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8 feb 2011

La 'guerra sucia' de la CIA, al descubierto


"Todo comenzó en 1954, cuando Washington decidió derrocar al primer presidente de Guatemala elegido democráticamente, Jacobo Arbenz. Pero fue durante la agresión a la naciente revolución cubana que el equipo de choque tomó cuerpo y creció hasta convertirse en el instrumento idóneo para las prácticas de la 'guerra sucia'. Desde entonces, sus acciones clandestinas, de naturaleza criminal, han servido para imponer la ley de Washington en múltiples ocasiones. El 'Equipo de Choque' fue pues creado para realizar las peores tareas de la política exterior estadounidense. Pero no sólo lo formaron paramilitares, o agentes con licencia para matar. Las operaciones clandestinas fueron preparadas por personalidades relevantes, por políticos, algunos de los cuales siguen hoy en activoSi los gobiernos republicanos se destacaron por impulsar y utilizar el equipo, el clan de los Bush ha sobresalido por brindar protección incluso a los más sangrientos de ellos, concediéndoles impunidad al margen de las propias leyes estadounidenses".

Esto es lo que cuenta El equipo de choque de la CIA. Cuba, Vietnam, Angola, Chile, Nicaragua, que detalla los resultados de una ardua investigación llevada a cabo por el escritor y periodista Hernando Calvo Ospina, colombiano de nacimiento y residente en Francia. Edita El Viejo Topo.

Portada del libro
Fuente | El Viejo Topo

7 feb 2011

La rutina de Estados Unidos


Ayer, el diario argentino Página/12 recogía una breve entrevista de Amy Goodman, la (imprescindible) responsable de Democracy Now!, al (insustituible) intelectual Noam Chomsky, acerca de las revueltas populares en el mundo árabe, en la que "el destacado lingüista analiza la situación en Egipto y asegura que con Mubarak, Washington va a repetir la rutina: lo apoya hasta que la situación es insostenible. Entonces da un giro de 180 grados y dice que siempre estuvo con la gente". Lo que sigue son sus preguntas (de ella) y sus respuestas (de él):

"En las últimas semanas, los levantamientos populares en el mundo árabe lograron la salida del dictador tunecino Zine El Abidine Ben Alí, la inminente caída del régimen de Hosni Mubarak, un nuevo gobierno en Jordania y el compromiso del dictador yemení de dejar el poder cuando termine su mandato. El profesor Noam Chomsky analizó qué significa esto para el futuro de Medio Oriente y la política exterior de Estados Unidos para la región.

-¿Cuál es su análisis de lo que está sucediendo y cómo puede repercutir en Medio Oriente?

-En primer lugar, lo que está pasando es espectacular. El coraje, la determinación y el compromiso de los manifestantes son destacables. Y, pase lo que pase, éstos son momentos que no se van a olvidar y que seguramente van a tener consecuencias a posteriori: abrumaron a la policía, tomaron la plaza Tahrir y se están quedando allí a pesar de los grupos mafiosos de Mubarak. El gobierno organizó esas bandas para tratar de expulsar a los manifestantes o para generar una situación en la que el ejército pueda decir que tuvo que intervenir para restaurar el orden y después, quizás, instalar algún gobierno militar. Es muy difícil predecir lo que va a pasar. Los Estados Unidos están siguiendo su libreto habitual. Ha habido muchas veces en las que un dictador 'cercano' perdió el control o estuvo en peligro de hacerlo. Hay como una rutina estándar: seguir apoyándolo tanto tiempo como se pueda; cuando se vuelva insostenible -especialmente, si el ejército se cambia de bando-, dar un giro de 180 grados y decir que siempre estuvieron del lado de la gente, borrar el pasado y después hacer todas las maniobras necesarias para restaurar el viejo sistema pero con un nuevo nombre. Presumo que eso es lo que está pasando ahora. Están viendo si Mubarak se puede quedar. Si no aguanta, pondrán en práctica el libreto.

-¿Qué opina de la apelación de Obama a que se inicie ya la transición en Egipto?

