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24 feb 2011

El (trillado) futuro del periodismo

Foto | Bernardo Pérez
Fuente | El País

"Los directores de El País, Le Monde, The New York Times, Der Spiegel y The Guardian han protagonizado un debate sobre el futuro del periodismo en la era de Wikileaks en el museo Reina Sofía, de Madrid. A continuación os ofrecemos un resumen de lo que han dicho en este encuentro Javier Moreno, Silvye Kauffman, Bill Keller, Georg Mascolo y Alan Rusbridger. En la sala también estuvo presente Nick Davies, que fue de los primeros en ver que el contacto con Wikileaks podía ser fundamental.

Moreno (El País): "Las filtraciones de Wikileaks han constituido el mayor acontecimiento de los últimos años". El director del periódico español se pregunta si el periodismo va a tener que cambiar después de Wikileaks y explica que gracias a los papeles de Wikileaks se valoran más las habilidades y cualidades del periodismo. "Hemos tratado a Assange como una fuente. Como hemos tratado a tantas otras". Moreno pregunta también si Wikileaks ha puesto en evidencia que los medios no han cumplido con su función y lanza una pregunta a la mesa: ¿Creéis que Wikileaks ha cambiado o va a cambiar el periodismo?

Keller (NY Times): "Soy un poco escéptico sobre (el hecho de) que Wikileaks haya cambiado el mundo".

Kauffman (Le Monde): "Para mí Wikileaks es otro ejemplo de este vínculo entre la prensa y la democracia". Ha explicado que para los periódicos la falta de transparencia de los Gobiernos es un obstáculos y que Wikileaks ha sido un nuevo instrumento para luchar contra esto. "No creo que haya cambiado el periodismo, pero es un instrumento más para conseguir transparencia".

Rusbridger (The Guardian): "Ha sido la gente de occidente, que tiene libertad de prensa, la que ha pensado que Wikileaks no es para tanto, pero en los países sin libertad de prensa estaban deseando que llegara más". Resalta que internet permite cruzar fronteras y que las informaciones que The Guardian publica sobre otros países con menor libertad de prensa traspasa los controles.

Mascolo (Der Spiegel): "Todos estos documentos no van a desaparecer. Forman parte del historial público". "Como periodistas solemos ser muy competitivos, no se nos da bien compartir noticias. Cuando todo esto empezó pensamos que iba a ser un dolor de cabeza, pero ha terminado siendo un gran trabajo de periodismo".

Moreno plantea otro interrogante: ¿Era lo correcto publicar todo el material en bruto?

Mascolo (Der Spiegel): "Nunca nos planteamos la posibilidad de publicar todos los documentos tal y como nos llegaron". Cuenta que la información necesitaba explicación y contexto. Además consideraron que había información que debía mantenerse en secreto, como nombres de gente que había colaborado con el ejército en Afganistán.

Rusbridger (The Guardian): "Nos dimos cuenta de que publicarlo tal cual nos llegaba habría supuesto un riesgo para algunas personas". Añade que "la presencia de nuestros periódicos le dio a la historia una claridad y una objetividad que de otro modo nunca habría tenido".

Kauffman (Le Monde): "Añadir nuestra experiencia es lo que les dio credibilidad a los cables".

Keller (NY Times) expone que en Estados Unidos el caso es el contrario. Allí recibían más quejas por publicar algunos de los cables al completo que por no publicar todo el material.

Kauffman (Le Monde) dice que en Francia sucedió algo parecido a lo que comentaba el director del New York Times: "Muchos lectores del periódico no podían entender que pusiéramos en público tantos secretos de Estado".

Rusbridger (The Guardian): "Una de las decisiones más difíciles que tuvimos que tomar fue la de publicar los cables sobre Yemen o no. El Gobierno americano temía los efectos políticos y argumentaba que Yemen estaba en la primera línea de la lucha contra el periodismo. Decidimos publicarlo y estoy seguro de que la decisión fue la correcta. Son decisiones que tenemos que tomar como periodistas". Y añade, sobre Julian Assange: "Si no piensas que es el mesías o que es el demonio, estás en medio y te critican por ambos lados".

Keller (NY Times): "En Estados Unidos varios senadores reaccionaron de forma exagerada pidiendo que se enmendara la ley de espionaje para criminalizar estas informaciones".

Moreno (El País): "La reacción del Gobierno español fue una reacción muy profesional, muy contenida".

Rusbridger (The Guardian): "No tengo quejas sobre el Gobierno de Cameron, con la reserva de que hay un juicio contra la persona acusada de ser la fuente de todo esto".

Moreno pide a los ponentes que compartan sus experiencias en el trato con Assange y pregunta si le consideran un periodista.

Rusbridger (The Guardian): "Es muchas cosas y creo que explota este estatus. No es una fuente, es más bien un intermediario. No es la fuente original, es intermediario, editor y empresario".

Mascolo (Der Spiegel): "Creo que Julian Assange debería estar protegido por la primera enmienda, pero para la revista Der Spiegel es una fuente".

Kauffman (Le Monde): "Él no hace lo mismo que nosotros, pero creo que hay que darle crédito".

Keller (NY Times): "Además de ser fuente terminó por convertirse en noticia, pero nosotros cuando hemos tratado con él por Wikileaks le hemos tratado como una fuente".

Nueva pregunta para la mesa: ¿Se plantean los directores de estos periódicos crear una plataforma similar a Wikileaks para su medio?

Keller (NY Times): “Nosotros hemos pensado la posibilidad de crear un buzón para que la gente suelte secretos. Todos tenemos fuentes que nos traen secretos”. “Hay una serie de cuestiones legales y periodísticas, pero la principal es preguntarnos que si algo es realmente anónimo ¿cómo se puede verificar?”.

Mascolo (Der Spiegel):“Somos un buzón desde hace mucho años. Si hay otra manera en que la gente quiere enviarnos información ¿por qué no?”.

Rusbridger (The Guardian): "Los periodistas tienen que prestar más atención para hacer que las filtraciones sean más seguras para la fuente". Explica que hay que alcanzar esto desarrollando tecnología propia o usando la de Wikileaks u Openleaks.

Kauffman (Le Monde): "Las revoluciones no se hacen solo con Twitter o con Facebook".

Moreno pregunta a la mesa por el futuro del periodismo y del negocio.

Keller (NY Times): "Sí hay un futuro para el periodismo. El futuro del periodismo está online y el modelo de negocio está por determinar. El periodismo online ha triunfado antes que el negocio". Además Keller ha dicho que pretenden empezar a cobrar "a finales de este año" y confiesa que todavía no saben si ese modelo va a tener éxito.

Kauffman (Le Monde): "Los lectores tienen que entender que lo que nosotros producimos cuesta mucho dinero".

Mascolo (Der Spiegel): "Nuestra revista cuesta 4 euros y probablemente subamos el precio ¿Por qué va a costar menos nuestra revista que un café de Starbucks?".

El debate fue transmitido en directo por streaming y seguido por los usuarios de Twitter bajo la etiqueta #pconfuturo" (233grados.com).

10 feb 2011

Tras el ojo de la cerradura

Fuente | Rockdelux

El bucle infinito de Wikileaks no para. Hoy me detengo en este artículo que Vicenç Batalla firma en Rockdelux. Nada nuevo: un punto de vista más:

"La aparición de un fenómeno como WikiLeaks era necesaria. La red debe ser neutral como acceso libre para todos los internautas, pero los contenidos no lo son y desaprovechar la oportunidad de entrar en esos agujeros que deja el poder, antes de que los vuelva a cerrar, es la gran suerte de internet. El control de la información es un arma utilizada desde siempre por los gobiernos bajo el falso concepto de secreto de Estado. En realidad, es el secreto de las maniobras del poder a espaldas de los ciudadanos. En cada caso, puede estar justificado mantener una cierta discreción para conseguir desatascar un conflicto político. Pero el abuso del secreto de Estado da lugar a guerras, mercaderes de armas y comisionistas, intereses inconfesables, cobertura de líderes corruptos y olvido de poblaciones diezmadas. Y, como consecuencia, el descrédito de los periodistas.

La reacción ante las revelaciones del australiano Julian Assange, como cabeza visible de WikiLeaks, es una prueba. Ha recibido las acusaciones de terrorista, anarquista e incluso se ha pedido su cabeza desde diferentes sectores de una democracia como Estados Unidos. La administración de Barack Obama se ha encontrado en un dilema después de que, solamente hace un año, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, abogara por el máximo de transparencia en la red en países como China. El proceso judicial en el que se halla inmerso Assange por dos presuntas violaciones en Suecia refleja el grado de penetración al que pueden llegar algunas autoridades para tratar de aniquilar al enemigo en la más pura tradición de las novelas de espías.

La personalidad de Assange también ayuda a ello. Es inteligente, hábil y megalómano. Las condiciones necesarias para afrontar un reto como el suyo: convertirse en el Robin Hood del ciberespacio. Aunque por el camino deje víctimas colaterales en antiguos socios que le acusan de haber personalizado y jerarquizado un proyecto que, inicialmente, tenía una configuración horizontal. La pregunta es si este proyecto hubiera llegado donde ha llegado sin una figura como la suya, que tiene un aura de estrella de rock. El rey de los geeks, los antiguos nerds.

La circunstancia de que el soldado Bradley Manning guardara miles de documentos sobre la guerra en Irak, que sustrajo de ordenadores durante su misión, en un archivo con el nombre de Lady Gaga para despistar, no hace sino aumentar la leyenda. Lo que hay detrás, de todos modos, es lo que cuenta. Manning, recluido en una base en Estados Unidos, se enfrenta a una pena de cincuenta y dos años de prisión. Assange se transformó definitivamente en un enemigo de Estados Unidos cuando se encargó personalmente de montar las imágenes que le había pasado Manning donde se ve a militares norteamericanos disparando y riendo desde un helicóptero en Bagdad contra una veintena de civiles desarmados.

El documento se presentó en Reikiavik, en abril pasado, con la colaboración del periodista islandés Kristin Hrafnsson, que ha pasado a ser su portavoz. A Hrafnsson le censuraron en 2009 un reportaje en la televisión nacional donde denunciaba la corrupción de los dirigentes del primer banco de su país, a partir de informaciones reveladas por WikiLeaks. La reciente debacle financiera de Islandia ha llevado a la bancarrota al país donde todo era moderno.

El periplo de Assange está plagado de osadías y huidas. Empezó con un colectivo de hackers en Melbourne llamado International Subversives. Creó en su país el servidor alternativo Suburbia. En 2006, publicó el ensayo La conspiración como gobierno y abrió WikiLeaks como lanzador de alarmas, que se nutre de informadores anónimos a los que Assange preserva a través de un elaborado sistema de criptología.

El primer país del que tuvo que salir por piernas fue Kenia, en 2007, cuando difundió los papeles que probaban la tortura y el asesinato de centenares de opositores por parte de la policía del ex presidente Daniel Arap Moi. Luego, ha continuado con el manual de guardias de Guantánamo, más documentos sobre Irak y Afganistán y los telegramas de las embajadas estadounidenses, como prolongación de los servicios secretos de este país [...].

Julian Assange no es un periodista. Es un agitador para los periodistas. Como lo son iniciativas paralelas del tipo ProPublica, The Bureau Of Investigative Journalism u OpenLeaks, el nuevo sitio que preparan los antiguos socios de Assange. Le toca a cada uno juzgar si él es el personaje del año o si el título le corresponde a Mark Zuckerberg, el joven millonario de Facebook. Otra forma de ver el capitalismo".

8 feb 2011

Perlas informativas (y una china) de enero


Pascual Serrano publica una nueva entrega de sus ya clásicas 'perlas informativas', esta vez correspondientes al mes de enero de 2011, de cuyo collar entresacamos algunas piezas:

"Periodistas asesinados: No dejamos de escuchar en los medios de la derecha que los gobiernos progresistas latinoamericanos están atentando constantemente contra la libertad de expresión y los periodistas. Pues bien, el 28 de diciembre, la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC), difundió un balance sobre la peligrosidad del ejercicio periodismo en América Latina en 2010, año en el que treinta y cinco periodistas fueron asesinados en esa región. Según señalaron, 'México (14), Honduras (9) y Colombia (7), son los países con mayor tasa de crímenes y más altos grados de impunidad'. Por cierto, ni bolivarianos, ni comunistas, ni socialistas. Todos ellos con gobiernos de derecha.

Terrorismo malintencionado: El 2 de enero, RNE Radio 5 informa en su noticiero de una bomba en Egipto. Recoge unas declaraciones del presidente del país, Hosni Mubarak, que, según la traducción, dice: 'Se trata de un terrorismo malintencionado, dado que han atacado tanto a cristianos como a musulmanes'. Si solo atacase a los de una religión, ¿no hubiera sido malintencionado?

Banquero detenido: ¿Quién dijo que los tribunales no habían actuado contra ningún banquero después de la crisis financiera a la que nos han llevado? Por El País el 20 de enero sabemos que la policía suiza detuvo el día anterior al ex banquero Rudolf Elmer. Eso sí, ¿su delito?: haber violado el secreto bancario del banco en el que trabajaba como jefe de operaciones en las Islas Caimán al haber entregado a Wikileaks dos cd con datos de clientes que engañaron al fisco de sus países. Y es que los banqueros pueden provocar bancarrotas que requieran la aportación millonaria de dinero público, pero nunca decir los nombres de los que no pagan a Hacienda.

Prohibidos y gratis: El pasado mes de enero el escritor brasileño Paulo Coelho denunciaba que las autoridades iraníes habían prohibido sus libros que, desde hace años, se publicaban con éxito en ese país. Como respuesta el escritor ha puesto gratuitamente en su web a disponibilidad de los internautas sus libros en idioma farsi (persa). De modo que ha sido necesaria la existencia de obstáculos políticos para que se eliminaran los económicos (disponer de dinero para comprar los libros). En el resto de los países tenemos un gobierno que nos permite acceder a los libros del escritor, pero necesitamos el dinero. En Irán ya pueden acceder a los libros sin necesidad de dinero. El derecho impedido por el poder político ha supuesto alcanzar el derecho impedido por el poder económico.

Hezbolá terrorista: El 26 de enero El País comenzaba una noticia así: 'El partido-milicia chií Hezbolá, considerado terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, ya gobierna en Líbano'. Pero no es verdad que Hezbolá esté considerado terrorista por la UE. Basta observar el listado de organizaciones terroristas de la UE publicado por la web de la Guardia Civil para comprobarlo. De hecho Hezbolá, un partido político legal libanés que posee unas milicias, como todos los partidos de ese país, y ostenta desde hace años la presidencia del Parlamento del Líbano. Claro que si las noticias de Beirut (Líbano) las escribe el corresponsal ubicado en Jerusalén (Palestina), que se encuentra a 230 kilómetros se comprende que pasen esas cosas.

Censurar y apagar: Si en plena fase de movilizaciones y protesta, el gobierno de Cuba o Venezuela bloquearan el acceso a internet en todo el país e incluso también los mensajes de texto por el móvil, el término utilizado por la prensa internacional sería, como mínimo, 'censura'. Pero como se trata de Egipto, la BBC tituló el 28 de enero: 'Egipto apaga internet'. Y, por supuesto, las declaraciones recogidas son del tipo 'En una acción sin precedentes en la historia de internet, el gobierno egipcio parece haber ordenado a los proveedores del servicio apagar todas las conexiones internacionales a internet".

Solo un pero: quien se dedica a afear la conducta (profesional) de los demás, debe poner cuidado al airear sus filias y fobias (ideológicas): por muchas veces que lo escriba Serrano, de momento, Jerusalén es la capital de Israel, no de Palestina.

7 feb 2011

La rutina de Estados Unidos


Ayer, el diario argentino Página/12 recogía una breve entrevista de Amy Goodman, la (imprescindible) responsable de Democracy Now!, al (insustituible) intelectual Noam Chomsky, acerca de las revueltas populares en el mundo árabe, en la que "el destacado lingüista analiza la situación en Egipto y asegura que con Mubarak, Washington va a repetir la rutina: lo apoya hasta que la situación es insostenible. Entonces da un giro de 180 grados y dice que siempre estuvo con la gente". Lo que sigue son sus preguntas (de ella) y sus respuestas (de él):

"En las últimas semanas, los levantamientos populares en el mundo árabe lograron la salida del dictador tunecino Zine El Abidine Ben Alí, la inminente caída del régimen de Hosni Mubarak, un nuevo gobierno en Jordania y el compromiso del dictador yemení de dejar el poder cuando termine su mandato. El profesor Noam Chomsky analizó qué significa esto para el futuro de Medio Oriente y la política exterior de Estados Unidos para la región.

-¿Cuál es su análisis de lo que está sucediendo y cómo puede repercutir en Medio Oriente?

-En primer lugar, lo que está pasando es espectacular. El coraje, la determinación y el compromiso de los manifestantes son destacables. Y, pase lo que pase, éstos son momentos que no se van a olvidar y que seguramente van a tener consecuencias a posteriori: abrumaron a la policía, tomaron la plaza Tahrir y se están quedando allí a pesar de los grupos mafiosos de Mubarak. El gobierno organizó esas bandas para tratar de expulsar a los manifestantes o para generar una situación en la que el ejército pueda decir que tuvo que intervenir para restaurar el orden y después, quizás, instalar algún gobierno militar. Es muy difícil predecir lo que va a pasar. Los Estados Unidos están siguiendo su libreto habitual. Ha habido muchas veces en las que un dictador 'cercano' perdió el control o estuvo en peligro de hacerlo. Hay como una rutina estándar: seguir apoyándolo tanto tiempo como se pueda; cuando se vuelva insostenible -especialmente, si el ejército se cambia de bando-, dar un giro de 180 grados y decir que siempre estuvieron del lado de la gente, borrar el pasado y después hacer todas las maniobras necesarias para restaurar el viejo sistema pero con un nuevo nombre. Presumo que eso es lo que está pasando ahora. Están viendo si Mubarak se puede quedar. Si no aguanta, pondrán en práctica el libreto.

-¿Qué opina de la apelación de Obama a que se inicie ya la transición en Egipto?

-Cuidadosamente, Obama no dijo nada. Mubarak también estaría de acuerdo con que debe haber una transición ordenada. Un nuevo gabinete, algunos arreglos menores en el orden constitucional no es nada. Está haciendo lo que los líderes norteamericanos generalmente hacen. Los Estados Unidos tienen un poder abrumador allí. Egipto es el segundo país que más ayuda militar y económica recibe de Washington. Israel está en primer lugar. El mismo Obama se mostró muy a favor de Mubarak. En el famoso discurso en El Cairo, el presidente estadounidense dijo: 'Mubarak es un buen hombre. Ha hecho cosas buenas. Mantuvo la estabilidad. Seguiremos apoyándolo porque es un amigo'. Mubarak es uno de los dictadores más brutales del mundo. No sé cómo después de esto alguien pudo haberse tomado en serio los comentarios de Obama sobre los derechos humanos. Pero el apoyo ha sido muy grande. Los aviones que están sobrevolando la plaza Tahrir son por supuesto estadounidenses. EEUU es el principal sostén del régimen egipcio. No es como en Túnez, donde el principal apoyo era Francia. Los Estados Unidos son los principales culpables en Egipto y también Israel, que junto con Arabia Saudita fueron los que prestaron apoyo al régimen cairota. De hecho, los israelíes estaban furiosos porque Obama no sostuvo más firmemente a su amigo Mubarak.

-¿Qué significan todas estas revueltas en el mundo árabe?

-Este es el levantamiento regional más sorprendente que puedo recordar. A veces, lo comparan con Europa del Este, pero no es contrastable. Nadie sabe a lo que llevarán estos levantamientos. Los problemas por los que los manifestantes protestan son de larga data y no se van a resolver fácilmente. Hay una pobreza tremenda, represión, una falta de democracia y también de desarrollo. Egipto y otros países de la región recién pasaron por el período neoliberal, que trajo crecimiento en los papeles junto con las consecuencias habituales: una alta concentración de la riqueza y de los privilegios, un empobrecimiento y una parálisis de la mayoría de la población. Y eso no se cambia fácilmente.

-¿Cree que hay alguna relación directa entre estos levantamientos y las filtraciones de Wikileaks?

-En realidad, la cuestión es que Wikileaks no nos dijo nada nuevo. Nos dio la confirmación para nuestras razonables conjeturas.

-¿Qué pasará con Jordania?

-En Jordania, recién cambiaron al primer ministro. Fue reemplazado por un ex general que parece ser moderadamente popular, o al menos no es tan odiado por la población. Pero esencialmente no cambió nada".

6 feb 2011

¿Rebelión o revolución?

Fuente | PressEurop

El insigne sociólogo Salvador Giner, autor de un clásico manual de la materia -que me tocó empollarme en mis tiempos de ¿estudiante? universitario- y en la actualidad presidente del Institut d'Estudis Catalans, aborda hoy en El Periódico de Catalunya las presentes revueltas norteafricanas desde su particular punto de vista, más atento al pueblo que a sus mandamases:

"La rebelión ha venido y todos saben cómo ha sido. Unos dicen que las crecientes desigualdades en el norte de África, de Marruecos a Egipto, habrían desencadenado la ira y lo que está ocurriendo a partir de que la inmolación de un muchacho tunecino en diciembre fuera la chispa que provocaría el incendio. Otros, que tiranos como Ben Alí o Hosni Mubarak tenían sus días contados, sumidos como estaban en la corrupción. (¿Cuántos decenios de días contados?) Aun otros, que merced a twitter y a la telefonía móvil se había generado una red no controlada por las viejas policías políticas. Y así sucesivamente. Estas no son explicaciones plenamente satisfactorias.

Los seres humanos soportan a menudo con infinita paciencia regímenes políticos extrema y manifiestamente injustos. La pregunta que hay que hacerse no es la habitual de ¿por qué estalló la rebelión?, sino más bien al revés: ¿cómo es posible que la gente aguante tanto sin rebelarse? Lenin, en uno de los ensayos más lúcidos que se hayan compuesto sobre la rebelión, afirmaba que si el poder tiránico no se desmoraliza y sus aparatos represivos -ejército, policía- no lo abandonan, la revolución es imposible. Mubarak debe de haber leído a Lenin, porque ya ha mandado a sus matones a reprimir manifestantes a tiros.

Hasta hoy no se está produciendo una revolución en esa zona, sino una rebelión desesperada, sobre todo por parte de una masiva población joven sin trabajo, fruto de la explosión demográfica que, de seguir, conseguirá que demasiadas cosas agradables terminen yéndose al garete.

La explosión se ha producido según la ley de todas las rebeliones populares, desde la que condujo más tarde a la revolución francesa hasta la rusa bolchevique y la china maoista del siglo XX. Estallan cuando una corriente de esperanzas y expectativas crecientes -de prosperidad y mejores oportunidades- se estrella contra una realidad que las niega. Esa frustración es lo más peligroso para el tirano de turno. No hay efecto contagio que valga -aun siendo un factor que anime a los desesperados- si no viene empujado por la frustración de una esperanza realista.

El espléndido ejemplo de ansias de libertad, democracia y emancipación popular que estamos presenciando a lo largo de la región del Magreb y hasta el Sinaí podría acabar en solo rebelión y no en revolución. (La excepción de momento es un Marruecos que espera tenso el instante a pesar de todos los alauitas pesares). En la revuelta aún no hay programa, ni ideología, ni auténtica concepción de aquel pluralismo político que es la esencia de la democracia. (La democracia es la presencia legítima de un Gobierno con una oposición tan legítima como él.) Acechan los cuervos en algunos lugares -la Hermandad Musulmana junto al Nilo- mientras que en otros la llegada de un viejo exiliado solo pone una figura venerable y paterna para aplacar angustias, brevemente.

Y no vale reprochar todo a las fuerzas exteriores. Los yanquis echaron mano de Mubarak en Egipto como la habían echado del Sha en Persia o de su agente en Bagdad, Sadam Husein, al que luego atacaron y hundieron en una guerra con pretextos inventados. En ella también estuvimos nosotros por obra y desgracia de gobiernos como los de José María Aznar y Tony Blair. Las fuerzas exteriores apoyan a quienes les conviene, aunque Barack Obama esté prometiendo ahora -y bien está que lo haga- que apoyará transiciones pacíficas a la democracia y regímenes decentes allá donde surjan. Esas fuerzas andan, no lo dudemos, metidas en el baile. Lo que vemos son las declaraciones del presidente Obama o las ambiguas y tímidas de la señora Catherine Ashton en nombre de la Unión Europea. Pero lo que pesan son presiones durísimas, ocultas, para que la ira popular no acabe con los tiranos. Al Yemen ya le han obligado a ejercer el arte de la cosmética política de democrática apariencia. Un futuro y patético Wikileaks demostrará lo que sabemos sin que nos lo digan.

Lo que esas fuerzas no controlan es la dinámica terrible de tendencias como las señaladas: incapacidad política y económica de satisfacer anhelos de libertad y trabajo, estupidez represiva, ansia de permanencia ciega en el poder. Castro -cuánto duele decirlo- es un anciano gruñón como lo fuera Franco. Mubarak les emula. Y no sabe irse, ni fallecer.

Y luego vendrá lo que muchos en esta Europa meridional tendrán que entender. Que nuestra frontera sur, el mar, es ya porosa, puente de constantes migraciones hacia el norte -hacia Italia, Grecia, España, Francia- y que lo será más aún, cuando toda la rebelión de las masas norteafricanas se vaya transformando en la migración en tropel a costas ajenas. Porque si la democracia -y esperemos que les llegue, que no es seguro- es buena para la economía, es decir, para dar trabajo, el desarrollo no es cosa de dos días. La desesperación no se absorbe de la noche a la mañana".

26 ene 2011

El derecho (norteamericano) a todo


"Todos tenemos derecho a absolutamente todo", escribe el reputado corresponsal de guerra especialista en terrorismo global Chris Hedges en Empire of Illusion: The End of Literacy and the Triumph of Spectacle [Imperio de ilusión: el fin de la cultura literaria y el triunfo del espectáculo] "El lenguaje es algo muy obvio", apunta Lesley Docksey en Global Reserach, atemorizada por el poder de la palabra, antes de continuar: "En 'Hollywood and the War Machine' [Hollywood y la máquina bélica] (parte de la serie 'Empire' de AlJazeera TV, diciembre de 2010) hubo un fascinante debate sobre el romance de Hollywood con la guerra y el romance del Pentágono con Hollywood. Hollywood se beneficia al obtener acceso a todo el costoso material militar que necesita para crear imágenes de épicas batallas heroicas. El Pentágono gana porque puede escribir los guiones, reescribir la historia tal como le conviene y utilizar las películas como instrumentos de reclutamiento para sus interminables guerras.

Esta perversa relación fue discutida por los cineastas Oliver Stone y Michael Moore y el periodista Chris Hedges. Hedges sugirió que para muchos estadounidenses la guerra se ha convertido ahora en algo sagrado: el Pentágono actúa como la iglesia y los soldados son sus sacerdotes. No es de extrañar por lo tanto, que exista un apetito de películas que muestran la guerra como una batalla contra el mal, con valerosos héroes estadounidenses que siempre vencen contra las dificultades. Luego dijo lo siguiente: "Creemos que, porque tenemos la capacidad de librar la guerra, tenemos el derecho a librar la guerra". Palabras escalofriantes, palabras que parecen exagerar el caso, excepto que… No cuando se consideran las actitudes de las que hacen gala los cables diplomáticos estadounidenses publicados por WikiLeaks".

"Todos tenemos derecho a absolutamente todo", opina el afamado periodista y escritor norteamericano: un lema que ha calado hondo en el paraíso del liberalismo en que se ha convertido su patria; una tesis que causa tanto dolor como el que pretende combatir, despreciando, de paso, la ética y el Derecho internacional.

Couso: un olvido 'inviable'

Fuente | rtve.es


El país árabe ha accedido, además, a que el magistrado español esté acompañado por el juez iraquí Shibad Ahmed y han dado visado de entrada al país tanto a los cuatro periodistas testigos de la muerte como a los abogados de la acusación, en un viaje que está previsto para los próximos días.

De este modo, Pedraz cuenta con la colaboración de las autoridades iraquíes para saber qué pasó el 8 de abril de 2003 en el Hotel Palestina. Una colaboración que, sin embargo, no le han prestado desde la Fiscalía de la Audiencia Nacional, quienes se opusieron al viaje al considerar que era 'jurídicamente inviable".

Bienvenida sea la noticia, pero mayor, si cabe, debe ser ahora nuestro empeño por poner el acento en las trabas de la justicia española a la investigación sobre la (excepcional) muerte de un ciudadano nacional en una guerra internacional. Conviene, por lo tanto, no olvidar el repaso que Javier Gallego -responsable de 'Carne Cruda' en Radio 3- dio a todos los implicados en el asunto hace unos días desde su blog:

"Hace casi 8 años que mataron en Irak a José Couso. Casi 8 años desde que un carro de combate estadounidense disparase sobre el Hotel Palestina, un hotel lleno de periodistas extranjeros, entre los que estaba Couso, cámara de televisión y fotógrafo que trabajaba para Tele 5. Estaban allí para contar lo que estaba pasando. Lo que años después hemos descubierto: que se mataba a civiles. Lo que descubrimos ya entonces: que también se mataba a esos periodistas que podían contarlo.

Casi 8 años lleva la familia de Couso tratando de que se juzgue a los 3 militares estadounidenses culpables de su muerte, sorteando interminables obstáculos legales. Unos pocos años menos, lleva el juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, tratando de llevar a esos 3 soldados al banquillo. Y enfrentándose también a numerosos obstáculos. El último, lo ha puesto la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Pedraz quiere una autorización para ir a Bagdad a investigar la muerte de Couso en el lugar de los hechos. El fiscal de la Audiencia ha respondido que es 'legalmente inviable'.

Lo que es legalmente inviable es que fuéramos a una guerra que era legalmente inviable, contraria a la legalidad internacional y a la resolución de la organización que la mayoría de países nos hemos dado: la ONU. Era legalmente inviable aquella guerra pero fuimos.

Legalmente inviable es que un gobierno pueda llevar a una guerra a un país que se ha manifestado masivamente en la calle para decirle que está en contra de esa guerra.

Legalmente inviable es que fuéramos a esa masacre llevados por las mentiras de nuestro presidente del gobierno y de los demás gobiernos implicados, Estados Unidos e Inglaterra al frente.

Legalmente inviable es que el presidente que nos mintió, el señor Aznar, no haya pagado de ninguna forma por habernos engañado. Es legalmente inviable pero ahí sigue Aznar tan campante y dando lecciones.

Legalmente inviable es que nos metiera en una guerra en la que han muerto más de 66.000 civiles, un 80% de los muertos. Es legalmente inviable que nadie haya pagado por ello.

Legalmente inviable es que el gobierno de Estados Unidos ocultase la muerte de 15.000 de esos civiles, 5 veces los muertos en el 11-S, como ha desvelado Wikileaks. Legalmente inviable es que tampoco nadie haya pagado por ocultarlos.

Legalmente inviable es que los aliados de nuestro gobierno hayan cometido torturas bestiales y tampoco hayan sido condenados.

Legalmente inviable es que Zapatero nos sacara de la guerra y sacara partido de ello pero no haya hecho todo lo que está en su mano para investigar lo que parece a todas luces un crimen de guerra, como es la muerte de Couso.

Y es legalmente inviable que Zapatero y su gobierno hayan recibido presiones de Estados Unidos para no investigarlo. Como es legalmente inviable que hayan cedido a esas presiones y se hayan pasado la justicia por el forro, como parece por su falta de compromiso en resolver la muerte de un ciudadano español en el ejercicio legalmente viable de su profesión.

Lo que de verdad es legalmente inviable es que la muerte de un periodista español en una guerra legalmente inviable a manos de un ejército que actuó de forma legalmente inviable no se investigue con la excusa de que es legalmente inviable hacerlo.

Eso sí que es legalmente inviable. Que algunos se empeñen en hacer que la justicia sea inviable y que un crimen siga impune. Y no sólo es legalmente inviable. Es humanamente muy indignante".

18 ene 2011

Vargas Llosa, Savater y Wikileaks

Fuente | Tiempo

Arremetía el pasado domingo el Nobel Vargas Llosa contra Wikilieaks y la confusión entre lo privado y lo público reinante en la sociedad contemporánea. Y tenía doble mérito esta última 'piedra de toque' porque una de las dianas de sus dardos era el propio medio que la publicaba, el diario El País, que junto con otro puñado de medios internacionales viene publicando en las últimas semanas la (pen)última filtración de Wikileaks, que en el periódico de Prisa han dado en llamar 'Los papeles del Departamento de Estado [norteamericano]'.

