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16 feb 2011

El día que comenzó la Guerra Civil

Fuente | Público

El historiador Josep Fontana relata hoy en Público el verdadero origen de la Guerra Civil española, que sitúa hace exactamente setenta y cinco años, jornada electoral en la (ya por entonces) península histérica:

"Precisar el momento en que quienes conspiraban contra la República española optaron por sublevarse para derrocarla es importante para entender mejor sus motivos. La mitología del 18 de julio, que pretendía que la guerra se había iniciado como una respuesta a los abusos cometidos por el Gobierno del Frente Popular, ponía el acento en el asesinato de Calvo Sotelo, el 13 de julio de 1936, para legitimar el levantamiento militar con este suceso.

Los orígenes de la revuelta, sin embargo, hay que ir a buscarlos cinco meses antes, al domingo 16 de febrero de 1936, cuando se realizaron elecciones generales en España. La jornada electoral fue tranquila, como reconocía ABC el lunes 17: 'Ha llovido copiosamente en la madrugada del domingo. Las calles aparecen encharcadas. Llovizna a la hora de abrirse los colegios y esto retrae un poco a los comodones. Luego cesa de llover, no hace mucho frío y el sol aparece a ratos. A diferencia de otras elecciones, la gente ha cargado desde mediodía. Contribuyó a ello que se propagaba por todo Madrid la noticia de que la tranquilidad era absoluta. Nada de lo que amenazaban los derrotistas tuvo confirmación. Ni huelga, ni agresiones, ni escándalos. Todo el mundo votó como quiso, con absoluta libertad. Señálase este importante detalle en honor de los españoles, porque lo mismo que en Madrid ocurrió en toda España'.

Algo más había ocurrido, sin embargo, que ABC no contaba. A las tres de la madrugada de la noche del 16 al 17, cuando las primeras noticias indicaban que podía producirse una victoria del Frente Popular, José María Gil-Robles, jefe de la CEDA, el principal de los partidos de la derecha, despertó al jefe del Gobierno, Manuel Portela Valladares, para decirle que la llegada al poder de la izquierda era peligrosa y que no había otra salida que la de que Portela siguiese al frente del Gobierno y proclamase una dictadura, para lo cual podía contar con la total adhesión de las derechas, 'así como de cuantos elementos representaban la estabilidad y el orden en el país'. En vista de que Portela se mostraba indeciso, Gil-Robles se puso en contacto con el general Franco, jefe del Estado Mayor, quien se puso de inmediato a conspirar por su cuenta.

Los planes de Franco incluían aprovechar su posición en el ministerio para ordenar a las regiones militares que declarasen el estado de guerra, y adueñarse del poder con un golpe militar en la capital. Según contó el propio Franco en un texto escrito en 1944: el lunes 17 de febrero 'convocó a aquellos generales que le habían expuesto en otras ocasiones su disgusto y necesidad de un movimiento para evitar que el Frente Popular se hiciese con el poder'. Contaba con los generales Goded y Del Pozo, y 'con otros dos jefes de unidades armadas de cuya incondicionalidad (sic) no dudaba'. Pero 'no tardaron estos generales en regresar de sus gestiones con la cabeza baja'. Los jefes de la guarnición de Madrid consideraban que la oficialidad no secundaría en frío un movimiento contra los poderes constituidos, si la Guardia Civil y los guardias de asalto no tomaban parte en él. Esta es la razón que explica que Franco hiciese todavía otro intento, tratando de convencer al general Pozas, inspector general de la Guardia Civil, para que se sumase a la sublevación.

El martes 18 de febrero Pozas acudió a ver a Portela para denunciarle 'que los generales Franco y Goded están dando instrucciones desde el Ministerio de la Guerra para que los militares declaren el estado de guerra y se apoderen del Gobierno'. Portela se mostró indignado, pero no hizo nada. Lo único que deseaba en aquellos momentos era abandonar el poder cuanto antes, de modo que decidió dimitir de inmediato, sin aguardar siquiera a que concluyera el escrutinio de los votos. Muchos gobernadores civiles hicieron lo mismo y las provincias quedaron sin autoridades, con la gente echándose a la calle.

Ante semejante vacío de poder los vencedores se vieron obligados a hacerse cargo del Gobierno de inmediato, de modo que el jueves 20 de febrero se celebró el primer consejo de ministros, en una difícil situación que Azaña describía con estas palabras: 'Continúan los alborotos en algunos puntos de Andalucía y Levante. En Valencia hay un lío tremendo por la sublevación de los presos de San Miguel de los Reyes. Han quemado parte del penal. Están revueltos los presos comunes y los políticos, que han caído como en rehenes de aquellos. En Alicante han quemado alguna iglesia. Esto me fastidia. La irritación de las gentes va a desfogarse en iglesias y conventos y resulta que el Gobierno republicano nace, como el 31, con chamusquinas. El resultado es deplorable. Parecen pagados por nuestros enemigos'.

En estas condiciones comenzó a gobernar el Frente Popular, mientras los militares que habían tratado de impedir que llegase al poder seguían preparándose para derribarlo cuanto antes. Lo que está claro es que el 17 de febrero de 1936, cuando Franco realizó su primer intento de sublevación militar, no había ocurrido todavía nada que lo justificase. La Guerra Civil española no se hizo ni contra los 'desmanes del Frente Popular', ni contra la inexistente 'amenaza' del comunismo, sino contra el programa de reformas de unos republicanos moderados que no amenazaban más que los privilegios injustos de unas clases dominantes que obstaculizaban el progreso del país".

1 feb 2011

Televisión pública ¿o privada?

Fuente | rtve.es

Al diputado popular Ramón Moreno parece afectarle una (des)memoria de elefante, pues olvida los tejemanejes perpetrados por su partido cuando (Aznar) gobernaba España y su televisión pública, cuyos servicios informativos se convirtieron en un estercolero en el que el hediondo Alfredo Urdaci campaba por sus respetos. Lee, si no, lo que apuntaba en su blog (oficial) hace unos días:

"Votaré a la izquierda porque de ella depende el futuro de este país y de mis hijos'; 'todos sabemos que la derecha sólo atenderá los derechos de unos pocos, por eso soy miembro del partido socialista'. No, no me he vuelto loco ni tampoco son frases tomadas de un mitin del PSOE en el que encajarían como un guante dialéctico, tan falso como subjetivo, aunque podrían ser frases admitidas y obvias en ese contexto. En realidad se trata de palabras pronunciadas por una de las protagonistas de la nueva serie de TVE titulada 'La República'.

La fijación de los responsables de TVE por la República y la Guerra Civil es llamativa. Ambientar buena parte de la oferta de ficción en esos periodos no es ingenuo ni casual. De una parte, se acusa la sequía imaginativa más importante del panorama audiovisual. Además, el sesgo monocolor denota un obstinado interés por recrear la historia a la carta, a gusto del mensajero que coloca su mensaje con la coartada y el paraguas de una serie televisiva que no tiene por qué ajustarse al rigor histórico y se ampara en la libre interpretación de la época.

Una televisión pública moderna debería desembarazarse de todos los fantasmas, de clichés ideológicos, de caspa revisionista, de formol monotemático. A pesar de las audiencias que todo lo avalan para algunos, el riesgo cierto de insistir en ese clavo es, entre otros, el de hacerle un flaco servicio al objetivo estratégico de rejuvenecer la audiencia de TVE.

Casi el 30% de la audiencia que sigue emisiones como 'La República' tienen más de 64 años. Un segmento de edad (target) que baja a la mitad de ese porcentaje en el mismo horario de prime time otros días (por ejemplo el miércoles cuando se ofrece 'Comando Actualidad')".

24 ene 2011

Y Carrillo mandó "al infierno" a Luis del Olmo



Enésima vez que el longevo protagonista Luis del Olmo pregunta al (aún más) longevo antagonista Santiago Carrillo por las batallitas de Paracuellos, de cuando entonces. Y primera vez que el legendario exdirigente comunista manda al ínclito comunicador "al infierno". Eso sí, de usted y despidiéndose de manera educada y entre 'afectos' mutuos.

23 ene 2011

Picasso: el artista comprometido

Ilustración | Mikel Jaso
Fuente | Público

Se mostraba muy duro el pasado jueves en Público el profesor Vicenç Navarro (cargado de razón) con un artículo del crítico John Richardson publicado en The New York Review of Books -la revista intelectual más prestigiosa de EEUU- sobre Picasso y su compromiso político, a raíz de la exposición de las pinturas del pintor malagueño sobre el tema 'Libertad y Paz' -que se está exponiendo en Viena y se presentará después en Copenhague-, y denunciaba el "objetivo del 'establishment' artístico de EEUU (que es profundamente conservador)" de "despolitizar el arte, marginando o desdeñando el arte comprometido en el proyecto de cambio de la sociedad". Así desmontaba el experto en Ciencias Políticas las tesis del historiador del arte británico:

"En este objetivo de despolitizar el arte, se enfatiza la vivencia existencial del artista sin ninguna reflexión sobre el contexto político que la configura. Ello explica que John Richardson llegue a atribuir las variaciones en el arte de Picasso, primordialmente, a los cambios de amantes y la influencia que estas tuvieron -según Richardson- en el pintor. Es cierto que cita que Picasso fue miembro del Partido Comunista desde el año 1944 y que nunca dejó de serlo, pero trivializa este hecho como si fuera una mera anécdota sin importancia. En realidad, dice que los vaivenes políticos de Picasso (le atribuye erróneamente ser monárquico antes de la Guerra Civil) eran tan constantes como los cambios de amantes.

Picasso, en realidad, fue un artista profundamente comprometido con la causa republicana en España. Su compromiso fue constante, durante y después de la Guerra Civil y colaboró con las fuerzas antifascistas que lucharon por el restablecimiento de la democracia en España. La biografía enormemente insuficiente y sesgada que ha preparado El Prado reconoce tímidamente este compromiso del pintor, definiéndolo erróneamente como un liberal. Picasso nunca fue un liberal, por mucho que ahora esta definición esté de moda. En realidad, el Partido Liberal fue un partido que apoyó el golpe militar.

Durante la Guerra Civil, Picasso se puso a disposición del Gobierno republicano. Nombrado en su ausencia (dos meses después de que se iniciara la sublevación militar) director de El Prado, le afectó profundamente que la Legión Cóndor, la aviación nazi alemana, pudiera bombardear ese museo, lo cual determinó que se desplazaran gran número de cuadros a Valencia y más tarde a Ginebra. Picasso contribuyó con cantidades significativas aportadas de su bolsillo para pagar el coste del transporte (75 camiones), una de las medidas más exitosas de transporte de obras de arte durante la guerra. Sólo dos cuadros fueron dañados: uno de ellos de Goya. Algunos de los guardas de los camiones fueron detenidos por los franceses y entregados a los nazis, quienes les llevaron a Mauthausen.

Durante la dictadura, Picasso ayudó activamente a la resistencia antifascista. El grado de ignorancia de John Richardson sobre este hecho es enorme. Por ejemplo, llega a indicar que Picasso estuvo en contacto con círculos próximos al dictador, citando sus contactos con el torero Dominguín, al que asume cercano a los círculos fascistas. En realidad, Dominguín colaboró con la resistencia antifascista siendo un hombre de ideas antifascistas.

Una última nota. Picasso ha sido uno de los pintores que más coherencia han mostrado en su vida. [...] desde el principio hasta el final mostró su horror por la guerra, por el nazismo y por el fascismo, y por todos sus semejantes que todavía persisten. Y ahí quedan su 'Guernica', 'La violación de las Sabinas', 'Masacre en Corea' y muchos otros cuadros, piezas que continúan siendo relevantes [...].

Querer presentar a Picasso como apolítico y carente de compromiso es una mezquindad y una ofensa a su memoria y a la de miles y miles de artistas que defendieron los valores de la justicia pagando un enorme coste por ello. Para Picasso, tal coste fue -como para cualquier exiliado- no vivir en el país al cual dedicó parte de su vida: España. Hay un deber pendiente de España y de El Prado hacia Picasso. Debería hacerse una exposición de las pinturas del artista que mostraran su amor a su país y su compromiso con la democracia en España".

21 ene 2011

'La Razón' y la (sin)razón


El próximo lunes se estrena en La 1 '14 de abril. La República', una serie que pretende prorrogar el éxito de 'La Señora'. Aunque aún no podían conocer el contenido de la nueva ficción televisiva de TVE, ya que el preestreno del primer capítulo ha tenido lugar en rtve.es a las 13.28 horas de hoy viernes, los responsables de La Razón ya se habían apresurado a advertir en su portada del 21 de enero de 2011 que "la cadena pública celebra el 80 aniversario de la II República con una serie que vuelve a hurgar en la herida abierta de la Guerra Civil". Su titular: "TVE explota la memoria histórica".

La Razón | 21 de enero de 2011
Fuente | kiosko.net

El atropello no merece mayor comentario. Para los que quieran conocer la época, en cualquier caso, mejor este documental de la propia casa dirigido por Mercedes Odina en 1991.


