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9 feb 2011

Sacrificar dictadores para salvar al Estado


James Petras, ilustre sociólogo especializado en el imperialismo estadounidense y los conflictos internacionales que de él se derivan, contextualiza la actual política de Obama respecto de la revuelta popular egipcia echando mano de los antecedentes históricos de la estrategia yanqui y extrayendo de ellos las lecciones del pasado que el presidente norteamericano no olvida a la hora de tomar sus decisiones. Ahí va, sin desperdicio:

"Para entender la política del régimen de Obama hacia Egipto, hacia la dictadura de Mubarak y hacia el levantamiento popular es esencial situarlo en un contexto histórico. El punto esencial es que Washington, tras varias décadas de estar profundamente arraigado en las estructuras estatales de las dictaduras árabes, desde Túnez a Marruecos, Egipto, Yemen, Líbano, Arabia Saudí y la Autoridad Palestina, está tratando de reorientar su política para incorporar y/o insertar políticos liberales electos en las configuraciones de poder existentes.

Aunque la mayoría de comentaristas y periodistas vierten toneladas de tinta sobre los 'dilemas' del poder de Estados Unidos, sobre lo novedoso de los acontecimientos de Egipto y los diarios pronunciamientos políticos de Washington, existen abundantes precedentes históricos que resultan esenciales para entender la dirección estratégica de la política de Obama.

La política exterior de Estados Unidos cuenta con un extenso historial de instalar, financiar, armar y apoyar regímenes dictatoriales que respaldan sus políticas e intereses imperiales, siempre que mantengan el control sobre sus pueblos.

En el pasado, presidentes republicanos y demócratas trabajaron estrechamente durante más de 30 años con la dictadura de Trujillo en la República Dominicana; instalaron el régimen autocrático de Diem en el Vietnam pre-revolucionario en la década de 1950; colaboraron con dos generaciones de los regímenes de terror de la familia Somoza en Nicaragua; financiaron y promovieron el golpe de Estado militar en Cuba en 1952, en Brasil en 1964, en Chile en 1973, y en Argentina en 1976, así como sus posteriores regímenes represivos. Cuando los levantamientos populares desafiaron esas dictaduras respaldadas por Estados Unidos y parecía probable que triunfara una revolución social y política, Washington respondió con una política de tres vías: criticar públicamente las violaciones de los derechos humanos y abogar por reformas democráticas; indicar de manera privada el mantenimiento del apoyo al gobernante; y en tercer lugar, buscar una élite alternativa que pudiera substituir a quien estaba en el cargo conservando el aparato del Estado, el sistema económico y el apoyo a los intereses estratégicos imperiales estadounidenses.

Para Estados Unidos no hay relaciones estratégicas sólo intereses imperiales permanentes: preservar el Estado cliente. Las dictaduras asumen que sus relaciones con Washington son estratégicas, de ahí su sorpresa y su consternación cuando se sacrifican para salvar el aparato del Estado. Ante el temor de la revolución, Washington tuvo clientes déspotas reticentes a marcharse asesinados (Trujillo y Diem). A algunos se les proporcionan refugios en el extranjero (Somoza, Batista), a otros se les presiona para que compartan el poder (Pinochet) o se les nombra profesores visitantes en Harvard, Georgetown o en algún otro puesto académico 'de prestigio'.

El cálculo de Washington sobre cuándo remodelar el régimen se basa en una estimación de la capacidad del dictador para enfrentarse a la rebelión política, de la fuerza y la lealtad de las fuerzas armadas y de la existencia de un sustituto maleable. El riesgo de esperar demasiado tiempo, de quedarse con el dictador, es que el levantamiento se radicalice: el cambio subsiguiente barre tanto al régimen como al aparato estatal, convirtiendo una revuelta política en una revolución social. Justo un 'error de cálculo' de ese tipo se produjo en 1959 en el período previo a la revolución cubana, cuando Washington se mantuvo al lado de Batista y no fue capaz de presentar una coalición alternativa pro estadounidense viable y vinculada al viejo aparato estatal. Un error de cálculo similar ocurrió en Nicaragua cuando el presidente Carter, al tiempo que criticaba a Somoza, aguantó y se mantuvo pasivo mientras se derrocaba al régimen y las fuerzas revolucionarias destruían al ejército, a la policía secreta y al aparato de inteligencia, entrenados por Estados Unidos e Israel, y pasó a nacionalizar las propiedades estadounidenses y a desarrollar una política exterior independiente.

