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8 feb 2011

Una década (estadounidense) para olvidar

Fuente | Politikon


"1. Los ochenta y noventa fueron básicamente comparables, aunque la gráfica no le hace justicia a Bill Clinton -la recesión de principios de su década (y acabó con Bush 1.0) hacen que 'su' década parezca peor de lo que fue.

2. Algunos sectores siguen una evolución realmente deprimente.

3. La 'expansión' de la era Bush fue singularmente horrenda -se creó muy poco empleo comparado con décadas precedentes. Recordad que las cífras llegan sólo hasta 2007, antes del desastre- su balance económico es increíblemente malo.

4. Bajar impuestos a los ricos realmente no crea demasiado empleo. Y no, el ejemplo de Reagan no me vale. En 1986 subió impuestos a los ricos, sin ir más lejos.

Sabía que la década de los 2000 tenía algo de década perdida en Estados Unidos, pero esta clase de gráficas realmente lo ponen blanco sobre negro. Una presidencia para olvidar".

La economía global no se recuperará

Fuente | Página/12

Una eminencia de la sociología contemporánea, el teórico del análisis de sistema-mundo Immanuel Wallerstein, elabora una (realista) apología del pesimismo en Foreign Policy:

"Prácticamente todo el mundo en todas partes -economistas, políticos, expertos- están de acuerdo en que el mundo ha estado inmerso en algún tipo de problema económico desde al menos 2008. Y prácticamente todos parecen creer que en los próximos años el mundo se 'recuperará' de alguna manera de estas dificultades. Después de todo, siempre se dan mejoras tras producirse un deterioro de la economía. Los remedios recomendados varían considerablemente, pero la idea de que el sistema continuará conservando sus características esenciales es una fe profundamente arraigada.

Pero está equivocada. Todos los sistemas tienen una vida determinada. Cuando sus procesos se alejan demasiado del equilibrio, fluctúan caóticamente y se bifurcan. Nuestro sistema actual, lo que yo llamo una economía mundial capitalista, ha existido durante unos 500 años y al menos durante un siglo ha abarcado todo el planeta. Ha funcionado extraordinariamente bien. Pero como todos los sistemas, se ha ido alejando de manera continua más y más del equilibrio. Ya hace un tiempo que se ha desplazado demasiado, tanto que hoy está en crisis estructural.

El problema es que los costes básicos de toda la producción se han elevado considerablemente. Hay gastos en personal de todas clases -en trabajadores no cualificados, en puestos de dirección, en la gestión al más alto nivel. Están los costes incurridos cuando los productores transfieren los costes de su producción al resto de nosotros -por desintoxicación, por renovación de recursos, por infraestructura. Y la democratización del mundo ha conducido a demandas de más y más educación, más y más asistencia sanitaria, y más y más garantías de unos ingresos durante toda la vida. Para cumplir con estas demandas se ha producido un significativo aumento en los impuestos de todo tipo. Juntos, estos costes se han elevado más allá del punto que permite una importante acumulación del capital. ¿Entonces por qué no simplemente subir los precios? Porque hay límites más allá de los cuales no se puede forzar su nivel. Se llama elasticidad de la demanda. El resultado es una creciente reducción de beneficios, que está alcanzando un punto en que prácticamente no merece la pena el esfuerzo.

Lo que estamos presenciando como resultado son caóticas fluctuaciones de todo tipo, económicas, políticas y socioculturales. Estas fluctuaciones no pueden ser controladas fácilmente por las políticas públicas. El resultado es una cada vez mayor incertidumbre sobre cualquier clase de toma de decisiones a corto plazo, así como frenéticos realineamientos de todo tipo. La duda se retroalimenta mientras buscamos soluciones para la amenazante incertidumbre planteada por el terrorismo, el cambio climático, las pandemias y la proliferación nuclear.

Lo único seguro es que el sistema actual no puede continuar. La discusión política fundamental se centra en qué tipo de sistema sustituirá al capitalismo, no en si debería sobrevivir. La elección es entre un nuevo sistema que replica algunas de las características esenciales de jerarquía y polarización del sistema actual y otro relativamente democrático e igualitario.

La extraordinaria expansión de la economía mundial en los años de postguerra (más o menos de 1945 a 1970) ha estado seguida de un largo periodo de estancamiento económico en el que la fuente básica de ganancia ha sido la pura especulación sostenida por sucesivos endeudamientos. La última crisis financiera no derribó el sistema; simplemente dejó en evidencia su vacuidad. Nuestras recientes 'dificultades' son meramente la penúltima burbuja en un proceso de expansión y pinchazo que el sistema mundial ha estado atravesando desde aproximadamente los 70. La última burbuja será la del endeudamiento del Estado, incluyendo a las llamadas economías emergentes, lo que conducirá a bancarrotas.

