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14 mar 2011

Los sentimientos medicalizados

Fuente | La Vanguardia

Lluís Amiguet entrevista -cargado de complicidad, todo hay que decirlo- a la filósofa Eva Illouz en 'La contra' de La Vanguardia. Juntos desmontan, sin demasiado esfuerzo, el tinglado edificado por los trileros 'sentimentales' en el último medio siglo:

"-¿Y dónde está la felicidad?

-En el XIX estaba en la honradez y en la riqueza, hasta que el psicoanálisis y la psiquiatría, que hasta entonces sólo se habían preocupado de los enfermos mentales, crean una categoría genial: los neuróticos. Y en los 70 democratizan la enfermedad mental.

-Ya puedes ir al psicólogo sin estar loco.

-Neurótico es cualquiera que sufra un conflicto interno. Es una gigantesca operación de marketing sanitario: si te enamoras de una chica, pero no te conviene, tienes un conflicto y tal vez una neurosis; o si te peleas con tu padre o los vecinos o con tu perro..., tienes conflictos y eres un neurótico.

-Y tal vez necesites medicación...

-Antes que las píldoras, los psicólogos conciben otro provechoso invento: la autorrealización. Ya ni siquiera necesitas un conflicto para ir a terapia. Ahora, basta con que no te "sientas realizado" para cobrarte la visita.

-O al menos para venderte su librito.

-Cualquiera puede pagarse ese libro que le ayude a realizarse. Y entonces aparece toda una narrativa -en su mayoría, banal- para ayudarte a realizar "todo tu potencial".

-Género en auge.

-Si trabajas mucho, eres workahólico y necesitas ayuda, pero si trabajas poco y no eres ambicioso, también necesitas ayuda, porque te falta autoestima... Debes ir a terapia.

-Y se titulan por miles los psicólogos.

-Nuestra vida se ve invadida por su palabrería: si te gusta el sexo y lo practicas sin cesar, eres sexoadicta y tienes miedo al compromiso; pero si, en cambio, te enamoras perdidamente de alguien y le eres fiel, eres dependiente e insegura de ti misma.

-¡Qué estrés!

-El gran cambio respecto a san Agustín o la moral victoriana es que hoy tu objetivo es inalcanzable: está siempre en movimiento.

-Y la cartera, tras él...

-Te convencen de que debes estar toda tu vida "trabajándote" y para ello  necesitas guías, terapia, libros, consultas, pastillas...

-¿Y si vas a tu bola y punto?

-Somos humanos y requerimos de marcos de referencia e instituciones, pero,  como están en crisis, sólo nos queda la psicología para buscar algo de coherencia. Así que ellos siguen ganando. Y ahora, con pastillas: se muere un familiar, te las dan para superar el luto; te abandona la pareja, igual. Llorar, que era lo más natural del mundo, hoy es un trauma que debe tratarse a pastillazos.

-Se han medicalizado los sentimientos.

-Y las carreras. Un profesional ahora debe lograr lo imposible: ser cordial con sus compañeros, pero competitivo; buen jefe, pero también buen amigo; ser simpático, pero no demasiado, porque sería débil... Ni muy enérgico, porque sería autoritario. Por eso también necesita coaching psicológico.

-¿Y si te aceptas como desastre?

-Siempre habrá gurús dispuestos a ayudarle: esté tranquilo".

20 feb 2011

El secreto (a voces) de la prensa española


Dos noticias complementarias, leídas a lo largo de la semana en 233grados.com, (re)sitúan el presente de la prensa española. Veamos:

"España se encuentra entre los grandes países de Europa donde más porcentaje de población usa Internet para el consumo de medios de comunicación. Lo reflejan los últimos datos anuales de Eurostat, correspondientes al año 2010, recogidos en un informe elaborado por el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información (ONTSI).

El 40% de los españoles emplea la Red para leer periódicos o revistas digitales, seis puntos por encima de la media de los veintisiete.

España se coloca así ligeramente por debajo de Reino Unido (43%) y Alemania (42%), y muy por encima de Francia (21%), Italia (24%), Portugal (29%) o Grecia (25%). Como suele se habitual en estos estudios, aparecen de nuevo en lo más alto de la tabla los países nórdicos, con Finlandia en primera posición (74%).