Washington se movió con mayor iniciativa en Latinoamérica en la década de 1980. Promovió transiciones electorales negociadas que sustituyeron a los dictadores por manejables políticos neoliberales electos, quienes se comprometieron a preservar el aparato estatal existente, a defender a las élites extranjeras y locales, y a respaldar la política regional e internacional de Estados Unidos.

Obama ha sido extremadamente reticente a derrocar a Mubarak por varias razones, aun cuando el movimiento crece en número y se profundiza el sentimiento anti-Washington. La Casa Blanca tiene muchos clientes en todo el mundo -entre ellos Honduras, México, Indonesia, Jordania y Argelia- que creen tener una relación estratégica con Washington y quienes perderían confianza en su futuro si Mubarak fuera abandonado.

En segundo lugar, las influyentes organizaciones pro-israelíes de Estados Unidos (AIPAC, los presidentes de las principales organizaciones judías estadounidenses) y su ejército de escribas han movilizado a los líderes del Congreso para que presionen a la Casa Blanca con que siga apostando por Mubarak ya que es Israel el principal beneficiario de un dictador atragantado para los egipcios (y los palestinos) pero a los pies del Estado judío.

Como resultado, el régimen de Obama se ha movido lentamente; con miedo y bajo la presión del creciente movimiento popular egipcio, busca una fórmula política alternativa que elimine a Mubarak, mantenga y fortalezca el poder político del aparato estatal, e incorpore una alternativa electoral civil como medio de desmovilizar y desradicalizar el vasto movimiento popular.

El principal obstáculo para derrocar a Mubarak es que un sector importante del aparato del Estado, especialmente los 325.000 miembros de la Fuerzas de Seguridad Central y los 60.000 de la Guardia Nacional, se encuentran directamente bajo el mando del Ministerio del Interior y de Mubarak. En segundo lugar, los generales del Ejército (468.500 miembros) han reforzado a Mubarak durante 30 años y se han enriquecido gracias a su control sobre las muy lucrativas empresas de una amplia gama de sectores. No apoyarán ninguna 'coalición' civil que ponga en cuestión sus privilegios económicos y su poder para establecer los parámetros políticos de cualquier sistema electoral. El comandante supremo de las fuerzas armadas de Egipto es cliente de Estados Unidos desde hace mucho tiempo y un servicial colaborador de Israel.

Obama está decididamente a favor de colaborar con y garantizar la preservación de estas instancias coercitivas. Pero necesita asimismo convencerles de la substitución de Mubarak y de que permitan un nuevo régimen que pueda desactivar el movimiento de masas cada vez más opuesto a la hegemonía estadounidense y a la sumisión a Israel. Obama hará todo lo necesario para mantener la cohesión del Estado y evitar divisiones que puedan conducir a un movimiento de masas -la alianza de los soldados que podría convertir la revuelta en una revolución.

Washington ha abierto conversaciones con los sectores liberales e islamistas más conservadores del movimiento anti-Mubarak. Al principio trató de convencerlos de que negociasen con Mubarak -un callejón sin salida que fue rechazado por todos los sectores de la oposición de arriba a abajo. A continuación, Obama trató de vender una falsa 'promesa' de Mubarak: que no participaría en las elecciones dentro de nueve meses.

El movimiento y sus dirigentes rechazaron esa propuesta también. Así que Obama lanzó la retórica de 'cambios inmediatos' pero sin ninguna medida de fondo que la respaldara. Para convencer a Obama de su mantenido poder entre las bases, Mubarak envió al lumpen matón de su policía secreta a que se apoderase violentamente de las calles del movimiento. Una prueba de fuerza: el Ejército no hizo nada; el asalto hizo subir la apuesta de una guerra civil de consecuencias radicales. Washington y la UE presionaron al régimen de Mubarak para que echara marcha atrás -por ahora. Pero la imagen de un ejército favorable a la democracia se vio empañada por los muertos y por miles de heridos.

A medida que la presión del movimiento se intensifica, Obama está presionado por el lobby israelí favorable a Mubarak y su comitiva del Congreso, por una parte, y por otra, por asesores con conocimientos que le piden que siga las prácticas del pasado y avance de forma decidida sacrificando al régimen para salvar al Estado ahora que la opción electoral de liberales-islamistas sigue estando aún sobre la mesa.