La mayor parte de la gente no reconoce -o se niega a reconocer- estas realidades. Resulta doloroso aceptar que el sistema histórico en que estamos viviendo está en crisis estructural y no sobrevivirá.

Mientras tanto, el sistema continúa siguiendo sus reglas aceptadas. Nos reunimos en las sesiones del G-20 y buscamos un consenso fútil. Especulamos en los mercados. Desarrollamos nuestras economías de cualquier modo que podemos. Toda esta actividad simplemente acentúa la crisis estructural. La acción real, la lucha por el nuevo sistema que se creará, está en otra parte".

El superhéroe del paro

Fuente | El Jueves

1 feb 2011

El malestar de la izquierda

Fuente | Público

Justo Zambrana, economista que en el pasado asumió altas responsabilidades sindicales y políticas, lleva años analizando las entrañas de la izquierda -su ideología- con el objetivo de extraer las razones de su malestar y, si fuera posible, concluir las soluciones para sacarla de ese estado. En este artículo, difundido por Público, propone refundar la izquierda, recomponer una ideología desfasada:

"Conforme pasan los meses, la izquierda política, en especial europea, comprueba perpleja que las salidas a la crisis que se preveían por la izquierda no sólo no se producen, sino que ocurre lo contrario. Hay un consenso generalizado de que lo ocurrido ha venido incubándose en las prácticas económicas de absoluto laissez-faire que se implantaron en los años ochenta. La tesis central del liberalismo conservador según la cual los mercados se autorregulan a sí mismos, haciendo inútil y perniciosa la intervención política, ha recibido el más rotundo de los desmentidos. Y, sin embargo, el poder político se tiñe más de conservador y ni siquiera se gana en el discurso, condición previa para ganar el poder.

Si vamos al origen, tres son los valores que han servido de motores a la izquierda política. El primero, la idea de emancipación como liberación y autorealización del potencial humano. Fue la idea de más peso en los premarxistas y en el joven Marx. El segundo ideal era la racionalidad. Frente a la superchería de muchas costumbres, la izquierda apostaba por la razón como fuente única de valores. El tercero, cómo no, es el ideal de igualdad. Dado que los dos primeros se comparten con el liberalismo hasta el punto de que Prieto se declaraba socialista a fuer de liberal, el elemento igualdad ha sido el que más ha jugado como definidor del ser de izquierdas.

Los tres valores sufren fuertes turbulencias en la actual sociedad informacional. La emancipación sirve como diferenciación de izquierdas sólo allí donde la derecha es más conservadora que liberal. Es lo que ocurre en Estados Unidos o en España. En la práctica, desde Mayo del 68 para acá, la emancipación individual, degradada, la están proporcionando los consumos de bienes y experiencias que disuelven lazos sociales al tiempo que sustituyen al ciudadano crítico por el ciudadano conforme.

El segundo, la razón, aparece zarandeado por el rebrote de los identitarismos de todo tipo que acompañan la globalización. Hasta la crisis económica, esta cuestión ocupaba el centro del escenario político, y la izquierda europea se ha movido con notable incomodidad y muchas contradicciones en un terreno que es vivero de votos. O, para la izquierda, sangría de votos. El problema no sólo se da en el interior de las sociedades. Internacionalmente también prima la identidad.

Y, finalmente, el valor por excelencia, la igualdad. Hace casi un siglo que la socialdemocracia rompió con el comunismo y apostó por combinar mercado y Estado, economía y política. Desde entonces, Europa ha visto florecer los Estados de bienestar; el mejor mix de libertad, igualdad y seguridad. Las políticas económicas que han conducido a ello han tenido su mayor sostén en el pensamiento económico de Keynes. ¿Por qué, en esta crisis, la vuelta a Keynes sólo sirve para recomponer la situación causante de los males y no para alcanzar un nuevo equilibrio social como ocurriera tras la crisis del 29? Esa es la cuestión.

Cuatro son las causas centrales que pueden explicar lo que pasa. La primera es el modo en que se lleva a cabo la globalización. La globalización es una realidad económica, pero no política. Vivimos un mundo claramente asimétrico, cada vez más global por la economía y la tecnología y cada vez más local por la política. Con un agravante: los motores de la situación son la tecnología y el mercado. La política sólo interviene a toro pasado. La esencia del pensamiento keynesiano es la intervención de la política en economía, pero sus recetas están concebidas en el marco del Estado-nación y hoy el Estado-nación cada vez pinta menos, económicamente hablando. ¿Ejemplos? Todos, incluido España. El margen para cualquier política económica nacional es mínimo.

Detrás se constata la segunda causa: la financiarización del capitalismo. Hoy el tamaño de los activos financieros equivale a varias veces el PIB mundial. Con dos agravantes: la tecnología mueve estas masas de capital a la velocidad de la luz y las doctrinas dominantes de laissez faire han permitido que los apalancamientos de diferente signo multipliquen su potencia. No es de extrañar, pues, que no haya demanda (de consumo e inversión) capaz de contrarrestar esta oferta y que, desde hace 20 años, las “burbujas” se sucedan las unas a las otras. Cada vez que sobra capital, hay burbuja. Si en los años setenta se puso fin a la era keynesiana porque generaba inflación, qué decir de esta época neoliberal que acarrea una burbuja tras otra.

Derivada de este exceso de capitalización, la tercera causa. La realidad camuflada de la sociedad a crédito. Y de los países a crédito. Puesto que usted no tiene porque no gana suficiente, no se preocupe que se lo prestamos. Así, la desigualdad se disimula y el dinero que sobra se coloca de un modo rentable. Lo que dificulta terriblemente el fenómeno es nuevamente su carácter global. El crédito distorsiona el interior de las sociedades ricas, pero también genera desequilibrios en la economía mundial.

Todo ello -y es lo cuarto- con una transformación tecnológica que está cambiando de raíz la vida de la especie humana en el planeta. Una tecnología que transforma todas las anteriores y que, lejos de versar sobre la naturaleza, versa sobre el hombre mismo y su dimensión más básica, la comunicación.

En este panorama, la izquierda política tiene serios problemas para articular un relato. Más que refundar el capitalismo, que no se deja, quizá tengamos que pensar en dar una alternativa refundando la izquierda. Ante todo, recomponiendo una ideología; o sea, un marco conceptual para abordar la realidad".

30 ene 2011

Alternativas para salir de la crisis

Juan Torres López
Fuente | Alandar

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, consultor y asesor de gobiernos y organizaciones internacionales, interviene en foros y seminarios de divulgación económica y análisis. En una reciente entrevista concedida a la revista Alandar proponía, sin ánimo de ser exhaustivo, las siguientes alternativas para salir de la crisis actual:

"La crisis es del sistema y las soluciones han de situarse fuera del sistema actual. Enumeraré algunas. Poner el sistema financiero al servicio de la economía productiva de bienes y servicios. Evitar que se especule con un bien necesario como es la vivienda. Facilitar créditos a bajo interés a las empresas y ciudadanos. Imponer topes al beneficio y restablecer el valor social de los impuestos. Subir los salarios reales, manteniendo la capacidad de compra y la productividad. Crear un auténtico sistema fiscal internacional y mecanismos mundiales de redistribución de la renta. Acabar con el régimen de plena libertad de movimientos del capital que arruina economías de países enteros, produce crisis locales y globales, no ayuda a la producción de bienes y servicios y sólo produce beneficios a los propietarios del capital. Establecer un sistema basado en la plena cobertura de las reservas bancarias y evitar que con el sistema de reservas fraccionarias la banca tenga el privilegio monopolista que alimenta la deuda, engorda la actividad especulativa y atribuye a los banqueros tan ingentes beneficios y un poder que chantajea al Estado. A la crisis no le pueden hacer frente sólo los gobiernos de los países ricos, sino que es necesario crear un gobierno mundial plenamente democrático, alejado de los lobbies y grupos de poder actuales. Y es cuestionable el papel del dólar como moneda dominante en la economía mundial".

No está mal, para tratarse de una única respuesta. Y sirve para certificar que no son precisamente ideas lo que escasea para sacarnos del pozo socioeconómico en el que nos encontramos. Lo que escasea es la determinación de los únicos que pueden ejecutar las medidas enumeradas más arriba, y la dificultad estriba en que quienes tienen el poder de relanzar la economía mundial andan demasiado atareados con cuestiones particulares: solo se acordarán de nosotros a la hora de votar y cuando vuelvan a necesitar nuestros (escasos) recursos para disimular sus carencias.

28 ene 2011

Los culpables (oficiales) de la crisis

Fuente | BBC Mundo

Con cierto retraso, llega lo evidente: "Funcionarios, políticos y banqueros son los culpables del colapso económico experimentado en 2008 en Estados Unidos, asegura un informe de la Comisión Investigadora de la Crisis Financiera de EEUU". Los compañeros de BBC Mundo extraen las principales (y dolorosas) conclusiones de dicho informe, que a continuación pasan a detallar:

"La Comisión, creada en mayo de 2009 para establecer las causas de la crisis, dijo que ésta 'habría podido evitarse'. En su informe destacó la toma excesiva de riesgos por parte de los bancos y la negligencia los reguladores financieros. De los diez miembros de la comisión sólo los seis representantes del partido demócrata apoyaron las conclusiones del informe.

'La crisis fue el resultado de la acción humana y la inacción, no de la Madre-Naturaleza o modelos fuera de control', dijo el informe. 'Los capitanes de las finanzas y los administradores públicos de nuestro sistema financiero ignoraron las advertencias y fallaron en cuestionar, entender y gestionar los cambiantes riesgos dentro de un sistema esencial para el bienestar del público estadounidense'. 'La suya fue una gran falla, no un tropiezo'.

El informe criticó la reducción en la regulación financiera durante la gestión del expresidente de la Reserva Federal, Alan GreenspanLlegó a la conclusión de que la crisis fue causada por una serie de factores, incluyendo fallas en la regulación financiera y la gestión empresarial, así como la falta de entendimiento del sistema financiero por parte de los diseñadores de políticas.

Igualmente se quejó del empaquetamiento de la deuda relacionada con hipotecas en instrumentos de inversión, que 'encendió y propagó la llama del contagio'. Estos instrumentos financieros complejos, que se comercializaron en grandes volúmenes por bancos de inversión, 'contribuyeron significativamente a la crisis', cuando las hipotecas en las que se basaban cesaron sus pagos.

El informe también destacó las fallas 'abismales' en las agencias de calificación crediticia para reconocer los riesgos involucrados en estos y otros productos. Del mismo modo, advirtió de violaciones éticas 'a todos los niveles'.

Importantes figuras de los gobiernos de George W. Bush y de Barack Obama no se quedaron fuera del informe. El expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, fue acusado de 'defender' la reducción de la regulación financiera durante el boom crediticio que 'dejó de lado garantías fundamentales'. El exfuncionario también fue criticado indirectamente por la política monetaria demasiado flexible de la Fed y los pronunciamientos que 'fomentaron en vez de inhibir el crecimiento de la deuda hipotecaria y la burbuja inmobiliaria'. El Banco de la Reserva Federal de Nueva York -entonces bajo la tutela del actual Secretario del Tesoro, Tim Geithner- 'podría haber tomado medidas contra los excesos de Citigroup en el período previo a la crisis'.

Del mismo modo, el documento sostuvo que el manejo gubernamental de las principales instituciones financieras durante la crisis -liderado por el exsecretario del Tesoro, Henry Paulson- fue inconsistente y 'aumentó la incertidumbre y el pánico en el mercado'. Sin embargo, el informe suavizó las observaciones diciendo: 'Al hacer estas observaciones, respetamos profundamente y apreciamos los esfuerzos realizados por el secretario Paulson, el jefe (de la Reserva Federal) Bernanke y Timothy Geithner... y tantos otros que trabajaron para estabilizar nuestro sistema financiero y nuestra economía en la más caótica y difícil de las circunstancias'.

Establecer culpas era esencial en la prevención de futuras crisis, según el informe. 'A pesar de la opinión de muchos en Wall Street y en Washington de que la crisis no podía haber sido prevista o evitada, había señales de advertencia', dijo Phil Angelides, presidente de la comisión. 'La mayor tragedia sería aceptar que nadie vio que esto se avecinaba y por consiguiente, que no se podía hacer nada', señaló el panel en las conclusiones del informe de 576 páginas. 'Si aceptamos esta idea, volverá a suceder'. La comisión entrevistó a más de 700 testigos y celebró 19 días de audiencias públicas en EEUU..

Los cuatro republicanos en la comisión anunciaron varias semanas antes de la publicación del informe de que no estarían de acuerdo con sus conclusiones. Tres de ellos publicaron un informe independiente que insistió en que la culpa debe atribuirse a la Reserva Federal bajo la conducción de Greenspan. El cuarto realizó su propio informe que se centra en el papel del gobierno en la creación de la burbuja inmobiliaria.

Los republicanos señalaron a las enormes agencias hipotecarias patrocinadas por el gobierno, Freddie Mac y Fannie Mae, alegando que sus préstamos subvencionados inflaron la burbuja. También argumentaron que la legislación introducida por el expresidente demócrata Bill Clinton alentó los préstamos excesivos e imprudentes a los hogares de bajos ingresos.

Por el contrario, el informe redactado por los seis demócratas en el panel dice que la evidencia mostró que dichas agencias no estuvieron al frente de los arriesgados prestamos sub-prime, en cambio siguieron el ejemplo de firmas de Wall Street. Tampoco fue la 'Ley de Reinversión Comunitaria' del presidente Clinton un factor significativo en los préstamos sub-prime, según el informe".