminante en su palacete de Serrano, seguramente después de llamar, horrorizado, a su criada y empezar a relatarle lo que contaba Cavia. No hay duda de que el Prado se quemó para él.

A la mañana siguiente

Ni Alfonso Hueste-Medina ni su historia son reales. Espero que hayan aprendido la lección'.

No creo que sea exacto decir que Espada 'ha lanzado un bulo' ni una calumnia, aunque el ejemplo que usa ha podido crearle más problemas a Cercas que otros a los que podría haber recurrido. En la disputa hay un elemento de antipatía personal, que también se ve en algunos de los que han criticado el correctivo de Espada. Pero, en todo caso, Cercas se equivocaba en su defensa de Francisco Rico. El periodista que introduce la ficción en un texto del periódico está violando su pacto con el lector. Ni siquiera tiene el mérito que supone obtener la suspensión del escepticismo, como en una novela, porque opera gracias a la credibilidad de los hechos reales y el lector asume de entrada que lo que le cuentan es cierto. Es un engaño. A diferencia del periodismo, la literatura no es verdad ni mentira, sino ficción, y sabemos que crea objetos y significados simbólicos, pero ese periodismo falaz o 'imaginativo' genera de forma fraudulenta significados simbólicos, que son muy peligrosos cuando no los identificamos como tales, y los genera, además, sobre objetos y personas de verdad. El propio Cercas, que hoy vuelve a escribir sobre el asunto, ha demostrado que entiende esa diferencia en otros textos. Su admirable libro sobre el 23-F, Anatomía de un instante, distingue claramente entre los hechos comprobados y la especulación. En términos pragmáticos, ese tipo de periodismo incumple como poco la máxima de calidad de Paul Grice. Eso perjudica a quien lo lee, al periódico y a menudo a un tercero. Y dinamita todo su discurso, porque la frontera entre realidad y ficción es el único lugar donde se cumple el principio homeopático: una sola gota de mentira contamina todo el contenido y desautoriza al emisor".

19 feb 2011

Espada, Cercas y el burdel


Las agarradas -negro sobre blanco, naturalmente- entre Arcadi Espada y Javier Cercas -maestros ambos para mí, cada uno en lo suyo- en torno a la delgada línea roja que separa periodismo y literatura, ficción y realidad en la narrativa (pseudo)periodística contemporánea -relatos reales me parece que lo llaman- son bien conocidas por los amantes de las letras españolas -en cualquiera de sus manifestaciones-. Sucede que esta semana la cosa ha llegado a las manos -es un decir- por culpa de una columna publicada por el primero en El Mundo el pasado día 15. El escrito ha hecho correr ya ríos de tinta -y de sangre mediática, claro- pese a su corta vida, y ha permitido a Espada llevarse el 'gato al agua' -de momento- en un duelo de (afiladas) plumas al que nadie puesto aún el 'the end'. Sirva como consuelo, entre tanto, la síntesis del asunto que publicaba antes de ayer el animador del cotarro en su diario:

"Tenía un hombre que días antes, y a propósito de una columna mía, había escrito una carta a este periódico cuyo único argumento era llamarme mentecato, haciendo uso del lenguaje recto. Y un hombre que, sobre todo, había escrito en el diario El País un artículo con una serie de proposiciones entre las que destacaba, justo al comienzo, esta frase de Hitler como paradójico (y potente) argumento de autoridad: 'Exigimos una campaña legal contra quienes propagan mentiras políticas deliberadas y las diseminan a través de la prensa'.

Luego venía su pasmoso corolario lógico: '¿Quién escribió eso? Adolf Hitler, en 1920. ¿Qué significa eso? Significa, al menos, que hay que desconfiar de los cruzados contra el embuste, porque el énfasis en la verdad delata casi siempre al mentiroso'.

Y luego: 'El mejor lugar donde asediar la verdad factual del presente es el periódico. ¿Quiere esto decir que hay que exigir que todo lo que se cuenta en el periódico responde a la verdad de los hechos? A mi juicio, no'.

Y luego: 'Se dirá que todo esto atañe solo a una parte del periódico, a esas secciones donde, como en las columnas o en los artículos de opinión, son admisibles ciertas licencias, y no al resto, donde lo que debe imperar es la verdad factual; es cierto, pero añado una reflexión a esa certeza. Si aceptamos que la historia es, como dice Raymond Carr, un ensayo de comprensión imaginativa del pasado, quizá debamos aceptar también que el periodismo es un ensayo de comprensión imaginativa del presente. La palabra clave es imaginativa'.