Pero Obama duda, y cual precavido crustáceo, se mueve hacia los lados y hacia atrás, creyendo que su propia retórica grandilocuente es un sustituto de la acción... con la esperanza de que tarde o temprano, el levantamiento acabará en mubarakismo sin Mubarak: un régimen capaz de desmovilizar a los movimientos populares y dispuesto a promover elecciones que den lugar a representantes elegidos que sigan la línea general de sus predecesores.

Sin embargo, hay muchas incertidumbres en una remodelación política: una ciudadanía democrática, el 83% desfavorable a Washington, poseerá la experiencia de la lucha y la libertad para exigir un reajuste político, especialmente, dejar de ser el policía que hace cumplir el bloqueo israelí sobre Gaza, y prestar apoyo a los títeres de Estados Unidos en el Norte de África, en Líbano, Yemen, Jordania y Arabia Saudí. En segundo lugar, las elecciones libres abrirán el debate y aumentarán la presión para un mayor gasto social, para la expropiación del imperio de setenta mil millones de dólares del clan Mubarak y de sus compinches capitalistas que saquean la economía. Las masas exigirán la redistribución del gasto público del exagerado aparato represivo al empleo productivo que genere puestos de trabajo. Una apertura política limitada puede conducir a un segundo asalto en el que nuevos conflictos sociales y políticos dividan a las fuerzas anti-Mubarak, un conflicto entre los defensores de la democracia social y los partidarios del electoralismo elitista neoliberal. El momento de la lucha contra la dictadura es sólo la primera fase de una lucha prolongada hacia la emancipación definitiva no sólo en Egipto sino en todo el mundo árabe. El resultado depende del grado en que las masas desarrollen su propia organización independiente y a sus líderes".

8 feb 2011

Perlas informativas (y una china) de enero


Pascual Serrano publica una nueva entrega de sus ya clásicas 'perlas informativas', esta vez correspondientes al mes de enero de 2011, de cuyo collar entresacamos algunas piezas:

"Periodistas asesinados: No dejamos de escuchar en los medios de la derecha que los gobiernos progresistas latinoamericanos están atentando constantemente contra la libertad de expresión y los periodistas. Pues bien, el 28 de diciembre, la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC), difundió un balance sobre la peligrosidad del ejercicio periodismo en América Latina en 2010, año en el que treinta y cinco periodistas fueron asesinados en esa región. Según señalaron, 'México (14), Honduras (9) y Colombia (7), son los países con mayor tasa de crímenes y más altos grados de impunidad'. Por cierto, ni bolivarianos, ni comunistas, ni socialistas. Todos ellos con gobiernos de derecha.

Terrorismo malintencionado: El 2 de enero, RNE Radio 5 informa en su noticiero de una bomba en Egipto. Recoge unas declaraciones del presidente del país, Hosni Mubarak, que, según la traducción, dice: 'Se trata de un terrorismo malintencionado, dado que han atacado tanto a cristianos como a musulmanes'. Si solo atacase a los de una religión, ¿no hubiera sido malintencionado?

Banquero detenido: ¿Quién dijo que los tribunales no habían actuado contra ningún banquero después de la crisis financiera a la que nos han llevado? Por El País el 20 de enero sabemos que la policía suiza detuvo el día anterior al ex banquero Rudolf Elmer. Eso sí, ¿su delito?: haber violado el secreto bancario del banco en el que trabajaba como jefe de operaciones en las Islas Caimán al haber entregado a Wikileaks dos cd con datos de clientes que engañaron al fisco de sus países. Y es que los banqueros pueden provocar bancarrotas que requieran la aportación millonaria de dinero público, pero nunca decir los nombres de los que no pagan a Hacienda.

Prohibidos y gratis: El pasado mes de enero el escritor brasileño Paulo Coelho denunciaba que las autoridades iraníes habían prohibido sus libros que, desde hace años, se publicaban con éxito en ese país. Como respuesta el escritor ha puesto gratuitamente en su web a disponibilidad de los internautas sus libros en idioma farsi (persa). De modo que ha sido necesaria la existencia de obstáculos políticos para que se eliminaran los económicos (disponer de dinero para comprar los libros). En el resto de los países tenemos un gobierno que nos permite acceder a los libros del escritor, pero necesitamos el dinero. En Irán ya pueden acceder a los libros sin necesidad de dinero. El derecho impedido por el poder político ha supuesto alcanzar el derecho impedido por el poder económico.

