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10 feb 2011

Esto va a cambiar... O no

Fuente | The Guardian

Transitando del pesimismo al (razonable) optimismo, Rosa María Artal barrunta hoy en su blog que "esto va cambiar". ¿Indicios? La prensa británica responde a la pregunta '¿Quién manda? ¿Políticos o banqueros?':

"La pregunta viene formulada en el editorial del diario británico The Guardian, uno de los grandes periódicos del mundo. Y, como se espera de un honesto creador de opinión, aporta datos y respuestas. Andan los ingleses a vueltas con un contrato que su ministro de Hacienda -el conservador George Osborne- ha suscrito con los grandes bancos. Le llaman Proyecto Merlin (el mago, qué casualidad). Y dice The Guardian que esa solución 'es en realidad una creación de los banqueros, no de los políticos'. O que fue negociado por el ex jefe del banco Barclays, John Varley. O que es muy grato a los banqueros. ¡Un periódico, con su papel, con su web, en su editorial, diciendo eso!

Alude el diario a que 'el contribuyente británico tuvo que salvar hace tres años un sistema financiero en su conjunto'... financiar a los bancos con cientos de miles de millones, y con las garantías y los préstamos que se mantienen hoy en día. Los banqueros británicos se encuentran todavía en funcionamiento gracias a los contribuyentes británicos: 'para decirlo crudamente, ellos (los bancos) nos deben, no al revés'.

The Guardian analiza al detalle el contrato que los bancos se han hecho a su medida pero que ha suscrito el gobierno, y asegura que ni dará créditos ni dinamizará a las empresas. 'No hay manera de cumplir ese objetivo'. 'Esto es poco más que una carta blanca a los bancos para seguir comportándose exactamente como son en la actualidad'.

Nos cuenta que ayer en el Parlamento británico, conservadores y laboristas se tiraron los tiestos a la cabeza... para decidir cuál de los dos 'había sido más débil contra los bancos'. Un inciso ¿Os imagináis ese debate en el Congreso español?

Con lágrimas en los ojos casi ya, leo la conclusión:

'La verdad es que Gordon Brown y David Cameron han fracasado para mantener en pie los intereses públicos. Menos de tres años después de la peor crisis financiera de nuestra vida, los ministros de todas las tendencias se han limitado a dejar que los banqueros vuelvan a la normalidad'.

Esto, como digo, lo publica un gran diario en su editorial, no un medio marginal. Después de tres años de atropellos continuados y en crescendo, un periódico empieza a hablar claro a sus lectores. No hay que desesperarse, nos van a informar, solo que lo hacen con un poquito de retraso.

El mismo largo tiempo que el FMI ha invertido en denunciar que ese poderoso organismo no vio la crisis ni de lejos y que la tropelía fue perpetrada por el español Rodrigo Rato, que se plegaba a los intereses de EEUU, llenó de insidias, censuras y desorganización al ente o defendió con ahínco la política neoliberal de Islandia que terminaría por sumir al país en la bancarrota. Rodrigo Rato, el gran economista, laureado autor de la burbuja inmobiliaria española, y hoy presidente de Caja Madrid.

Os confieso que hay días en los que me dan ganas de tirar la toalla. El sistema está tan guarnecido que no parecía haber forma humana de encontrar una rendija para regenerarlo. Es un bloqueo pétreo que te devuelve dolor cuando pretendes llamar a su puerta. Pero estos tímidos signos que anoto igual suponen un cambio de tendencia.

El FMI admitirá que toda su política neoliberal ha sido un error y ha causado la crisis. Y rectificará. Gobiernos y países darán una patada en el trasero a bancos, mercados y agencias de calificación, a la UE podrida e inoperante y a Merkel, y pensarán en los intereses de los ciudadanos. ¡Y los grandes medios nos lo contarán! ¡A todos! Despertarán con realidades a la audiencia que con tanto tesón han entontecido. Dejarán de bailar alegrías ficticias en las pantallas, páginas y ondas para informar a la sociedad de lo que se le están haciendo. Y le dirán que tiene un reto.

[...] Tenemos un Cuarto Poder que se libera de sus lastres. Siguiendo el ejemplo de The Guardian van a informar de la verdad y llamar al espíritu crítico. Con algo de retraso, bien es verdad. Igual para 2014, ó 15, ó 16, ya se enteran también los españoles que las políticas que defienden los Rato, Rajoy, Aguirre, Cospedal y su santa parentela, las que aplica con fruición también Zapatero y su corte posibilista ¡son un error! ¿Quién manda? ¿Políticos o banqueros? Banqueros. Pero esto va a cambiar".

8 feb 2011

Una década (estadounidense) para olvidar

Fuente | Politikon


"1. Los ochenta y noventa fueron básicamente comparables, aunque la gráfica no le hace justicia a Bill Clinton -la recesión de principios de su década (y acabó con Bush 1.0) hacen que 'su' década parezca peor de lo que fue.