-Cuidadosamente, Obama no dijo nada. Mubarak también estaría de acuerdo con que debe haber una transición ordenada. Un nuevo gabinete, algunos arreglos menores en el orden constitucional no es nada. Está haciendo lo que los líderes norteamericanos generalmente hacen. Los Estados Unidos tienen un poder abrumador allí. Egipto es el segundo país que más ayuda militar y económica recibe de Washington. Israel está en primer lugar. El mismo Obama se mostró muy a favor de Mubarak. En el famoso discurso en El Cairo, el presidente estadounidense dijo: 'Mubarak es un buen hombre. Ha hecho cosas buenas. Mantuvo la estabilidad. Seguiremos apoyándolo porque es un amigo'. Mubarak es uno de los dictadores más brutales del mundo. No sé cómo después de esto alguien pudo haberse tomado en serio los comentarios de Obama sobre los derechos humanos. Pero el apoyo ha sido muy grande. Los aviones que están sobrevolando la plaza Tahrir son por supuesto estadounidenses. EEUU es el principal sostén del régimen egipcio. No es como en Túnez, donde el principal apoyo era Francia. Los Estados Unidos son los principales culpables en Egipto y también Israel, que junto con Arabia Saudita fueron los que prestaron apoyo al régimen cairota. De hecho, los israelíes estaban furiosos porque Obama no sostuvo más firmemente a su amigo Mubarak.

-¿Qué significan todas estas revueltas en el mundo árabe?

-Este es el levantamiento regional más sorprendente que puedo recordar. A veces, lo comparan con Europa del Este, pero no es contrastable. Nadie sabe a lo que llevarán estos levantamientos. Los problemas por los que los manifestantes protestan son de larga data y no se van a resolver fácilmente. Hay una pobreza tremenda, represión, una falta de democracia y también de desarrollo. Egipto y otros países de la región recién pasaron por el período neoliberal, que trajo crecimiento en los papeles junto con las consecuencias habituales: una alta concentración de la riqueza y de los privilegios, un empobrecimiento y una parálisis de la mayoría de la población. Y eso no se cambia fácilmente.

-¿Cree que hay alguna relación directa entre estos levantamientos y las filtraciones de Wikileaks?

-En realidad, la cuestión es que Wikileaks no nos dijo nada nuevo. Nos dio la confirmación para nuestras razonables conjeturas.

-¿Qué pasará con Jordania?

-En Jordania, recién cambiaron al primer ministro. Fue reemplazado por un ex general que parece ser moderadamente popular, o al menos no es tan odiado por la población. Pero esencialmente no cambió nada".

3 feb 2011

Ay, las 'dictaduras amigas'


Se escandaliza Ignacio Ramonet en Mémoire des luttes -y podemos leerlo gracias a la traducción de Rebelión- ante el bandazo que han dado los medios de comunicación tras las presentes revueltas populares del mundo árabe y, sobre todo, ante su sagaz descubrimiento:

"¿Una dictadura en Túnez? ¿En Egipto una dictadura? Viendo a los medios relamerse con la palabra 'dictadura' aplicada al Túnez de Ben Alí y al Egipto de Mubarak, los franceses han debido de preguntarse si han entendido o han leído bien. ¿No habían insistido durante decenios esos mismos medios y esos mismos periodistas en que esos dos 'países amigos' eran 'Estados moderados'? ¿La horrible palabra 'dictadura' no estaba exclusivamente reservada en el mundo árabe musulmán (después de la destrucción de la 'espantosa tiranía' de Saddam Hussein en Irak) solo al régimen Iraní? ¿Cómo? ¿Había entonces otras dictaduras en la región? Y ¿nos lo habrían ocultado los medios de nuestra ejemplar democracia? He aquí, en todo caso, un primer abrir de ojos que debemos al rebelde pueblo tunecino. Su prodigiosa victoria ha liberado a los europeos de la 'retórica hipócrita y de ocultamiento' en vigor en nuestras cancillerías y en nuestros medios. Obligados a quitarse la careta, simulan descubrir lo que sabíamos desde hace rato (1), que las 'dictaduras amigas' no son más que eso: regímenes de opresión. Sobre el asunto, los medios no han hecho otra cosa que seguir la 'línea oficial': cerrar los ojos o mirar hacia otro lado confirmando la idea de que la prensa no es libre salvo en relación con los débiles y la gente aislada. ¿Acaso Nicolas Sarkozy no ha tenido el aplomo de asegurar que en Túnez 'había una desesperanza, un sufrimiento, un sentimiento de ahogo que hay que reconocer que no habíamos apreciado en su justa medida', con respecto al sistema mafioso del clan Ben Alí-Trabelsi?

