Fuente | Aleix Saló
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8 feb 2011
Para ver Intereconomía, ponerse a tono
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4 feb 2011
El negocio de ser tertuliano
José Gutiérrez Solana | La tertulia del Café Pombo | 1920
Fuente | Madridpedia
'Del salmón al rosa', el blog que mezcla la prensa económica con la del corazón, desvelaba ayer uno de los secretos mejor guardados del universo televisivo nacional: a cómo está el minuto de tertulia. Pasa y lee, si es que quieres escandalizarte aún más:
"La entrada de la TDT al panorama televisivo ha abierto la oferta para ser contertulio. Cada nueva cadena que se precie cuenta en su parrilla con colaboradores para analizar la actualidad informativa. Un formato de programa extraído de la radio y que está teniendo un especial auge en la nueva etapa televisiva ocupando prime time. Antes, en la época hertziana, las cadenas generalistas tenían este tipo de programas pero encuadrados dentro de la programación. El acceso para ser tertuliano estaba más cerrado y menos visible.
Los nuevos canales de televisión que luchan por hacerse un hueco entre las cadenas tradicionales han encendido un carrusel de caras nuevas de periodistas, políticos retirados, sociólogos o juristas. Un negocio suculento para estos tertulianos profesionales.
El caché de esta especie'‘plasmática', antes catódica, que ya sólo hay teles de plasma, varía entre 150 y 1.500 euros, dependiendo de la cadena, de la periodicidad del programa y del perfil del tertuliano. Por ejemplo, Intereconomía paga a sus colaboradores 150 euros en cheque regalos de El Corte Inglés por programa, TVE en los programas del Canal 24 horas, entre 150 y 175 euros en metálico, La 10 y Veo Televisión sobre 300 euros.
Si pasamos a programas semanales los honorarios suben por intervención. 'Madrid Opina' de Telemadrid retribuye con 600 euros a los contertulios. Pero los más generosos son Antena 3 y Telecinco. Los magacines de por la mañana 'Espejo Público' y 'El programa de Ana Rosa' invitan a sus colaboradores por más de 600 euros a los debates de actualidad. Cifra que se acerca a los 1.000 euros para la mesa del corazón.
Para un tertualiano la Champions está en '59 segundos' y 'La Noria'. El programa de la televisión pública paga entre 1.000 y 1.500 euros por programa. Aunque a veces se ha estirado y ha llegado a pagar hasta 6.000 euros. Este honor lo tiene el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez. En el caso de Telecinco, sus colaboradores habituales como María Antonia Iglesias o Alfonso Rojo cobran entre 1.500 y 2.000 euros.
Si le parece buen negocio para los profesionales de la opinión, mejor es para las televisiones. La producción de estos programas es más barata que casi cualquier otro formato, a pesar de los sueldos de los colaboradores. Sólo se necesita un plató, un presentador y elegir entre una manada de contertulios. La franja televisiva se rellena y se retroalimenta de la actualidad diaria. Y más en estos momentos donde la crisis económica y el aumento de la oferta de estos programas han recortado el sustento de los tertualianos. Antes de la aparición de la TDT, la aparición en un debate televisivo le costaba a las cadenas 500 euros por experto.
Por supuesto, en lo alto de la pirámide de la especie de tertuliano se sitúan los especializados en temas del corazón. 'Sálvame' de Telecinco ofrece entre 500 y 800 euros según el colaborador. Cuando el programa de corazón es en prime time como es el caso de 'DEC' de Antena 3 la cuantía se puede elevar hasta los 3.000 euros cuando se trata de tertualianos estrellas como María Patiño o Jesús Mariñas. Los opinadores profesionales de temas de cotilleo son los más cotizados del mercado que traspasa la Televisión. El último fichaje sonado es el de Kiko Hernández, habitual de 'Sálvame', que firmará una columna semanal en la revista Qué Me Dices sobre 'Gran Hermano'. El precio de sus palabras a la semana se sitúa en torno a los 6.000 euros".
