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24 feb 2011

Opinión pública y opinión publicada

Fuente | ¿Es posible?

El crítico extremeño José Luis García Martín abre sus 'ventanas de papel' de ABC Cultural a dos de los libros fundamentales de la 'rentrée' de 2011: los de Gimferrer y Marsé. Con su mala baba habitual, y arrogándose -de manera pretenciosa- la voz colectiva de los lectores, desprecia la altura literaria que jamás podrá alcanzar él como creador. Conviene tenerlo en cuenta, en todo caso:

"Dijo una vez un político que no hay que confundir opinión pública con opinión publicada. Así es, al menos en literatura. Cada vez resulta más frecuente el aplauso unánime de la crítica y el unánime desdén de los lectores (no de los compradores). Dos ejemplos recientes: Rapsodia, de Gimferrer, y Caligrafía de los sueños, de Marsé. 'Escrito en seis días' se anuncia uno, con circense fanfarria; 'La primera novela después del Cervantes', el otro. Tras ripiosos tumbos entre modernismo y postismo, vuelve Gimferrer a reescribir sus versos de hace cuarenta años: lo que entonces deslumbraba, por contraste con la grisura realista, ahora parece envejecida quincallería, aunque no deje de sorprender alguna imagen, pronto difuminada en el automatismo del conjunto. Caligrafía de los sueños suena tan a Marsé que ni siquiera necesitaría haberla escrito Marsé. Se equivoca quien piense que son malos libros. Son solo prescindibles, cansinas vueltas de tuerca. Tan consabidos que quien conoce su obra anterior podría, no ya reseñarlos, sino dar conferencias sobre ellos sin haberlos leído. El poema 'más que a significar aspira a ser' afirman Gimferrer y tantos teóricos de la literatura. Pero nada más fácil que un poema que 'es' y 'nada significa': cualquiera escrito en una lengua que ignoramos. Deleitarse con la musicalidad de sus significantes supondría así la culminación del placer estético.

Barcelona, años cuarenta, un tranvía lleno, un viajero que se dirige a un orondo sacerdote afirmando que nunca será 'siervo de una Iglesia que pasea al centinela de Occidente bajo palio'. En una serie de televisión, cambiaríamos de canal. En una fantasía autobiográfica de Marsé, por cortesía seguimos leyendo. Con cierto nombre, y la adecuada promoción, se puede vender cualquier cosa sin que falten reseñistas que disfracen de crítica literaria los ditirambos publicitarios. Pero no hay que alarmarse: la opinión pública no siempre coincide con la publicada".

Marsé, el calígrafo

Fuente | El País

Marsé, al cabo uno de los premios Cervantes más justos de la literatura en español, publica nueva novela tras el (eternamente prorrogado) reconocimiento: Caligrafía de los sueños se titula una obra que es, a la vez, la misma canción 'marseana' de siempre y un soplo de aire fresco para la narrativa nacional. Como suena: se puede echar mano de la nostalgia con la vista puesta en el futuro, aunque eso solo esté al alcance de los maestros. Los descreídos, sigan la guía publicada por el crítico José-Carlos Mainer en Babelia:

"Se llama Mingo, que es un ridículo hipocorístico de Domingo, pero quiere que le llamen Ringo, como el personaje de John Wayne en 'La diligencia', de John Ford. Lo recordará algún lector de esta novela como uno de los adolescentes de Si te dicen que caí, el que tiene un padre más declaradamente 'rojo'. Aquí ha cumplido quince años, es hijo adoptado y acaba de perder un dedo en el taller de joyería donde trabaja. Y quiere ser pianista. Nada es lo que parece, o lo que la gente quisiera que fuera, en 1948... En la primera escena de Caligrafía de los sueños, una mujer desesperada se tiende sobre las vías del tranvía pero no son más que dos trozos de raíl que sobrevivieron a la retirada del servicio. Y la calle donde sucede todo tiene el nombre evocador de Torrente de las Flores aunque parece que recibió su designación por los dos apellidos de un antiguo propietario, el señor Torrente Flores. También Victoria Mir, la suicida, se hace llamar 'quinesióloga y quiromasajista' pero ejerce de curandera en su propia casa y hace sus ungüentos con las hierbas que recoge en la Montaña Pelada. Fue la mujer del alcalde de barrio falangista, que se suicidó; su amante, Benito Alonso, fue futbolista y ahora y siempre será un don nadie fantasioso y con pocos escrúpulos, como lo son casi todos: como el capitán Blay y el señor Sucre a quienes ya conocimos en El embrujo de Shanghai.