'No habíamos apreciado en su justa medida...' En 23 años... A pesar de contar allí con servicios diplomáticos más prolíficos que los de cualquier otro país... A pesar de la colaboración en todos los sectores de la seguridad (policía, gendarmería, inteligencia...) (2). A pesar de las estancias regulares de altos responsables políticos y mediáticos que establecían allí desacomplejadamente sus lugares de veraneo... Pese a la existencia en Francia de dirigentes exiliados de la oposición tunecina, mantenidos como apestados al margen por las autoridades francesas y de acceso prohibido durante decenios a los grandes medios... Democracia ruinos...

En realidad esos regímenes autoritarios han sido (y siguen siendo) complacientemente protegidos por las democracias europeas, despreciando sus propios valores, con el pretexto de que constituyen baluartes contra el islamismo radical (3). El mismo cínico argumento usado por Occidente durante la Guerra Fría, para apoyar dictaduras militares en Europa (España, Portugal, Grecia, Turquía) y en América Latina pretendiendo impedir la llegada del comunismo al poder.

¡Qué formidable lección dan las sociedades árabes revolucionarias a los que en Europa los describían con términos maniqueos, es decir, como masas dóciles sometidas a sátrapas orientales corruptos o como muchedumbres histéricas poseídas por el fanatismo religioso! Y he aquí que de repente surgen, en las pantallas de nuestros ordenadores o de nuestros televisores (cf.: el admirable trabajo de Al-Jazeera) preocupadas por el progreso social, nada obsesionadas por la cuestión religiosa, sedientas de libertad, sobrepasadas por la corrupción, detestando las desigualdades y reclamando democracia para todos, sin exclusiones.

Lejos de las caricaturas binarias, estos pueblos no constituyen en modo alguno una especie de 'excepción árabe' sino que se asemejan en sus aspiraciones políticas al resto de las ilustradas sociedades urbanas modernas [...].

El hundimiento de la dictadura tunecina ha sido tan veloz que los demás pueblos magrebíes y árabes han llegado a la conclusión de que esas autocracias -las más viejas del mundo- estaban en realidad profundamente corroídas y no eran por lo tanto más que 'tigres de papel'. Esta demostración se ha verificado también en Egipto.

De allí este impresionante levantamiento de los pueblos árabes, que lleva a pensar inevitablemente en el gran florecimiento de las revoluciones europeas de 1848, en Jordania, en Yemen, en Argelia, en Siria, en Arabia Saudí, en Sudán y también en Marruecos.

Notas

(1) Leer, por ejemplo de Jacqueline Boucher 'La société tunisienne privée de parole' y de Ignacio Ramonet 'Main de fer en Tunisie', Le Monde diplomatique, de febrero de 1996 y de julio de 1996 respectivamente.

(2) Cuando Mohamed Bouazizi se inmoló incendiandose el 17 de diciembre de 2010, cuando la insurrección ganaba a todo el país y decenas de tunecinos rebeldes continuaban cayendo bajo las balas de la represión benalista, al alcalde de París Bertrand Delanoé y a la ministra de relaciones exteriores Michèle Alliot-Marie les parecía absolutamente normal ir a festejar alegremente la Nochebuena o la Nochevieja en Túnez.

(3) Al mismo tiempo, Washington y sus aliados europeos, sin aparentemente medir las contradicciones, apoyan al régimen teocrático y tiránico de Arabia Saudita, principal hogar oficial del islamismo más oscurantista y más expansionista".