2. Algunos sectores siguen una evolución realmente deprimente.

3. La 'expansión' de la era Bush fue singularmente horrenda -se creó muy poco empleo comparado con décadas precedentes. Recordad que las cífras llegan sólo hasta 2007, antes del desastre- su balance económico es increíblemente malo.

4. Bajar impuestos a los ricos realmente no crea demasiado empleo. Y no, el ejemplo de Reagan no me vale. En 1986 subió impuestos a los ricos, sin ir más lejos.

Sabía que la década de los 2000 tenía algo de década perdida en Estados Unidos, pero esta clase de gráficas realmente lo ponen blanco sobre negro. Una presidencia para olvidar".

La economía global no se recuperará

Fuente | Página/12

Una eminencia de la sociología contemporánea, el teórico del análisis de sistema-mundo Immanuel Wallerstein, elabora una (realista) apología del pesimismo en Foreign Policy:

"Prácticamente todo el mundo en todas partes -economistas, políticos, expertos- están de acuerdo en que el mundo ha estado inmerso en algún tipo de problema económico desde al menos 2008. Y prácticamente todos parecen creer que en los próximos años el mundo se 'recuperará' de alguna manera de estas dificultades. Después de todo, siempre se dan mejoras tras producirse un deterioro de la economía. Los remedios recomendados varían considerablemente, pero la idea de que el sistema continuará conservando sus características esenciales es una fe profundamente arraigada.

Pero está equivocada. Todos los sistemas tienen una vida determinada. Cuando sus procesos se alejan demasiado del equilibrio, fluctúan caóticamente y se bifurcan. Nuestro sistema actual, lo que yo llamo una economía mundial capitalista, ha existido durante unos 500 años y al menos durante un siglo ha abarcado todo el planeta. Ha funcionado extraordinariamente bien. Pero como todos los sistemas, se ha ido alejando de manera continua más y más del equilibrio. Ya hace un tiempo que se ha desplazado demasiado, tanto que hoy está en crisis estructural.

El problema es que los costes básicos de toda la producción se han elevado considerablemente. Hay gastos en personal de todas clases -en trabajadores no cualificados, en puestos de dirección, en la gestión al más alto nivel. Están los costes incurridos cuando los productores transfieren los costes de su producción al resto de nosotros -por desintoxicación, por renovación de recursos, por infraestructura. Y la democratización del mundo ha conducido a demandas de más y más educación, más y más asistencia sanitaria, y más y más garantías de unos ingresos durante toda la vida. Para cumplir con estas demandas se ha producido un significativo aumento en los impuestos de todo tipo. Juntos, estos costes se han elevado más allá del punto que permite una importante acumulación del capital. ¿Entonces por qué no simplemente subir los precios? Porque hay límites más allá de los cuales no se puede forzar su nivel. Se llama elasticidad de la demanda. El resultado es una creciente reducción de beneficios, que está alcanzando un punto en que prácticamente no merece la pena el esfuerzo.

Lo que estamos presenciando como resultado son caóticas fluctuaciones de todo tipo, económicas, políticas y socioculturales. Estas fluctuaciones no pueden ser controladas fácilmente por las políticas públicas. El resultado es una cada vez mayor incertidumbre sobre cualquier clase de toma de decisiones a corto plazo, así como frenéticos realineamientos de todo tipo. La duda se retroalimenta mientras buscamos soluciones para la amenazante incertidumbre planteada por el terrorismo, el cambio climático, las pandemias y la proliferación nuclear.

Lo único seguro es que el sistema actual no puede continuar. La discusión política fundamental se centra en qué tipo de sistema sustituirá al capitalismo, no en si debería sobrevivir. La elección es entre un nuevo sistema que replica algunas de las características esenciales de jerarquía y polarización del sistema actual y otro relativamente democrático e igualitario.

La extraordinaria expansión de la economía mundial en los años de postguerra (más o menos de 1945 a 1970) ha estado seguida de un largo periodo de estancamiento económico en el que la fuente básica de ganancia ha sido la pura especulación sostenida por sucesivos endeudamientos. La última crisis financiera no derribó el sistema; simplemente dejó en evidencia su vacuidad. Nuestras recientes 'dificultades' son meramente la penúltima burbuja en un proceso de expansión y pinchazo que el sistema mundial ha estado atravesando desde aproximadamente los 70. La última burbuja será la del endeudamiento del Estado, incluyendo a las llamadas economías emergentes, lo que conducirá a bancarrotas.

La mayor parte de la gente no reconoce -o se niega a reconocer- estas realidades. Resulta doloroso aceptar que el sistema histórico en que estamos viviendo está en crisis estructural y no sobrevivirá.