Nada es lo que parece pero todavía es peor en 'el culo del mundo' -se repite varias veces- que era la Barcelona de entonces (Ringo y sus amigos no olvidarán nunca que el 'malo' de la película 'El signo del Zorro' -era Basil Rathbone; el 'bueno' era Tyrone Power y la chica, Linda Darnell; el director, Rouben Mamoulian- había sido profesor de esgrima en Barcelona: jamás pudieron imaginar que el nombre de su ciudad se oyera en un filme de Hollywood). Pero Ringo intuye pronto la inestabilidad fantasmal de lo que le rodea: 'Como suele sucederle en los sueños, percibe en todo lo que está pasando aquí una mezcla de veracidad y absurdo', leemos al comienzo de la novela. Es su frase clave, si añadimos también a los ingredientes una tragedia impotente y un choteo resignado. Juan Marsé ha averiguado que la fidelidad a la memoria supone confiar en un material muy frágil que el tiempo y el egoísmo modifican inexorablemente. Novela a novela, el escritor ha descubierto que la memoria es cada vez menos exacta (al menos, desde la vuelta de tuerca que supuso Un día volveré). Pero también sabe que quien la cuenta es el que manda. Y los requisitos son dos, que conoce muy bien: hay que tener fuerza para evocar ('¿te sitúas?', repite aquí el contador de 'aventis', como si esto fuera una consigna literaria y quizá un recuerdo de aquella 'compositio loci' que recomiendan los 'Ejercicios Espirituales' ignacianos) y el recuerdo debe acompañarse de un cierto rencor justiciero (Ringo 'contempla la ciudad que se extiende hasta el mar bajo una levísima neblina y rechina los dientes': en el rechinar de dientes está lo que señalo).

Posiblemente, en la mutilación del muchacho, el testigo principal, haya algo de simbólico en orden a lo que se viene diciendo; perder el dedo fue una renuncia a su sueño y quizá un autocastigo, pero sabemos que mediante ellos se ganó la toma de posesión de su verdadero destino: tener derecho a narrar. Para alcanzarlo, ha debido soportar la identidad borrosa de un niño adoptado e incluso ser el culpable de pequeñas crueldades imborrables -la muerte de un gorrioncillo, no haber llegado a entregar una carta que se tragó la cloaca, tratar mal a Violeta y aprovecharse sexualmente de su pasividad- que generaron la mala conciencia y el apartamiento un poco soberbio que siempre habrá de tener un narrador conspicuo. En el capítulo homónimo del libro, 'Caligrafía de los sueños', se escenifica la toma de posesión de esa dignidad de testigo: Ringo coge una hoja limpia de la libreta y un lápiz afilado, y sabe que ya no le interesará la sopa de músicas peliculeras en la que vive sino 'la melodía de las palabras que ahora vuelven', aquel 'mutilado conjunto de notas que la memoria auditiva había guardado y ahora convertía en palabras [...]. Y corrige y concluye el que será, aunque todavía no lo sepa, párrafo seminal'. En toda novela de Marsé hay uno de esos párrafos: madeja que se devana, centro que irradia calor e incendia el resto de los párrafos.

La potestad de narrar hay que merecerla... Juan Marsé lleva más de medio siglo haciéndolo y, por supuesto, Ringo tiene mucho de él. No es una novela autobiográfica. Pero quien sea habitual de los relatos del escritor diría que se trata de nueva destilación de la autobiografía en forma de novela: en El amante bilingüe ya jugó con la doble identidad del personaje central -Faneca y Marés- con ánimo de crear un fantasma suyo en el relato y así burlarse de todos los participantes en la habitual rebatiña de las identidades lingüísticas excluyentes. Aquí, en torno al inicio de una vocación (y de un oficio y de un destino), ha reelaborado o inventado con ternura y sarcasmo las huellas de su propio pasado, lo que incluye el relato de su propio nacimiento y el recuerdo de unos padres adoptivos, que seguramente no tuvieron mucho que ver con los reales: la espléndida Berta de esta novela, siempre confiada en la suerte, y Pep, el Matarratas, anticlerical y republicano, a ratos contrabandista y otros secuaz de un grupo de ayuda a prófugos rojos, que además trabaja en un centro clandestino de torrefacción de café (cuyo olor también impregnaba el cuerpo de Juanita, en Si te dicen que caí, y el de Rosita, en Ronda del Guinardó).

Después de una novela como Canciones de amor en Lolita's Club, que tenía algo de violento reportaje, de respuesta visceral a lo que ahora mismo está pasando, Juan Marsé nos ha vuelto a contar muchas de las razones por las que persiste su fidelidad a un barrio, a unos tipos humanos y a una manera de narrar: en escenas demoradas cuando se siente a gusto en ellas, calibrando cada adjetivo, sumando bulímicamente cada detalle o cada imagen, hasta lograr la intensidad que se busca. Esta vez el relato tiene un tono más reposado y menos tenso, con algo de piedad bienhumorada y con un manifiesto deseo de final feliz. O casi, ya que, a la postre, lo que parecía una deriva de episodios a medias entre la fantasía y la verdad acaba por revelar su entraña de sordidez. Ringo-Marsé la ha descubierto y tiene de qué seguir escribiendo: por ejemplo, haciéndolo de 'los buenos propósitos y su flagrante inanidad'... Lo cual quiere decir que escribirá de la vida misma".

23 feb 2011

Fuera de juego por un fuera de juego

El antes y el después de la infografía de la polémica
Fuente | As

El diario As metió la pata el pasado lunes al tirar de tecnología informática para dar más peso a sus argumentos antibarcelonistas. Ante el revuelo mediático provocado por la jugarreta, el periódico deportivo madrileño pidió disculpas, primero, y se explicó con detalle, más tarde. Lo que sigue es la prolija defensa de su manipulación periodística; sin bajarse del burro, por supuesto:

"El domingo por la noche un responsable de la sección de fútbol se acercó a infografía para pedir que se pintara el primer gol del Barcelona, marcado por Villa, porque Alves, autor del pase, parecía partir en fuera de juego.

El proceso de realización del gráfico ya está automatizado porque es muy habitual en el periódico. Una persona de la sección se acercó a la sala de vídeos y solicitó que se hicieran el mayor número posible de capturas de la jugada. Usamos una aplicación que se llama Videoma, porque da bastante nitidez y calidad en las capturas. Hace tiempo que descartamos otros programas por su menor rendimiento.

El gráfico estaba previsto a cuatro columnas. Por eso pedimos que se hicieran entre doce y quince capturas. Lo normal es que nos quedemos con la mitad y descartemos las que tienen ocultos a los jugadores clave o las que están menos nítidas. En este caso nos quedamos con siete. Aparecen en la imagen 1 de la columna contigua.

El siguiente paso es el más delicado, y en el que se cometió el error. Las capturas se abren en Photoshop y se superponen para crear una secuencia única que permita al lector ver una imagen completa del gol, desde el inicio de la jugada hasta su culminación.

Esa superposición de imágenes en un solo documento provoca que en un primer momento aparezcan sobre el campo infinidad de jugadores (imagen 2). Casi todos aparecen repetidos varias veces. El problema es que muchas veces interesa repetir un jugador en varios momentos, para ayudar a entender la secuencia, y eso obliga a hacer un borrado selectivo en el que hay que poner muchísima atención. Un despiste puede provocar que desaparezca un hombre clave en la jugada, como sucedió en este caso.

En la imagen 3 aparece ampliado el momento más importante de la jugada. Como se puede ver, se superponen varios jugadores. La idea era dejar clara toda la secuencia del movimiento de cada uno de los futbolistas. Al hacer el seguimiento de Villa, Koikili estorbaba porque se superponía con la pierna del delantero barcelonista. Por eso lo ocultamos en un primer momento, con la intención de volver a activar su capa al final del proceso gráfico. El segundo Koikili que aparecía en la superposición no interesaba, pero el primero era el último defensa del Athletic. Por eso era clave que hubiera aparecido en el gráfico.

Al fusionar todas las capas olvidamos activar la que contenía a Koikili, por lo que apareció publicado de forma incorrecta. Aún así, en el gráfico corregido se puede ver que Alves sale en fuera de juego, incluso con Koikili".

15 feb 2011

La (filosófica) libertad de Brassens


La inminente inauguración en París de una exposición que establece a Brassens como sinónimo de libertad sirve a Guillermo Altares para repasar la grandeza artística del ilustre cantautor francés, al que asciende a la categoría de filósofo:

"La comedia siempre ha tenido mucha peor prensa que la tragedia. Basta con observar las películas que triunfan en los festivales: el drama más desatado es preferido por críticos y jurados a la comedia más hilarante. Y, sin embargo, la risa suele ser mucho más profunda y evocadora que el llanto y es capaz de llegar más lejos. Algo similar ocurre con la música. Cuando este diario preguntó a 100 músicos sobre la mejor canción de la historia ganó claramente un dramón: 'Ne me quitte pas', de Jacques Brel. Es un reconocimiento bastante justo a una canción inolvidable, a una letra descarnada ('Déjame ser la sombra de tu sombra, la sombra de tu perro') y a la vez un canto al amor más enloquecido ('Te inventaré palabras sin sentido que comprenderás'). Y es también un homenaje a la 'Chanson française' (aunque Brel era belga fue uno de sus máximos exponentes), que tantas obras maestras y tardes de nostalgia nos ha dado ('Me gustaría tanto que te acordases de aquellos tiempos en los que éramos felices...'). Pero entre esas 100 canciones había un olvido preocupante: no estaba un tipo sencillo, amante del mar, de su pipa y de los gatos, un cantante que defendía su mala reputación, un anarquista indomable sin cuya obra no se puede entender, entre muchos otros, a Serrat o Sabina. Estamos hablando de Georges Brassens, que no sólo fue un músico y letrista genial sino un gran filosófo. Una exposición, que se inaugura en París el 15 de marzo en la Cité de la Musique con el dibujante Sfar como comisario, permite recordar una figura fundamental. El título de la muestra lo dice todo: 'Brassens o la libertad'.

Como en el inolvidable poema de José Agustín Goytisolo, al que Paco Ibáñez puso música, en el mundo de Brassens hay piratas honrados y lobitos buenos, maltratados por los corderos, brujas hermosas y príncipes malos. Anarquista convencido, pacifista radical, sus canciones, escritas en un francés perfecto lleno de ecos populares que le valió el premio de la Academia, trazan un mundo en el que se acaban las barreras y los prejuicios. Siempre defiende a los débiles, en un universo en el que los esquemas desaparecen. Y, sobre todo, su música está llena de provocación y sentido del humor. En 'El gorila' relata la historia de un simio necesitado sexualmente que se fuga de su celda. Todo el mundo se queda en casa, menos una anciana y un juez. El animal decide ultrajar al magistrado 'que gritaba como el condenado a muerte al que acababa de mandar al patíbulo'. 'Stances a un cambrioleur' es una canción dedicada al tipo que le robó la casa, al que perdona por haber sido un buen profesional (cerró la puerta) y por haber respetado su instrumento de trabajo, la guitarra ('Solidaridad santa en los artesanos'). El ladrón no quiso llevarse un retrato que le regalaron por su cumpleaños. 'Qué buen crítico de arte hubieses sido, capullo', le canta.

'El testamento' arranca con los siguientes versos: 'Me pondré triste como un sauce el día en que el Dios que me sigue a todas partes me ponga la mano en el hombro y me diga: vente pa arriba a ver si estoy'. En 'La plegaria para ser enterrado en la playa de Sète', tal vez su canción más bella y completa, consigue que su despedida se convierta en un canto a la vida al pedir ser enterrado junto al mar, para que la sombra de la cruz de su tumba pueda acariciar a las bañistas. Es una canción llena de matices, de metáforas, de juegos de palabras y, sobre todo, de risas ('Mi panteón familiar está lleno como un huevo y de aquí a que alguien se vaya puede hacerse tarde...').

En sus canciones se ríe del nacionalismo ('Los imbéciles dichosos que han nacido en algún sitio'), del matrimonio ('Tengo el honor de no pedirte la mano, no grabemos nuestros nombres en un pergamino'), recuerda los breves momentos de amor frente a una desconocida a la que no volveremos a ver ('Les passantes', un poema de Antoine Pol, que arranca diciendo: 'Quiero dedicar estos versos a todas las mujeres que amamos durante unos instantes secretos'). Sus héroes son prostitutas, enamorados ('He olvidado las batallas de Austerlitz y de Waterloo, pero nunca olvidaré a la primera mujer que tuve en mis brazos'), ladrones, gentes del campo, humildes; sus villanos son los fanáticos ('Morir por ideas, de acuerdo pero de muerte lenta'), los belicistas (En 'La guerre 14-18' explica con tanta rabia como sentido del humor que de todas las matanzas de la historia no hay ninguna como la I Guerra Mundial). Pero no hay ni buenos ni malos, no hay juicios absolutos, sólo matices, versos y risas. Y, ante todo, libertad".

La (improbable) venganza de la razón

Interviú | 14 de febrero de 2011
Fuente | Interviú

Si el mundo en que (mal)vivimos incluyera un mínimo de lógica en su funcionamiento interno, alguna(s) de la(s) doce 'venganzas de la razón' propuestas por Cristian Campos y divulgadas por Arcadi Espada tendrían cabida en él:

"1. Denegar cobertura sanitaria 'occidental y alopática' a todos los que defienden, practican o comercian con la homeopatía y las medicinas alternativas. Y también a los que se niegan a vacunar a sus hijos. Qué menos que un mínimo de coherencia intelectual. Con un poco de suerte, en apenas unas generaciones hemos erradicado el gen de la credulidad. ¡Hay tantas enfermedades interesantes que pueden fulminarte mucho antes de que llegues a la madurez sexual y tengas la oportunidad de transmitir ese absurdo gen!

2. Ahora que está de moda concienciar a los usuarios de la sanidad pública informándoles del coste de sus medicamentos, obligar en contrapartida a las administraciones a informar a todos los ciudadanos de la cantidad que se les arrebata mensualmente vía impuestos directos e indirectos. Y al final del año fiscal, un resumen desglosado de la magnitud global del latrocinio. Quizá cuando lo vean por escrito, algunos socialistas se vuelven partidarios del mucho menos sangrante diezmo medieval.

3. Detraer a todos los políticos partidarios de la limitación de los horarios comerciales un porcentaje de su sueldo idéntico al de las horas que los ciudadanos deben permanecer forzosamente sin trabajar. Es decir, un 60% aproximadamente. A los partidarios de que los comerciantes no puedan pintar sus persianas o colocar rótulos en la fachada de sus negocios o vender libremente los productos que deseen en vez de los que determina el funcionario de turno (una peculiaridad del estalinismo municipal y autonómico catalán), un billete de avión para la planificadísima Corea del Norte. Sólo ida.

4. Condenar a todas las mujeres que interpongan denuncias falsas a una pena igual, en su tramo superior, a la del delito denunciado. Y acabamos de una vez con las dudas sobre la falsedad o la realidad del mito. ¿Y por qué sólo a las mujeres? Porque al igual que ocurre en el caso del delito de maltrato, la denuncia falsa interpuesta por una mujer no puede considerarse el mismo delito que la denuncia falsa interpuesta por un hombre: ella se está aprovechando fraudulentamente de una posición de fuerza (santificada por la ley) de la que no disfruta el hombre, por lo que su delito es objetivamente más lesivo.

5. Obligar a los arquitectos del Patronato Municipal de la Vivienda del Ayuntamiento de Barcelona [sustitúyase Barcelona por la ciudad que convenga a cada cual] a vivir, no ya 'en', sino 'cerca' de uno de sus repugnantes engendros de protección oficial. Con el objetivo evidente de que, al igual que el resto de los vecinos del barrio, también ellos puedan disfrutar a diario de los innumerables placeres estéticos de la escuela arquitectónica comunista albanesa en su versión barcelonesa.

6. Obligar a los perceptores de cualquier tipo de ayuda, prestación o subvención pública a devolverla. En cómodos plazos, sin intereses y cuando su situación financiera lo permita, pero que lo devuelvan. Con la excepción evidente de las prestaciones que, de acuerdo al sentido común, no pueden ser devueltas por el receptor (invalidez, minusvalías y jubilaciones). Porque el dinero público sí es de alguien: de aquel que ha trabajado para ganárselo.

7. Dejémonos de exquisiteces y reescribamos el artículo 1 de la Constitución tal que así: 'España se constituye en un Estado social y oclocrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la chupada de huevos, el despotismo funcionarial y el berlusconismo'.

8. Darle a la ministra Pajín una responsabilidad acorde a su capacidad real en el mercado libre para que se distraiga y deje de derramar su creatividad sobre la jeta de sus indefensos rehenes.

9. Obligar por ley a disolver el Parlamento y a convocar elecciones generales cada vez que el país supere determinadas líneas rojas: por ejemplo, la tasa de paro media europea (alrededor de un 10%; España supera el 20%) o la tasa media comunitaria de abandono escolar (alrededor de un 15%; España se sitúa aproximadamente en el 30%).

10. Obligar a todos los funcionarios españoles a aprenderse de memoria el libro Cómo escribir claro de Jordi Pérez Colomé. Y una vez que hayan aprendido a escribir claro, lograr que piensen claro adaptando y aplicando los diez principios del libro a la acción de gobierno. Por ejemplo: 'El ciudadano manda' o 'Si una ley parece innecesaria, seguro que lo es'.

11. Socializar todo lo socializable. ¿Por qué quedarse en el reparto igualitario de los frutos financieros del talento y la capacidad de trabajo? ¿Por qué no socializar también el fruto de otro tipo de características personales igual de innatas, intransferibles y caprichosas, como la belleza física o el gracejo? ¡Enmendémosle la plana a la genética! ¡Que los españoles más salerosos y bellos entre los bellos empiecen a transferir un porcentaje de sus novias a los tipejos más horrendos y desagradables de su comunidad de vecinos!

12. En el tema del aborto, o todos moros o todos cristianos. La propuesta: obligar a las mujeres a llevar adelante el embarazo no deseado si el padre accede a hacerse cargo del niño a partir de su nacimiento, a cambio de desligar a la madre de toda responsabilidad personal o financiera respecto a su hijo. Porque la horrible alternativa a esto es pensar que, oh virgen santa, hay mujeres que prefieren abortar antes que dejar que el padre se haga cargo del niño en solitario. En sentido contrario, permitir al padre desligarse de todo tipo de responsabilidad personal o financiera respecto al niño si la madre decide llevar adelante el embarazo en contra de su voluntad".

10 feb 2011

'Anna Bolena': batalla entre reinas vocales


'Anna Bolena', de Donizetti, se encuentra en el ecuador de las funciones programadas en la presente temporada del Gran Teatre del Liceu de Barcelona: un acontecimiento musical que Xavier Pujol refleja así en El País:

"Uno de los problemas de tener una historia tan larga y lustrosa como la que tiene el Liceo es que al final todo acaba convirtiéndose en aniversario, conmemoración o, como mínimo, rememoración.

Empecemos por este punto. 'Anna Bolena' fue la primera ópera que se representó en el Liceo, en 1847. El título se representó, entre otras ocasiones, en 1947, en el centenario del teatro, en un momento en que la obra estaba totalmente fuera del repertorio. Por 'Anna Bolena' pasó Caballé en 1982 y 10 años más tarde Edita Gruberova cantaba su primera Bolena en el teatro de La Rambla. En aquellas representaciones de 1992 debutó en el Liceo, sustituyendo al titular, un joven Josep Bros.

Anteayer, 18 años más tarde, el título regresaba al Liceo, Gruberova, volvía a enfrentarse al tremebundo papel de la reina inglesa y un tenor, Gregory Kunde, debutaba en el teatro barcelonés sustituyendo precisamente a Bros. Primera conclusión: cantar el papel del tenor en 'Anna Bolena' no es bueno para la salud. Hasta aquí la historia.

Expectativas de diverso género rodeaban esta 'Anna Bolena'. La primera era si Edita Gruberova podría, a sus 64 años, con un papel agotador y erizado de dificultades. El asunto tiene un punto de morbosidad, pero está justificada: el operístico es uno de los pocos cantos naturales que quedan sin trampa tecnológica ni cartón electrónico, y forma parte de la tradición de la ópera ver si los cantantes pueden o no con las partituras.

La otra gran expectativa se situaba en la nueva producción que el Liceo había encargado al mallorquín Rafel Duran, que debutaba en el teatro con este título.

Por Gruberova no hay que preocuparse, queda Edita para rato. Empezó un poco descolocada, pero enseguida se situó y ofreció una actuación fantástica que coronó con una 'aria de la locura' final que enardeció al público pese a calar ligeramente el sobreagudo final. El dominio de Gruberova del papel va mucho más allá de lo vocal, posee el personaje y le saca un rendimiento dramático enorme a un libreto plagado de tópicos.

La otra gran triunfadora de la noche fue Elina Garanca en el papel de Giovanna Seymour. La mezzosoprano letona estuvo en todo momento a un nivel altísimo, con una voz bella e imponente, y una afinación exacta. El dúo del segundo acto entre Bolena y Seymour fue lo mejor de la noche, una fantástica batalla entre reinas vocales. El capítulo femenino se completó con la buena actuación de la contralto Sonia Prina en el papel 'in travesti' del músico Smeton.

El capítulo masculino se saldó a un nivel correcto. Gregory Kunde pudo sin dificultades con el papel de Percy y ofreció una buena actuación; Carlo Colombara resultó suficiente, pero poco contundente en lo vocal, en el papel de Enrico VIII, y Simón Orfila despachó muy correctamente el papel de Rochefort. Bien el coro, especialmente el femenino, y suficiente pero sin especial brillo la orquesta, dirigida por Andriy Yurkevych, debutante en la plaza.

La esperada nueva producción recibió algún abucheo, no muchos, y aplausos, tampoco muchos. La producción, más sosona que mala, va de atemporal, como ya es casi norma últimamente, y se ambienta en un espacio de luz cálida, que nos remite al concepto de prisión de lujo; esto se acrecienta con la presencia de unas cámaras de vídeo que a modo de Gran Hermano vigilan constantemente a los personajes. Unos figurantes disfrazados de cuervos rememoran las célebres aves de la torre de Londres, donde se ambienta parte de la acción, y trasiegan arriba y abajo mesas, sillas y atrezzo. La dramaturgia de personajes y situaciones fue convencional y, aunque con el belcantismo más vale dejar las cosas como están y no meterse en camisa de once varas, se esperaba algo más elaborado".

7 feb 2011

Barça: 'fútbol total' versión siglo XXI


La figura más reconocible de la (intra)historia del barcelonismo futbolístico, Johan Cruyff, afirma hoy desde las páginas de El Periódico de Catalunya que el juego desplegado por el actual Barça supone la tercera revolución (verdadera) en el universo balompédico; barriendo un poquito para casa -catalana y holandesa-, eso sí:

"¿Marcará una época el actual Barça? Sin interrogantes y en presente. La está marcando ya. [...] Ya no por cuántos goles marca y por los pocos que encaja. Ni tampoco por la colección de marcas y récords que caen como consecuencia de ello. La auténtica revolución es hacerlo jugando como juega y ejecutarlo con este perfil de futbolistas que tiene.

Otro detalle. ¿Menor? Tremendo. El día en que ganas por 3-0 a un Atlético de Madrid, el día en que evitas el viejo partido de locos entre estos dos equipos, el día en que cae un récord histórico -este sí, mayúsculo-, va y tu entrenador ve, se fija, explica que jugando así no ganas la final de Copa ante el Madrid. Fantástico el tirón de orejas. Certero por bien visto y para seguir enchufado. A más elogios de fuera, mayor atención, siempre, en lo que haces mal o no acabas de hacer del todo bien.

¿Se puede marcar una época sin ganar siempre? Doy fe de que sí. Treinta y pico años después de perder la final del Mundial de 1974, aquella Holanda aún es elogiada y recordada. El término 'fútbol total' viene precisamente de aquella selección que nunca fue campeona del mundo, en la que los defensas también atacaban y los atacantes también defendían. El balón, para nosotros. Nosotros mandamos. Y nos movemos. Yo me voy a la derecha y tú te vas a la izquierda. Con un 9 fijo o con un 9 falso. Juego de posición y ritmo de balón. Y para ahorrar esfuerzos, para multiplicar las recuperaciones, siempre juntos y siempre cerca del área rival.

Treinta y pico años después, este fútbol total vale para este Barça, en el que podemos ver al 10 jugando de falso 9, al lateral derecho jugando ya no de extremo sino incluso de 9, y al mejor de tu equipo defendiendo cual lateral izquierdo. ¿Fútbol total versión siglo XXI? A mí me vale. Centrales (Piqué, Abidal) que salen con el balón mejor que muchos centrocampistas, mediocampistas de una técnica exquisita tamaño XS (Xavi, Iniesta) que pueden jugar perfectamente juntos, delanteros (Pedro, Villa, Messi) que pueden actuar de 9, de 7, de 11 y a la vez ser los primeros defensas porque ven que eso es lo que toca hacer en ese momento del partido. Esto es revolucionar el fútbol. Y, de revoluciones, en la historia del fútbol ha habido pocas.

Con el 'dream team' primero y con Rijkaard después dimos un paso hacia delante. El Milan de Sacchi dio otro paso al frente. Pero el Barça de Guardiola ha ido todavía más lejos. Y no hablo de títulos, insisto. Ni de finales. Me refiero a que solo en ciertos momentos, solo cuando se dan una serie de coincidencias maravillosas -técnicos, jugadores, ideas valientes, estilo- se pasa de dar un paso hacia delante a reinventar en cierto modo el fútbol. Y esto solo se ha hecho (perdón, se había hecho) dos veces. Una, con Di Stéfano y el Madrid, que ganó las cinco primeras Copas de Europa (más otra semifinal y otra final que no ganó). La otra, con el Ajax que ganó las Copas de Europa del 1971, 1972 y 1973, y que fue la columna vertebral de aquella celebrada selección de Alemania-74. Aquel maravilloso -porque lo era- Madrid de Di Stéfano no tuvo una extensión en la selección nacional. Y si la tuvo, con la Eurocopa de 1964, fue de forma tardía, con viejos elementos fuera y otros nuevos dentro. Ese Ajax, en cambio, sí. Y el Barça actual, también. Solo hay que ver la Eurocopa y el Mundial en los últimos dos años.

Una revolución que ha sido posible -y de la que se ha beneficiado, ¡y de qué manera!, la 'Roja'- porque junta muchas cosas: un equipo magnífico, la presencia del mejor jugador del mundo, un entrenador avanzado y atrevido, y un grupo táctica y técnicamente brillante. Tanto, que quien se crea que cualquiera puede jugar en este equipo no puede estar más equivocado. Y quien se crea que puede jugar como este equipo, está invitado a hacerlo. O, como mínino, a aplicar alguno de sus conceptos".

2 feb 2011

¿El festival de música más importante de Europa?


Los responsables del Primavera Sound han presentado hoy el cartel definitivo de la edición de 2011 del ¿festival de música más importante de Europa? Puede. Estos son los artistas confirmados para actuar del 25 al 29 de mayo en Barcelona: Aias, Ainara LeGardon, The Album Leaf, Animal Collective, The Annuals, Ariel Pink's Haunted Graffiti, Arto Lindsay, Autolux, Avi Buffalo, Baths, Battles, Belle & Sebastian, Berlinetta, Big Boi, The Black Angels, Blank Dogs, BMX Bandits, Caribou, Carte Blanche, Caspa, Cloud Nothings, Comet Gain, Connan Mockasin, Cults, Cuzo + Damo Suzuki, Dan Melchior und Das Menace, Darkstar, Das Racist, Deakin, Dean Wareham plays Galaxie 500, Del Rey, DJ Shadow, DM Stith, Ducktails, Dúo Cobra, Echo & The Bunnymen performing Heaven Up Here & Crocodiles, Einstürzende Neubauten, El Guincho, El Mató A Un Policía Motorizado, Emeralds, Explosions In The Sky, Factory Floor, Field Music, The Fiery Furnaces, The Flaming Lips, Fleet Foxes, The Fresh & Onlys, Games, Gang Gang Dance, Girl Talk, Glasser, Glenn Branca Ensemble, Gold Panda, Gonjasufi, Grinderman, Half Japanese, Holy Ghost!, Incarnations, Interpol, Islet, James Blake, Jamie XX, John Cale & Band + Orchestra perform PARIS 1919 live, John Talabot, The Jon Spencer Blues Explosion, Julia Kent, Julian Lynch, Kode9 And The Space Ape + Kode9 Burial Set, Kokoshca, Kurt Vile & The Violators, La Célula Durmiente, Las Robertas, Les Aus, Lichens, Lindstrom, Low, Lüger, M. Ward, Male Bonding, Matthew Dear Live, Me And The Bees, Mercury Rev perform Deserter's Songs, Mogwai, Money Mark, The Monochrome Set, My Teenage Stride, The National, Nisennenmondai, Nosoträsh 'Popemas', Odd Future, Of Montreal, Oneohtrix Point Never, Ornamento Y Delito, P.I.L. (Public Image Limited), Papas Fritas, Pere Ubu plays 'The Annotated Modern Dance', Perfume Genius, Phosphorescent, Pissed Jeans, PJ Harvey, Pulp, Rubik, Salem, Seefeel, Shellac, Simian Mobile Disco, The Soft Moon, Sonny & The Sunsets, Sufjan Stevens, Suicide, The Suicide Of Western Culture, Suuns, Swans, The Tallest Man On Earth, Tennis, Thelematicos, Toundra, Triángulo De Amor Bizarro, tUnE-yArDs, Twin Shadow, Ty Segall, The Vaccines, The Walkmen, Warpaint, Wolf People, Yuck.

31 ene 2011

Cómo corregir la Historia con Photoshop


Hoy nos han descubierto los colegas del 'Rincón catalán' cómo se las gastan los pseudoperiodistas del diario Gol, que manejan el Photoshop a su antojo para borrar de la Historia de su amado Barça lo que menos les gusta, es decir, al expresidente Laporta. Mal asunto, incluso para los antilaportistas más recalcitrantes, pues despachar al responsable de la etapa más gloriosa del pasado reciente del Barcelona a golpe de pixel -chapucero, porque se dejaron algún dedo de Laporta sobre el hombro de Puyol- no contribuirá a superar sus errores -que los hay, y muchos-, y además supone una falta de respeto intolerable a la profesión periodística y a sus propios lectores, si es que les queda alguno después de esto.