Casi un tercio de los españoles ve la televisión o escucha la radio a través de webs. En concreto, un 27%, un punto más que la media de la UE. De los 'grandes' del continente, sólo Reino Unido se coloca por delante de España, con un 38 por ciento.

Francia anota un 26% y Alemania un 25%. Holandeses y finlandeses dominan aquí el ránking, con el 53 y el 44%, respectivamente".

Eso, por un lado; y por otro -o por el mismo-:

"Los diarios perdieron un 4% de difusión y un 4,2% de ventas y suscripciones a lo largo de 2010, según el Observatorio de la Prensa Diaria de AEDE/Deloitte. Las ventas de diarios generalistas han caído en un 4,27% a lo largo del año pasado mientras que la difusión cayó un 4,22%. La prensa deportiva perdió un 3,22% de difusión y sus ventas bajaron un 3%.

La prensa económica ha sido la que ha sufrido mayores pérdidas. Las ventas de Expansión han caído en un 11,69%, las de Cinco Días en un 14,57% y las de El Economista en un 12,34%. El Economista y Expansión perdieron más de un 10% de difusión el año pasado, mientras que la de Cinco Días cayó en un 4,09%.

Los ingresos por publicidad descendieron a nivel global en un 3,79%. La prensa económica, una vez más, fue la más afectada con un descenso del 9,77%. Las caídas en la prensa generalista y en la deportiva fueron del 3,72% y del 5,07% respectivamente.

Entre los principales medios españoles, las caídas más importantes las protagonizaron El Correo Español (pierde un 7,65% en difusión y un 8,21% en ventas), El Periódico de Catalunya (un 6,46% y un 8,90% en ventas) y El País (un 5,55% y un 6,42% en ventas). La difusión de El Mundo descendió en un 4,71% y la de ABC en un 2,77%, mientras que sus ventas descendieron en un 6,14% y un 0,67% respectivamente. La Vanguardia, en cambio es el único que se mantiene estable y ha visto incrementada su difusión en un 0,14%, aunque sus ventas cayeron en un 1%.

As y Marca vendieron un 1,65% y un 3,19% menos respectivamente, mientras que las ventas de Sport cayeron en más de un 7% y las de Mundo Deportivo se mantuvieron estables con una bajada del 0,14%".

19 feb 2011

Siempre positivo; nunca negativo

Fuente | ABC

Francesc de Carreras, legendario catedrático de Derecho y afamado agitador político catalán, observa hoy desde su atalaya en La Vanguardia a los dos principales partidos españoles: analiza sus respectivos comportamientos en el ejercicio de sus (enfrentadas) funciones y se atreve a regalarles un puñado de consejos que, más allá de su (inicial) apariencia de perogrulladas, resultan del todo pertinentes ahora que se aproxima el día de acudir a las urnas:

"Veo y escucho, por radio y televisión, las disputas entre el Gobierno y el PP, los discursos de sus líderes, sus réplicas y contrarréplicas. La sensación es que ni escuchan ni responden, todo son frases hechas y huecas, preparadas por sus asesores, normalmente trivialidades o insultos. 'Nosotros sólo queremos el bien de los españoles'. '¿Yo corrupto? Pues tú más'. Quizás esto guste a algunos, a otros, espero que a la mayoría, les aburre y les hastía.

Normalmente el guión es siempre el mismo. La oposición acusa al Gobierno de hacerlo todo mal. El Gobierno se dedica a hacer de oposición a la oposición. Lo primero es imposible: nadie lo hace todo mal, siempre acierta en algo, siempre hay espacios de coincidencia, aún entre personas de ideologías e intereses distintos y hasta contrapuestos.

Pues nada: todo mal. El Gobierno debe gobernar, es decir, ejercer el poder político, tomar decisiones y explicar los motivos por los cuales las ha escogido frente a otras posibilidades. Es decir, argumentar: la gente no es tonta. Pero no: las razones suelen consistir en afirmar que durante la época en que la oposición estuvo en el Gobierno aún lo hizo peor. El ciudadano normal cambia de emisora, de canal, o cierra el aparato. '¡Siempre lo mismo!', piensa asqueado.