Mientras tanto, el sistema continúa siguiendo sus reglas aceptadas. Nos reunimos en las sesiones del G-20 y buscamos un consenso fútil. Especulamos en los mercados. Desarrollamos nuestras economías de cualquier modo que podemos. Toda esta actividad simplemente acentúa la crisis estructural. La acción real, la lucha por el nuevo sistema que se creará, está en otra parte".

7 feb 2011

Las maravillas de la economía española

Fuente | ATTAC

Desconozco si lo ha hecho para demostrar que el desastre no es tan desostroso como otros lo pintan -es broma, amigo Cantinflaso para recordar que, pese al vislumbre de brotes verdes, el campo nacional todavía no pasa de rastrojo. El caso es que así le ha quedado a Nacho Escolar el retrato de la economía española actual, en el que hace hincapié en sus 'siete maravillas':

"Uno. España es el país de Europa con más paro: el 20,2% de la población activa, el doble de la media de la UE. Es una anormalidad absoluta dentro del primer mundo. Es una tasa de desempleo similar a la de Mozambique (21%), Sudán (19%) o Iraq (19%).

Dos. Antes de que llegase la crisis, España era el país con mayor porcentaje de contratos temporales de toda la UE; al igual que el actual paro, la temporalidad también doblaba la media europea.

Tres. España es el país con más billetes de 500 euros de toda la UE: uno de cada cuatro está aquí. El 65% del dinero que circula en España está en billetes de 500. Las cifras apenas han bajado tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y aún suman 52.244 millones de euros. Un altísimo porcentaje de este dinero no se declara y deja al año un fraude fiscal de unos 16.000 millones. Somos medalla de bronce en economía sumergida de toda la UE con una tasa cercana al 20% del PIB; sólo nos ganan Italia y Grecia.


Cinco. El salario medio en España es de 21.500 euros brutos anuales: la mitad que en Alemania, Holanda o Reino Unido. Es una media engañosa: el 63% de los españoles es mileurista o menos. España es uno de los países de la UE-15 con mayor desigualdad económica, sólo por detrás de Portugal. La tasa de pobreza es del 20,8%, también de las más altas de la UE.

Seis. España es el único país de entre los 30 más prósperos del mundo cuyo salario medio real no creció en los años buenos. Entre 1995 y 2005, el salario medio real de los españoles perdió un 4% de poder adquisitivo; entre 1999 y 2006, los beneficios empresariales crecieron un 73%.

Siete. España es el único lugar conocido donde los autónomos y pequeños y medianos empresarios que pagan por módulos declaran, de media, menos ingresos anuales que los trabajadores y los pensionistas".

4 feb 2011

Neurocultura: el futuro

Fuente | Cultura 3.0

Vamos a ponernos serios, que llega el futuro de la mano de Francisco Mora Teruel y Cultura 3.0:

"¿Qué es ese abstracto gigantesco, esa extraña carpa transparente e invisible que cubre las transacciones de los seres humanos y que llamamos cultura? Haciendo una apretada síntesis de las más de 150 definiciones que se han dado, Kroeber y Kluckhohn, hace más de medio siglo, señalaron que 'la cultura es un producto, es histórico, incluye ideas, patrones y valores, es selectiva, es aprendida, está basada en símbolos y es una abstracción de la conducta y de los productos de la conducta'. De todo ello quiero resaltar la característica histórica, es decir, el hecho de que las culturas se suceden con el tiempo, renovando, en esas sucesiones, las lecturas de los valores y las normas que han presidido las interacciones sociales. Y es ahora cuando estamos a las puertas o quizá ya entrando en un nuevo ciclo de cultura. La Ciencia, que forma parte de la vida moderna, es la protagonista de ese nuevo ciclo. En él, aparecerá una concepción nueva y diferente de quiénes somos los seres humanos, y en él, también, habrá nuevas respuestas a las preguntas sobre qué nos hace ser animales morales. Esta nueva cultura posiblemente presidirá los cambios sociales revolucionarios que se avecinan, esta vez basados en el conocimiento de cómo opera nuestro cerebro, órgano productor de cuanto somos y origen último de cómo nos comportamos. Eso es Neurocultura.

Neurocultura es un proceso en el que, a la luz de los conocimientos que aportan las Ciencias del Cerebro, se producirá una reevaluación de las Humanidades. Es un puente a través del cual se van a unir, definitivamente, esos dos grandes cuerpos del saber, las Humanidades por un lado y las Ciencias por otro. Es un proceso en el que se reevaluarán la Filosofía, la Ética, la Sociología y el Derecho, la Economía y el Arte y, desde luego, también la Religión. Y todo ello nos llevará a reevaluar nuestra concepción del mundo, porque hoy comenzamos a saber que nuestro cerebro es a su vez creador y espejo de cuanto sucede y que todo pensamiento y conducta humana residen en su funcionamiento y los códigos que lo sustentan. En realidad el cerebro es ese último rincón donde se mece y crea cada ser humano. Como ha señalado Iñaki Beti, de la Universidad de Deusto, 'la Neurociencia se encuentra en el umbral de llegar a constituir una teoría unificada de lo humano, más allá de la tradicional división de los saberes en humanísticos y científicos. Ello puede suponer un impacto tan grande en la visión de la persona como el que conllevó el darwinismo'.

