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16 feb 2011

Por fin: ¡pasaron los Goya!

Fuente | YouTube EFE

Oti Rodríguez Marchante, crítico de cine de ABC, enviaba ayer esta crónica de la gala de los Goya desde Berlín, retrato agridulce del presente del cine español:

"Como tantos otros años, lo mejor de esta última ceremonia de entrega de los Premios Goya es que ya pasó. Y pasó lo que tenía que pasar: que estuvieron todos (casi), que habló el presidente con voz de ex presidente, que ganó el que tenía que ganar y perdieron los que tenían que perder, que la gala se alargó y se espesó tanto que al final de la velada, en el momento de los grandes premios, no había ni tiempo ni ganas para prestarles más que los despojos y saldos de nuestra atención... Así son los Goya y, en general, la vida: solemos embobarnos en lo accesorio y cuando llega lo sustancial no hay modo de estar bien despierto. Algunas frases del discurso de Álex de la Iglesia, algún chiste de Buenafuente o de Santiago Segura, la genuina sencillez del ganador, Agustí Villaronga, la alegría a veces tan aparentemente dolorosa y descontrolada de algunos premiados, sus padecimientos en la palestra y su letanía de gracias y cariños... En fin, nunca queda gran cosa de esta ceremonia para el que sólo mira.

Los Goya de este año, como es tradición en ellos, venían precedidos por una sorprendente sensación de asedio: el cine es una plaza tranquila y creativa, pero un ejército gigantesco y beligerante la ha rodeado y mantiene allí cercados y amenazados a todos sus habitantes. Al enemigo de la plaza del cine siempre puede uno imaginárselo bestial, demoníaco, cruel..., y puede esconderse tras el nombre de 'mercado', 'taquilla', 'imperialismo', 'guerra ilegal', 'ley fulana o ley mengana', 'piratería' y en esta última edición se le ha llamado incluso 'internet', lo que ha producido alguna que otra fisura, pequeña, en lo macizo e impenetrable de la plaza. Aunque se situaran en lugares y planos estratégicos los rostros de ministras tensas para tapar cualquier intento de fuga por esas fisuras... El gesto de Leire Pajín al discurso de Álex de la Iglesia era como para irse santiguando..., 'madre del amor hermoso'.

Y tal es la sensación de grupo asediado que provocan tradicionalmente en las fechas coincidentes con estos premios, que no es difícil ver a todos nuestros grandes nombres del cine durante la velada como algo homogéneo, autómata, movido por la misma palanca y hacia el mismo objetivo o lugar. Y si tiene uno ganas de fantasear puede considerar que en vez de una ceremonia, lo que está viendo es una sesión; una sesión, por ejemplo, de un grupo de autoayuda o, mejor aún, una reunión de Alcohólicos Anónimos, a la que se acude (y lo digo por lo visto en las películas o leído en algún libro como ese estupendo titulado 'Vino torcido') con un problemón, un idea fija, un protocolo y un objetivo común y en las que uno se dirige a los demás, les cuenta sus tensiones, sus esfuerzos y luego, entre lágrimas, agradece la dedicación y el trabajo que hacen por él un montón de personas cercanas y queridas... Que pase el siguiente...

Llegados a este punto, creo que para la próxima sesión o reunión de los Premios Goya deberían incorporar ese bálsamo para la voluntad que se aplica al comienzo de esas reuniones de Alcohólicos Anónimos y que dice del siguiente modo: Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que sí puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia. Y ya con el bálsamo untado, incluso podrían elegir una comisión para que pusiera manos a la obra y no hubiera equívocos en las concesiones y cada cualidad se correspondiera con su verbo oportuno; es decir, no ser tan sabio, tan sabio que se quiera cambiar lo que es ya inalterable, como ponerle puertas al campo, o a internet, que es más grande y verde; ni puertas, ni mucho menos barrotes... Hay que cambiar lo que sí se pueda cambiar, y en un párrafo del alegato de Álex de la Iglesia daba la impresión de que a este hombre (que iba a perder durante la ceremonia, además, prácticamente a todo lo que jugaba) el Señor le había concedido al menos serenidad, valor y sabiduría. Dijo, entre otras cosas:

'Sólo ganaremos al futuro si somos nosotros los que cambiamos, los que innovamos, adelantándonos con propuestas imaginativas, creativas, aportando un nuevo modelo de mercado que tenga en cuenta a todos los implicados: autores, productores, distribuidores, exhibidores, páginas web, servidores, y usuarios. Se necesita una crisis, un cambio, para poder avanzar hacia una nueva manera de entender el negocio del cine'.

Demasiados verbos para una sola recomendación: innovar, proponer, cambiar, avanzar, entender... Lo complicado que resulta entender (casi descifrar) la relación apasionada y lujuriosa entre el público, el cine, la cultura y la Red se podía leer el otro día en unas líneas de un magnífico artículo de Amador Fernández-Savater, cuando, sorprendido por el desconocimiento total del asunto de sus contertulios (todos presentes en la ceremonia, empezando por la ministra Sinde), asegura que 'la idea que tratan de imponernos los estereotipos es la siguiente: si yo me atocino la tarde del domingo con mi novia en el cine viendo una peli cualquiera, estoy valorando la cultura porque pago por ella. Y si me paso dos semanas traduciendo y subtitulando mi serie preferida para compartirla en la Red, no soy más que un despreciable consumidor parásito que está hundiendo la cultura'... No es un lenguaje distinto; ni siquiera es un idioma distinto..., es otra cultura, es otro mundo, otro universo, pero es en él donde tendremos que vivir.

Y mientras el mundo del cine encuentra su modo de cambiar y una nueva manera de entender su relación con el público, la ceremonia de los Premios Goya ni se inmuta: se 'baja' o se 'descarga' a sí misma cada año como si se hubiera mantenido en un recipiente digital 'al vacío'... Buenafuente cambia de gafas (o las gafas cambian de Buenafuente), Santiago Segura cambia de chiste (siempre bueno), Bardem cambia de Goya (o Goya cambia de Bardem) y la Academia cambia de presidente. Todo cambia y nada cambia en un lampedusiano viento cuyo golpe de aire se ha llevado este año la esencia del Goya a Cataluña y el pulso entre Icíar Bollain y Álex de la Iglesia lo ha ganado Agustí Villaronga y su película, 'Pan negro'.

Personalmente, celebro el premio a Villaronga, al tiempo que lamento lo de Álex de la Iglesia, lo de Icíar Bollain y, especialmente, lo de Rodrigo Cortés, cuya película, 'Enterrado', es uno de los ejercicios de talento cinematográfico más impresionante desde hace muchos años.

Y celebro que exista una cosa llamada internet y que pueda 'atrapar' en ella la señal de Televisión Española, porque era el único modo que teníamos muchos de ver la gala en medio del Festival de Cine de Berlín. Sí, fue fatigosa, abundante, consabida y pretenciosa, pero si no llega a ser por internet, ni me entero".

23 ene 2011

Picasso: el artista comprometido

Ilustración | Mikel Jaso
Fuente | Público

Se mostraba muy duro el pasado jueves en Público el profesor Vicenç Navarro (cargado de razón) con un artículo del crítico John Richardson publicado en The New York Review of Books -la revista intelectual más prestigiosa de EEUU- sobre Picasso y su compromiso político, a raíz de la exposición de las pinturas del pintor malagueño sobre el tema 'Libertad y Paz' -que se está exponiendo en Viena y se presentará después en Copenhague-, y denunciaba el "objetivo del 'establishment' artístico de EEUU (que es profundamente conservador)" de "despolitizar el arte, marginando o desdeñando el arte comprometido en el proyecto de cambio de la sociedad". Así desmontaba el experto en Ciencias Políticas las tesis del historiador del arte británico:

"En este objetivo de despolitizar el arte, se enfatiza la vivencia existencial del artista sin ninguna reflexión sobre el contexto político que la configura. Ello explica que John Richardson llegue a atribuir las variaciones en el arte de Picasso, primordialmente, a los cambios de amantes y la influencia que estas tuvieron -según Richardson- en el pintor. Es cierto que cita que Picasso fue miembro del Partido Comunista desde el año 1944 y que nunca dejó de serlo, pero trivializa este hecho como si fuera una mera anécdota sin importancia. En realidad, dice que los vaivenes políticos de Picasso (le atribuye erróneamente ser monárquico antes de la Guerra Civil) eran tan constantes como los cambios de amantes.

Picasso, en realidad, fue un artista profundamente comprometido con la causa republicana en España. Su compromiso fue constante, durante y después de la Guerra Civil y colaboró con las fuerzas antifascistas que lucharon por el restablecimiento de la democracia en España. La biografía enormemente insuficiente y sesgada que ha preparado El Prado reconoce tímidamente este compromiso del pintor, definiéndolo erróneamente como un liberal. Picasso nunca fue un liberal, por mucho que ahora esta definición esté de moda. En realidad, el Partido Liberal fue un partido que apoyó el golpe militar.

Durante la Guerra Civil, Picasso se puso a disposición del Gobierno republicano. Nombrado en su ausencia (dos meses después de que se iniciara la sublevación militar) director de El Prado, le afectó profundamente que la Legión Cóndor, la aviación nazi alemana, pudiera bombardear ese museo, lo cual determinó que se desplazaran gran número de cuadros a Valencia y más tarde a Ginebra. Picasso contribuyó con cantidades significativas aportadas de su bolsillo para pagar el coste del transporte (75 camiones), una de las medidas más exitosas de transporte de obras de arte durante la guerra. Sólo dos cuadros fueron dañados: uno de ellos de Goya. Algunos de los guardas de los camiones fueron detenidos por los franceses y entregados a los nazis, quienes les llevaron a Mauthausen.

Durante la dictadura, Picasso ayudó activamente a la resistencia antifascista. El grado de ignorancia de John Richardson sobre este hecho es enorme. Por ejemplo, llega a indicar que Picasso estuvo en contacto con círculos próximos al dictador, citando sus contactos con el torero Dominguín, al que asume cercano a los círculos fascistas. En realidad, Dominguín colaboró con la resistencia antifascista siendo un hombre de ideas antifascistas.

Una última nota. Picasso ha sido uno de los pintores que más coherencia han mostrado en su vida. [...] desde el principio hasta el final mostró su horror por la guerra, por el nazismo y por el fascismo, y por todos sus semejantes que todavía persisten. Y ahí quedan su 'Guernica', 'La violación de las Sabinas', 'Masacre en Corea' y muchos otros cuadros, piezas que continúan siendo relevantes [...].

Querer presentar a Picasso como apolítico y carente de compromiso es una mezquindad y una ofensa a su memoria y a la de miles y miles de artistas que defendieron los valores de la justicia pagando un enorme coste por ello. Para Picasso, tal coste fue -como para cualquier exiliado- no vivir en el país al cual dedicó parte de su vida: España. Hay un deber pendiente de España y de El Prado hacia Picasso. Debería hacerse una exposición de las pinturas del artista que mostraran su amor a su país y su compromiso con la democracia en España".