¿Seguro que así, mediante la destrucción del adversario, se ganan votos, ya que, por lo visto, de eso se trata? Quizás los expertos en marketing electoral y esas cosas así lo consideren. Yo tengo mis dudas. Si alguno de los grandes partidos me pidiera consejo les recomendaría que hicieran lo contrario de lo que ahora hacen.

Al Gobierno le diría que explicara de forma pedagógica, para que lo entendiera todo el mundo, las razones por las cuales toman las decisiones que toman. Es más, si están rectificando decisiones anteriores que lo reconozcan expresamente: 'Nos equivocamos, lo hicimos mal y, efectivamente, ahora estamos cambiando de rumbo porque creemos que las soluciones adecuadas son otras'. Una actitud de este tipo, ¿no los acercaría mucho más a los votantes, a seres humanos que sabemos, por experiencia, que nos hemos equivocado y hemos rectificado mil veces?

A la oposición le diría que es más importante ofrecer una alternativa que hacer una crítica. La razón es sencilla: la crítica es fácil, la alternativa es lo difícil. El ciudadano confiaría más en la oposición si ésta le demostrara no sólo que el Gobierno se equivoca -esto es algo que el ciudadano ya ve por sí mismo- sino que tiene soluciones para remediar los estropicios que el Gobierno comete.

¡Es que ya estamos en campaña electoral!, me dicen. Pues, precisamente: es el momento de proponer, argumentar, explicar los errores y los aciertos, las dificultades pasadas y las posibilidades futuras. Más pedagogía y menos insultos, más razones y menos críticas, ser más positivos que negativos".

10 feb 2011

Desigualdades de la 'Igualdad'


A estas alturas igual conoces ya el caso, pero valga el relato que de él hace hoy en La Vanguardia Quim Monzó para subrayar el (irrefrenable) ascenso de la estupidez a los cielos de la (indocumentada) política nacional:

"Hace unas semanas, un empresario de la hispalense ciudad de Sevilla colocó un anuncio en la sección de ofertas de trabajo de un portal de internet. Explicaba que busca personas para ocupar 'plazas de programador'; se supone que de informática.

¡Nunca lo hubiese hecho! Porque, en estos pocos días que llevamos de febrero, por culpa de ese anuncio, la Seguridad Social y la Inspección Provincial del Ministerio de Trabajo lo han sometido a una inspección, previo aviso de que, si se negaba, le caería una multa de hasta 6.250 euros. Según el Ministerio de Trabajo, el empresario es sospechoso de discriminar por motivo de sexo (esos que los iletrados llaman 'género'). El motivo es que, en el anuncio, puso que las plazas eran de 'programador' y no de 'programador/a'.

Ríanse tanto como quieran, pero, según el ministerio, la falta de esa barra y de esa a puede contravenir la ley de Igualdad. Hace unos días, el diario ABC de Sevilla se puso en contacto con el empresario en cuestión. El señor prefiere no dar su nombre ni el de su empresa -cosa lógica 'ante el temor de que la denuncia pueda pasarle factura en el trato con las administraciones'-, pero explica que, cuando recibió la notificación, se quedó de pasta de boniato. Bueno, él no lo dice exactamente con esas palabras, pero es lo que se deduce. Porque, demostrando una absoluta ignorancia de las normas de la lengua castellana, el ministerio cree que 'el anuncio podía contravenir la ley de Igualdad, al entender la inspección de trabajo que el uso del masculino genérico podría interpretarse como excluyente del femenino, aunque ni la intención del empresario ni lo que dice la Real Academia de la Lengua sobre el uso de ese genérico puedan indicar que eso sea así'.

Es decir, que la estupidez de escribir 'hijo/a' y 'profesor/a' [...] se han convertido ya en obligatorios. ¿Por decreto? Vaya usted a saber, pero el caso es, como se ve, que el peso de la ley cae ya sobre quien se niega a esas aberraciones lingüísticas [...].

José Manuel Blecua, director de la Real Academia Española, debería inmediatamente someter al Ministerio de Trabajo a una inspección gramatical por contravenir las normas del castellano y -acto seguido, para que las vuelva a estudiar si las ha olvidado- coger de la oreja al ministro Valeriano Gómez y llevarlo de nuevo a una escuela; si es que aún hay alguna que no haya caído todavía en manos de los papanatas".