Y luego. Y luego.

Eran sus absurdas excrecencias de siempre. Pensé que merecía una lección y que iba a dársela. La lección consistiría en aplicar sus premisas a un caso concreto. A una ficción concreta. Me iba a tomar con él alguna licencia, como tan graciosamente las llama. Era inevitable que sufriera alguna molestia, que en cualquier caso sería ligera y breve. Mucho más ligera, en cualquier caso, que las que habían sufrido en su mismo periódico algunas de las víctimas de sus modelos. Las de Juan José Millás, el primero. Y no, desde luego, por lo que se refiere a sus cuentos industriales tipo, para seguir a Cercas en su paráfrasis, 'abre la nevera y se encuentra dentro a su madre enana, con un cubata de Bacardí en una mano y un porro en la otra'. Nada de eso. Algo aún más aéreo. Cuando observando una foto de Rajoy con amigos Millás sentenciaba que la distancia de seguridad que guardaban se debía probablemente a la halitosis. Un cálido ejemplo de ficción con nombres propios. (El País Semanal, 31 de agosto de 2008) O cuando su maestro, Francisco Rico Manrique, se instalaba en el ambigú y en la posdata de un suelto sobre el fumar declaraba que no había fumado nunca un pitillo (El País, 11 de enero de 2011) mintiendo sobre su condición largamente nicotina para que al menos uno de sus argumentos sobreviviera. (Sin embargo, lo mejor de Rico sucedió a los pocos días cuando preguntado por la Defensora del Lector sacó el pitillo Rimbaud, le pidió fuego a la sorprendida e hizo la primera voluta: 'J’est un autre'. Lástima que luego cayera en una impropia 'nota de color', aunque algo de vulgaridad le va bien al talento). O qué decir, en fin, de uno de sus héroes antepasados, el fotógrafo Javier Bauluz, cuando adjudicó toda la indiferencia de Occidente ante la desdicha a una inerme pareja de bañistas cazada en la cercanía -trucada- de un cadáver.

En todos esos casos, y en decenas que podían añadirse, esas ficciones, al igual que la mía, fueron creídas por mucha gente. Y habían causado daños. A Rajoy. A su mujer, porque la halitosis, incluso imaginaria, es uno de los motivos femeninos más aducidos para evitar las relaciones sexuales. A los lectores de Francisco Rico, de cuya confianza había abusado el académico. Y, desde luego, también a la pareja de bañistas estigmatizada por el fotógrafo Bauluz a causa de su falsa, pero manifiesta, falta de piedad. Por lo tanto me preocupaban las molestias que pudiera causarle a Cercas. Aunque menos, francamente, que las que yo mismo iba a causarme. Para empezar, iba a hacer de Cercas. Iba a seguir sus consejos y a fabricar una verdad moral a partir de una mentira fáctica, como con tanta insistencia, y sin quitarme un ojo de encima durante todas las horas de todos estos años, había tratado de inculcarme. La fabricación sólo podía hacerse en las páginas de un periódico. Sólo en el periódico se puede mentir. Que Ana Karenina se tire al tren no es mentira ni verdad. Que Javier Cercas estuviese en un lupanar, de Arganzuela, la madrugada del domingo es mentira y de la buena. Sabía, ciertamente, que yo no iba a salir sin daños del empeño. El primero es la seguridad de que iban a llamarme, y con toda razón, Cercas. Inmediatamente después, la arremetida del populacho cibernético, cuyo nivel de instrucción es ya inversamente proporcional a su capacidad de publicación. Luego había también el peligro de que me gustara. Y one more thing. Un peligro con el que yo entonces no contaba, que un lector muy sutil de mi blog describía en un comentario y que al cabo ha sido para mí el daño mayor, aunque instructivo.