1 feb 2011

¿Populista o popular?

Fuente | l'Humanité

En medio de la mayor oleada de revoluciones populares que se recuerda en la Historia contemporánea, no viene mal reflexionar sobre las diferencias entre popular y populista, como hace el profesor Benoit Schneckenburger en l'Humanité:

"En este periodo de balances, es necesario constatar el regreso del anatema de 'populista'. No pasa una semana sin que un comentarista califique a este o ese de 'populista'. Se encuentra en todas las revistas, los dirigentes europeos la esgrimen para amordazar las críticas contra los impopulares planes de rigor, y hace poco se invocó para justificar el proyecto de puesta en marcha del referéndum a iniciativa popular: popular, sí, pero sobre todo nada de populista!! [...].

El epíteto de populista busca desde siempre a su objeto. Pertenece a estas palabras comodín que abundan en la política espectáculo. Todo el mundo la cita pero nadie dispone de una definición adecuada. Es más polémico que descriptivo y permite poner en el mismo saco a demagogos y demócratas. Al calificar a alguien como populista se quiere designar a aquel que, por demagogia, disfruta con el miedo del pueblo y se apoya en la masa para llegar al poder. Pero el miedo también es propio de las élites, quienes nunca llegan a confiar en el pueblo. En esto reside toda la ambigüedad de nuestro régimen, que constitucionalmente quiere unir democracia y republicanismo. A un nivel más profundo, hay un prejuicio antidemocrático duro de pelar en teoría política: el pueblo da miedo.

Desde la antigüedad, Platón y Aristóteles le niegan cualquier competencia política. Platón, en La República, nos muestra el retrato del demócrata como objeto de deseos sin fin, incapaz de someterse a una decisión racional. Aristóteles, en su célebre tipología de regímenes políticos, clasifica la democracia en el nivel de regímenes desviados, temiendo que el pueblo, o sea la gran mayoría, se alce frente a la minoría de los más ricos y excelentes. En esta partida de cartas ya está en juego la oposición entre el pueblo y las élites. Se podría pensar que la modernidad iba a alterar este orden, pero la realidad es más compleja. Cierto, Rousseau ha visto muy bien lo que había de revolucionario en Maquiavelo: el pueblo humilde de los Ciompi (1) a veces juega un rol destacado. Y Maquiavelo es, para él, el más grande entre los republicanos. Se cierra paréntesis. Los fundadores del Estado moderno mantienen al pueblo en el oprobio, como Jean Bodin (2) que, introduciendo, en 1576, el concepto de soberanía, no dio tregua hasta que la democracia fue imposible e impensable. Según él, el pueblo se reducía al 'populacho que debe ponerse en fila a palos'.

La era de las revoluciones, de Estados Unidos a la Revolución francesa, no cesa de prolongar estas tensiones entre la aspiración al orden y el temor al pueblo. Los 'Federalist Papers' (3): publicados con motivo de la promulgación de la Constitución de Estado Unidos, lo dejan claro. Se trata de rechazar la tiranía de la democracia.

A partir de entonces todas las críticas a la Revolución francesa se realizan a este nivel. Una larga tradición antidemocrática en Francia encuentra reivindicación precisamente en el argumento traído por Tocqueville, de vuelta de Estados Unidos.

Durante los años 60, algunos teóricos liberales se creyeron en el deber de promover una tesis: la supervivencia de la democracia liberal supone una forma de apatía política de las clases populares. Esta tesis se desarrolló sobre todo en el mundo anglosajón, aunque en Francia llevó a Aron, autor de referencia tanto para los liberales de derecha como los de izquierda, a tesis que ya nadie apoyaría, afirmando incluso que hay un origen 'genéticamente' determinado a ser o no competente. Textos que ya muy pocos citan en la actualidad. Contra la defensa de la apatía y la promoción de las élites competitivas, el historiador Moses I. Finley recuerda que, para los antiguos griegos, los problemas políticos no eran tan complejos. Los dirigentes eran escogidos por sorteo, considerándose a todos aptos para ejercer su ciudadanía y discutir las leyes sobre un fondo de igualdad perfecta.

