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8 feb 2011

Una década (estadounidense) para olvidar

Fuente | Politikon


"1. Los ochenta y noventa fueron básicamente comparables, aunque la gráfica no le hace justicia a Bill Clinton -la recesión de principios de su década (y acabó con Bush 1.0) hacen que 'su' década parezca peor de lo que fue.

2. Algunos sectores siguen una evolución realmente deprimente.

3. La 'expansión' de la era Bush fue singularmente horrenda -se creó muy poco empleo comparado con décadas precedentes. Recordad que las cífras llegan sólo hasta 2007, antes del desastre- su balance económico es increíblemente malo.

4. Bajar impuestos a los ricos realmente no crea demasiado empleo. Y no, el ejemplo de Reagan no me vale. En 1986 subió impuestos a los ricos, sin ir más lejos.

Sabía que la década de los 2000 tenía algo de década perdida en Estados Unidos, pero esta clase de gráficas realmente lo ponen blanco sobre negro. Una presidencia para olvidar".

La 'guerra sucia' de la CIA, al descubierto


"Todo comenzó en 1954, cuando Washington decidió derrocar al primer presidente de Guatemala elegido democráticamente, Jacobo Arbenz. Pero fue durante la agresión a la naciente revolución cubana que el equipo de choque tomó cuerpo y creció hasta convertirse en el instrumento idóneo para las prácticas de la 'guerra sucia'. Desde entonces, sus acciones clandestinas, de naturaleza criminal, han servido para imponer la ley de Washington en múltiples ocasiones. El 'Equipo de Choque' fue pues creado para realizar las peores tareas de la política exterior estadounidense. Pero no sólo lo formaron paramilitares, o agentes con licencia para matar. Las operaciones clandestinas fueron preparadas por personalidades relevantes, por políticos, algunos de los cuales siguen hoy en activoSi los gobiernos republicanos se destacaron por impulsar y utilizar el equipo, el clan de los Bush ha sobresalido por brindar protección incluso a los más sangrientos de ellos, concediéndoles impunidad al margen de las propias leyes estadounidenses".

Esto es lo que cuenta El equipo de choque de la CIA. Cuba, Vietnam, Angola, Chile, Nicaragua, que detalla los resultados de una ardua investigación llevada a cabo por el escritor y periodista Hernando Calvo Ospina, colombiano de nacimiento y residente en Francia. Edita El Viejo Topo.

Portada del libro
Fuente | El Viejo Topo

28 ene 2011

Los culpables (oficiales) de la crisis

Fuente | BBC Mundo

Con cierto retraso, llega lo evidente: "Funcionarios, políticos y banqueros son los culpables del colapso económico experimentado en 2008 en Estados Unidos, asegura un informe de la Comisión Investigadora de la Crisis Financiera de EEUU". Los compañeros de BBC Mundo extraen las principales (y dolorosas) conclusiones de dicho informe, que a continuación pasan a detallar:

"La Comisión, creada en mayo de 2009 para establecer las causas de la crisis, dijo que ésta 'habría podido evitarse'. En su informe destacó la toma excesiva de riesgos por parte de los bancos y la negligencia los reguladores financieros. De los diez miembros de la comisión sólo los seis representantes del partido demócrata apoyaron las conclusiones del informe.

'La crisis fue el resultado de la acción humana y la inacción, no de la Madre-Naturaleza o modelos fuera de control', dijo el informe. 'Los capitanes de las finanzas y los administradores públicos de nuestro sistema financiero ignoraron las advertencias y fallaron en cuestionar, entender y gestionar los cambiantes riesgos dentro de un sistema esencial para el bienestar del público estadounidense'. 'La suya fue una gran falla, no un tropiezo'.

El informe criticó la reducción en la regulación financiera durante la gestión del expresidente de la Reserva Federal, Alan GreenspanLlegó a la conclusión de que la crisis fue causada por una serie de factores, incluyendo fallas en la regulación financiera y la gestión empresarial, así como la falta de entendimiento del sistema financiero por parte de los diseñadores de políticas.

Igualmente se quejó del empaquetamiento de la deuda relacionada con hipotecas en instrumentos de inversión, que 'encendió y propagó la llama del contagio'. Estos instrumentos financieros complejos, que se comercializaron en grandes volúmenes por bancos de inversión, 'contribuyeron significativamente a la crisis', cuando las hipotecas en las que se basaban cesaron sus pagos.

El informe también destacó las fallas 'abismales' en las agencias de calificación crediticia para reconocer los riesgos involucrados en estos y otros productos. Del mismo modo, advirtió de violaciones éticas 'a todos los niveles'.

Importantes figuras de los gobiernos de George W. Bush y de Barack Obama no se quedaron fuera del informe. El expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, fue acusado de 'defender' la reducción de la regulación financiera durante el boom crediticio que 'dejó de lado garantías fundamentales'. El exfuncionario también fue criticado indirectamente por la política monetaria demasiado flexible de la Fed y los pronunciamientos que 'fomentaron en vez de inhibir el crecimiento de la deuda hipotecaria y la burbuja inmobiliaria'. El Banco de la Reserva Federal de Nueva York -entonces bajo la tutela del actual Secretario del Tesoro, Tim Geithner- 'podría haber tomado medidas contra los excesos de Citigroup en el período previo a la crisis'.

Del mismo modo, el documento sostuvo que el manejo gubernamental de las principales instituciones financieras durante la crisis -liderado por el exsecretario del Tesoro, Henry Paulson- fue inconsistente y 'aumentó la incertidumbre y el pánico en el mercado'. Sin embargo, el informe suavizó las observaciones diciendo: 'Al hacer estas observaciones, respetamos profundamente y apreciamos los esfuerzos realizados por el secretario Paulson, el jefe (de la Reserva Federal) Bernanke y Timothy Geithner... y tantos otros que trabajaron para estabilizar nuestro sistema financiero y nuestra economía en la más caótica y difícil de las circunstancias'.

Establecer culpas era esencial en la prevención de futuras crisis, según el informe. 'A pesar de la opinión de muchos en Wall Street y en Washington de que la crisis no podía haber sido prevista o evitada, había señales de advertencia', dijo Phil Angelides, presidente de la comisión. 'La mayor tragedia sería aceptar que nadie vio que esto se avecinaba y por consiguiente, que no se podía hacer nada', señaló el panel en las conclusiones del informe de 576 páginas. 'Si aceptamos esta idea, volverá a suceder'. La comisión entrevistó a más de 700 testigos y celebró 19 días de audiencias públicas en EEUU..

Los cuatro republicanos en la comisión anunciaron varias semanas antes de la publicación del informe de que no estarían de acuerdo con sus conclusiones. Tres de ellos publicaron un informe independiente que insistió en que la culpa debe atribuirse a la Reserva Federal bajo la conducción de Greenspan. El cuarto realizó su propio informe que se centra en el papel del gobierno en la creación de la burbuja inmobiliaria.

Los republicanos señalaron a las enormes agencias hipotecarias patrocinadas por el gobierno, Freddie Mac y Fannie Mae, alegando que sus préstamos subvencionados inflaron la burbuja. También argumentaron que la legislación introducida por el expresidente demócrata Bill Clinton alentó los préstamos excesivos e imprudentes a los hogares de bajos ingresos.

Por el contrario, el informe redactado por los seis demócratas en el panel dice que la evidencia mostró que dichas agencias no estuvieron al frente de los arriesgados prestamos sub-prime, en cambio siguieron el ejemplo de firmas de Wall Street. Tampoco fue la 'Ley de Reinversión Comunitaria' del presidente Clinton un factor significativo en los préstamos sub-prime, según el informe".

24 ene 2011

Adiós a Oppenheim, pionero del Land Art

Fuentes radiantes del Aeropuerto Internacional Bush de Houston (Texas) | 2010

El pasado fin de semana murió Dennis Oppenheim, uno de los representantes capitales del arte universal del último medio siglo cuya obra se encuentra expuesta en los más prestigiosos museos del mundo y en ciudades de todo el planeta. En España, desde que instaló en el Paseo Zorrilla de Valladolid su escultura 'Homenaje al Cine' en 1998, realizó esculturas para Palma de Mallorca, Mula, Murcia, Medina del Campo y Navalcarnero. El crítico Fernando Castro Flórez destaca hoy su trascendencia en ABC:

"Dennis Oppenheim (nacido en Electric City, Washington, en 1938) desplegó, con enorme radicalidad, una obra que tiene tanto que ver con el conceptualismo como con el Land Art, que está siempre vinculada a la corporalidad y mantiene su dimensión procesual. Desde su famosa fotografía con el libro de 'tácticas' en el pecho y la marca dejada al estar expuesto a la luz solar hasta 'Directed Seeding-Cancelled Crop' (1969), donde plantó un campo de trigo para que surgiera una enorme equis como si fuera el objetivo para un bombardeo, desde el muñeco que se golpeaba la cabeza contra la campana a los perros muertos sobre los sintetizadores, Oppenheim no cejaba en su empeño de producir obras de una enorme intensidad en las que la violencia de nuestra época estaba alegorizada.

Una de sus más imponentes piezas de Land Art fue 'Annual Rings' (1968), que consistió en trazar una serie de anillos concéntricos, alegóricos del crecimiento de los árboles, en una zona fronteriza entre Canadá y los Estados Unidos. Algunos intérpretes sugieren que esa intervención aludía al sacrificio de la juventud americana en la guerra de Vietnam y a la decisión que algunos tomaban de desertar pasándose al país vecino. Ciertamente, Dennis Oppenheim estaba considerando la idea de lugar, lejos de la mistificación romántica o de la mera megalomanía espacial, como algo definido socialmente. Así, un año antes había realizado un trabajo que consistía en colocar una serie de postes para demarcar o delimitar lugares. 'Bastaba -dijo este artista- el simple acto de clavar una estaca y sacarle una fotografía y delimitar donde se encontraba en el mapa y describiéndolo en un documento. Ya no se trataba de la necesidad de replicar, duplicar o manipular la forma'.

A finales de los setenta Oppenheim comenzó a realizar una serie de obras que denominó 'factories', construcciones de máquinas que guardan cierta semejanza con las 'autodestructivas' de Jean Tinguely. En las últimas décadas hizo otro quiebro con sus ciervos que arrojaban fuego por la cornamenta. Su inquietud y sarcástico sentido del humor le llevaban, una y otra vez, a plantear piezas inverosímiles, a darle la vuelta a lo convencional como en sus proyectos públicos en los que, literalmente, ponía las casas boca abajo".

20 ene 2011

Oriente y Occidente: enemigos eternos

Newsweek | 17 de enero de 2011

En el último número de Babelia, cuya portada habla de "Una guerra sin fin", Josep Ramoneda reseña el último libro de Anthony Pagden, titulado Mundos en guerra. 2.500 años de conflictos entre Oriente y Occidente. Como de costumbre, el intelectual español no se limita a analizar el contenido del libro, sino que esboza un miniensayo acerca de una cuestión a la que, como criticaba ayer Íñigo Sáenz de Ugarte en su blog 'Guerra eterna' a cuenta de la última portada de Newsweek [que tienes más arriba], no se le augura un fin inmediato:

"Dos mil quinientos años y la guerra continúa. Esta es la descorazonadora conclusión a la que nos conduce Anthony Pagden después de ofrecernos, en Mundos en guerra, un brillante friso que narra la historia de las relaciones entre Occidente y Oriente a partir de los grandes momentos de guerra, postración y devastación.

Fue Heródoto el primero que se preguntó 'qué era lo que dividía a Europa y Asia y por qué dos pueblos similares en muchos aspectos habían llegado a concebir odios tan perdurables entre ellos'. Los asiáticos (los de las tierras del sol naciente) 'eran fieros y salvajes, formidables en el campo de batalla' pero, por encima de todo, 'sumisos y serviles. Vivían siempre intimidados por sus gobernantes, a los que no consideraban simples hombres como ellos, sino dioses'. Los europeos (los de las tierras del sol poniente) amaban la libertad por encima de la vida y vivían bajo el imperio de la ley, no de los hombres y aún menos de los dioses. De este surco trazado por el historiador griego germinaron unas pautas culturales que de algún modo siguen alimentando hoy la idea de que Occidente y Oriente son dos mundos separados por dos visiones irreconciliables de la vida humana. El propósito de Anthony Pagden es hacernos comprender que 'los trágicos conflictos que surgen ahora por las tentativas occidentales de reorganizar una parte sustancial del Oriente tradicional a su propia imagen pertenecen a una historia mucho más antigua y potencialmente mucho más calamitosa, de la que la mayoría de ellos tienen incluso una oscura conciencia'.

Este largo camino ha sido jalonado de intentos de destruir la memoria y de condicionar los relatos. En esta historia de guerras y desencuentros, los frentes han cambiado y los antagonistas también. Pero Anthony Pagden pretende demostrar que hay una línea de continuidad a lo largo de los siglos en la interpretación de las diferencias irreconciliables. Y que los recuerdos históricos acumulados, 'algunos razonablemente precisos, otros completamente falsos', siguen alimentando hoy el conflicto. Un conflicto que al decir de Pagden pasa principalmente por la cuestión de la secularización de la sociedad.

Alejandro el Grande, el Imperio romano, las cruzadas, Napoleón, los imperios coloniales del XIX y, ahora, Estados Unidos representan en este gran relato los intentos más genuinos por parte de Occidente de civilizar al mundo oriental, que Pagden explica con sobriedad, sin que el carácter forzosamente panorámico de la descripción mengüe el interés del lector. Pero a partir de la eclosión del islam, la historia entrará paulatinamente en un proceso de criba de actores hasta llegar al presente en que el conflicto Occidente-Oriente se ha reducido a un conflicto entre la civilización occidental judeo-cristiana y sus instituciones liberal-democráticas y la civilización musulmana. Los demás actores asiáticos han ido desapareciendo de esta confrontación. Hasta el punto de que, cuando Pagden hace sus especulaciones sobre el futuro de este conflicto ancestral e interminable, China y las otras potencias asiáticas han desaparecido por completo de la narración.

En esta coyuntura, la doctrina del conflicto de civilizaciones, de Samuel Huntington, que son siete y no dos, cada una de ellas marcada a fuego por el hierro de la religión, es el mejor estimulante ideológico para la pervivencia del conflicto. Anthony Pagden cita la respuesta de Bin Laden cuando se le preguntó si estaba de acuerdo con la idea de Huntington: 'Totalmente. El Libro Santo lo dice muy claro. Los judíos y los estadounidenses inventaron el mito de la paz en la tierra. Eso es un cuento de hadas'.

Obviamente el estadio actual de esta guerra interminable tiene su icono en el 11-S. Tanto desde Al Qaeda, al afirmar que su ataque a las Torres Gemelas de Nueva York demostraba que la democracia liberal occidental estaba moralmente corrompida, como desde la administración americana con el discurso de Bush sobre el eje del mal, se quiso dar una dimensión moral al conflicto: cristianos contra musulmanes. Y de hecho los cristianos de países de religión islámica están sufriendo las consecuencias.

Anthony Pagden, para cerrar el libro, vuelve a Heródoto: lo que había diferenciado a los griegos de los persas era 'una forma exclusiva de organización política, la isonomía (el orden de igualdad política)', y son 'los principios fundamentales de la isonomía convertidos ya en democracia liberal moderna los que definen más que ninguna otra cosa Occidente, tanto para los musulmanes como para los no musulmanes'. Occidente actúa conforme a tres ideas que, según Pagden, confunden sus estrategias: la idea de que todo el mundo quiere la libertad individual, la idea de que la democracia es algo natural, y la idea de que todo proceso democrático debe conducir necesariamente a la creación de una democracia liberal burguesa. Con estos prejuicios de partida, la democracia sólo puede exportarse a golpe de pistola. Sisífico empeño, como demuestran las experiencias de Afganistán y de Irak.

Para Pagden, la cuestión clave es la secularización, la separación de la religión y del Estado: 'Al final esto es lo que diferencia a Occidente, y a la mayoría de las sociedades actuales del mundo musulmán, de lo que harían de ellas los islamistas'. Y hoy el islam, en muchas partes del mundo, se ha convertido en 'una religión de protesta y resentimiento, en gran parte comprensible, en parte justificable, pero en el conjunto estéril'. Pero en el terreno del fundamentalismo no puede decirse precisamente que Estados Unidos vaya a la zaga, en un momento en que el fundamentalismo cristiano ha emprendido su particular cruzada contra el presidente Barack Obama, al que intentan colocar un aura de sombras islámicas.

Lejos del sueño de la convivencia entre israelíes y árabes que se hundió definitivamente con la guerra de los Seis Días, lejos de que la secularización crezca a ambos lados, cuando la derecha americana y parte de la europea apelan a la restauración moral, las fronteras del conflicto se difuminan: los musulmanes habitan las periferias de las metrópolis europeas. Y encuentran en el islam un hogar cultural y una justificación para el odio cuando se sienten excluidos y maltratados.

A pesar de las dificultades, no todo es negativo en la convivencia de los musulmanes con los europeos. Viven en condiciones difíciles y, a menudo, humillados por unas clases medias europeas que proyectan su inseguridad en el racismo y el desprecio al paria y, sin embargo, la mayoría asume paulatinamente los modos de vida de los europeos. Al Qaeda tiene capacidad de aterrorizar y con la ayuda de sus enemigos consigue que su discurso esté siempre en primer plano. Pero su capacidad de movilización de las sociedades islámicas es escasa y la idea de que el mundo árabe pueda unirse a ella en una guerra contra Occidente es pura fantasía. Al Qaeda es un problema más grande para los países musulmanes que para Occidente.

No obstante, Anthony Pagden concluye en clave pesimista: 'Mientras haya quienes insistan en que debería existir, el antiguo combate entre Oriente y Occidente continuará existiendo. Puede limitarse, de momento al menos, a ataques terroristas y brotes de manifestaciones públicas de odio, pero no será menos agrio, ni a la larga menos infructuoso, de lo que ha sido durante los dos últimos milenios'. ¿Pesimismo de la razón o simetría estética al poner el 'the end' a su fantástica superproducción? Podría ser, sin embargo, que fuera el carácter impreciso conceptualmente de los propios conceptos de Oriente y Occidente lo que provoque la desazón final que puede sentir el lector.

Ciertamente, los conflictos se hacen eternos cuando hay voluntad e interés en que se perpetúen. Occidente ha reencontrado en el mundo musulmán el papel de enemigo contra el que cohesionarse ideológicamente que dejó vacante el hundimiento de los sistemas de tipo soviético. Y el antioccidentalismo es muy rentable para que los autócratas y los teócratas islámicos mantengan sometidas a sus poblaciones. Probablemente, Pagden comete un error muy común entre los dirigentes occidentales: centrarse en los verdugos y olvidar a las víctimas, fijarse en Al Qaeda o en los ayatolás y no reconocer a los miles de ciudadanos de sus países que buscan la libertad, se la juegan para defenderla y esperan de Occidente complicidad y no la absurda pretensión de imponer los derechos humanos a punto de pistola".