En definitiva, Neurocultura quiere decir un encuentro entre la Neurociencia, que es el conjunto de conocimientos sobre cómo funciona el cerebro, y el producto de ese funcionamiento, que es el pensamiento, los sentimientos y la conducta humana. Decía Kandel, uno de los últimos premios Nobel en Neurociencia: 'Mientras las Ciencias y las Humanidades continúen teniendo sus propias y separadas preocupaciones, deberíamos llegar a darnos cuenta de que ambas se generan a través de un diseño computacional común: el cerebro humano'. Del estudio de ese diseño (Ciencia) y sus productos (Humanidades) nace el nuevo marco de cultura que venimos comentando.

El epicentro de esta nueva visión que llamamos Neurocultura no nace sólo de la Neurociencia como tal, sino del reconocimiento, una vez más, de que la existencia humana procede de un largo proceso de azar, necesidades y reajustes que han durado millones de años. La Neurociencia, a la luz de ese proceso evolutivo, está desentrañando los mecanismos que elaboran el funcionamiento del cerebro y con ello llegando a conocer cómo percibe y posiblemente 'construye' la realidad que nos rodea. Es ahora cuando empezamos a entender que las elaboraciones perceptivas e intelectuales de nuestros cerebros tienen que ver con los códigos ancestrales anclados y escondidos en sus profundidades. Nada ocurre, ni nada existe del mundo humano, que no haya sido filtrado y elaborado por el cerebro, sea la percepción de una hermosa obra de arte, la elaboración de una compleja formulación matemática o el sentimiento profundo de haber alcanzado a Dios. Si queremos decodificar las percepciones y los sentimientos y los pensamientos e ideas que mueven las sociedades humanas, hay que conocer los mecanismos a través de los cuales ese órgano que llamamos cerebro las produce.

De todos estos planteamientos emergerán preguntas como éstas: ¿cómo han aparecido a lo largo del proceso evolutivo y cómo operan los circuitos neuronales de la corteza prefrontal, claves en los razonamientos y sentimientos morales? ¿Qué códigos cerebrales elaboran la maldad y la bondad y sus significados? ¿Qué mecanismos operan en el control de las emociones y los sentimientos y alcanzan a la planificación responsable de la vida de una persona, a su intimidad y su dignidad? ¿Cuál es el substrato cerebral de las conductas antisociales y cómo pueden ser modificadas? ¿Existe el yo o la mente como entidad única y subjetiva en el cerebro? ¿Cómo crea el cerebro la conciencia humana? ¿Cómo alcanza el cerebro los procesos de abstracción y con ellos el conocimiento y la creatividad? ¿En qué medida saber que nuestras decisiones son producto de la actividad de ciertas áreas del cerebro que codifican para la recompensa va a cambiar el mundo que conocemos y nuestros sentimientos de seres libres? ¿Se avecina una nueva forma de pensar y entender la conducta humana?".

31 ene 2011

Un nuevo (des)orden mundial

Fuente | Indolink

Timothy Garton Ash, brillante analista político británico y faro de la historia del presente para los principales medios de comunicación mundiales, concluye hoy en El País, a propósito de la reciente cumbre de Davos, que mientras avanza el siglo XXI se van descubriendo distintas modalidades de capitalismo, a la par que se instala en el planeta un "nuevo desorden mundial" en el que los BRIC ganan la batalla a Occidente:

"Esta es la tercera cumbre de Davos después del Gran Crash de Occidente, y ahora empezamos a ver dónde nos encontramos. No estamos ante el completo fracaso del capitalismo democrático y liberal que algunos temían durante la dramática reunión celebrada aquí a principios de 2009, pero tampoco ante la gran reforma del capitalismo occidental, que era la ferviente esperanza de aquel Davos.

El capitalismo occidental sobrevive, pero renqueante, herido, con una pesada carga de deuda, desigualdades, demografía, infraestructuras olvidadas, malestar social y expectativas utópicas. Mientras tanto, están tomando la delantera otros tipos de capitalismo -chino, indio, ruso, brasileño- que explotan las ventajas de su atraso y traducen rápidamente su dinamismo económico en poder político. ¿El resultado? No un mundo unipolar, tendente hacia un único modelo de capitalismo democrático liberal, sino un mundo sin polos, que se diversifica en muchas versiones nacionales diferentes, y a menudo antidemocráticas, de capitalismo. No un nuevo orden mundial sino un nuevo desorden mundial. Un mundo caleidoscópico e inestable, fragmentado, recalentado y preñado de conflictos futuros".