Hay que dar un rodeo para explicarlo. Mi columna quería reproducir de Cercas hasta su enrollada untuosidad. Cuando releo esta frase que yo habré escrito, y ya para siempre: 'Sobre todo, porque el caso no refleja más que nuestra identidad de inofensivos soldados, al fin y al cabo sólo interesados en las maniobras de la retórica, el estilo y la verdad' me da un repeluco y hasta he de ir corriendo a lavarme. Pero es que toda la columna es una muestra elemental, casi grosera, del abrazo del oso. Algo muy de Cercas: sólo cabe leer la flatulenta crónica que dedicó en El País Semanal (8 de marzo de 2009) a nuestro casual y educado encuentro en un aeropuerto. La inexorable inmoralidad del abrazo del oso la explica bien este párrafo de la revista de prensa de Libertad Digital (15 de febrero): 'Pero la columna más informativa del día es la de Arcadi Espada en El Mundo, que le echa una mano al cuello a Javier Cercas. ¿Se habían enterado de que al columnista de El País le detuvieron el otro día en una redada contra la 'explotación sexual' en un burdel de Arganzuela? Pues ya lo saben. Le pusieron enseguida en libertad, que conste. 'No es ni lógico ni justo ni tolerable que su nombre fuera citado al día siguiente en uno de esos siniestros programas televisivos que se llevan el gato del periodismo al agua, pero sólo para escaldarlo', se indigna Espada. Y le envía un 'fraternal abrazo a la víctima Cercas'. Otro desde aquí, Javier, y dale las gracias a Arcadi. Si no es por su publicidad a lo mejor nunca nos habríamos enterado'. Leyendo esto, y la infinidad de comentarios posteriores, supe que había muchas personas que me creían capaces de escribir un texto así. Es decir, un texto que con la excusa de la solidaridad y la mano tendida fuera capaz de dar eco múltiple a la vida privada de Cercas. Estimable lección: muchos más lectores de los que creía piensan que soy capaz de una villanía semejante. Está bien saberlo.

En la información que publicaba ayer el diario El País (donde por cierto había un suelto de Lluís Bassets, su director adjunto, del que me ocuparé con atento detalle en 'Un lupanar en Arganzuela', blog) Cercas considera que yo le he calumniado. Ojalá sea una muestra, aunque oblicua, de que la edad pueril ha terminado y que el propósito moral de mi columna ha empezado a hacer efecto. Pero la precisión aún no es su fuerte. Yo no le he acusado falsamente de ningún delito. Como máximo le he llamado (¡pero falsamente!) 'putero'. Y creo que ni siquiera. 'Cercas, que eres más puta que las gallinas', eso es más bien lo que le llevo llamándole desde hace tiempo, aunque sin utilizar el recto. Poner a alguien en un burdel no es un delito. ¡Ah, tiempos en los que hay que abrirse paso a través de los grititos! El propio Cercas ha dado alegre publicidad a una de sus visitas. 'Hijos de la chingada, denle todos la bienvenida a Javier Cercas, que recién aterriza en Tijuana. Pinche güey: qué pronto encontró Las Adelitas'. Entonces las prostitutas y los asesinos y los narcos de Las Adelitas me dan la bienvenida al paraíso con un grito unánime, y mientras me siento de golpe el hombre más honrado de la tierra, consciente de que por fin he llegado al sitio donde siempre había querido estar, porque siempre lo había buscado sin saber que estaba buscándolo, pienso que Tijuana es una playa tan infinitamente triste como una herida (...)', escribía un apasionado Cercas después de haber estado en el burdel Las Adelitas, de Tijuana (El País Semanal 17 de agosto de 2003). A ver si el problema va a ser Arganzuela.

En las mismas declaraciones Cercas insinúa que irá al juez. Deduzco que a lloriquear como un pobre faction lo que no supo ganar en la fiction. Oh, dios santo, si fuera al juez...! Y, oh dios, si ganara... ¡Y la jurisprudencia que crearía! Mi amigo Mercutio lo decía muy finamente donde Jabois. Haga lo que haga, jaque mate. Yo soy de dominó y lo veo más bien como un seis doble ahorcado. En cualquier caso siempre será mejor el juez. Porque la alternativa que expresa con su pompa en El País es nada más y nada menos que la del 'pronunciamiento público'. Y lo que hace después con los pronunciamientos: la anatomía del instante. Para temblar.

Bien. Lo he hecho. Crucé la raya y he vuelto. Es un lugar fácil y da un poco de asco. Como un burdel. Sólo ahora comprendo de verdad los nervios permanentes de Cercas. El peso que lleva. Mal oficio".

De quitarse el sombrero ¿convendrás conmigo?