8 feb 2011

Los (censurados) juegos de Rihanna

Fuente | RihannaVEVO

Una nueva dosis de la (discreta pero constante) censura que salpimenta nuestro día a día. Esta vez le ha tocado a Rihanna: "El vídeo de su último tema, 'S&M', ha sido censurado en once países, incluyendo el Reino Unido, lo que lógicamente ha incrementado notablemente su popularidad. El vídeo, en tono humorístico, incluye vestuario de látex, instrumentos sadomasoquistas, una muñeca hinchable y continuas referencias a prácticas sexuales con ella. El tema, cuya letra es igualmente controvertida, también ha sido censurado en varias emisoras de radio, entre ellas la BBC 1" (La Vanguardia).

2 feb 2011

Murakami juega con la realidad en '1Q84'


Por fin ha llegado a las librerías la novela más ambiciosa de Haruki Murakami, 1Q84. Motivo de celebración que la prensa especializada ha aprovechado para envolver con una nueva tanda de elogiosos epítetos el flamante regalo de uno de sus autores favoritos, ejemplo paradigmático de la irresistible conjunción entre el secreto a voces y el best-seller selecto. En cualquier caso, mejor leer al propio autor que dejarse engatusar por los lujosos envoltorios mediáticos. Así distinguía hace unas semanas el narrador japonés entre 'Realidad A y Realidad B' desde las páginas de La Vanguardia:

"¿Cuáles fueron los acontecimientos que distinguieron el espíritu del siglo XXI del espíritu del siglo XX? Desde una perspectiva global fueron, en primer lugar, la destrucción del muro de Berlín y el subsiguiente final rápido del orden de la guerra fría y, segundo, la destrucción de los edificios del World Trade Center el 11 de septiembre del 2001. El primer acto de destrucción estuvo lleno de brillantes esperanzas, mientras que el siguiente fue una tragedia abrumadora. La convicción generalizada, en el primer caso, de que 'el mundo será mejor que nunca' fue totalmente despedazada por el desastre del 11/S. Estos dos actos de destrucción, que se desarrollaron en cada lado del punto de inflexión milenario con una inercia tan ampliamente distinta, parecen haberse combinado como una sola dualidad que causó una gran transformación en nuestra mentalidad.

Durante los últimos 30 años he escrito ficción en varias formas, desde cuentos cortos hasta novelas completas. Las historias siempre han sido uno de los conceptos humanos más fundamentales. Aunque cada una es única, funcionan principalmente como algo que puede compartirse o intercambiarse con otras. Esa es una de las cosas que les dan su significado. Las historias cambian de forma libre conforme inhalan el aire de cada nueva era. Siendo en principio un medio de transmisión cultural, son altamente variables en lo que respecta al modo de presentación que emplean. Como diestros diseñadores de moda, los novelistas arropamos las historias, conforme cambian de forma de un día a otro, con palabras adecuadas a sus perfiles.

Desde una perspectiva profesional, parecería que la conexión e interacción entre nosotros y las historias con que topamos experimentaron mayor cambio que nunca en algún momento cuando el mundo cruzó (o empezó a cruzar) el umbral del milenio. Que haya sido un cambio para bien o un cambio menos bienvenido, no estoy en posición de juzgarlo. Todo lo que puedo decir es que probablemente nunca podremos regresar al punto de partida.

Hablando por mí, uno de los motivos por los que lo siento con tanta convicción es el hecho de que la ficción que escribo experimenta en sí misma una transformación perceptible. Las historias en mi interior cambian de forma constante conforme inhalan la nueva atmósfera. Claramente puedo sentir el movimiento dentro de mi cuerpo. Puedo ver que al mismo tiempo también sucede un cambio sustancial en la forma en que los lectores reciben la ficción que escribo.