Lo que ocurre es que la élite, antes conocida como aristocracia, tiende siempre a justificar su competencia en exclusiva denunciando el abandono del pueblo y de los que podrían aprovecharse. Esto equivale a olvidar la lección de la Ilustración, aquella de Kant, más republicano que demócrata a pesar de todo. 'Después de volver tonto al ganado y de haber tomado precauciones para que estas pacificas criaturas no tengan permiso para dar el menor paso mas allá del recinto donde están encerradas, se les muestran todos los peligros que acechan si se atreven a aventurarse solas al exterior. Ahora bien, en realidad este peligro no es tan grande, ya que finalmente podrían aprender sin problemas a avanzar, después de unas cuantas caídas'.

Confiar en el pueblo hoy en día consiste menos en lanzarle anatemas que en preguntarse por qué una proporción cada vez mayor no se reconoce en sus representantes. Más que temer al pueblo sería necesario apostar por su mayor implicación, dándole los medios para participar en las decisiones, en su elaboración. La democracia participativa, si ella no se convierte en un mero plebiscito del mandato, puede constituir una vía.

A menos que la crisis no sea más profunda, y sea necesaria una refundación de la base constitucional y social. ¿No era este precisamente el proyecto de la Comuna de París que, hace ya ciento cuarenta años de ello, intentó una primera experiencia de gobierno popular?

Notas de traducción:

(1) Ciompi: La revuelta de los Ciompi fue un levantamiento popular que aconteció en Italia en el siglo XIV. Maquiavelo describe la revuelta en su Historia florentina.

(2) Jean Bodin (1529/30-1596) fue un destacado intelectual francés que contribuyó a la formación de la teoría política del absolutismo.

(3) Federalist Papers. Publicados en 1788, fueron un conjunto de 85 artículos que defendían la ratificación de la constitución de los Estados Unidos".

28 ene 2011

El liberalismo es de izquierda

Portada de El liberalismo es de izquierda
Fuente | Il Sole

Los profesores Alberto Alesina (Harvard) y Francesco Giavazzi (Bocconi) son dos provocadores economistas que defienden que el secreto de la salvación de la economía europea se encuentra en las profundidades del liberalismo y que, solo si los mandamases del viejo continente son capaces de bucear hasta allí y desprenderse de sus corsés ideológicos, podrán hacer frente al poder de las potencias emergentes y al dominio norteamericano. En este artículo, publicado en Replicante, explican por qué la izquierda debería abrazar el liberalismo:

"La flexibilidad del mercado laboral, la desregularización en la industria de los servicios, las reformas al sistema de pensiones y mayor competencia para el financiamiento a las universidades podrían dañar los intereses de quienes se benefician de relaciones privilegiadas o afiliaciones gremiales, pero podrían abrir oportunidades para los jóvenes y grupos en desventaja. Una verdadera agenda de izquierdas debiera abrazar esas reformas.

Europa está en medio de una acalorada discusión acerca de las ventajas y desventajas de las reformas de mercado y, por ende, de mayor liberalismo económico. Es conocido todo lo que contiene el paquete: competencia, marcos laborales flexibles, liberalización de los servicios, disminución de impuestos y privatizaciones.

El debate suele suceder de la siguiente manera. Estas reformas son políticas 'de derecha'. Pueden quizá incrementar la eficiencia -quizás incluso cierto crecimiento económico- pero también tienden a incrementar la inequidad e inciden en el detrimento de los más pobres. Por lo tanto -es aquí donde aparece el argumento 'socialmente compasivo'-, hay que tener mucho cuidado al enfocarse en esa dirección. Los gobiernos deben ser en extremo cautos y estar listos para dar marcha atrás en sus planes en cualquier lugar. ¡Cuidado!