15 feb 2011

La (improbable) venganza de la razón

Interviú | 14 de febrero de 2011
Fuente | Interviú

Si el mundo en que (mal)vivimos incluyera un mínimo de lógica en su funcionamiento interno, alguna(s) de la(s) doce 'venganzas de la razón' propuestas por Cristian Campos y divulgadas por Arcadi Espada tendrían cabida en él:

"1. Denegar cobertura sanitaria 'occidental y alopática' a todos los que defienden, practican o comercian con la homeopatía y las medicinas alternativas. Y también a los que se niegan a vacunar a sus hijos. Qué menos que un mínimo de coherencia intelectual. Con un poco de suerte, en apenas unas generaciones hemos erradicado el gen de la credulidad. ¡Hay tantas enfermedades interesantes que pueden fulminarte mucho antes de que llegues a la madurez sexual y tengas la oportunidad de transmitir ese absurdo gen!

2. Ahora que está de moda concienciar a los usuarios de la sanidad pública informándoles del coste de sus medicamentos, obligar en contrapartida a las administraciones a informar a todos los ciudadanos de la cantidad que se les arrebata mensualmente vía impuestos directos e indirectos. Y al final del año fiscal, un resumen desglosado de la magnitud global del latrocinio. Quizá cuando lo vean por escrito, algunos socialistas se vuelven partidarios del mucho menos sangrante diezmo medieval.

3. Detraer a todos los políticos partidarios de la limitación de los horarios comerciales un porcentaje de su sueldo idéntico al de las horas que los ciudadanos deben permanecer forzosamente sin trabajar. Es decir, un 60% aproximadamente. A los partidarios de que los comerciantes no puedan pintar sus persianas o colocar rótulos en la fachada de sus negocios o vender libremente los productos que deseen en vez de los que determina el funcionario de turno (una peculiaridad del estalinismo municipal y autonómico catalán), un billete de avión para la planificadísima Corea del Norte. Sólo ida.

4. Condenar a todas las mujeres que interpongan denuncias falsas a una pena igual, en su tramo superior, a la del delito denunciado. Y acabamos de una vez con las dudas sobre la falsedad o la realidad del mito. ¿Y por qué sólo a las mujeres? Porque al igual que ocurre en el caso del delito de maltrato, la denuncia falsa interpuesta por una mujer no puede considerarse el mismo delito que la denuncia falsa interpuesta por un hombre: ella se está aprovechando fraudulentamente de una posición de fuerza (santificada por la ley) de la que no disfruta el hombre, por lo que su delito es objetivamente más lesivo.

5. Obligar a los arquitectos del Patronato Municipal de la Vivienda del Ayuntamiento de Barcelona [sustitúyase Barcelona por la ciudad que convenga a cada cual] a vivir, no ya 'en', sino 'cerca' de uno de sus repugnantes engendros de protección oficial. Con el objetivo evidente de que, al igual que el resto de los vecinos del barrio, también ellos puedan disfrutar a diario de los innumerables placeres estéticos de la escuela arquitectónica comunista albanesa en su versión barcelonesa.

6. Obligar a los perceptores de cualquier tipo de ayuda, prestación o subvención pública a devolverla. En cómodos plazos, sin intereses y cuando su situación financiera lo permita, pero que lo devuelvan. Con la excepción evidente de las prestaciones que, de acuerdo al sentido común, no pueden ser devueltas por el receptor (invalidez, minusvalías y jubilaciones). Porque el dinero público sí es de alguien: de aquel que ha trabajado para ganárselo.

7. Dejémonos de exquisiteces y reescribamos el artículo 1 de la Constitución tal que así: 'España se constituye en un Estado social y oclocrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la chupada de huevos, el despotismo funcionarial y el berlusconismo'.

8. Darle a la ministra Pajín una responsabilidad acorde a su capacidad real en el mercado libre para que se distraiga y deje de derramar su creatividad sobre la jeta de sus indefensos rehenes.

9. Obligar por ley a disolver el Parlamento y a convocar elecciones generales cada vez que el país supere determinadas líneas rojas: por ejemplo, la tasa de paro media europea (alrededor de un 10%; España supera el 20%) o la tasa media comunitaria de abandono escolar (alrededor de un 15%; España se sitúa aproximadamente en el 30%).

10. Obligar a todos los funcionarios españoles a aprenderse de memoria el libro Cómo escribir claro de Jordi Pérez Colomé. Y una vez que hayan aprendido a escribir claro, lograr que piensen claro adaptando y aplicando los diez principios del libro a la acción de gobierno. Por ejemplo: 'El ciudadano manda' o 'Si una ley parece innecesaria, seguro que lo es'.

11. Socializar todo lo socializable. ¿Por qué quedarse en el reparto igualitario de los frutos financieros del talento y la capacidad de trabajo? ¿Por qué no socializar también el fruto de otro tipo de características personales igual de innatas, intransferibles y caprichosas, como la belleza física o el gracejo? ¡Enmendémosle la plana a la genética! ¡Que los españoles más salerosos y bellos entre los bellos empiecen a transferir un porcentaje de sus novias a los tipejos más horrendos y desagradables de su comunidad de vecinos!

12. En el tema del aborto, o todos moros o todos cristianos. La propuesta: obligar a las mujeres a llevar adelante el embarazo no deseado si el padre accede a hacerse cargo del niño a partir de su nacimiento, a cambio de desligar a la madre de toda responsabilidad personal o financiera respecto a su hijo. Porque la horrible alternativa a esto es pensar que, oh virgen santa, hay mujeres que prefieren abortar antes que dejar que el padre se haga cargo del niño en solitario. En sentido contrario, permitir al padre desligarse de todo tipo de responsabilidad personal o financiera respecto al niño si la madre decide llevar adelante el embarazo en contra de su voluntad".

3 feb 2011

La (triste) realidad del periodismo en España

Fuente | Insurgente

Ayer escribía José A. Pérez en su blog: "La clase política y periodística de este país se ha creído su propio cinismo, su propia demagogia, y ha contagiado su virus del miedo a los profesionales del entretenimiento que, a su vez, lo han contagiado a la opinión pública. La sociedad española está adormecida, cerebralmente muerta, cómoda con sus prejuicios posfranquistas, arrodillada ante sus iconos jesuitas, cautelosa por la demente imprevisibilidad de los groupies de Mahoma. Amordazada de pies y manos por la hipoteca, la gasolina y el pediatra de pago. Y nos piden respeto. Respeto por los judíos, por los árabes, por los católicos, por las mujeres y los niños, por los mendigos y los paralíticos, por los sordos, los zurdos, los vegetarianos, los homeópatas y los concejales corruptos. Respeto por los periodistas y los cineastas, por los jueces, los policías, los gordos y las anoréxicas. No digas, no hables, no opines nada diferente a lo que lees y escuchas. No te burles. No cuestiones. No pienses. Por los siglos de los siglos. Amén".

Hoy escribe Arcadi Espada en El Mundo: "La única especialización razonable del oficio es la especialización en el relato. Da igual que se trate de política o de fútbol: la especialización del periodista es contar. Para contar necesita las palabras de todos. O sea, no las palabras de los frailes ni de los políticos ni de los esteticistas. Las palabras de todos: un territorio inteligible y común. Los gremios, desde los cazadores de mariposas hasta los oncólogos, presionan cada vez con mayor impertinencia sobre ese terreno común. Que lo reserven para sus blogs monoparentales, ahora que pueden; pero el periódico no es la suma de todas las filias y fobias gremiales. El periódico es el lugar donde todas ellas desaparecen. Un espacio público".

Las muletas escogidas por uno y otro para apoyar sus respectivos discursos son muy distintas pero, para el caso, vienen a tener la misma altura -o bajura, según se mire-. Por concluir con unas palabras del propio Pérez: "Muy pocos quieren convertirse en el Jesucristo del periodismo español, el mártir de la opinión pública, violado y humillado por la comunidad bienpensante que dirige todos los medios de comunicación españoles [...]. Y esta imposición silenciosa igual sirve para los serios periodistas que para los serios humoristas. Basta comparar los más populares cómicos españoles con los ingleses y americanos para descubrir una España católica, apostólica y romana, mojigata y vulgar, aburrida y temerosa".

23 ene 2011

La obra o la vida


Viene de antiguo el debate acerca de si en un artista la vida y la obra son un todo indivisible o van cada una por su lado. Se intensifica dicho debate en aquellos casos en que una mancha vital ensucia una impoluta trayectoria artística. Y eso es precisamente lo que ha sucedido en los últimos días en Francia en torno a la pertinencia o no de celebrar de manera 'oficial' el medio siglo de la desaparición de Louis-Ferdinand Céline, uno de sus novelistas más potentes. Arcadi Espada daba ayer su punto de vista sobre la cuestión:

"Tras arduas deliberaciones consigo mismo el ministro de Cultura francés, un Mitterrand, ha decidido que no conmemorará no sé qué aniversario de Céline. La razón que ha dado es su insoportable antisemitismo. No me interesa ahora el debate sobre el genio y sus opiniones. La legitimidad intelectual de distinguir entre significante y significado. Si el antisemitismo que se le achaca forma parte de la obra que hay que celebrar o de la vida que conviene despreciar. Todo eso que nunca se plantea cuando se celebra a Neruda y su oda a Stalin. Lo interesante y reprobable es el sentido que adquiere la conmemoración en nuestra época, se trate de un aniversario o de un monumento público. La conmemoración se entiende no como recuerdo, sino como masaje. La evidencia de que el aniversario de un Céline debería ser la ocasión preciada de discutirlo no se tiene en cuenta. Los programadores culturales no dan opción: o el agasajo ruborizante o la 'damnatio memoriae' romana. El mundo mermelado de la memoria histórica".

20 ene 2011

Lo que nos une y lo que nos separa

Esteban
Fuente | La Razón

El presidente del Gobierno quiso zanjar ayer la polémica por la implantación de la traducción simultánea en el Senado para los senadores que elijan expresarse en otra lengua oficial distinta del español y, de paso, destacó que el modelo autonómico acerca la administración a los ciudadanos y hace posible el reconocimiento de la pluralidad territorial. Al respecto, subrayó que esa pluralidad tiene una nueva manifestación: "Las lenguas en que muchas de sus señorías, como tantos ciudadanos, se expresan a diario, encuentran hoy un nuevo espacio en la Cámara que está llamada, por definición, a reflejar la pluralidad territorial. Lenguas que, como reconoce y establece la Constitución, son, todas ellas, 'lenguas españolas".

Sea, pero conste que un servidor se siente más cerca de la tesis opuesta, la que prefiere profundizar en lo que nos une -el español- que en lo que nos separa -el catalán, el euskera o el gallego-, como hace hoy Arcadi Espada en su columna de El Mundo: "El nacionalismo tiene razón cuando dice que los 350.000 euros anuales que cuesta la traducción simultánea en el Senado, un uno por ciento de su prepuesto, es un gasto 'no excesivo'. El exceso se calcula en relación al grado de necesidad. Y para los nacionalistas locales la lengua es su máximo rasgo identitario. ¿Cómo va a ser excesiva la identidad? El argumento lingüístico sustenta igualmente las decenas de canales autonómicos. Y es el que decide las políticas culturales nacionalistas, allí donde la propagación de la información y el conocimiento están subordinadas a la propagación de la identidad.

Cabe subrayar que, en el caso de la lengua, la política nacionalista no arraiga en el vacío. Es un lugar común contemporáneo que las lenguas merecen protección. Como la salud. Que son, también, un patrimonio cultural. Como las catedrales. Este mismo periódico se muestra justamente beligerante contra la ridícula decisión del Senado, y no sólo ridícula en términos económicos, sino también por lo que esa decisión supone de falacia: España no es un país multilingüe como Suiza o Bélgica, sino un país que dispone de una koiné eficaz: el español es nuestro pinganillo. Pero la beligerancia concreta y local de este periódico se esfuma cada dos por tres cuando publica dulces reportajes melancólicos sobre las lenguas que se pierden (ninguna lengua se pierde, sólo se transforma: de ahí que una inteligencia 'identitaria' inteligente siempre prefiera, en la lengua y en la vida, el acento, la manera, la influencia, antes que la frontera y el volapuk); o cuando alude a la 'riqueza lingüística' española: lo único que hace esa riqueza es costar dinero, y a manos llenas.

La diversidad lingüística peninsular, como los propios nacionalistas, son datos de la realidad, inesquivables en esta época pueril de España. Es inútil hacer como si no existieran. Pero la aceptación de la realidad no equivale a someterse a ella y, aun menos, a su acrítico ennoblecimiento".

ABC y Público | 20 de enero de 2011
Fuente | kiosko.net

Y puestos a denunciar la medida, prefiere un servidor despreciar la chabacanería partidista del arruinado ABC y optar por la vía elegante de Público: porque la crítica es más crítica cuando no lo parece.