Ha habido un cambio que vale la pena resaltar, especialmente, en la postura de los lectores europeos y estadounidenses. Hasta ahora, mis novelas podían considerarse en términos del siglo XX. Esto es, podían entrar en sus mentes a través de pórticos como posmodernismo o realismo mágico u orientalismo; pero prácticamente desde que la gente acogió el nuevo siglo gradualmente empezó a despojarse del marco de estos ismos y a aceptar los mundos de mis historias con mayor tendencia al como es. Percibía intensamente este cambio cada vez que visitaba Europa y Estados Unidos. Me parecía que la gente aceptaba mis historias totalmente -historias muchas veces caóticas, otras tantas carentes de lógica, y donde la composición de realidad ha sido reconfigurada-. En lugar de analizar el caos dentro de mis historias, parecen haber comenzado a concebir un nuevo interés por la propia tarea de encontrar la mejor forma de aceptarlas.

En cambio, los lectores medios de los países asiáticos nunca necesitaron el pórtico de la teoría literaria para leer mi ficción. La mayoría de los asiáticos que se propusieron leer mis obras aceptaron al parecer desde el principio las historias que escribí como relativamente naturales. Primero llegó la aceptación, y luego (de ser necesario) el análisis. En la mayoría de los casos, en Occidente, sin embargo, con cierta variación, el análisis lógico vino antes de la aceptación. Estas diferencias entre Oriente y Occidente parecen desvanecerse con el paso de los años al influirse recíprocamente.

Si tuviera que etiquetar el proceso que ha experimentado el mundo durante los últimos años sería realineación.

Una importante realineación política y económica empezó después del final de la guerra fría. No hay mucho que decir acerca de la realineación en el área de la tecnología de la información, con un impactante desmantelamiento y establecimiento de sistemas a escala mundial. En el turbulento punto medio de estos procesos, obviamente, sería imposible que la literatura fuera la única que no se realineara y evitara el cambio sistémico.

Una importante dificultad ocasionada por este proceso de realineación es la pérdida -aunque sólo temporal- de los ejes coordinados para formar estándares de evaluación. Estos ejes estuvieron ahí hasta ahora, funcionando como bases fiables para medir el valor de las cosas. Se sentaban en la cabecera de la mesa como pater familias de los valores, decidiendo lo que concordaba y lo que no. Ahora nos despertamos y hallamos la desaparición no sólo del jefe de la familia, sino de la misma mesa. Por todos lados, parecería, las cosas han sido -o están siendo- tragadas por el caos.

Cuando oigo la palabra caos, automáticamente me imagino las escenas del 11-S -esas impactantes imágenes mostradas millones de veces en televisión-. Los dos aviones incrustándose contra los muros de cristal de las Torres Gemelas, las propias torres derrumbándose sin dejar rastro; escenas que seguirían siendo increíbles después de verlas más de un millón de veces. La trama que tuvo éxito con milagrosa perfección, una perfección que alcanzó casi un nivel de surrealismo. Si puedo decirlo sin temor a ser mal entendido, las imágenes parecían gráficos de ordenador para una película de Hollywood sobre el juicio final.

A menudo nos preguntamos cómo hubiera sido si nunca hubiera sucedido el 11-S o al menos si ese plan nunca hubiera sido tan exitoso de forma tan perfecta. El mundo habría sido muy distinto de lo que es ahora. Estados Unidos pudo haber tenido otro presidente (importante posibilidad) y las guerras en Iraq y Afganistán tal vez nunca habrían ocurrido (posibilidad aún mayor).

Llamemos Realidad A al mundo que tenemos actualmente, y Realidad B al mundo que pudimos haber tenido en ausencia del 11-S. No podremos dejar de observar que el mundo de Realidad B parece ser más real y racional que el mundo de Realidad A. Para decirlo en otros términos, vivimos en un mundo que tiene un nivel de realidad aún menor que el mundo irreal.

¿De qué otra forma podemos llamarlo sino caos?

¿Qué tipo de significado puede tener la ficción en una era como esta? ¿A qué tipo de propósito puede servir? En una era donde la realidad es insuficientemente real, ¿cuánta realidad pueden tener las historias ficticias? Sin lugar a dudas, este el problema al que hacemos frente ahora los novelistas, las preguntas que se nos han planteado. En el momento en que nuestras mentes cruzaron el umbral del nuevo siglo, también cruzamos el umbral de la realidad de una vez por todas. No tuvimos otra opción más que cruzarlo, finalmente, y, al hacerlo, nuestras historias se ven forzadas acambiar de estructura. Las novelas e historias que escribimos indudablemente serán cada vez más distintas en carácter y sensaciones que las que han aparecido antes, de la misma forma que la ficción del siglo XX se diferencia drástica y claramente de la ficción del siglo XIX.