Hezbolá terrorista: El 26 de enero El País comenzaba una noticia así: 'El partido-milicia chií Hezbolá, considerado terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, ya gobierna en Líbano'. Pero no es verdad que Hezbolá esté considerado terrorista por la UE. Basta observar el listado de organizaciones terroristas de la UE publicado por la web de la Guardia Civil para comprobarlo. De hecho Hezbolá, un partido político legal libanés que posee unas milicias, como todos los partidos de ese país, y ostenta desde hace años la presidencia del Parlamento del Líbano. Claro que si las noticias de Beirut (Líbano) las escribe el corresponsal ubicado en Jerusalén (Palestina), que se encuentra a 230 kilómetros se comprende que pasen esas cosas.

Censurar y apagar: Si en plena fase de movilizaciones y protesta, el gobierno de Cuba o Venezuela bloquearan el acceso a internet en todo el país e incluso también los mensajes de texto por el móvil, el término utilizado por la prensa internacional sería, como mínimo, 'censura'. Pero como se trata de Egipto, la BBC tituló el 28 de enero: 'Egipto apaga internet'. Y, por supuesto, las declaraciones recogidas son del tipo 'En una acción sin precedentes en la historia de internet, el gobierno egipcio parece haber ordenado a los proveedores del servicio apagar todas las conexiones internacionales a internet".

Solo un pero: quien se dedica a afear la conducta (profesional) de los demás, debe poner cuidado al airear sus filias y fobias (ideológicas): por muchas veces que lo escriba Serrano, de momento, Jerusalén es la capital de Israel, no de Palestina.

7 feb 2011

La rutina de Estados Unidos


Ayer, el diario argentino Página/12 recogía una breve entrevista de Amy Goodman, la (imprescindible) responsable de Democracy Now!, al (insustituible) intelectual Noam Chomsky, acerca de las revueltas populares en el mundo árabe, en la que "el destacado lingüista analiza la situación en Egipto y asegura que con Mubarak, Washington va a repetir la rutina: lo apoya hasta que la situación es insostenible. Entonces da un giro de 180 grados y dice que siempre estuvo con la gente". Lo que sigue son sus preguntas (de ella) y sus respuestas (de él):

"En las últimas semanas, los levantamientos populares en el mundo árabe lograron la salida del dictador tunecino Zine El Abidine Ben Alí, la inminente caída del régimen de Hosni Mubarak, un nuevo gobierno en Jordania y el compromiso del dictador yemení de dejar el poder cuando termine su mandato. El profesor Noam Chomsky analizó qué significa esto para el futuro de Medio Oriente y la política exterior de Estados Unidos para la región.

-¿Cuál es su análisis de lo que está sucediendo y cómo puede repercutir en Medio Oriente?

-En primer lugar, lo que está pasando es espectacular. El coraje, la determinación y el compromiso de los manifestantes son destacables. Y, pase lo que pase, éstos son momentos que no se van a olvidar y que seguramente van a tener consecuencias a posteriori: abrumaron a la policía, tomaron la plaza Tahrir y se están quedando allí a pesar de los grupos mafiosos de Mubarak. El gobierno organizó esas bandas para tratar de expulsar a los manifestantes o para generar una situación en la que el ejército pueda decir que tuvo que intervenir para restaurar el orden y después, quizás, instalar algún gobierno militar. Es muy difícil predecir lo que va a pasar. Los Estados Unidos están siguiendo su libreto habitual. Ha habido muchas veces en las que un dictador 'cercano' perdió el control o estuvo en peligro de hacerlo. Hay como una rutina estándar: seguir apoyándolo tanto tiempo como se pueda; cuando se vuelva insostenible -especialmente, si el ejército se cambia de bando-, dar un giro de 180 grados y decir que siempre estuvieron del lado de la gente, borrar el pasado y después hacer todas las maniobras necesarias para restaurar el viejo sistema pero con un nuevo nombre. Presumo que eso es lo que está pasando ahora. Están viendo si Mubarak se puede quedar. Si no aguanta, pondrán en práctica el libreto.

-¿Qué opina de la apelación de Obama a que se inicie ya la transición en Egipto?

-Cuidadosamente, Obama no dijo nada. Mubarak también estaría de acuerdo con que debe haber una transición ordenada. Un nuevo gabinete, algunos arreglos menores en el orden constitucional no es nada. Está haciendo lo que los líderes norteamericanos generalmente hacen. Los Estados Unidos tienen un poder abrumador allí. Egipto es el segundo país que más ayuda militar y económica recibe de Washington. Israel está en primer lugar. El mismo Obama se mostró muy a favor de Mubarak. En el famoso discurso en El Cairo, el presidente estadounidense dijo: 'Mubarak es un buen hombre. Ha hecho cosas buenas. Mantuvo la estabilidad. Seguiremos apoyándolo porque es un amigo'. Mubarak es uno de los dictadores más brutales del mundo. No sé cómo después de esto alguien pudo haberse tomado en serio los comentarios de Obama sobre los derechos humanos. Pero el apoyo ha sido muy grande. Los aviones que están sobrevolando la plaza Tahrir son por supuesto estadounidenses. EEUU es el principal sostén del régimen egipcio. No es como en Túnez, donde el principal apoyo era Francia. Los Estados Unidos son los principales culpables en Egipto y también Israel, que junto con Arabia Saudita fueron los que prestaron apoyo al régimen cairota. De hecho, los israelíes estaban furiosos porque Obama no sostuvo más firmemente a su amigo Mubarak.

-¿Qué significan todas estas revueltas en el mundo árabe?

-Este es el levantamiento regional más sorprendente que puedo recordar. A veces, lo comparan con Europa del Este, pero no es contrastable. Nadie sabe a lo que llevarán estos levantamientos. Los problemas por los que los manifestantes protestan son de larga data y no se van a resolver fácilmente. Hay una pobreza tremenda, represión, una falta de democracia y también de desarrollo. Egipto y otros países de la región recién pasaron por el período neoliberal, que trajo crecimiento en los papeles junto con las consecuencias habituales: una alta concentración de la riqueza y de los privilegios, un empobrecimiento y una parálisis de la mayoría de la población. Y eso no se cambia fácilmente.

-¿Cree que hay alguna relación directa entre estos levantamientos y las filtraciones de Wikileaks?

-En realidad, la cuestión es que Wikileaks no nos dijo nada nuevo. Nos dio la confirmación para nuestras razonables conjeturas.

-¿Qué pasará con Jordania?

-En Jordania, recién cambiaron al primer ministro. Fue reemplazado por un ex general que parece ser moderadamente popular, o al menos no es tan odiado por la población. Pero esencialmente no cambió nada".

6 feb 2011

¿Rebelión o revolución?

Fuente | PressEurop

El insigne sociólogo Salvador Giner, autor de un clásico manual de la materia -que me tocó empollarme en mis tiempos de ¿estudiante? universitario- y en la actualidad presidente del Institut d'Estudis Catalans, aborda hoy en El Periódico de Catalunya las presentes revueltas norteafricanas desde su particular punto de vista, más atento al pueblo que a sus mandamases:

"La rebelión ha venido y todos saben cómo ha sido. Unos dicen que las crecientes desigualdades en el norte de África, de Marruecos a Egipto, habrían desencadenado la ira y lo que está ocurriendo a partir de que la inmolación de un muchacho tunecino en diciembre fuera la chispa que provocaría el incendio. Otros, que tiranos como Ben Alí o Hosni Mubarak tenían sus días contados, sumidos como estaban en la corrupción. (¿Cuántos decenios de días contados?) Aun otros, que merced a twitter y a la telefonía móvil se había generado una red no controlada por las viejas policías políticas. Y así sucesivamente. Estas no son explicaciones plenamente satisfactorias.

Los seres humanos soportan a menudo con infinita paciencia regímenes políticos extrema y manifiestamente injustos. La pregunta que hay que hacerse no es la habitual de ¿por qué estalló la rebelión?, sino más bien al revés: ¿cómo es posible que la gente aguante tanto sin rebelarse? Lenin, en uno de los ensayos más lúcidos que se hayan compuesto sobre la rebelión, afirmaba que si el poder tiránico no se desmoraliza y sus aparatos represivos -ejército, policía- no lo abandonan, la revolución es imposible. Mubarak debe de haber leído a Lenin, porque ya ha mandado a sus matones a reprimir manifestantes a tiros.

Hasta hoy no se está produciendo una revolución en esa zona, sino una rebelión desesperada, sobre todo por parte de una masiva población joven sin trabajo, fruto de la explosión demográfica que, de seguir, conseguirá que demasiadas cosas agradables terminen yéndose al garete.

La explosión se ha producido según la ley de todas las rebeliones populares, desde la que condujo más tarde a la revolución francesa hasta la rusa bolchevique y la china maoista del siglo XX. Estallan cuando una corriente de esperanzas y expectativas crecientes -de prosperidad y mejores oportunidades- se estrella contra una realidad que las niega. Esa frustración es lo más peligroso para el tirano de turno. No hay efecto contagio que valga -aun siendo un factor que anime a los desesperados- si no viene empujado por la frustración de una esperanza realista.

El espléndido ejemplo de ansias de libertad, democracia y emancipación popular que estamos presenciando a lo largo de la región del Magreb y hasta el Sinaí podría acabar en solo rebelión y no en revolución. (La excepción de momento es un Marruecos que espera tenso el instante a pesar de todos los alauitas pesares). En la revuelta aún no hay programa, ni ideología, ni auténtica concepción de aquel pluralismo político que es la esencia de la democracia. (La democracia es la presencia legítima de un Gobierno con una oposición tan legítima como él.) Acechan los cuervos en algunos lugares -la Hermandad Musulmana junto al Nilo- mientras que en otros la llegada de un viejo exiliado solo pone una figura venerable y paterna para aplacar angustias, brevemente.

Y no vale reprochar todo a las fuerzas exteriores. Los yanquis echaron mano de Mubarak en Egipto como la habían echado del Sha en Persia o de su agente en Bagdad, Sadam Husein, al que luego atacaron y hundieron en una guerra con pretextos inventados. En ella también estuvimos nosotros por obra y desgracia de gobiernos como los de José María Aznar y Tony Blair. Las fuerzas exteriores apoyan a quienes les conviene, aunque Barack Obama esté prometiendo ahora -y bien está que lo haga- que apoyará transiciones pacíficas a la democracia y regímenes decentes allá donde surjan. Esas fuerzas andan, no lo dudemos, metidas en el baile. Lo que vemos son las declaraciones del presidente Obama o las ambiguas y tímidas de la señora Catherine Ashton en nombre de la Unión Europea. Pero lo que pesan son presiones durísimas, ocultas, para que la ira popular no acabe con los tiranos. Al Yemen ya le han obligado a ejercer el arte de la cosmética política de democrática apariencia. Un futuro y patético Wikileaks demostrará lo que sabemos sin que nos lo digan.

Lo que esas fuerzas no controlan es la dinámica terrible de tendencias como las señaladas: incapacidad política y económica de satisfacer anhelos de libertad y trabajo, estupidez represiva, ansia de permanencia ciega en el poder. Castro -cuánto duele decirlo- es un anciano gruñón como lo fuera Franco. Mubarak les emula. Y no sabe irse, ni fallecer.

Y luego vendrá lo que muchos en esta Europa meridional tendrán que entender. Que nuestra frontera sur, el mar, es ya porosa, puente de constantes migraciones hacia el norte -hacia Italia, Grecia, España, Francia- y que lo será más aún, cuando toda la rebelión de las masas norteafricanas se vaya transformando en la migración en tropel a costas ajenas. Porque si la democracia -y esperemos que les llegue, que no es seguro- es buena para la economía, es decir, para dar trabajo, el desarrollo no es cosa de dos días. La desesperación no se absorbe de la noche a la mañana".

3 feb 2011

'La Gaceta': el enemigo en casa

La Gaceta | 3 de enero de 2011
Fuente | kiosko.net

Portada de las que hacen época en La Gaceta de hoy: todo por la patria, pero sin la patria; que la intereconomía tira más que la intraeconomía. Te dejo con el relato que hace del acontecimiento periodístico José María Izquierdo, que le tiene cogido el punto a las hazañas del diario de (la) derecha:

"¿Y La Gaceta? ¿Dice algo tan peculiar papelín? Claro que lo dice. Alto, pero no tan claro. Se lo transcribo y se lo muestro aquí cerquita: Cuatro viñetas como antetítulos: 'Líder de desempleo en la UE'; 'Jubilados sin pensiones y pensionistas sin futuro'; 'Una foto del pacto social que retrata a los sindicatos', y 'Un Ministerio del Interior que avisa a ETA de sus redadas'. Y titula así, en versión original con subtítulos: 'Frau Merkel, lassen sie sich von Zapatero nichts vormachen'. Que viene a decir 'Señora Merkel, que Zapatero no la engañe'. ¿Suficiente? Nanay del Carabay, que nos faltan dos sumarios, que hoy no acabamos nunca: 'La canciller alemana viaja a España para 'supervisar' sus órdenes en política económica', y 'Los socialistas esperan un 'aprobado raspado' a las reformas'. ¿Verdad que viven sin vivir en ustedes, desconociendo como desconocen, hasta que a continuación se lo desvele este su sacrificado bloguero, lo que escribe al efecto Carlos Dávila en su parte de guerra? Les quiero ver en posición de firmes, que llama el cornetín: 'Podría haber elegido otro día. La España que hoy ve Merkel está marcada por dos acontecimientos. El bochorno general ante el conocimiento de que nada menos que el jefe de la Seguridad Nacional esté implicado en un chivatazo a ETA, y el horror del país ante la nueva sangría del paro. Y a todo esto, a Zapatero le da igual: va a retratarse con los paniaguados agentes sociales y, según sus fieles, le va a decir a la canciller alemana que asuma el liderazgo de Europa. Este tío es un cachondo. Si tuviera la más mínima dignidad ante dos escándalos como los enunciados se habría vuelto a su casa, pero no: está, como Mubarak, pegado al sillón del poder. Yo no sé qué hace falta para que esta Nación maltratada plante cara a este personaje, pero sí sé algo: un año más meneando su gen destructivo y esto terminará como un erial".

Miedo, como siempre. Uno de los más recalcitrantes 'cornetas del apocalipsis' llama a la revolución pero olvida -o no- que, a diferencia de lo que ocurre con las dictaduras del mundo árabe, en España vivimos en democracia, por lo que, para acabar con un gobierno, hay dos vías: las elecciones o el golpe de estado. ¿Solo a mí me parece que el ínclito Dávila plantea lo segundo?

2 feb 2011

En manos de 'hijos de puta'

Fuente | twitpic

El amigo Nacho Escolar se ha puesto hoy estupendo parafraseando a Roosevelt, viendo hijos de puta por todas partes:

"La Internacional Socialista acaba de expulsar al PND, el partido de Hosni Mubarak, porque 'incumple los valores de la socialdemocracia'. Se dieron cuenta justo ayer. Hace dos semanas, también descubrieron que el partido de Ben Ali en Túnez, el RCD, tampoco reflejaba 'los principios que definen a esta organización'. Lo expulsaron tres días después de que Ben Ali huyese del país con su botín.

No quiero cargar todo el muerto a la socialdemocracia; sería muy injusto. El tunecino RCD, por ejemplo, también tenía un acuerdo de cooperación con el Partido Popular Europeo, y el gran aliado de estos regímenes en Europa ha sido el conservador Sarkozy. Todo Occidente -la izquierda y la derecha- parece que acaba de descubrir que en este local se juega, que las repúblicas hereditarias (ese oxímoron) que Estados Unidos y Europa amparan desde hace años en el norte de África y Oriente Medio se levantan sobre la tortura, la censura, el asesinato y la corrupción. He usado bien el verbo: 'amparan', en presente. O si no, ¿cómo explicar las declaraciones de Trinidad Jiménez elogiando la 'apertura democrática' de la dictadura marroquí?

La simetría histórica con Latinoamérica, con la vieja política de la CIA en el 'patio trasero' de EEUU, es casi perfecta. Las dictaduras bananeras son a las tiranías árabes como el comunismo al islamismo. El miedo al supuesto mal mayor sirve de excusa para tolerar los abusos del hijo de puta, de 'nuestro hijo de puta' -como bautizó Roosevelt a Somoza-. De fondo, se asume como inevitable esa teoría tan racista: que esos países 'no están preparados para la democracia'. Es una espiral sin fin: jamás estarán preparados mientras siga en el poder un dictador. Es el mismo desprecio que también nos aplicaron a los españoles con aquel hijo de puta que nos gobernó".