Lamento capitalista

Fuente | Martirena

Los mitos sobre Davos


Del 26 al 30 de enero se ha celebrado en Davos una nueva reunión del Foro Económico Mundial, el cónclave que reúne anualmente a los personajes más poderosos del planeta con la ambiciosa, a la par que ambigua, intención de "mejorar el mundo" y que genera a su alrededor toneladas de información más atentas a la rumorología y al prejuicio que a los hechos. Entre la autocomplacencia y la (relativa) confidencia, el experto en economía y geopolítica venezolano Moisés Naím desmontaba ayer en El País 'Cinco mitos sobre Davos':

"Cada año, cerca de 2.500 personas recalan en Davos (Suiza) a finales de enero convocadas por el Foro Económico Mundial, una organización sin fines de lucro fundada en 1971 por Klaus Schwab, un profesor alemán. Durante cinco días los participantes asisten a una multitud de seminarios y reuniones sobre los más diversos temas. Para sus críticos, Davos es uno más de los instrumentos que utilizan los ricos y poderosos para defender sus privilegios. Para los publicistas del foro, la reunión sirve para promover su misión: 'Mejorar la situación del mundo'. ¿Cuál es la realidad? Llevo dos décadas participando en estas reuniones y estas son mis percepciones sobre los mitos y realidades de Davos.

Mito número uno: Davos es una convención de plutócratas. No. Si bien cerca de la mitad de los asistentes son directivos de las empresas más grandes del mundo, la otra mitad está conformada por un creciente grupo de intelectuales, activistas, líderes religiosos, sindicalistas, artistas, científicos y dirigentes de ONG y organismos internacionales. Es tan común cruzarse en los pasillos con Umberto Eco, Nadine Gordimer o Bono como con Bill Gates, George Soros o Indra Nooyi, la presidenta de Pepsico. La diversidad también se manifiesta en los debates. Las sesiones sobre la pobreza, el medio ambiente o los conflictos militares son tan frecuentes como las que discuten asuntos de empresas y negocios. Sin embargo, la verdad es que no son las mesas redondas la principal razón por la que gente tan ocupada viaja a un lugar tan inconveniente como Davos sino la red de contactos que allí se construye.

Mito número dos: En Davos se toman importantes decisiones. No. La imagen de billonarios y políticos concentrados en un pueblito de los Alpes suizos inevitablemente alienta las teorías conspirativas de quienes creen que el mundo está manejado por una pequeña élite. Su suposición es que en Davos se cocinan, en secreto, decisiones que afectan al planeta. A su vez, el Foro Económico Mundial intenta hacer ver que sus reuniones tienen consecuencias. Mi impresión es que las decenas de jefes de Estado y ministros que asisten a Davos lo hacen para elevar su propio perfil internacional, o el de su país o para realizar, ellos también, contactos con otros participantes. Dudo de que en Davos se tomen decisiones importantes que no se hubiesen tomado de todas formas en otro lugar.

Mito número tres: Davos es el gran templo del capitalismo y la globalización. Sí, pero cada vez menos. Es obvio que un cónclave al que asisten más de 1.000 importantes empresarios va a tener un fuerte sesgo a favor del mercado y el libre comercio. Pero es igualmente obvio que es imposible mantener un pensamiento único y homogéneo en un encuentro en el que también están presentes, y con gran repercusión, voces que critican con enorme elocuencia, legitimidad y datos las realidades del capitalismo globalizado de hoy.

Mito número cuatro: En Davos se sabe lo que sucederá en el mundo. No. Los expertos reunidos en Davos no vieron venir el hundimiento de la Unión Soviética. Y no anticiparon los crash financieros de los años noventa. Ni la reciente crisis económica mundial. O lo que ha pasado en Túnez y está pasando en Egipto o Yemen. Es decir, son expertos normales. Si los Gobiernos, las grandes empresas, los think tanks, las agencias de calificación y todas las entidades que viven de vender sus pronósticos no fueron capaces de vaticinar estos cambios, ¿por qué suponer que la gente de Davos tiene una visión más clara del futuro? ¡Después de todo, son los mismos! Davos no marca las pautas, sino que refleja cada año las expectativas más comunes entre los expertos respecto a las tendencias mundiales. Y con frecuencia estos pronósticos son derrumbados por eventos que nadie anticipó.

Mito número cinco: Davos ha perdido relevancia. No. La reunión se ha vuelto muy grande. Es un gran circo. Hay demasiados famosos y poca sustancia. Estas son algunas de las afirmaciones que se utilizan para sustentar la idea de que las reuniones anuales en Davos ya no son lo que eran y han perdido atractivo e importancia. Los números indican lo contrario. Cada año asisten más de 30 presidentes, incluyendo algunos de los más poderosos del mundo. También centenares de ministros, presidentes de bancos centrales y organismos multilaterales, directores de los principales medios de comunicación, docenas de premios Nobel, científicos y académicos y miles de líderes empresariales. La lista de espera y las solicitudes de invitación son innumerables. Las cifras de participantes y el interés que la reunión suscita no han declinado. Y las críticas tampoco".