El objetivo propio de una historia no es juzgar lo que está bien y lo que está mal, lo bueno y lo malo. Lo más importante es que determinemos si, en nuestro interior, los elementos variables y tradicionales avanzan armónicamente, determinar si las historias individuales y comunes se suman en la raíz en nuestro interior.

En otras palabras, el papel de una historia es mantener la solidez del puente espiritual construido entre el pasado y el futuro. Nuevas morales y orientaciones emergen con bastante naturalidad de tal empresa. Para que ello suceda, primero debemos respirar profundamente el aire de la realidad, el aire de las cosas como son, y debemos encarar pródigamente y sin prejuicios la forma en que las historias están cambiando dentro de nosotros. Debemos acuñar nuevas palabras a tono con el ritmo de ese cambio.

En ese sentido, al mismo tiempo que la ficción (narración) sufre actualmente una prueba severa, ello representa una oportunidad inusitada. Por supuesto que a la ficción siempre se le ha asignado responsabilidad y preguntas que afrontar en cada era, pero sin duda estas son ahora especialmente importantes. La narración o historia posee una función que sólo ella puede cumplir, y es la de 'convertir todo en una historia'. Transformar las cosas y sucesos que nos rodean en la metáfora de la forma narrativa y sugerir la verdadera naturaleza de la situación en el dinamismo de esa sustitución: tal es la función más importante de la historia.

En mi última novela, 1Q84, no muestro el futuro cercano de George Orwell, sino lo contrario -el pasado cercano- de 1984. ¿Qué hubiera pasado en el caso de un distinto 1984, no el original que conocemos sino otro 1984 transformado? ¿Y qué pasaría si repentinamente nos lanzaran a ese mundo? Habría, por supuesto, tanteos hacia una nueva realidad.

En la brecha entre Realidad A y Realidad B, en la inversión de realidades, ¿en qué medida podríamos preservar nuestros valores recibidos y, al mismo tiempo, qué tipo de nueva moral podríamos llegar a parir? Este es uno de los temas de mi trabajo. Dediqué tres años a escribir esta historia, tiempo durante el cual simulé en mí su mundo hipotético. El caos sigue ahí, en perfecta forma.

Pero, después de abundantes pruebas y errores, presiento intensamente que finalmente lo estoy logrando plasmar en términos de una historia. Tal vez la solución parta de aceptar tranquilamente el caos no como algo que 'no debería existir', que debería rechazarse fundamentalmente en principio, sino como algo que 'está ahí en calidad de hecho real'.

Tal vez sea demasiado optimista. Pero como narrador de historias, como esperanzado y humilde piloto de la mente y el espíritu, no puedo evitar sentirlo de esta manera, en el sentido de que el mundo, también, después de abundantes pruebas y errores, seguramente logrará nueva confianza de que lo está captando y descubrirá sin duda pistas que sugieran una solución, porque, finalmente, el mundo y las historias han cruzado el umbral de muchos siglos y han atravesado muchos jalones para sobrevivir hasta el día de hoy".

30 ene 2011

Paradojas de la izquierda del siglo XXI

Fuente | Komikelx

Jordi Barbeta, responsable de Política de La Vanguardia, pega hoy un bocado ideológico a la izquierda del siglo XXI, lanzado directamente a la yugular del Gobierno socialista de España:

"La diferencia fundamental entre un banco y una caja de ahorros era hasta ahora que el banco era una empresa con afán de lucro y la caja, no. El banco reparte los beneficios entre sus propietarios, mientras que la caja devolvía a la sociedad los réditos de sus ahorros. El Gobierno izquierdista de José Luis Rodríguez Zapatero ha decidido que por el bien de todos, las cajas de ahorros deben dejar de existir o transformarse en bancos. La incógnita es si la decisión del Gobierno español -suponiendo que lo haya decidido el Gobierno español- es un acto de responsabilidad que le honra o forma parte de una gran tomadura de pelo.