Pero mucho de este razonamiento, fundamentalmente, es erróneo. Flexibilidad en el mercado laboral, desregulación de la industria de servicios, reformas al sistema de pensiones y demás no son contrarias a la equidad. Tales reformas desplazan al financiamiento de los contribuyentes hacia los usuarios mismos, y de esa manera eliminan rentas. Tienden a incrementar la productividad con base en recompensar el mérito en vez de la pertenencia a un grupo con privilegios. Tienden también a brindar oportunidades a jóvenes sin experiencia, que carecen de las relaciones o recomendaciones para ser contratados. El perseguir reformas pro-mercado no implica que se tenga que enfrentar una disyuntiva entre eficiencia o justicia social. En este sentido, las reformas a favor del mercado son de izquierda, si es que eso significa reducir los privilegios económicos de los que disfrutan ciertas camarillas.

Para profundizar en algunas de estas ideas publicamos hace un año nuestro libro Il liberismo é di siniestra [El liberalismo es de izquierda]. Este libro fue escrito con Italia en mente, pero muchos de los comentarios se aplican de la misma manera a otros países con reformas rezagadas, sobre todo Francia, uno de los más conspicuos enemigos de esas reformas. Nuestro punto es que las metas que tradicionalmente sostiene la izquierda europea -como la protección a los económicamente débiles y su aversión a la inequidad excesiva y beneficios inmerecidos- debieran llevar a las izquierdas a adoptar políticas a favor del mercado. Lo que había sido la norma desde los sesenta hasta fechas recientes, sobrerregulación de mercados, preservar el status quo, un enorme sector público que no favorece a los más pobres sino a quienes mantienen relaciones de poder y que requiere de una elevada y distorsionada recaudación en la hacienda pública, universidades que regularmente producen mediocridad en nombre del igualitarismo (mientras que los más ricos de todos modos consiguen buena educación), de modo que al final decrece la eficiencia y la justicia al mismo tiempo.

Un buen ejemplo puede encontrarse en el mercado laboral. En Italia, España y Francia, donde el mercado está dividido, los jóvenes hallan empleos con contratos temporales que no ofrecen ni seguridad social ni perspectivas para continuar en ellos. Al expirar el contrato el empleador opta por no renovarlo a fin de no correr el riesgo de convertir a los temporales en empleados permanentes, quienes de facto adquieren el derecho a nunca ser despedidos. Una reforma que elimine esta dualidad al hacer flexible el mercado laboral en su totalidad, con un esquema apropiado de compensación, no sólo reduciría el desempleo, sino, más importante aún, podría favorecer a los realmente pobres y a los jóvenes con su primer trabajo. Esto es un ejemplo de una política pro-mercado que favorece a los pobres.

O pensemos en el gasto público y consideremos nuevamente el caso italiano. El gobierno ahí hace muy poco por proteger a las familias del riesgo de caer debajo de la línea de pobreza. ¿Por qué? Debido a que Italia gasta mucho en pensiones y muy poco en otros programas de bienestar. Adivine quiénes están en contra de reducir el costo de financiar las pensiones al aumentar la edad de retiro: ¡Los sindicatos, apoyados por la izquierda! Al adoptar esta postura, los sindicatos no ayudan a los pobres, tan sólo a sus miembros, que por lo general son viejos trabajadores y otros jubilados. Durante el verano, la amenaza de una huelga general -en la cual sólo los viejos, sindicalizados y otros trabajadores protegidos hubiesen detenido sus labores (no así los jóvenes con contratos temporales y sin seguridad social)- fue suficiente para convencer al gobierno de izquierda para disminuir la edad de retiro de sesenta a 58 años. Esto creará una carga aún mayor para la juventud actual. ¿Cómo puede alguien sostener que estos sindicatos y sus aliados políticos de izquierda, aún representan a los pobres y jóvenes?

Si no se sacrifica justicia social por eficiencia en la Europa actual, ¿por qué entonces las reformas parecen tan lentas, o simplemente no llegan, en naciones como Italia y Francia?