30 ene 2011

Alternativas para salir de la crisis

Juan Torres López
Fuente | Alandar

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, consultor y asesor de gobiernos y organizaciones internacionales, interviene en foros y seminarios de divulgación económica y análisis. En una reciente entrevista concedida a la revista Alandar proponía, sin ánimo de ser exhaustivo, las siguientes alternativas para salir de la crisis actual:

"La crisis es del sistema y las soluciones han de situarse fuera del sistema actual. Enumeraré algunas. Poner el sistema financiero al servicio de la economía productiva de bienes y servicios. Evitar que se especule con un bien necesario como es la vivienda. Facilitar créditos a bajo interés a las empresas y ciudadanos. Imponer topes al beneficio y restablecer el valor social de los impuestos. Subir los salarios reales, manteniendo la capacidad de compra y la productividad. Crear un auténtico sistema fiscal internacional y mecanismos mundiales de redistribución de la renta. Acabar con el régimen de plena libertad de movimientos del capital que arruina economías de países enteros, produce crisis locales y globales, no ayuda a la producción de bienes y servicios y sólo produce beneficios a los propietarios del capital. Establecer un sistema basado en la plena cobertura de las reservas bancarias y evitar que con el sistema de reservas fraccionarias la banca tenga el privilegio monopolista que alimenta la deuda, engorda la actividad especulativa y atribuye a los banqueros tan ingentes beneficios y un poder que chantajea al Estado. A la crisis no le pueden hacer frente sólo los gobiernos de los países ricos, sino que es necesario crear un gobierno mundial plenamente democrático, alejado de los lobbies y grupos de poder actuales. Y es cuestionable el papel del dólar como moneda dominante en la economía mundial".

No está mal, para tratarse de una única respuesta. Y sirve para certificar que no son precisamente ideas lo que escasea para sacarnos del pozo socioeconómico en el que nos encontramos. Lo que escasea es la determinación de los únicos que pueden ejecutar las medidas enumeradas más arriba, y la dificultad estriba en que quienes tienen el poder de relanzar la economía mundial andan demasiado atareados con cuestiones particulares: solo se acordarán de nosotros a la hora de votar y cuando vuelvan a necesitar nuestros (escasos) recursos para disimular sus carencias.

28 ene 2011

Los culpables (oficiales) de la crisis

Fuente | BBC Mundo

Con cierto retraso, llega lo evidente: "Funcionarios, políticos y banqueros son los culpables del colapso económico experimentado en 2008 en Estados Unidos, asegura un informe de la Comisión Investigadora de la Crisis Financiera de EEUU". Los compañeros de BBC Mundo extraen las principales (y dolorosas) conclusiones de dicho informe, que a continuación pasan a detallar:

"La Comisión, creada en mayo de 2009 para establecer las causas de la crisis, dijo que ésta 'habría podido evitarse'. En su informe destacó la toma excesiva de riesgos por parte de los bancos y la negligencia los reguladores financieros. De los diez miembros de la comisión sólo los seis representantes del partido demócrata apoyaron las conclusiones del informe.

'La crisis fue el resultado de la acción humana y la inacción, no de la Madre-Naturaleza o modelos fuera de control', dijo el informe. 'Los capitanes de las finanzas y los administradores públicos de nuestro sistema financiero ignoraron las advertencias y fallaron en cuestionar, entender y gestionar los cambiantes riesgos dentro de un sistema esencial para el bienestar del público estadounidense'. 'La suya fue una gran falla, no un tropiezo'.

El informe criticó la reducción en la regulación financiera durante la gestión del expresidente de la Reserva Federal, Alan GreenspanLlegó a la conclusión de que la crisis fue causada por una serie de factores, incluyendo fallas en la regulación financiera y la gestión empresarial, así como la falta de entendimiento del sistema financiero por parte de los diseñadores de políticas.

Igualmente se quejó del empaquetamiento de la deuda relacionada con hipotecas en instrumentos de inversión, que 'encendió y propagó la llama del contagio'. Estos instrumentos financieros complejos, que se comercializaron en grandes volúmenes por bancos de inversión, 'contribuyeron significativamente a la crisis', cuando las hipotecas en las que se basaban cesaron sus pagos.

El informe también destacó las fallas 'abismales' en las agencias de calificación crediticia para reconocer los riesgos involucrados en estos y otros productos. Del mismo modo, advirtió de violaciones éticas 'a todos los niveles'.

Importantes figuras de los gobiernos de George W. Bush y de Barack Obama no se quedaron fuera del informe. El expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, fue acusado de 'defender' la reducción de la regulación financiera durante el boom crediticio que 'dejó de lado garantías fundamentales'. El exfuncionario también fue criticado indirectamente por la política monetaria demasiado flexible de la Fed y los pronunciamientos que 'fomentaron en vez de inhibir el crecimiento de la deuda hipotecaria y la burbuja inmobiliaria'. El Banco de la Reserva Federal de Nueva York -entonces bajo la tutela del actual Secretario del Tesoro, Tim Geithner- 'podría haber tomado medidas contra los excesos de Citigroup en el período previo a la crisis'.

Del mismo modo, el documento sostuvo que el manejo gubernamental de las principales instituciones financieras durante la crisis -liderado por el exsecretario del Tesoro, Henry Paulson- fue inconsistente y 'aumentó la incertidumbre y el pánico en el mercado'. Sin embargo, el informe suavizó las observaciones diciendo: 'Al hacer estas observaciones, respetamos profundamente y apreciamos los esfuerzos realizados por el secretario Paulson, el jefe (de la Reserva Federal) Bernanke y Timothy Geithner... y tantos otros que trabajaron para estabilizar nuestro sistema financiero y nuestra economía en la más caótica y difícil de las circunstancias'.

Establecer culpas era esencial en la prevención de futuras crisis, según el informe. 'A pesar de la opinión de muchos en Wall Street y en Washington de que la crisis no podía haber sido prevista o evitada, había señales de advertencia', dijo Phil Angelides, presidente de la comisión. 'La mayor tragedia sería aceptar que nadie vio que esto se avecinaba y por consiguiente, que no se podía hacer nada', señaló el panel en las conclusiones del informe de 576 páginas. 'Si aceptamos esta idea, volverá a suceder'. La comisión entrevistó a más de 700 testigos y celebró 19 días de audiencias públicas en EEUU..

Los cuatro republicanos en la comisión anunciaron varias semanas antes de la publicación del informe de que no estarían de acuerdo con sus conclusiones. Tres de ellos publicaron un informe independiente que insistió en que la culpa debe atribuirse a la Reserva Federal bajo la conducción de Greenspan. El cuarto realizó su propio informe que se centra en el papel del gobierno en la creación de la burbuja inmobiliaria.

Los republicanos señalaron a las enormes agencias hipotecarias patrocinadas por el gobierno, Freddie Mac y Fannie Mae, alegando que sus préstamos subvencionados inflaron la burbuja. También argumentaron que la legislación introducida por el expresidente demócrata Bill Clinton alentó los préstamos excesivos e imprudentes a los hogares de bajos ingresos.

Por el contrario, el informe redactado por los seis demócratas en el panel dice que la evidencia mostró que dichas agencias no estuvieron al frente de los arriesgados prestamos sub-prime, en cambio siguieron el ejemplo de firmas de Wall Street. Tampoco fue la 'Ley de Reinversión Comunitaria' del presidente Clinton un factor significativo en los préstamos sub-prime, según el informe".

El liberalismo es de izquierda

Portada de El liberalismo es de izquierda
Fuente | Il Sole

Los profesores Alberto Alesina (Harvard) y Francesco Giavazzi (Bocconi) son dos provocadores economistas que defienden que el secreto de la salvación de la economía europea se encuentra en las profundidades del liberalismo y que, solo si los mandamases del viejo continente son capaces de bucear hasta allí y desprenderse de sus corsés ideológicos, podrán hacer frente al poder de las potencias emergentes y al dominio norteamericano. En este artículo, publicado en Replicante, explican por qué la izquierda debería abrazar el liberalismo:

"La flexibilidad del mercado laboral, la desregularización en la industria de los servicios, las reformas al sistema de pensiones y mayor competencia para el financiamiento a las universidades podrían dañar los intereses de quienes se benefician de relaciones privilegiadas o afiliaciones gremiales, pero podrían abrir oportunidades para los jóvenes y grupos en desventaja. Una verdadera agenda de izquierdas debiera abrazar esas reformas.

Europa está en medio de una acalorada discusión acerca de las ventajas y desventajas de las reformas de mercado y, por ende, de mayor liberalismo económico. Es conocido todo lo que contiene el paquete: competencia, marcos laborales flexibles, liberalización de los servicios, disminución de impuestos y privatizaciones.

El debate suele suceder de la siguiente manera. Estas reformas son políticas 'de derecha'. Pueden quizá incrementar la eficiencia -quizás incluso cierto crecimiento económico- pero también tienden a incrementar la inequidad e inciden en el detrimento de los más pobres. Por lo tanto -es aquí donde aparece el argumento 'socialmente compasivo'-, hay que tener mucho cuidado al enfocarse en esa dirección. Los gobiernos deben ser en extremo cautos y estar listos para dar marcha atrás en sus planes en cualquier lugar. ¡Cuidado!

Pero mucho de este razonamiento, fundamentalmente, es erróneo. Flexibilidad en el mercado laboral, desregulación de la industria de servicios, reformas al sistema de pensiones y demás no son contrarias a la equidad. Tales reformas desplazan al financiamiento de los contribuyentes hacia los usuarios mismos, y de esa manera eliminan rentas. Tienden a incrementar la productividad con base en recompensar el mérito en vez de la pertenencia a un grupo con privilegios. Tienden también a brindar oportunidades a jóvenes sin experiencia, que carecen de las relaciones o recomendaciones para ser contratados. El perseguir reformas pro-mercado no implica que se tenga que enfrentar una disyuntiva entre eficiencia o justicia social. En este sentido, las reformas a favor del mercado son de izquierda, si es que eso significa reducir los privilegios económicos de los que disfrutan ciertas camarillas.

Para profundizar en algunas de estas ideas publicamos hace un año nuestro libro Il liberismo é di siniestra [El liberalismo es de izquierda]. Este libro fue escrito con Italia en mente, pero muchos de los comentarios se aplican de la misma manera a otros países con reformas rezagadas, sobre todo Francia, uno de los más conspicuos enemigos de esas reformas. Nuestro punto es que las metas que tradicionalmente sostiene la izquierda europea -como la protección a los económicamente débiles y su aversión a la inequidad excesiva y beneficios inmerecidos- debieran llevar a las izquierdas a adoptar políticas a favor del mercado. Lo que había sido la norma desde los sesenta hasta fechas recientes, sobrerregulación de mercados, preservar el status quo, un enorme sector público que no favorece a los más pobres sino a quienes mantienen relaciones de poder y que requiere de una elevada y distorsionada recaudación en la hacienda pública, universidades que regularmente producen mediocridad en nombre del igualitarismo (mientras que los más ricos de todos modos consiguen buena educación), de modo que al final decrece la eficiencia y la justicia al mismo tiempo.

Un buen ejemplo puede encontrarse en el mercado laboral. En Italia, España y Francia, donde el mercado está dividido, los jóvenes hallan empleos con contratos temporales que no ofrecen ni seguridad social ni perspectivas para continuar en ellos. Al expirar el contrato el empleador opta por no renovarlo a fin de no correr el riesgo de convertir a los temporales en empleados permanentes, quienes de facto adquieren el derecho a nunca ser despedidos. Una reforma que elimine esta dualidad al hacer flexible el mercado laboral en su totalidad, con un esquema apropiado de compensación, no sólo reduciría el desempleo, sino, más importante aún, podría favorecer a los realmente pobres y a los jóvenes con su primer trabajo. Esto es un ejemplo de una política pro-mercado que favorece a los pobres.

O pensemos en el gasto público y consideremos nuevamente el caso italiano. El gobierno ahí hace muy poco por proteger a las familias del riesgo de caer debajo de la línea de pobreza. ¿Por qué? Debido a que Italia gasta mucho en pensiones y muy poco en otros programas de bienestar. Adivine quiénes están en contra de reducir el costo de financiar las pensiones al aumentar la edad de retiro: ¡Los sindicatos, apoyados por la izquierda! Al adoptar esta postura, los sindicatos no ayudan a los pobres, tan sólo a sus miembros, que por lo general son viejos trabajadores y otros jubilados. Durante el verano, la amenaza de una huelga general -en la cual sólo los viejos, sindicalizados y otros trabajadores protegidos hubiesen detenido sus labores (no así los jóvenes con contratos temporales y sin seguridad social)- fue suficiente para convencer al gobierno de izquierda para disminuir la edad de retiro de sesenta a 58 años. Esto creará una carga aún mayor para la juventud actual. ¿Cómo puede alguien sostener que estos sindicatos y sus aliados políticos de izquierda, aún representan a los pobres y jóvenes?

Si no se sacrifica justicia social por eficiencia en la Europa actual, ¿por qué entonces las reformas parecen tan lentas, o simplemente no llegan, en naciones como Italia y Francia?

¿A qué se debe que el votante europeo típicamente 'compasivo' duda acerca del componente de ayuda hacia los pobres dentro de las reformas de mercado? La respuesta es la común en políticas económicas: los grupos fácticos beneficiarios del status quo imperante 'bloquean' esas reformas, a pesar de que los mecanismos varían de país en país. Estos grupos no pueden simplemente negarse a las reformas tan sólo porque dañan sus intereses. Necesitan la retórica de la defensa del débil y el pobre.

[...] Los reformistas en Europa debieran negarse a ser arrinconados por sus adversarios en la ecuación 'más mercado igual a más injusticia'. Es lo opuesto. Aceptar esta ecuación, y tratar de disculparse por ella, ciertamente no es la forma de ganar esta batalla. Si la izquierda europea desea poder decir honestamente que pelea por los miembros más necesitados de nuestra sociedad, debe adoptar como grito de batalla la búsqueda de la competición, reformas y un sistema basado en la meritocracia".