Ahora resulta que ser de izquierdas consiste en repartir entre los accionistas de los bancos lo que las cajas de ahorros dedicaban a obra social. Y en el ínterin, el Gobierno se va a pulir 20.000 millones para que los bancos puedan quedarse, previamente saneadas, las cajas de ahorros que están entrampadas. Por cierto que las más entrampadas son las que han caído en manos de gestores tan progresistas que en su afán redistributivo y amparados en sus diputaciones provinciales, han dedicado lo que correspondía a obra social a otros fines menos románticos... En fin, que lo progresista es hoy destinar el poco dinero que queda a los bancos. Rescatar entidades financieras con dinero público es un tranquilizante carísimo, pero el único que es capaz de calmar a los mercados más histéricos... durante unas semanas.

Y bueno, de izquierdas es también ahora congelar las pensiones, retrasar la edad de jubilación y computar en la paga de retiro los años en que el trabajador cobra menos. Se supone que también fue en un arranque de progresismo que el Gobierno decidió por primera vez en la historia bajar el sueldo a los empleados públicos... Todo esto puede parecer muy demagógico, pero 'algú ho havia de dir', porque la izquierda no para de meter miedo con la derecha y trata de reaccionarios a los escépticos que no ven la diferencia".

26 ene 2011

La prensa escrita española cayó en picado en 2010

Comparativa ofrecida por PRNoticias según los datos de OJD

Desde la redacción de 233grados.com resumen las cifras con las que la prensa nacional cerró 2010. Resultados nada alentadores, por supuesto, para el periodismo impreso, que jamás deberían ofrecerse, en las actuales circunstancias, sin adjuntar a ellos una comparativa con el incremento -y la diversidad- del consumo de información online. Veamos, en cualquier caso, cómo está la cosa:

"Salvo Público y La Vanguardia, todos los principales diarios de información general han visto cómo su difusión en diciembre de 2010 ha caído con respecto a la del último mes de 2009, según los datos de OJD. La difusión de El País, que en 2009 se encontraba en los 364.000 ejemplares, ha cerrado el año en 362.000, aunque su caída ha sido una de las más suaves. La caída interanual de El Mundo roza los 40.000 ejemplares: su difusión en 2009 se encontraba en los 312.000 y se sitúa ahora en 261.528.

En diciembre de 2010 El País creció ligeramente respecto al mes anterior, pero El Mundo colocó 14.000 ejemplares menos que en noviembre. La caída de ABC en diciembre también ha sido significativa: su difusión se sitúa en 224.528 frente a los 247.000 de noviembre.

Público continúa creciendo. En diciembre de 2009 la difusión de Público estaba en 85.000 ejemplares y en 2010 cerró en 89.063. El crecimiento de La Vanguardia se sitúa también en la línea del de Público y salta de los 185.000 hasta 188.831.

La prensa deportiva ha terminado 2010 también con caídas. Marca, que en 2009 cerraba con 232.000 ejemplares, ha terminado diciembre de 2010 con 217.614 ejemplares. La caída es mayor si lo comparamos con el dato de noviembre: el mes anterior la difusión de Marca superaba los 245.000 ejemplares. La caída interanual de As y Sport supera los 14.000 ejemplares, mientras que la de Mundo Deportivo se acerca a los 7.000".

22 ene 2011

Un momento de cambio histórico

Tapscott retratado por Jordi Roviralta
Fuente | La Vanguardia

Don Tapscott es uno de los grandes gurús de nuestro tiempo. El autor de Wikinomics y La era digital opina que "esto no es sólo una crisis económica, estamos ante un momento de cambio histórico: la era industrial y todas sus instituciones se han quedado sin energía". Ima Sanchís le pregunta en 'La Contra' de La Vanguardia: "¿No salva nada?". Tapscott abunda: "Periódicos, universidades, corporaciones, gobiernos, educación, sistemas de salud, red de energías..., todo está basado en modelos de la era industrial, y están fallando". Sanchís, insiste: "Ha habido otras crisis". Y Tapscott, a lo suyo: "Igual que la imprenta de Gutenberg permitió evolucionar de un modelo agrario a la era industrial con todos sus cambios sociales y de gobierno, internet nos lleva de la era industrial a la digital".

El nuevo modelo, según el experto estratega canadiense, se basa en cinco principios: colaboración; transparencia; interdependencia; compartir la propiedad intelectual; e integridad. Lo tiene claro. Y convence.