¿A qué se debe que el votante europeo típicamente 'compasivo' duda acerca del componente de ayuda hacia los pobres dentro de las reformas de mercado? La respuesta es la común en políticas económicas: los grupos fácticos beneficiarios del status quo imperante 'bloquean' esas reformas, a pesar de que los mecanismos varían de país en país. Estos grupos no pueden simplemente negarse a las reformas tan sólo porque dañan sus intereses. Necesitan la retórica de la defensa del débil y el pobre.

[...] Los reformistas en Europa debieran negarse a ser arrinconados por sus adversarios en la ecuación 'más mercado igual a más injusticia'. Es lo opuesto. Aceptar esta ecuación, y tratar de disculparse por ella, ciertamente no es la forma de ganar esta batalla. Si la izquierda europea desea poder decir honestamente que pelea por los miembros más necesitados de nuestra sociedad, debe adoptar como grito de batalla la búsqueda de la competición, reformas y un sistema basado en la meritocracia".

27 ene 2011

Edgar Morin o el pesimismo esperanzado

Fuente | Rue89

A los 89 años, Edgar Morin continúa produciendo ricas reflexiones orientadas hacia el porvenir. Este antiguo miembro de la resistencia, excomunista, sociólogo y filósofo, a quien sin saberlo Nicolás Sarkozy copió hace algunos años el concepto de 'política de civilización' acaba de terminar un nuevo libro, El camino, en el cual realiza una severa y angustiosa constatación de los males de nuestra época y trata de bosquejar algunas pistas para el porvenir. Entrevista de Rue 89 [gentileza de Rebelión]:

"Leyendo su libro nos hemos sentido golpeados por su pesimismo. Usted predice una catástrofe para la humanidad diciendo que lo peor no es nunca seguro. La nota esperanzada del final se dirige a los que sobrevivirán al cataclismo...

-Escribir 300 páginas de propuestas para el futuro no es pesimista. Si hubiera sido pesimista habría sido Cioran, habría escrito algunas máximas diciendo 'todo está perdido'.

Me ubico en un punto de vista que distingue lo probable de lo improbable. Lo probable para un observador dado en un lugar dado consiste en proyectarse hacia el futuro a partir de las mejores informaciones disponibles en su tiempo.

Evidentemente si yo proyecto hacia el futuro, el curso que sigue actualmente el planeta resulta extremadamente inquietante ¿Por qué?

No solamente debido a la degradación de la biósfera o a la propagación de las armas nucleares, sino también porque existe también una doble crisis: la crisis de las civilizaciones tradicionales bajo la influencia del desarrollo y de la globalización, que no es otra cosa que la occidentalización y la crisis de nuestra civilización occidental que está produciendo este acelerado futuro en que no existen controles para la ciencia y la técnica y donde la ganancia es desenfrenada.

La muerte de la 'hidra' del totalitarismo comunista ha provocado el despertar de la hidra del fanatismo religioso y la sobreexcitación de la hidra del capital financiero.

Estos procesos parecen encaminarnos a catástrofes que no se sabe si van suceder o a combinarse. Todos estos procesos son lo probable.

Solamente la experiencia histórica nos muestra que llega lo benéficamente probable. El formidable ejemplo del mundo mediterráneo de cinco siglos antes de nuestra era: ¿cómo una pequeña y lastimosa ciudad como Atenas pudo resistir dos veces a un imperio gigantesco y alumbrar la democracia?

He vivido también otra experiencia. En el otoño de 1941, luego de haber destruido casi totalmente los ejércitos soviéticos que encontraba en su camino, Hitler llegó a las puertas de Leningrado y de Moscú. En Moscú un invierno prematuro congeló al ejército alemán. Los soviéticos ya se habían retirado hasta más allá de los Urales.

La historia habría sido diferente si Hitler hubiera desencadenado su ofensiva en mayo como él quería y no en junio luego de que Mussolini le pidiera ayuda, o si Stalin no hubiera sabido que Japón no atacaría a Siberia, lo que le permitió nombrar al general Joukov en el frente de Moscú.

El 5 de diciembre, la primera contraofensiva soviética liberó a Moscú hasta 200 km y dos días más tarde los estadounidenses entraron en guerra. He ahí algo improbable que se transforma en probable.