Fuente | rtve.es

19 ene 2011

Recordando al 'viejo profesor'

I


Hoy se cumplen 25 años de la muerte de Enrique Tierno Galván, 'viejo profesor' y primer alcalde democrático de Madrid -socialista- tras la Transición. La (mayoría de la) prensa se deshace hoy en elogios hacia un político e intelectual que pasó a la Historia de España por estar 'al loro' en la época de 'La Movida', cuyo hueco aún permanece vacante en el socialismo madrileño. De entre todos los artículos que glosan su figura, merece la pena que nos detengamos en el que publica Raúl Morodo en El País:

"Hace 25 años, el 19 de enero de 1986, fallecía en Madrid, con 67 años, Enrique Tierno Galván, el 'viejo profesor'. El pueblo madrileño, sin distinción de ideas, ocupando plazas y calles, en multitud impresionante cercana al millón de personas, despedía con lágrimas y rosas a su alcalde paternal y festivo: 'Tierno, amigo, el pueblo está contigo'. Tierno, en efecto, supo unir a jóvenes y mayores en el respeto y en el afecto. Su entierro, con esta manifestación de duelo, no despedía solo a un buen alcalde, a un intelectual riguroso o a un político conocido. Tal vez, en el imaginario ciudadano, era algo más: la despedida, con un extendido 'hasta siempre', a un hombre honesto y a un presidente de República non nata.

Todos los medios de comunicación, en titulares de primera página y editoriales, destacarán su biografía y personalidad irrepetible. Condolencias, mensajes, declaraciones de amigos y adversarios, reiterarán esta excepcionalidad. Aunque agnóstico, tendrá funeral religioso y laico. En San Francisco el Grande, el arzobispo de Madrid, Ángel Suquía, pronunciará una homilía de reconocimiento: 'Fue -dirá- imagen de los buenos mortales, de la elegancia en el trato, de la buena crianza: supo hacer de la política una confrontación de ideas y proyectos, no de personas'. Probablemente en el cardenal estaba presente una frase críptica de Tierno: 'Dios no olvida nunca a un buen marxista'. Esta última aventura política del 'viejo profesor', la más conocida sin duda, con sus Bandos traviesos y barrocos, con regañinas de abad liberal, con su movida cultural, en cierta manera ha ocultado su larga y fecunda trayectoria intelectual y política durante décadas anteriores.

¿Quién fue realmente Enrique Tierno? Enigma y misterio, carisma y mito, han rodeado siempre esta fuerte personalidad. Ante todo, Tierno fue un gran intelectual comprometido en busca de una convivencia pacífica. Como muchos españoles vivió tiempos difíciles: tiempos de convulsiones y enfrentamientos fratricidas, de posguerras de vencedores y humillados, de hambres, cárceles y silencios y, sobre todo, del Gran Miedo. También tiempos de despegues, de luchas para superar heridas en ambos bandos, de batallas para salir del oscurantismo cultural y reencontrar las libertades perdidas. Y, dentro de estos contextos, en Tierno habrá siempre un norte reconciliador: 'la Guerra Civil -reiterará- debe ser asumida como un hecho histórico'.

Tierno nace en Madrid en 1918: castellano viejo, por su procedencia soriana, como Dionisio Ridruejo y Marcelino Camacho. Comienza sus estudios universitarios, ingresa en la Federación Universitaria Escolar (FUE), elige el bando republicano en la Guerra Civil, como soldado. A los 21 años, comienza su nueva vida de exiliado interior: un vencido 'rojo' en una España 'azul'. En los años cuarenta finaliza las carreras de Derecho y Filosofía, da clases particulares para sobrevivir, se casa, tiene dos hijos. Ser un oscuro estudiante vencido en la España triunfal de los vencedores moldeará su carácter intimista: la distancia, aunque cortés, en el trato; la discreción y austeridad en todo y, en el vestir, siempre de gris; la conversación, pausada y amable, que no excluía firmeza de convicciones. Y siempre con una ironía sutil, a veces incisiva y medio burlona.

En 1948 se producirá su primer despegue. Con el apoyo de su valedor y amigo, Carlos Ollero, logra la cátedra de Derecho Político en Murcia y, posteriormente, se traslada a Salamanca. En esta Universidad comienza propiamente su nuevo punto de partida: unir trabajo intelectual y acción política. Tierno tiene solo 35 años, pero representa muchos más: en realidad, Tierno fue siempre mayor. Su modernidad transgresora no se correspondía a su aspecto externo formal. Es en esta etapa cuando lo conozco. Sin molestarle -en el fondo, le gustaba- yo le comenzaré a llamar 'viejo profesor', VP. Desde entonces, como alumno y ayudante, amigo y compañero, compartiré con Tierno todas las aventuras políticas, con la excepción de la última, en permanente y casi diaria relación, durante más de 25 años. Será en Salamanca en donde Tierno funda un embrión de grupo político: una asociación europeísta. Europa, en estos años cincuenta, era, a la vez, mito y meta, y también instrumento de lucha política encubierta. Aventura que, obviamente, durará poco: el Gobierno disuelve la asociación y jueces entusiastas nos procesan y envían brevemente a la cárcel de Carabanchel, donde conocí a Dionisio.

Los sesenta serán ya años de acentuación de protestas -estudiantes, obreros, profesionales-, conspiraciones múltiples, reuniones dentro y fuera de España, huelgas y represión. Tierno y Aranguren se convertirán en grandes referentes intelectuales y, Tierno, además político. En 1965, con Agustín García Calvo, serán expulsados de la Universidad española. En esta década clave, Tierno sigue escribiendo, conspirando y viajando. No tiene todavía 50 años y su producción intelectual es cuantiosa. Antonio Rovira ha realizado una gran labor: recopilar sus Obras completas. Han salido ya seis volúmenes, de más de 1.000 páginas cada uno, y muy pronto, un volumen más, junto a otro de 'acompañamiento': de testimonios y semblanzas. En total, serán ocho tomos, más de 8.000 páginas: muy pocos pensadores españoles han publicado tanto.

Además de viajar (Europa, Estados Unidos), Tierno conspira. En la calle de Marqués de Cubas madrileña, Emilio Cassinello, Manuel Medina y yo establecemos un despacho jurídico al que pronto se suma Tierno, convirtiéndose en centro político conspiratorio, con cobertura legal: allí acudirán conspiradores múltiples, estudiantes y obreros sancionados, profesionales y periodistas, diplomáticos, políticos y visitantes extranjeros. Desde un fondo libertario, Tierno intentará construir un nuevo socialismo, heterodoxo y radical, humanista y abierto, desde el interior. Y, así, con evoluciones sucesivas de nombres, aparecerá un Frente Socialista, un Partido Socialista en el Interior (PSI) y, en fin, el Partido Socialista Popular (PSP). Con estas últimas siglas participamos en las diferentes formaciones unitarias de la Oposición (Junta Democrática, Platajunta), que viabilizará la Transición a la democracia, y nos presentamos a las primeras elecciones de 1977, pero sin éxito. Antes de estas elecciones, tuve una discrepancia con Tierno: en una cena con Felipe González, Javier Solana, Tierno y yo, se planteó ir juntos a las elecciones, PSOE y PSP, pero el 'viejo profesor' no fue flexible, y erramos. Con todo, el PSP obtuvo cinco diputados: tres en Madrid (Tierno, Fuejo y yo). En 1978, se producirá la integración del PSP en el PSOE y, fugazmente, Tierno será presidente de honor y, más tarde, alcalde socialista de esta Villa y Corte. Fin de aventura, fin de utopía: 'Pues nadie puede vencer el mañana' (Omar Jayyan).

¿Tuvo Tierno frustración política? Aunque con ciertas dudas, creo que no: su cultura no era cultura de poder, sí de transgresión y de avanzar. Como admirador de Spinoza, quería abrir caminos y combinar ética de convivencia tolerante con un singular horizonte utópico. Y buen conocedor de los clásicos, sus mejores amigos, sabía muy bien que 'los precursores y anticipadores nunca administran el poder'.

En su último ensayo, ya enfermo, publicará una críptica Carta a una profesora italiana sobre don Diego Hurtado de Mendoza, ficción barroca y libertaria, en donde, quizás, puede encontrarse la respuesta a este enigma. Termina, así, don Enrique / don Diego, esta carta / confesión a la profesora (utopía): 'No hubo en el postrer Renacimiento español persona más independiente en sí mismo que don Diego. Nunca se concedió a sí mismo mucho, pero nunca regateó nada de lo que suyo pudiera dar. Distante en lo esencial, próximo a lo accesorio, estuvo tan cerca de Dios como un filósofo averroísta puede estarlo, tan próximo a los demás como un caballero puede permitirse. Si hubiera vivido don Diego en nuestros días se habría prendido de la belleza, gracia y sabiduría de usted para el consuelo de quienes, sin mérito, la admiramos. La Fortuna, que es envidiosa, no ha permitido que coincidan tantas virtudes. Mándeme, señora, como guste. He intentado cumplir un encargo. Sé que no lo he hecho bien, pero la buena intención y el esfuerzo no han faltado. Besa su mano su humilde servidor y amigo, Enrique Tierno Galván".


Enrique Flores
Fuente | 4ojos