Utilizaba Vargas Llosa como percha para su argumentación un artículo prenavideño que su -y mi- admirado Fernando Savater había publicado en Tiempo. Decía en él el filósofo vasco que "hay dos tipos de transparencia, la de gestión y la de opinión o deliberación. La primera es imprescindible en democracia: queremos saber a qué destinan los gobernantes nuestros impuestos, cómo defienden nuestras garantías y derechos, cuál es la justificación de sus decisiones políticas, etc...; la segunda es una agresión totalitaria contra el buen funcionamiento de las instituciones y la privacidad de las personas, ocupen cargos públicos o sean simples particulares. Confundirlas es parte de la actual imbecilización social, a la que no es ajena la maquinaria espléndida pero a veces devastadora de Internet. Última observación: dejando aparte a Berlusconi, Putin, los hermanos Castro y alguno más, no hay político que me resulte tan sospechoso y tan poco fiable como el señor Julian Assange... y sus partidarios".

Pero el escritor hispanoperuano iba (mucho) más allá: "Ninguna democracia podría funcionar si desapareciera la confidencialidad de las comunicaciones entre funcionarios y autoridades ni tendría consistencia ninguna forma de política en los campos de la diplomacia, la defensa, la seguridad, el orden público y hasta la economía si los procesos que determinan esas políticas fueron expuestos totalmente a la luz pública en todas sus instancias. El resultado de semejante exhibicionismo informativo sería la parálisis de las instituciones y facilitaría a las organizaciones anti democráticas el trabar y anular todas las iniciativas reñidas con sus designios autoritarios. El libertinaje informativo no tiene nada que ver con la libertad de expresión y está más bien en sus antípodas.

Este libertinaje es posible sólo en las sociedades abiertas, no en las que están sometidas a un control policíaco vertical que sanciona con ferocidad todo intento de violentar la censura. No es casual que los 250.000 documentos confidenciales que Wikileaks ha obtenido procedan de infidentes de los Estados Unidos y no de Rusia ni de China. Aunque las intenciones del señor Julian Assange respondan, como se ha dicho, al sueño utópico y anarquista de la transparencia total, a donde pueden conducir más bien sus operaciones para poner fin al 'secreto' es a que, en las sociedades abiertas, surjan corrientes de opinión que, con el argumento de defender la indispensable confidencialidad en el seno de los Estados, propongan frenos y limitaciones a uno de los derechos más importantes de la vida democrática: el de la libre expresión y la crítica.

En una sociedad libre la acción de los gobiernos está fiscalizada por el Congreso, el Poder Judicial, la prensa independiente y de oposición, los partidos políticos, instituciones que, desde luego, tienen todo el derecho del mundo de denunciar los engaños y mentiras a los que a veces recurren ciertas autoridades para encubrir acciones y tráficos ilegales. Pero lo que ha hecho Wikileaks no es nada de esto, sino destruir brutalmente la privacidad de las comunicaciones en las que los diplomáticos y agregados informan a sus superiores sobre las intimidades políticas, económicas, culturales y sociales de los países donde sirven. Gran parte de ese material está conformado por datos y comentarios cuya difusión, aunque no tenga mayor trascendencia, sí crea situaciones enormemente delicadas a aquellos funcionarios y provoca susceptibilidades, rencores y resentimientos que sólo sirven para dañar las relaciones entre países aliados y desprestigiar a sus gobiernos. No se trata, pues, de combatir una 'mentira', sino, en efecto, de satisfacer esa curiosidad morbosa y malsana de la civilización del espectáculo, que es la de nuestro tiempo, donde el periodismo (como la cultura en general) parece desarrollarse guiado por el designio único de entretener. El señor Julian Assange más que un gran luchador libertario es un exitoso entertainer o animador, el Oprah Winfrey de la información.

Si no existiera, nuestro tiempo lo hubiera creado tarde o temprano, porque este personaje es el símbolo emblemático de una cultura donde el valor supremo de la información ha pasado a ser la de divertir a un público frívolo y superficial, ávido de escándalos que escarban en la intimidad de los famosos, muestran sus debilidades y enredos y los convierten en los bufones de la gran farsa que es la vida pública. Aunque, tal vez, hablar de 'vida pública' sea ya inexacto, pues, para que ella exista debería existir también su contrapartida, la 'vida privada', algo que prácticamente ha ido desapareciendo hasta quedar convertido en un concepto vacío y fuera de uso.

¿Qué es lo privado en nuestros días? Una de las involuntarias consecuencias de la revolución informática es haber volatilizado las fronteras que lo separaban de lo público y haber confundido a ambos en una representación en la que todos somos a la vez espectadores y actores, en la que recíprocamente nos lucimos exhibiendo nuestra vida privada y nos divertimos observando la ajena en un strip tease generalizado en el que nada ha quedado ya a salvo de la morbosa curiosidad de un público depravado por la frivolidad.

La desaparición de lo privado, el que nadie respete la intimidad ajena, el que ella se haya convertido en un espectáculo que excita el interés general y haya una industria informativa que alimente sin tregua y sin límites ese voyerismo universal es una manifestación de barbarie. Pues con la desaparición del dominio de lo privado muchas de las mejores creaciones y funciones de lo humano se deterioran y envilecen, empezando por todo aquello que está subordinado al cuidado de ciertas formas, como el erotismo, el amor, la amistad, el pudor, las maneras, la creación artística, lo sagrado y la moral".

Un nuevo alarde neoconservador, sin duda, de alguien que en su izquierdista juventud hubiera aplaudido lo que hoy denuncia; algo que no anula, sin embargo, la carga de razón que impregna su impecable argumentación y que, mal que le pese, debería hacer reflexionar a la progresía más recalcitrante.

El fuego de la Guerra Fría


Ayer se cumplió medio siglo de uno de los más desgraciados sucesos que jalonan la gloriosa Historia del siglo XX, la época en la que aún no se habían inventado continentes como Wikileaks, pero en la que los contenidos re las relaciones internacionales eran parecidos a las aberraciones contemporáneas. Así lo recordaba Josep Fontana en Público:

"Hoy se cumplen 50 años de uno de los peores crímenes de la Guerra Fría: el asesinato de Patrice Lumumba, que no significó tan sólo la muerte del jefe de un Gobierno democráticamente elegido, sino también el fin de la posibilidad de que el Congo se desarrollase como una nación independiente. La iniciativa del asesinato del único de los dirigentes congoleños que pudo haber llevado a la práctica un proyecto de construcción nacional surgió de Eisenhower y de Foster Dulles, que compartían el temor que les producía la imprevisible evolución de 'la gran masa de la humanidad, que no es blanca ni europea'.

Lumumba viajó a Washington y se entrevistó con el secretario de Estado, Christian Herter, para pedir ayuda, en especial los medios de transporte que necesitaba para asegurar el control del país.

Eisenhower, que se mantuvo lejos de la capital durante su visita, se limitó a preguntar al National Security Council 'si podemos librarnos de este tipo', con lo cual puso en marcha el proceso que llevó a su asesinato. Ello sucedía tres días antes de que Lumumba, forzado por la negativa de Estados Unidos, pidiese medios de transporte a los soviéticos, que le proporcionaron 100 camiones y 15 aviones de transporte, lo que Eisenhower calificó como una 'invasión soviética'.

El 26 de agosto de 1960 el director de la CIA, Allen Dulles, enviaba un telegrama al jefe de la delegación de la 'compañía' en el Congo, Lawrence Devlin, para decirle que la caída de Lumumba era un objetivo prioritario e inmediato. Pocos días más tarde el presidente Kasa-Vubu, tras haber consultado el plan con el embajador norteamericano y con el representante de las Naciones Unidas, destituyó a Lumumba, pese a que su partido tenía la mayoría en el Parlamento. Mientras los diplomáticos africanos trataban de mediar en la crisis, el jefe del ejército, Mobutu, dio un golpe de fuerza, con el apoyo de Devlin, y confinó a Lumumba. Pero su encarcelamiento no les bastaba ni a la CIA ni al Gobierno belga, cuyo ministro para África envió el 6 de octubre un telegrama pidiendo su 'eliminación definitiva'.

Para liquidar el asunto se le envió con dos de sus colaboradores a Katanga, donde fueron torturados hasta convertirlos en despojos humanos. El 17 de enero de 1961 los sacaron de noche al bosque, los ataron a los árboles y los fusilaron, tras lo cual se cuidó de destruir los cadáveres para que no quedase ni rastro de ellos.

El país fue entregado poco después al Gobierno de Joseph-Desiré Mobutu, que lo presidió de 1965 a 1997, durante 32 años de un régimen cleptocrático que sobrepasó todos los ejemplos de corrupción conocidos en la historia, protegido militarmente por Estados Unidos y por Francia y con el apoyo económico del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Que en 1989, cuando no podía caber duda alguna del desastre a que había llevado a su país, fuese todavía recibido en la Casa Blanca como un campeón de la libertad es una muestra de la desvergüenza que inspiró la política de la Guerra Fría.

Cuando se vio forzado a exiliarse, Mobutu dejó tras de sí un país desarticulado, que se vio casi de inmediato envuelto en lo que Gérard Prunier ha calificado como 'la guerra mundial de África', un conflicto que ha causado hasta hoy más de cinco millones de muertos, la mayoría de ellos entre la población civil: una guerra que se mantiene latente y de la que no se suele hablar demasiado para no estorbar las actividades que se benefician de ella, en especial las que se refieren a la extracción de las riquezas naturales del país, como el coltan, indispensable para la fabricación de teléfonos móviles y consolas de videojuegos.

El Congo, dice un informe de Global Witness publicado en diciembre de 2009, 'ha sido considerado desde fuera como un depósito de una gran riqueza de recursos naturales, con el pueblo congoleño como la fuerza de trabajo destinada a extraerla'. Está claro que la inexistencia de un Estado organizado es una condición que favorece este expolio, lo cual ayuda a explicar que siga siendo en la actualidad un país desestructurado, sin una administración centralizada (las compañías mineras pagan sobornos a los funcionarios, en lugar de abonar impuestos a la Hacienda pública), sometido a los desmanes de un ejército que el Gobierno no paga, y que está por ello condenado a vivir del saqueo.

En marzo de 2009, Jeffrey Herbst y Greg Mills publicaron en Foreign Policy un artículo en el que sostenían que 'la comunidad internacional debe reconocer un hecho tan simple como brutal: la República Democrática del Congo no existe'. Una afirmación que sirve, por una parte, para ratificar cuáles han sido los resultados de un proceso que se inició hace 50 años con el asesinato de Lumumba, pero que tiene, por otra, la virtud de descubrirnos que los objetivos que condujeron a aquel crimen siguen vigentes, porque está claro que la balcanización del Congo facilita la continuidad del saqueo de sus recursos naturales, extraídos frecuentemente con trabajo esclavo.

Quienes siguen creyendo que la Guerra Fría fue un enfrentamiento entre las fuerzas del totalitarismo y las de la democracia tienen en el asesinato del Congo un motivo para reflexionar. Y para desconfiar, de paso, de los móviles que justifican hoy otros planteamientos políticos y otros conflictos de naturaleza semejante".