Actualmente ¿qué es lo improbable? La vitalidad de la llamada sociedad civil, una creatividad preñada de porvenir. En Francia la economía social y solidaria emprende vuelo, la agricultura biológica y granjera, soluciones ecológicas, actividades solidarias... Esta mañana recibí por email un documento sobre agricultura urbana.

En Brasil, adonde voy a menudo, formidables iniciativas están transformando actualmente una villa miseria condenada a la delincuencia y la miseria en una organización para salvar a los jóvenes.

Se crean muchas cosas. El mundo hierve de iniciativas por querer vivir. ¡Hagamos de tal modo que esas iniciativas se conozcan y crezcan! Allí está la mayor dificultad, porque estamos siendo arrastrados a toda velocidad en una carrera hacia los desastres, sin que tengamos conciencia de lo que nos ocurre.

La crisis intelectual es probablemente la peor porque continuamos pensando que el crecimiento va a resolver todos los males mientras que el crecimiento infinito y acelerado nos proyecta en un mundo finito que lo vuelve imposible.

No existen pensamientos lo suficientemente complejos para encarar todo eso: nuestra educación forma muy buenos especialistas pero incapaces de transmitir sus conocimientos a los demás. Hacen falta reformas solidarias. Todo eso nos muestra la dificultad que nos plantea el cambio de ruta.

Pero la humanidad ha cambiado muchas veces de ruta. ¿Cómo fue posible que el príncipe Sakyamuni, reflexionando sobre el sufrimiento elaborara una concepción de la verdad que se transforma en religión? ¿Cómo es posible que un pequeño chamán judío, disidente y crucificado generara gracias a Pablo esta religión universal que es el cristianismo? ¿Cómo, que Mahoma expulsado de la Meca, haya dado origen a una religión gigantesca?".

23 ene 2011

La obra o la vida


Viene de antiguo el debate acerca de si en un artista la vida y la obra son un todo indivisible o van cada una por su lado. Se intensifica dicho debate en aquellos casos en que una mancha vital ensucia una impoluta trayectoria artística. Y eso es precisamente lo que ha sucedido en los últimos días en Francia en torno a la pertinencia o no de celebrar de manera 'oficial' el medio siglo de la desaparición de Louis-Ferdinand Céline, uno de sus novelistas más potentes. Arcadi Espada daba ayer su punto de vista sobre la cuestión:

"Tras arduas deliberaciones consigo mismo el ministro de Cultura francés, un Mitterrand, ha decidido que no conmemorará no sé qué aniversario de Céline. La razón que ha dado es su insoportable antisemitismo. No me interesa ahora el debate sobre el genio y sus opiniones. La legitimidad intelectual de distinguir entre significante y significado. Si el antisemitismo que se le achaca forma parte de la obra que hay que celebrar o de la vida que conviene despreciar. Todo eso que nunca se plantea cuando se celebra a Neruda y su oda a Stalin. Lo interesante y reprobable es el sentido que adquiere la conmemoración en nuestra época, se trate de un aniversario o de un monumento público. La conmemoración se entiende no como recuerdo, sino como masaje. La evidencia de que el aniversario de un Céline debería ser la ocasión preciada de discutirlo no se tiene en cuenta. Los programadores culturales no dan opción: o el agasajo ruborizante o la 'damnatio memoriae' romana. El mundo mermelado de la memoria histórica".

19 ene 2011

El mejor gol olímpico de la Historia

Roberto Carlos, el legendario lateral izquierdo del Real Madrid y de la selección brasileña de fútbol, marcó el pasado fin de semana -con 37 años- el más bello gol olímpico de la Historia del fútbol mundial, en el enfrentamiento entre su club, el Corinthians, y la Portuguesa en la liga carioca.


Roberto Carlos ya había conseguido en 1997 el que probablemente sea el mejor lanzamiento de tiro libre de todos los tiempos, en un duelo entre Brasil y Francia que concluyó en tablas.


Pero el repertorio goleador de uno de los defensas con mayor poder ofensivo que se recuerdan no termina ahí: