Rockdelux informa: "Mike Sadatmousavi, conocido como Altrice, ha remezclado el 'Swim' de Caribou, uno de los trabajos destacados del 2010. La reinterpretación de canciones como 'Odessa', 'Sun' y 'Jamelia' aparecen en el álbum 'Stem', editado por Merge en Estados Unidos y City Slang en Europa. Altrice ganó un concurso de remezclas propuesto por Dan Snaith y, posteriormente, surgió la idea de rehacer el disco al completo".
Desconozco si lo ha hecho para demostrar que el desastre no es tan desostroso como otros lo pintan -es broma, amigo Cantinflas- o para recordar que, pese al vislumbre de brotes verdes, el campo nacional todavía no pasa de rastrojo. El caso es que así le ha quedado a Nacho Escolar el retrato de la economía española actual, en el que hace hincapié en sus 'siete maravillas':
Tres. España es el país con más billetes de 500 euros de toda la UE: uno de cada cuatro está aquí. El 65% del dinero que circula en España está en billetes de 500. Las cifras apenas han bajado tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y aún suman 52.244 millones de euros. Un altísimo porcentaje de este dinero no se declara y deja al año un fraude fiscal de unos 16.000 millones. Somos medalla de bronce en economía sumergida de toda la UE con una tasa cercana al 20% del PIB; sólo nos ganan Italia y Grecia.
Seis. España es el único país de entre los 30 más prósperos del mundo cuyo salario medio real no creció en los años buenos. Entre 1995 y 2005, el salario medio real de los españoles perdió un 4% de poder adquisitivo; entre 1999 y 2006, los beneficios empresariales crecieron un 73%.
Los seres humanos soportan a menudo con infinita paciencia regímenes políticos extrema y manifiestamente injustos. La pregunta que hay que hacerse no es la habitual de ¿por qué estalló la rebelión?, sino más bien al revés: ¿cómo es posible que la gente aguante tanto sin rebelarse? Lenin, en uno de los ensayos más lúcidos que se hayan compuesto sobre la rebelión, afirmaba que si el poder tiránico no se desmoraliza y sus aparatos represivos -ejército, policía- no lo abandonan, la revolución es imposible. Mubarak debe de haber leído a Lenin, porque ya ha mandado a sus matones a reprimir manifestantes a tiros.
La explosión se ha producido según la ley de todas las rebeliones populares, desde la que condujo más tarde a la revolución francesa hasta la rusa bolchevique y la china maoista del siglo XX. Estallan cuando una corriente de esperanzas y expectativas crecientes -de prosperidad y mejores oportunidades- se estrella contra una realidad que las niega. Esa frustración es lo más peligroso para el tirano de turno. No hay efecto contagio que valga -aun siendo un factor que anime a los desesperados- si no viene empujado por la frustración de una esperanza realista.
Y no vale reprochar todo a las fuerzas exteriores. Los yanquis echaron mano de Mubarak en Egipto como la habían echado del Sha en Persia o de su agente en Bagdad, Sadam Husein, al que luego atacaron y hundieron en una guerra con pretextos inventados. En ella también estuvimos nosotros por obra y desgracia de gobiernos como los de José María Aznar y Tony Blair. Las fuerzas exteriores apoyan a quienes les conviene, aunque Barack Obama esté prometiendo ahora -y bien está que lo haga- que apoyará transiciones pacíficas a la democracia y regímenes decentes allá donde surjan. Esas fuerzas andan, no lo dudemos, metidas en el baile. Lo que vemos son las declaraciones del presidente Obama o las ambiguas y tímidas de la señora Catherine Ashton en nombre de la Unión Europea. Pero lo que pesan son presiones durísimas, ocultas, para que la ira popular no acabe con los tiranos. Al Yemen ya le han obligado a ejercer el arte de la cosmética política de democrática apariencia. Un futuro y patético Wikileaks demostrará lo que sabemos sin que nos lo digan.
Lo que esas fuerzas no controlan es la dinámica terrible de tendencias como las señaladas: incapacidad política y económica de satisfacer anhelos de libertad y trabajo, estupidez represiva, ansia de permanencia ciega en el poder. Castro -cuánto duele decirlo- es un anciano gruñón como lo fuera Franco. Mubarak les emula. Y no sabe irse, ni fallecer.
Y luego vendrá lo que muchos en esta Europa meridional tendrán que entender. Que nuestra frontera sur, el mar, es ya porosa, puente de constantes migraciones hacia el norte -hacia Italia, Grecia, España, Francia- y que lo será más aún, cuando toda la rebelión de las masas norteafricanas se vaya transformando en la migración en tropel a costas ajenas. Porque si la democracia -y esperemos que les llegue, que no es seguro- es buena para la economía, es decir, para dar trabajo, el desarrollo no es cosa de dos días. La desesperación no se absorbe de la noche a la mañana".
"¿Y La Gaceta? ¿Dice algo tan peculiar papelín? Claro que lo dice. Alto, pero no tan claro. Se lo transcribo y se lo muestro aquí cerquita: Cuatro viñetas como antetítulos: 'Líder de desempleo en la UE'; 'Jubilados sin pensiones y pensionistas sin futuro'; 'Una foto del pacto social que retrata a los sindicatos', y 'Un Ministerio del Interior que avisa a ETA de sus redadas'. Y titula así, en versión original con subtítulos: 'Frau Merkel, lassen sie sich von Zapatero nichts vormachen'. Que viene a decir 'Señora Merkel, que Zapatero no la engañe'. ¿Suficiente? Nanay del Carabay, que nos faltan dos sumarios, que hoy no acabamos nunca: 'La canciller alemana viaja a España para 'supervisar' sus órdenes en política económica', y 'Los socialistas esperan un 'aprobado raspado' a las reformas'. ¿Verdad que viven sin vivir en ustedes, desconociendo como desconocen, hasta que a continuación se lo desvele este su sacrificado bloguero, lo que escribe al efecto Carlos Dávila en su parte de guerra? Les quiero ver en posición de firmes, que llama el cornetín: 'Podría haber elegido otro día. La España que hoy ve Merkel está marcada por dos acontecimientos. El bochorno general ante el conocimiento de que nada menos que el jefe de la Seguridad Nacional esté implicado en un chivatazo a ETA, y el horror del país ante la nueva sangría del paro. Y a todo esto, a Zapatero le da igual: va a retratarse con los paniaguados agentes sociales y, según sus fieles, le va a decir a la canciller alemana que asuma el liderazgo de Europa. Este tío es un cachondo. Si tuviera la más mínima dignidad ante dos escándalos como los enunciados se habría vuelto a su casa, pero no: está, como Mubarak, pegado al sillón del poder. Yo no sé qué hace falta para que esta Nación maltratada plante cara a este personaje, pero sí sé algo: un año más meneando su gen destructivo y esto terminará como un erial".
Miedo, como siempre. Uno de los más recalcitrantes 'cornetas del apocalipsis' llama a la revolución pero olvida -o no- que, a diferencia de lo que ocurre con las dictaduras del mundo árabe, en España vivimos en democracia, por lo que, para acabar con un gobierno, hay dos vías: las elecciones o el golpe de estado. ¿Solo a mí me parece que el ínclito Dávila plantea lo segundo?
"La Internacional Socialista acaba de expulsar al PND, el partido de Hosni Mubarak, porque 'incumple los valores de la socialdemocracia'. Se dieron cuenta justo ayer. Hace dos semanas, también descubrieron que el partido de Ben Ali en Túnez, el RCD, tampoco reflejaba 'los principios que definen a esta organización'. Lo expulsaron tres días después de que Ben Ali huyese del país con su botín.
No quiero cargar todo el muerto a la socialdemocracia; sería muy injusto. El tunecino RCD, por ejemplo, también tenía un acuerdo de cooperación con el Partido Popular Europeo, y el gran aliado de estos regímenes en Europa ha sido el conservador Sarkozy. Todo Occidente -la izquierda y la derecha- parece que acaba de descubrir que en este local se juega, que las repúblicas hereditarias (ese oxímoron) que Estados Unidos y Europa amparan desde hace años en el norte de África y Oriente Medio se levantan sobre la tortura, la censura, el asesinato y la corrupción. He usado bien el verbo: 'amparan', en presente. O si no, ¿cómo explicar las declaraciones de Trinidad Jiménez elogiando la 'apertura democrática' de la dictadura marroquí?
La simetría histórica con Latinoamérica, con la vieja política de la CIA en el 'patio trasero' de EEUU, es casi perfecta. Las dictaduras bananeras son a las tiranías árabes como el comunismo al islamismo. El miedo al supuesto mal mayor sirve de excusa para tolerar los abusos del hijo de puta, de 'nuestro hijo de puta' -como bautizó Roosevelt a Somoza-. De fondo, se asume como inevitable esa teoría tan racista: que esos países 'no están preparados para la democracia'. Es una espiral sin fin: jamás estarán preparados mientras siga en el poder un dictador. Es el mismo desprecio que también nos aplicaron a los españoles con aquel hijo de puta que nos gobernó".
Los responsables del Primavera Sound han presentado hoy el cartel definitivo de la edición de 2011 del ¿festival de música más importante de Europa? Puede. Estos son los artistas confirmados para actuar del 25 al 29 de mayo en Barcelona: Aias, Ainara LeGardon, The Album Leaf, Animal Collective, The Annuals, Ariel Pink's Haunted Graffiti, Arto Lindsay, Autolux, Avi Buffalo, Baths, Battles, Belle & Sebastian, Berlinetta, Big Boi, The Black Angels, Blank Dogs, BMX Bandits, Caribou, Carte Blanche, Caspa, Cloud Nothings, Comet Gain, Connan Mockasin, Cults, Cuzo + Damo Suzuki, Dan Melchior und Das Menace, Darkstar, Das Racist, Deakin, Dean Wareham plays Galaxie 500, Del Rey, DJ Shadow, DM Stith, Ducktails, Dúo Cobra, Echo & The Bunnymen performing Heaven Up Here & Crocodiles, Einstürzende Neubauten, El Guincho, El Mató A Un Policía Motorizado, Emeralds, Explosions In The Sky, Factory Floor, Field Music, The Fiery Furnaces, The Flaming Lips, Fleet Foxes, The Fresh & Onlys, Games, Gang Gang Dance, Girl Talk, Glasser, Glenn Branca Ensemble, Gold Panda, Gonjasufi, Grinderman, Half Japanese, Holy Ghost!, Incarnations, Interpol, Islet, James Blake, Jamie XX, John Cale & Band + Orchestra perform PARIS 1919 live, John Talabot, The Jon Spencer Blues Explosion, Julia Kent, Julian Lynch, Kode9 And The Space Ape + Kode9 Burial Set, Kokoshca, Kurt Vile & The Violators, La Célula Durmiente, Las Robertas, Les Aus, Lichens, Lindstrom, Low, Lüger, M. Ward, Male Bonding, Matthew Dear Live, Me And The Bees, Mercury Rev perform Deserter's Songs, Mogwai, Money Mark, The Monochrome Set, My Teenage Stride, The National, Nisennenmondai, Nosoträsh 'Popemas', Odd Future, Of Montreal, Oneohtrix Point Never, Ornamento Y Delito, P.I.L. (Public Image Limited), Papas Fritas, Pere Ubu plays 'The Annotated Modern Dance', Perfume Genius, Phosphorescent, Pissed Jeans, PJ Harvey, Pulp, Rubik, Salem, Seefeel, Shellac, Simian Mobile Disco, The Soft Moon, Sonny & The Sunsets, Sufjan Stevens, Suicide, The Suicide Of Western Culture, Suuns, Swans, The Tallest Man On Earth, Tennis, Thelematicos, Toundra, Triángulo De Amor Bizarro, tUnE-yArDs, Twin Shadow, Ty Segall, The Vaccines, The Walkmen, Warpaint, Wolf People, Yuck.
"¿Cuáles fueron los acontecimientos que distinguieron el espíritu del siglo XXI del espíritu del siglo XX? Desde una perspectiva global fueron, en primer lugar, la destrucción del muro de Berlín y el subsiguiente final rápido del orden de la guerra fría y, segundo, la destrucción de los edificios del World Trade Center el 11 de septiembre del 2001. El primer acto de destrucción estuvo lleno de brillantes esperanzas, mientras que el siguiente fue una tragedia abrumadora. La convicción generalizada, en el primer caso, de que 'el mundo será mejor que nunca' fue totalmente despedazada por el desastre del 11/S. Estos dos actos de destrucción, que se desarrollaron en cada lado del punto de inflexión milenario con una inercia tan ampliamente distinta, parecen haberse combinado como una sola dualidad que causó una gran transformación en nuestra mentalidad.
Durante los últimos 30 años he escrito ficción en varias formas, desde cuentos cortos hasta novelas completas. Las historias siempre han sido uno de los conceptos humanos más fundamentales. Aunque cada una es única, funcionan principalmente como algo que puede compartirse o intercambiarse con otras. Esa es una de las cosas que les dan su significado. Las historias cambian de forma libre conforme inhalan el aire de cada nueva era. Siendo en principio un medio de transmisión cultural, son altamente variables en lo que respecta al modo de presentación que emplean. Como diestros diseñadores de moda, los novelistas arropamos las historias, conforme cambian de forma de un día a otro, con palabras adecuadas a sus perfiles.
Desde una perspectiva profesional, parecería que la conexión e interacción entre nosotros y las historias con que topamos experimentaron mayor cambio que nunca en algún momento cuando el mundo cruzó (o empezó a cruzar) el umbral del milenio. Que haya sido un cambio para bien o un cambio menos bienvenido, no estoy en posición de juzgarlo. Todo lo que puedo decir es que probablemente nunca podremos regresar al punto de partida.
Hablando por mí, uno de los motivos por los que lo siento con tanta convicción es el hecho de que la ficción que escribo experimenta en sí misma una transformación perceptible. Las historias en mi interior cambian de forma constante conforme inhalan la nueva atmósfera. Claramente puedo sentir el movimiento dentro de mi cuerpo. Puedo ver que al mismo tiempo también sucede un cambio sustancial en la forma en que los lectores reciben la ficción que escribo.
Ha habido un cambio que vale la pena resaltar, especialmente, en la postura de los lectores europeos y estadounidenses. Hasta ahora, mis novelas podían considerarse en términos del siglo XX. Esto es, podían entrar en sus mentes a través de pórticos como posmodernismo o realismo mágico u orientalismo; pero prácticamente desde que la gente acogió el nuevo siglo gradualmente empezó a despojarse del marco de estos ismos y a aceptar los mundos de mis historias con mayor tendencia al como es. Percibía intensamente este cambio cada vez que visitaba Europa y Estados Unidos. Me parecía que la gente aceptaba mis historias totalmente -historias muchas veces caóticas, otras tantas carentes de lógica, y donde la composición de realidad ha sido reconfigurada-. En lugar de analizar el caos dentro de mis historias, parecen haber comenzado a concebir un nuevo interés por la propia tarea de encontrar la mejor forma de aceptarlas.
En cambio, los lectores medios de los países asiáticos nunca necesitaron el pórtico de la teoría literaria para leer mi ficción. La mayoría de los asiáticos que se propusieron leer mis obras aceptaron al parecer desde el principio las historias que escribí como relativamente naturales. Primero llegó la aceptación, y luego (de ser necesario) el análisis. En la mayoría de los casos, en Occidente, sin embargo, con cierta variación, el análisis lógico vino antes de la aceptación. Estas diferencias entre Oriente y Occidente parecen desvanecerse con el paso de los años al influirse recíprocamente.
Si tuviera que etiquetar el proceso que ha experimentado el mundo durante los últimos años sería realineación.
Una importante realineación política y económica empezó después del final de la guerra fría. No hay mucho que decir acerca de la realineación en el área de la tecnología de la información, con un impactante desmantelamiento y establecimiento de sistemas a escala mundial. En el turbulento punto medio de estos procesos, obviamente, sería imposible que la literatura fuera la única que no se realineara y evitara el cambio sistémico.
Una importante dificultad ocasionada por este proceso de realineación es la pérdida -aunque sólo temporal- de los ejes coordinados para formar estándares de evaluación. Estos ejes estuvieron ahí hasta ahora, funcionando como bases fiables para medir el valor de las cosas. Se sentaban en la cabecera de la mesa como pater familias de los valores, decidiendo lo que concordaba y lo que no. Ahora nos despertamos y hallamos la desaparición no sólo del jefe de la familia, sino de la misma mesa. Por todos lados, parecería, las cosas han sido -o están siendo- tragadas por el caos.
Cuando oigo la palabra caos, automáticamente me imagino las escenas del 11-S -esas impactantes imágenes mostradas millones de veces en televisión-. Los dos aviones incrustándose contra los muros de cristal de las Torres Gemelas, las propias torres derrumbándose sin dejar rastro; escenas que seguirían siendo increíbles después de verlas más de un millón de veces. La trama que tuvo éxito con milagrosa perfección, una perfección que alcanzó casi un nivel de surrealismo. Si puedo decirlo sin temor a ser mal entendido, las imágenes parecían gráficos de ordenador para una película de Hollywood sobre el juicio final.
A menudo nos preguntamos cómo hubiera sido si nunca hubiera sucedido el 11-S o al menos si ese plan nunca hubiera sido tan exitoso de forma tan perfecta. El mundo habría sido muy distinto de lo que es ahora. Estados Unidos pudo haber tenido otro presidente (importante posibilidad) y las guerras en Iraq y Afganistán tal vez nunca habrían ocurrido (posibilidad aún mayor).
Llamemos Realidad A al mundo que tenemos actualmente, y Realidad B al mundo que pudimos haber tenido en ausencia del 11-S. No podremos dejar de observar que el mundo de Realidad B parece ser más real y racional que el mundo de Realidad A. Para decirlo en otros términos, vivimos en un mundo que tiene un nivel de realidad aún menor que el mundo irreal.
¿De qué otra forma podemos llamarlo sino caos?
¿Qué tipo de significado puede tener la ficción en una era como esta? ¿A qué tipo de propósito puede servir? En una era donde la realidad es insuficientemente real, ¿cuánta realidad pueden tener las historias ficticias? Sin lugar a dudas, este el problema al que hacemos frente ahora los novelistas, las preguntas que se nos han planteado. En el momento en que nuestras mentes cruzaron el umbral del nuevo siglo, también cruzamos el umbral de la realidad de una vez por todas. No tuvimos otra opción más que cruzarlo, finalmente, y, al hacerlo, nuestras historias se ven forzadas acambiar de estructura. Las novelas e historias que escribimos indudablemente serán cada vez más distintas en carácter y sensaciones que las que han aparecido antes, de la misma forma que la ficción del siglo XX se diferencia drástica y claramente de la ficción del siglo XIX.
El objetivo propio de una historia no es juzgar lo que está bien y lo que está mal, lo bueno y lo malo. Lo más importante es que determinemos si, en nuestro interior, los elementos variables y tradicionales avanzan armónicamente, determinar si las historias individuales y comunes se suman en la raíz en nuestro interior.
En otras palabras, el papel de una historia es mantener la solidez del puente espiritual construido entre el pasado y el futuro. Nuevas morales y orientaciones emergen con bastante naturalidad de tal empresa. Para que ello suceda, primero debemos respirar profundamente el aire de la realidad, el aire de las cosas como son, y debemos encarar pródigamente y sin prejuicios la forma en que las historias están cambiando dentro de nosotros. Debemos acuñar nuevas palabras a tono con el ritmo de ese cambio.
En ese sentido, al mismo tiempo que la ficción (narración) sufre actualmente una prueba severa, ello representa una oportunidad inusitada. Por supuesto que a la ficción siempre se le ha asignado responsabilidad y preguntas que afrontar en cada era, pero sin duda estas son ahora especialmente importantes. La narración o historia posee una función que sólo ella puede cumplir, y es la de 'convertir todo en una historia'. Transformar las cosas y sucesos que nos rodean en la metáfora de la forma narrativa y sugerir la verdadera naturaleza de la situación en el dinamismo de esa sustitución: tal es la función más importante de la historia.
En mi última novela, 1Q84, no muestro el futuro cercano de George Orwell, sino lo contrario -el pasado cercano- de 1984. ¿Qué hubiera pasado en el caso de un distinto 1984, no el original que conocemos sino otro 1984 transformado? ¿Y qué pasaría si repentinamente nos lanzaran a ese mundo? Habría, por supuesto, tanteos hacia una nueva realidad.
En la brecha entre Realidad A y Realidad B, en la inversión de realidades, ¿en qué medida podríamos preservar nuestros valores recibidos y, al mismo tiempo, qué tipo de nueva moral podríamos llegar a parir? Este es uno de los temas de mi trabajo. Dediqué tres años a escribir esta historia, tiempo durante el cual simulé en mí su mundo hipotético. El caos sigue ahí, en perfecta forma.
Pero, después de abundantes pruebas y errores, presiento intensamente que finalmente lo estoy logrando plasmar en términos de una historia. Tal vez la solución parta de aceptar tranquilamente el caos no como algo que 'no debería existir', que debería rechazarse fundamentalmente en principio, sino como algo que 'está ahí en calidad de hecho real'.
Tal vez sea demasiado optimista. Pero como narrador de historias, como esperanzado y humilde piloto de la mente y el espíritu, no puedo evitar sentirlo de esta manera, en el sentido de que el mundo, también, después de abundantes pruebas y errores, seguramente logrará nueva confianza de que lo está captando y descubrirá sin duda pistas que sugieran una solución, porque, finalmente, el mundo y las historias han cruzado el umbral de muchos siglos y han atravesado muchos jalones para sobrevivir hasta el día de hoy".
Justo Zambrana, economista que en el pasado asumió altas responsabilidades sindicales y políticas, lleva años analizando las entrañas de la izquierda -su ideología- con el objetivo de extraer las razones de su malestar y, si fuera posible, concluir las soluciones para sacarla de ese estado. En este artículo, difundido por Público, propone refundar la izquierda, recomponer una ideología desfasada:
"Conforme pasan los meses, la izquierda política, en especial europea, comprueba perpleja que las salidas a la crisis que se preveían por la izquierda no sólo no se producen, sino que ocurre lo contrario. Hay un consenso generalizado de que lo ocurrido ha venido incubándose en las prácticas económicas de absoluto laissez-faire que se implantaron en los años ochenta. La tesis central del liberalismo conservador según la cual los mercados se autorregulan a sí mismos, haciendo inútil y perniciosa la intervención política, ha recibido el más rotundo de los desmentidos. Y, sin embargo, el poder político se tiñe más de conservador y ni siquiera se gana en el discurso, condición previa para ganar el poder.
Si vamos al origen, tres son los valores que han servido de motores a la izquierda política. El primero, la idea de emancipación como liberación y autorealización del potencial humano. Fue la idea de más peso en los premarxistas y en el joven Marx. El segundo ideal era la racionalidad. Frente a la superchería de muchas costumbres, la izquierda apostaba por la razón como fuente única de valores. El tercero, cómo no, es el ideal de igualdad. Dado que los dos primeros se comparten con el liberalismo hasta el punto de que Prieto se declaraba socialista a fuer de liberal, el elemento igualdad ha sido el que más ha jugado como definidor del ser de izquierdas.
Los tres valores sufren fuertes turbulencias en la actual sociedad informacional. La emancipación sirve como diferenciación de izquierdas sólo allí donde la derecha es más conservadora que liberal. Es lo que ocurre en Estados Unidos o en España. En la práctica, desde Mayo del 68 para acá, la emancipación individual, degradada, la están proporcionando los consumos de bienes y experiencias que disuelven lazos sociales al tiempo que sustituyen al ciudadano crítico por el ciudadano conforme.
El segundo, la razón, aparece zarandeado por el rebrote de los identitarismos de todo tipo que acompañan la globalización. Hasta la crisis económica, esta cuestión ocupaba el centro del escenario político, y la izquierda europea se ha movido con notable incomodidad y muchas contradicciones en un terreno que es vivero de votos. O, para la izquierda, sangría de votos. El problema no sólo se da en el interior de las sociedades. Internacionalmente también prima la identidad.
Y, finalmente, el valor por excelencia, la igualdad. Hace casi un siglo que la socialdemocracia rompió con el comunismo y apostó por combinar mercado y Estado, economía y política. Desde entonces, Europa ha visto florecer los Estados de bienestar; el mejor mix de libertad, igualdad y seguridad. Las políticas económicas que han conducido a ello han tenido su mayor sostén en el pensamiento económico de Keynes. ¿Por qué, en esta crisis, la vuelta a Keynes sólo sirve para recomponer la situación causante de los males y no para alcanzar un nuevo equilibrio social como ocurriera tras la crisis del 29? Esa es la cuestión.
Cuatro son las causas centrales que pueden explicar lo que pasa. La primera es el modo en que se lleva a cabo la globalización. La globalización es una realidad económica, pero no política. Vivimos un mundo claramente asimétrico, cada vez más global por la economía y la tecnología y cada vez más local por la política. Con un agravante: los motores de la situación son la tecnología y el mercado. La política sólo interviene a toro pasado. La esencia del pensamiento keynesiano es la intervención de la política en economía, pero sus recetas están concebidas en el marco del Estado-nación y hoy el Estado-nación cada vez pinta menos, económicamente hablando. ¿Ejemplos? Todos, incluido España. El margen para cualquier política económica nacional es mínimo.
Detrás se constata la segunda causa: la financiarización del capitalismo. Hoy el tamaño de los activos financieros equivale a varias veces el PIB mundial. Con dos agravantes: la tecnología mueve estas masas de capital a la velocidad de la luz y las doctrinas dominantes de laissez faire han permitido que los apalancamientos de diferente signo multipliquen su potencia. No es de extrañar, pues, que no haya demanda (de consumo e inversión) capaz de contrarrestar esta oferta y que, desde hace 20 años, las “burbujas” se sucedan las unas a las otras. Cada vez que sobra capital, hay burbuja. Si en los años setenta se puso fin a la era keynesiana porque generaba inflación, qué decir de esta época neoliberal que acarrea una burbuja tras otra.
Derivada de este exceso de capitalización, la tercera causa. La realidad camuflada de la sociedad a crédito. Y de los países a crédito. Puesto que usted no tiene porque no gana suficiente, no se preocupe que se lo prestamos. Así, la desigualdad se disimula y el dinero que sobra se coloca de un modo rentable. Lo que dificulta terriblemente el fenómeno es nuevamente su carácter global. El crédito distorsiona el interior de las sociedades ricas, pero también genera desequilibrios en la economía mundial.
Todo ello -y es lo cuarto- con una transformación tecnológica que está cambiando de raíz la vida de la especie humana en el planeta. Una tecnología que transforma todas las anteriores y que, lejos de versar sobre la naturaleza, versa sobre el hombre mismo y su dimensión más básica, la comunicación.
"Tengo 35 años y podría ser peor. Podría tener 25, ó 20, y así entrar de cabeza en esa generación estafada a la que le han cambiado el derecho a una vivienda digna y un empleo estable por la Playstation III. Nos dieron gato por liebre, hiperespacio a cambio de espacio, y por eso no me extraña que la ley Sinde enfade más a los jóvenes que el recorte de las pensiones o la reforma laboral. Hemos asumido nuestro destino, hemos aceptado nuestro lugar.
En toda Europa, de norte a sur, se repite que los jóvenes de hoy pasarán a la historia como la primera generación que vivirá peor que la de sus padres desde la II Guerra Mundial. En Europa es un drama; en España es una tragedia nacional. ¿Mileuristas? Más quisieran. El 43% de los menores de 25 años en España ni trabaja ni estudia. Ni tiene nada ni aspira a nada. La nada de nada, la mierda al cuadrado, es el presente y el futuro para cuatro de cada diez.
Me van a perdonar que no celebre el exitoso consenso nacional pero, francamente, no tengo humor para brindar. Miro la mesa de aquellos que han pactado elevar poco a poco la jubilación a los 67 y ni uno solo de ellos, por edad, tendrá que trabajar tres años y medio más para retirarse a los 65 con toda su pensión. Pero no culpo a los sindicatos, podría haber sido mucho peor. Es preferible el acuerdo al decretazo; es bastante mejor también lo que han pactado que la propuesta inicial del Gobierno. En este país resignado y asustado, es dudoso que los sindicatos tuviesen margen para más. Pero perder por menos nunca es una victoria. Por mucho que se adorne, el pacto no deja de ser un importante recorte en la cuantía y la duración de las pensiones que pagarán los de siempre, los más débiles: esa misma generación que mañana no podrá jubilarse y hoy no puede trabajar".
Escribe Nacho Escolar. Tengo 34 años y (no sé si) podría ser (mucho) peor.
Los profesores Alberto Alesina (Harvard) y Francesco Giavazzi (Bocconi) son dos provocadores economistas que defienden que el secreto de la salvación de la economía europea se encuentra en las profundidades del liberalismo y que, solo si los mandamases del viejo continente son capaces de bucear hasta allí y desprenderse de sus corsés ideológicos, podrán hacer frente al poder de las potencias emergentes y al dominio norteamericano. En este artículo, publicado en Replicante, explican por qué la izquierda debería abrazar el liberalismo:
"La flexibilidad del mercado laboral, la desregularización en la industria de los servicios, las reformas al sistema de pensiones y mayor competencia para el financiamiento a las universidades podrían dañar los intereses de quienes se benefician de relaciones privilegiadas o afiliaciones gremiales, pero podrían abrir oportunidades para los jóvenes y grupos en desventaja. Una verdadera agenda de izquierdas debiera abrazar esas reformas.
Europa está en medio de una acalorada discusión acerca de las ventajas y desventajas de las reformas de mercado y, por ende, de mayor liberalismo económico. Es conocido todo lo que contiene el paquete: competencia, marcos laborales flexibles, liberalización de los servicios, disminución de impuestos y privatizaciones.
El debate suele suceder de la siguiente manera. Estas reformas son políticas 'de derecha'. Pueden quizá incrementar la eficiencia -quizás incluso cierto crecimiento económico- pero también tienden a incrementar la inequidad e inciden en el detrimento de los más pobres. Por lo tanto -es aquí donde aparece el argumento 'socialmente compasivo'-, hay que tener mucho cuidado al enfocarse en esa dirección. Los gobiernos deben ser en extremo cautos y estar listos para dar marcha atrás en sus planes en cualquier lugar. ¡Cuidado!
Pero mucho de este razonamiento, fundamentalmente, es erróneo. Flexibilidad en el mercado laboral, desregulación de la industria de servicios, reformas al sistema de pensiones y demás no son contrarias a la equidad. Tales reformas desplazan al financiamiento de los contribuyentes hacia los usuarios mismos, y de esa manera eliminan rentas. Tienden a incrementar la productividad con base en recompensar el mérito en vez de la pertenencia a un grupo con privilegios. Tienden también a brindar oportunidades a jóvenes sin experiencia, que carecen de las relaciones o recomendaciones para ser contratados. El perseguir reformas pro-mercado no implica que se tenga que enfrentar una disyuntiva entre eficiencia o justicia social. En este sentido, las reformas a favor del mercado son de izquierda, si es que eso significa reducir los privilegios económicos de los que disfrutan ciertas camarillas.
Para profundizar en algunas de estas ideas publicamos hace un año nuestro libro Il liberismo é di siniestra [El liberalismo es de izquierda]. Este libro fue escrito con Italia en mente, pero muchos de los comentarios se aplican de la misma manera a otros países con reformas rezagadas, sobre todo Francia, uno de los más conspicuos enemigos de esas reformas. Nuestro punto es que las metas que tradicionalmente sostiene la izquierda europea -como la protección a los económicamente débiles y su aversión a la inequidad excesiva y beneficios inmerecidos- debieran llevar a las izquierdas a adoptar políticas a favor del mercado. Lo que había sido la norma desde los sesenta hasta fechas recientes, sobrerregulación de mercados, preservar el status quo, un enorme sector público que no favorece a los más pobres sino a quienes mantienen relaciones de poder y que requiere de una elevada y distorsionada recaudación en la hacienda pública, universidades que regularmente producen mediocridad en nombre del igualitarismo (mientras que los más ricos de todos modos consiguen buena educación), de modo que al final decrece la eficiencia y la justicia al mismo tiempo.
Un buen ejemplo puede encontrarse en el mercado laboral. En Italia, España y Francia, donde el mercado está dividido, los jóvenes hallan empleos con contratos temporales que no ofrecen ni seguridad social ni perspectivas para continuar en ellos. Al expirar el contrato el empleador opta por no renovarlo a fin de no correr el riesgo de convertir a los temporales en empleados permanentes, quienes de facto adquieren el derecho a nunca ser despedidos. Una reforma que elimine esta dualidad al hacer flexible el mercado laboral en su totalidad, con un esquema apropiado de compensación, no sólo reduciría el desempleo, sino, más importante aún, podría favorecer a los realmente pobres y a los jóvenes con su primer trabajo. Esto es un ejemplo de una política pro-mercado que favorece a los pobres.
O pensemos en el gasto público y consideremos nuevamente el caso italiano. El gobierno ahí hace muy poco por proteger a las familias del riesgo de caer debajo de la línea de pobreza. ¿Por qué? Debido a que Italia gasta mucho en pensiones y muy poco en otros programas de bienestar. Adivine quiénes están en contra de reducir el costo de financiar las pensiones al aumentar la edad de retiro: ¡Los sindicatos, apoyados por la izquierda! Al adoptar esta postura, los sindicatos no ayudan a los pobres, tan sólo a sus miembros, que por lo general son viejos trabajadores y otros jubilados. Durante el verano, la amenaza de una huelga general -en la cual sólo los viejos, sindicalizados y otros trabajadores protegidos hubiesen detenido sus labores (no así los jóvenes con contratos temporales y sin seguridad social)- fue suficiente para convencer al gobierno de izquierda para disminuir la edad de retiro de sesenta a 58 años. Esto creará una carga aún mayor para la juventud actual. ¿Cómo puede alguien sostener que estos sindicatos y sus aliados políticos de izquierda, aún representan a los pobres y jóvenes?
Si no se sacrifica justicia social por eficiencia en la Europa actual, ¿por qué entonces las reformas parecen tan lentas, o simplemente no llegan, en naciones como Italia y Francia?
¿A qué se debe que el votante europeo típicamente 'compasivo' duda acerca del componente de ayuda hacia los pobres dentro de las reformas de mercado? La respuesta es la común en políticas económicas: los grupos fácticos beneficiarios del status quo imperante 'bloquean' esas reformas, a pesar de que los mecanismos varían de país en país. Estos grupos no pueden simplemente negarse a las reformas tan sólo porque dañan sus intereses. Necesitan la retórica de la defensa del débil y el pobre.
[...] Los reformistas en Europa debieran negarse a ser arrinconados por sus adversarios en la ecuación 'más mercado igual a más injusticia'. Es lo opuesto. Aceptar esta ecuación, y tratar de disculparse por ella, ciertamente no es la forma de ganar esta batalla. Si la izquierda europea desea poder decir honestamente que pelea por los miembros más necesitados de nuestra sociedad, debe adoptar como grito de batalla la búsqueda de la competición, reformas y un sistema basado en la meritocracia".
"1. Una mirada al panorama de finales del primer decenio. La esperanza Obama se disuelve y estalla la crisis europea. Una nueva lógica se instala en el corazón de la vida europea a partir de la crisis financiera griega: Merkel, Sarkozy y Trichet han decidido que la sociedad europea debe sacrificar su nivel de vida actual, el sistema de la educación pública, su civilización, para poder pagar las deudas acumuladas por la élite financiera. Una especie de directorio se ha apoderado de la Unión, reafirmando los dogmas en quiebra del monetarismo neoliberal: reducción del coste del trabajo, recortes en el gasto social, privatización de la enseñanza, empobrecimiento de la vida cotidiana. Proyectando la sombra de una recesión a largo plazo sobre el futuro de la última generación, Europa se ha convertido en un chantaje. Si bien el horizonte parece oscuro, en el escenario europeo también se producen acontecimientos imprevisibles, inquietantes y apasionantes al mismo tiempo. Veo a los jinetes del Apocalipsis y me gusta el sonido de los caballos al galope.
2. Wikileaks ha mostrado la potencia de la inteligencia colectiva. El acontecimiento orquestado por Assange es la irradiación de la fuerza creativa del intelecto general. La lección de Wikileaks no está tanto en los contenidos revelados -ya sabíamos que a los diplomáticos se les paga por mentir y que a los militares se les paga por disparar contra los civiles- cuanto en la activación de la solidaridad, complicidad y colaboración independiente entre cognitarios, entre trabajadores cognitivos de distinto tipo: técnicos de hardware, programadores, periodistas que trabajan juntos y comparten el mismo objetivo de desestabilizar el poder totalitario. A partir de esta lección, los rebeldes encontrarán su camino hacia la auto-organización del intelecto general.
3. El intelecto general busca un cuerpo. La revuelta se difunde por las calles de Europa, desde Roma a Londres y Atenas, pero la calle no es el único lenguaje de este movimiento. ¿Qué es lo que está en juego en la revuelta de masas de diciembre? Los rebeldes saben bien que no se está preparando una lucha militar contra la policía y el Estado. No les interesa mucho la policía y el Estado. Lo que están buscando es una recomposición del cuerpo social y una reactivación del cuerpo erótico del intelecto general. En los últimos diez años, la precarización, el aislamiento y la competencia en el mercado de trabajo han provocado una disociación de la inteligencia colectiva en red del cuerpo social del trabajo cognitivo. La aceleración de la Infosfera (intensificación del ritmo de explotación cognitiva) ha puesto en tensión a la psicosfera social, provocando soledad, pánico, depresión, des-empatía. La sensibilidad y el deseo quieren recuperar su flujo. La primera generación que ha aprendido más palabras de una máquina que de su madre recompone su cuerpo en las calles.
4. Un proceso de larga duración. Las luchas estudiantiles no son una explosión pasajera, sino el inicio de un largo periodo que marcará el próximo decenio, una suerte de insurrección europea. Insurrección significa ponerse en pie, pero también pleno despliegue de las potencialidades del actor. El actor que entra en el escenario histórico es el intelecto general en proceso de subjetivación. El pleno despliegue de las potencialidades del intelecto general va mucho más allá de los límites del capitalismo e implica una reactivación de la sensibilidad. La sensibilidad, facultad para comprender aquello que no puede ser verbalizado, ha sido devastada por la precarización y por la fractalización del tiempo. Para reactivar la sensibilidad, arte, terapia y acción política tienden a fundirse.
El Prozac, el Ritalin, la cocaína y la competencia han producido efectos bipolares en la economía: exuberancia irracional de los mercados, pánico financiero… y también en la psicosfera social: depresión de masas, crisis de pánico, epidemia de suicidios. La terapia se ha reducido a la readaptación de la mente deprimida a la normalidad de la explotación mental.
5. La fusión entre arte y activismo ha acentuado la inefectividad del gesto. El movimiento no global del decenio pasado era un movimiento puramente ético, privado de efectos políticos, incapaz de detener las tendencias de la desregulación capitalista porque no entraba en la esfera de la vida cotidiana, y se limitaba a la denuncia ética y a la acción simbólica. El art-ivismo ha interiorizado la ineficacia y la transformación de la acción en pura denuncia.
En el mejor de los casos, el arte del pasado decenio ha sido fenomenología del sufrimiento mental. Pienso en artistas como Lisa Athila, Jonathan Franzen, Miranda July, Gus Van Sant, Kim Ki-Duk, que ponen en escena el cuerpo social fragmentado y la frenética percepción del tiempo inducida por la precariedad.
El sufrimiento psíquico es la principal área de contacto entre arte y acción social en el momento en que el intelecto general se pone a buscar un cuerpo. Los rebeldes de hoy están poniendo en marcha una acción poética y auto-terapéutica. Están recomponiendo la empatía de los cuerpos, redescubriendo una esfera común de sensibilidad.
6. Se acabó el cinismo. En el centro de la insurrección actual hay una fuerte motivación ética. No pienso en una ética fundada en "valores", que no sé lo que son. Pienso en la ética en términos materialistas, hedonistas y sensuales, como respeto de sí mismo y amor por sí mismo. La esfera conceptual de la estética debe redefinir la esfera ética. El cinismo de masas, que según Sloterdijk era el sentimiento predominante en el post-68, está fuera de curso porque ya no da beneficios. Las masas aceptaban la tristeza del cinismo y de la auto-sumisión a las humillantes reglas del poder cuando éste garantizaba los ingresos. Pero hoy el cinismo es asignación sólo de la clase dominante y cada vez permea menos en la cultura de masas. La clase cínica ha perdido su glamour. Feos, asquerosos, repugnantes son aquellos que están en los puestos de mando de las finanzas, de la política, de la economía, desde el punto de vista de la nueva generación. Es un juicio estético, antes que otra cosa. La elección ética se basa en el placer de sí; no en valores universales, sino en el placer de la singularidad. Una percepción distinta de la riqueza, como goce de sí y no como adquisición, va abriéndose camino en la sensibilidad, incluso antes que en la conciencia.
7. Después de Europa. La patología financiera ha devastado el cuerpo y el alma de la sociedad europea, de modo que ahora Europa es un zombi. El movimiento del trabajo cognitivo insurgente asume la tarea de inventar una nueva Europa, emancipada de los dogmas de la competencia y la acumulación. Europa renacerá gracias a la aparición del cuerpo social y erótico del intelecto general, gracias a la insurrección de la inteligencia sensual del movimiento. Europa podrá ser entonces un lugar de solidaridad y de belleza".
Franco Berardi, (Bifo), es hijo del movimiento creativo de los años setenta en Italia (particulamente en Bolonia). Fundó con otros compañeros la primera radio libre en Europa: la mítica Radio Alice. Durante años, ha seguido de cerca las transformaciones del trabajo y la comunicación, inscribiendo siempre sus reflexiones en prácticas de comunicación alternativas, como el proyecto Rekombinant o el movimiento de televisiones de calle contra el despostismo mediático en Italia. En castellano ha publicado: La fábrica de la infelicidad (Traficantes de Sueños, Madrid, 2003), Telestreet: máquina imaginativa no homologada (El Viejo Topo, Barcelona, 2004). Publicaba regularmente en la revista Archipiélago. El Viejo Topo le dedicó un dossier completo en su número 203 (febrero 2005).