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3 feb 2011
'La Gaceta': el enemigo en casa
La Gaceta | 3 de enero de 2011
Fuente | kiosko.net
Portada de las que hacen época en La Gaceta de hoy: todo por la patria, pero sin la patria; que la intereconomía tira más que la intraeconomía. Te dejo con el relato que hace del acontecimiento periodístico José María Izquierdo, que le tiene cogido el punto a las hazañas del diario de (la) derecha:
"¿Y La Gaceta? ¿Dice algo tan peculiar papelín? Claro que lo dice. Alto, pero no tan claro. Se lo transcribo y se lo muestro aquí cerquita: Cuatro viñetas como antetítulos: 'Líder de desempleo en la UE'; 'Jubilados sin pensiones y pensionistas sin futuro'; 'Una foto del pacto social que retrata a los sindicatos', y 'Un Ministerio del Interior que avisa a ETA de sus redadas'. Y titula así, en versión original con subtítulos: 'Frau Merkel, lassen sie sich von Zapatero nichts vormachen'. Que viene a decir 'Señora Merkel, que Zapatero no la engañe'. ¿Suficiente? Nanay del Carabay, que nos faltan dos sumarios, que hoy no acabamos nunca: 'La canciller alemana viaja a España para 'supervisar' sus órdenes en política económica', y 'Los socialistas esperan un 'aprobado raspado' a las reformas'. ¿Verdad que viven sin vivir en ustedes, desconociendo como desconocen, hasta que a continuación se lo desvele este su sacrificado bloguero, lo que escribe al efecto Carlos Dávila en su parte de guerra? Les quiero ver en posición de firmes, que llama el cornetín: 'Podría haber elegido otro día. La España que hoy ve Merkel está marcada por dos acontecimientos. El bochorno general ante el conocimiento de que nada menos que el jefe de la Seguridad Nacional esté implicado en un chivatazo a ETA, y el horror del país ante la nueva sangría del paro. Y a todo esto, a Zapatero le da igual: va a retratarse con los paniaguados agentes sociales y, según sus fieles, le va a decir a la canciller alemana que asuma el liderazgo de Europa. Este tío es un cachondo. Si tuviera la más mínima dignidad ante dos escándalos como los enunciados se habría vuelto a su casa, pero no: está, como Mubarak, pegado al sillón del poder. Yo no sé qué hace falta para que esta Nación maltratada plante cara a este personaje, pero sí sé algo: un año más meneando su gen destructivo y esto terminará como un erial".
Miedo, como siempre. Uno de los más recalcitrantes 'cornetas del apocalipsis' llama a la revolución pero olvida -o no- que, a diferencia de lo que ocurre con las dictaduras del mundo árabe, en España vivimos en democracia, por lo que, para acabar con un gobierno, hay dos vías: las elecciones o el golpe de estado. ¿Solo a mí me parece que el ínclito Dávila plantea lo segundo?
24 ene 2011
La izquierda según la derecha
Fuente | La Gaceta
El presidente del imperio intereconómico que acoge en su seno a lo más rancio de la derecha nacional, el adalid del Opus Dei y exdiputado del PP don Julio Ariza, se despachó ayer en el panfleto que imprime con sus dineros (La Gaceta) una homilía contra la izquierda que es todo desperdicio: una cagada algo más que metafórica digna de ser leída en su integridad solo por conocer el pelaje de los animales (supuestamente mediáticos) con los que hemos de lidiar para tratar de descifrar el presente de nuestra península histérica:
"No es raro que esta izquierda nuestra haga gala de progresismo y nos quiera a todos con la atención puesta en un futuro imaginado, porque volver la vista a la historia con mirada limpia y alguna profundidad es dejar de ser de izquierdas o abrazar el cinismo.
Es el lenguaje del socialismo, donde las palabras, como en la Oceanía imaginada por Orwell en 1984, significan lo contrario de su concepto original: la paz es la guerra, el amor es odio y la esclavitud es libertad. Sólo así se puede entender que el socialismo -y, por extensión, la izquierda- no haya seguido los pasos de esos hijos descarriados suyos que fueron el fascismo italiano -obra de un insigne socialista, director del órgano del partido, Avantie, hijo de su secretario general- y el Nacionalsocialismo alemán, cuando la historia ha demostrado hasta el hartazgo que es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y el evangelio de la envidia, por decirlo con las palabras de Winston Churchill.
Sospecho que, de aquí a unos años, los conceptos de izquierda y derecha serán revisados y manejaremos una clasificación más útil, porque si la izquierda existe sin duda -con diferencias de grado, no de naturaleza-, la denominada derecha es el espacio de la libertad, de propuestas que en ocasiones poco tienen que ver entre sí, salvo el honorable título de no ser izquierda. Pero, obligado a mantener el binomio más popular, podría decirse que es de derechas quien cree que existe un orden natural preexistente al sujeto, que debe descubrir y aplicar a la realidad social. Y es de izquierdas quien descree de este orden previo y piensa que debe crearlo 'ex nihil' en el caso de la comunidad humana.
La piedra de toque de la izquierda es esa 'tabula rasa' que quiere hacer siempre de las sociedades humanas, forzando a los individuos y los hechos a ajustarse a un esquema ideal. Cuando ese ajuste no funciona, tanto peor para los hechos... Y para los individuos. Un centenar de millones de seres humanos pagaron con su vida esta obsesión de la izquierda por crear 'el Hombre Nuevo', despreciando al hombre real. O, como decía Chesterton 'amaban apasionadamente a la humanidad pero no soportaban que nadie tosiera a su lado'. Lo que no es extraño en una teoría cuya pareja de creadores -Marx y Engels- hablaban en nombre de la clase trabajadora a pesar de no haber trabajado en algo útil un solo día de sus vidas, abandonar a sus hijos o maltratar despiadadamente al servicio doméstico.
Si la historia no fuera una muestra evidente y abrumadora de la deriva totalitaria de la izquierda, los propios postulados de esta ideología, su concepto del hombre, serían ya suficiente indicio, porque el socialismo es, incluso en el plano teórico, una rebelión contra la realidad, una negativa tajante a ver las cosas como son y ajustar a lo que conocemos del hombre y el mundo nuestro proyecto social.
No hay sector en el que la izquierda no haya sembrado el desastre, pueblo al que no haya arruinado si se le da la oportunidad, población que no haya diezmado con purgas masivas que han dejado pequeñas las masacres nazis o la desolación de las hordas de Gengis Khan. Y, sin embargo, mientras confesar alguna simpatía por los regímenes vencidos en la Segunda Guerra Mundial supone -con toda la razón- la muerte política y social, todavía vemos a políticos e intelectuales afirmando 'ser de izquierdas' no sólo sin vergüenza o remordimiento por la desolación sembrada por la ideología que pregonan, sino incluso con timbre de orgullo, como si proclamasen lo listos, ilustrados y compasivos que son. En un sentido, pronunciarse de izquierdas exime de la molestia de tener que hacer esfuerzo alguno por el prójimo o la sociedad.
Los izquierdistas ingenuos y de buena fe -los hay- quisieron ver en cada nuevo 'proyecto socialista' la aventura definitiva que demostraría, al fin, que el socialismo no es incompatible con la falta de libertad ni sinónimo necesario de la miseria. En vano. Abiertos los ojos, a la fuerza, al horror soviético, se pasaron con entusiasmo al experimento chino. Después de las hambrunas indescriptibles minuciosamente manufacturadas por Mao con el Gran Salto Hacia Adelante (¿al abismo?) y la Revolución Cultural, creyeron en Corea del Norte.
Luego, en rápida sucesión, vinieron Vietnam, Camboya, los socialismos africanos, Cuba, Nicaragua... Para ver, en cada caso, cómo se repetía invariablemente el esquema de tiranía ideológica, mentiras, represión, adoctrinamiento incesante y miseria.
Que una concatenación tan persistente de fracasos, siguiendo líneas idénticas, no haya abierto definitivamente los ojos de nuestra izquierda en Occidente, relegando definitivamente el socialismo al basurero de la historia, es buena prueba de la victoria gramsciana sobre la cultura y el lenguaje político compartido, asignatura pendiente e incluso ignorada de una derecha pusilánime.
Porque este reiterado esquema histórico de errores no es un cúmulo de desgraciadas coincidencias, sino que está en el mismo ADN de la izquierda. Del mismo modo podemos repetir hasta el hartazgo el experimento de dejar una piedra en el aire, que caerá al suelo sea cual sea nuestro deseo o intención. La ignorancia de qué es el hombre, cuál es su fin, qué le mueve y a qué tiende hacen que la izquierda haya fracasado ya en sus planteamientos, mucho antes de ser probada en la práctica.
Hace poco hemos asistido a uno de los más espeluznantes intentos de ingeniería social -y de los más genuinamente izquierdistas- por parte del Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, la Ley contra la Discriminación en el Trato. En ella está encapsulada toda la aversión a la libertad personal, a la individualidad, al Estado de Derecho; toda la fe en el cambio de naturaleza por imposición, todo el anhelo de ajustar las personas a las ideas y todo, en fin, el totalitarismo al que tiende irremediablemente la izquierda, incluso cuando aún no puede prescindir de urnas y parlamentos.
La derecha es una creencia innata en la limitación de nuestras posibilidades de mejorar al hombre. Cree que es la sociedad misma, el conjunto de los individuos, los que en sus interacciones libres dan color, sabor, creencias y valores a una cultura, sobre la que el poder deberá actuar como un respetuoso árbitro. No así la izquierda, para la que la naturaleza humana es blanda arcilla que puede modelar a placer.
Los ideólogos de la izquierda nos quieren justos y benéficos por ley, felices por decreto. Aunque para ello tengan que preparar el gulag. No son capaces de asumir algo que tienen en el fondo del corazón, fruto de su humana condición: que un hombre sin Dios es un ser sediento y angustiado, incapaz de ser feliz y de dar la felicidad a los demás. Incapaces de reconocer que una sociedad sin Dios no puede encontrar la paz, no es, como les gusta decir a ellos, sostenible. El vacío de trascendencia es llenado con placeres de regusto a acíbar, donde el odio encuentra fácilmente un hueco de destrucción y desunión.
El cristianismo sigue ahí esperando de nuevo que este hombre moderno, mayor de edad, desengañado, regrese a su viejo y acogedor hogar para darle la luz de un destino eterno, capaz de inyectar las razones para vivir que no ha podido encontrar en ideologías de tristeza y muerte".
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19 ene 2011
Cuca: "La familia la inventó Jesús"
Esta es la vomitiva reacción de la señora García de Vinuesa en 'La noche de Cuca', su ultraconservador espacio televisivo de Intereconomía, cuando descubre que el espectador con el que dialoga es homosexual; convenientemente aderezada, eso sí, por el montaje de los admirables cachondos de 'Alguna pregunta més?' (TV3).
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