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3 mar 2011

El estado de la nación (española)


El (insoportable pero indiscutible) estado de la nación (española), según José A. Pérez (Mi mesa cojea):

"Se reduce la velocidad máxima en España a 110 para, según el Gobierno, ahorrar en petróleo.

Varios partidos políticos y columnistas piden la privatización de las cadenas públicas por no ser rentables mientras el Ministerio de Cultura cofinancia producciones cinematográficas de cadenas privadas a fondo perdido.

Prisa confirma que su compra por parte de Liberty no implica nada. Luego cierra CNN+ y anuncia 2.500 despidos.

Zapatero apuesta por el carbón, la energía más contaminante que existe.

Sortu presenta los mismos estatutos que el PSOE. El ministro de Interior dice que pueden no ser democráticos y los remite a la Fiscalía.

La Ministra Garmendia dice que los científicos se van de España por motivos académicos y no económicos.

La revista Nature publica un editorial diciendo que el Gobierno de Zapatero "dirige a España a la edad de bronce".

Telefónica obtiene el mayor beneficio neto jamás logrado por una empresa española: 10.167 millones de euros.

Políticos imputados en tramas de corrupción confirman su mayoría en los sondeos.

Ángela Merkel abre las puertas alemanas a los ingenieros españoles.

Repsol anuncia que, en 2010, triplicó su beneficio.

España, por fin, consigue igualar su tasa de paro a la de Mozambique".

19 feb 2011

Un hombre culto

Fuente | Culturarte

Nuevo alumbramiento -en el sentido más amplio del término- del filósofo Javier Gomá en Babelia. Esta vez, pone el foco sobre el hombre y (su relación con) la cultura:

"[...] A los ojos del hombre sin cultura -sea o no hombre de vastas lecturas- cuanto le rodea disfruta de la seguridad, evidencia, sencillez y neutralidad de los hechos de la naturaleza. De igual manera que los planetas avanzan por sus órbitas, el mundo es para él un conjunto de actos regulares y previsibles, intemporales en su incuestionada validez. Lo que hace de él un yo, el entorno en que vive, las ideas que se le transmiten, el conjunto de creencias latentes en las que flota, las pulsiones, afectos y deseos que alberga, las fuentes de su placer y su dicha, las costumbres que le sostienen, las instituciones que rigen su ciudadanía, el régimen político que le gobierna, los ideales que movilizan sus emociones: todo ello es, para el hombre sin cultura -tenga o no título universitario- un mero 'datum', algo que está ahí, siempre lo ha estado y siempre lo estará.

Hay días que contemplamos nuestro brazo extendiéndose por nuestro campo de visión y nos desasosiega ese remo de nuestra anatomía. ¿Qué hace eso ahí? Algo semejante nos sucede cuando empezamos a comprender que la imagen del mundo dominante en una cultura, que se nos presenta con la estabilidad, regularidad y fijeza de un hecho de la naturaleza, dotado de una objetividad autónoma y trascendente al hombre, es en realidad una criatura, un 'constructo' contingente de ese mismo hombre. Ese hallazgo le produce un estremecimiento no inferior al que sacudió a Jim Carrey cuando, en 'El show de Truman', vislumbró, por una pluralidad de indicios, la artificialidad del universo que habitaba, convertido en estudio de televisión. El axioma cultural por antonomasia rezaría como una perífrasis de la famosa sentencia de Ortega: la cultura no tiene naturaleza sino historia. En cuanto entidades simbólicas, no somos hijos biológicos de la madre naturaleza sino padres adoptivos de la cultura que producimos y cuando descubrimos esta paternidad imprevista, sentimos una extrañeza pareja a la que a veces nos suscita nuestro propio cuerpo.

Y así como la paternidad biológica puede ser deseada o no mientras que la adoptiva lo es siempre, así también nosotros, tras superar la perplejidad inicial, podemos elegir gozosamente la cultura de nuestro tiempo como resultado de una decisión meditada, y no por forzada necesidad. Caigo en la cuenta de que todo lo que soy, pienso y siento, y todo cuanto existe en la realidad, está históricamente mediado. Tener cultura no es saber mucha historia sino un negocio más sutil: tener conciencia histórica, lo que es una forma de autoconocimiento. No es lo mismo almacenar datos del pasado que ser consciente de la historicidad de lo humano, aunque a veces lo primero lleva a lo segundo.

Una conciencia histórica de estas características presenta tres ventajas:

La primera permite asombrarse por los increíbles logros conseguidos por la humanidad haciéndose cargo de los sufrimientos y el esfuerzo colectivo que han requerido. Así podemos, por ejemplo, admirarnos de que sólo en tiempo reciente el hombre haya consentido en renunciar mayoritariamente a la venganza privada y, cuando sufre un daño que estima injusto, en delegar en un tercero la determinación de la culpa y la administración del castigo, en lugar de tomarse la justicia por su mano. Ídem de lienzo respecto a la dignidad del hombre, el reconocimiento de la libertad individual, la protección del Estado social o la alternancia democrática. El inculto -sea o no intelectual reconocido y creador de opinión pública- descuenta estas conquistas, como un niño mal criado, y quizá hasta las desdeña, aburrido. Quien sabe que las sociedades antiguas, por estar privadas de ellas, fueron moralmente peores en este aspecto a las modernas llega a comprender que es un prodigio civilizatorio que la comunidad actual haya logrado ponerse colectivamente de acuerdo en principios o costumbres como los mencionados.

En segundo lugar, ese hombre puede temerse que, si no se cuidan estos grandes avances morales de la civilización, quizá se malogren en el futuro, arruinando los sacrificios que costaron. Por tanto, el hombre cultivado estará inclinado a mantenerse siempre alerta en una especie de estado de ánimo escatológico previendo los peligros que acechan, pues la suya es una mirada de madurez que anticipa el carácter precario, vulnerable y reversible de todo lo humano, y al ser sensible a la fragilidad del progreso moral, se dejará más fácilmente involucrar en su activa defensa.

Y, por último, si la cultura descansa sobre fundamentos contingentes, sus contenidos son por eso mismo susceptibles de discusión y, cuando procede, de refutación, revisión y abandono. La conciencia histórica, por consiguiente, conduce por fuerza a una conciencia crítica, autónoma y razonadora, que discrimina, en lo presente, aquello que merece conservarse de aquello que debe reformarse.

¿Qué es, pues, ser un hombre culto? Sólo una cuestión de detalles: sorprender la artificialidad del mundo, cultivar la conciencia histórica y crítica, y comprometerse en la continuidad de lo humano. Todo lo demás, como dice Verlaine, es literatura: 'Car nous voulons la nuance encore / Pas la couleur, rien que la nuance. / Et tout le reste es littérature'.

9 feb 2011

Segunda (suicida) 'flotilla de la libertad'


Los artistas más políticamente (in)correctos del país vuelven a dar la matraca con la "flotilla de la libertad", cuya segunda edición saldrá en primavera rumbo a Gaza. Peliagudo asunto: ni tan negro como lo pintan ellos ni tan blanco como lo ven los de enfrente.

4 feb 2011

Neurocultura: el futuro

Fuente | Cultura 3.0

Vamos a ponernos serios, que llega el futuro de la mano de Francisco Mora Teruel y Cultura 3.0:

"¿Qué es ese abstracto gigantesco, esa extraña carpa transparente e invisible que cubre las transacciones de los seres humanos y que llamamos cultura? Haciendo una apretada síntesis de las más de 150 definiciones que se han dado, Kroeber y Kluckhohn, hace más de medio siglo, señalaron que 'la cultura es un producto, es histórico, incluye ideas, patrones y valores, es selectiva, es aprendida, está basada en símbolos y es una abstracción de la conducta y de los productos de la conducta'. De todo ello quiero resaltar la característica histórica, es decir, el hecho de que las culturas se suceden con el tiempo, renovando, en esas sucesiones, las lecturas de los valores y las normas que han presidido las interacciones sociales. Y es ahora cuando estamos a las puertas o quizá ya entrando en un nuevo ciclo de cultura. La Ciencia, que forma parte de la vida moderna, es la protagonista de ese nuevo ciclo. En él, aparecerá una concepción nueva y diferente de quiénes somos los seres humanos, y en él, también, habrá nuevas respuestas a las preguntas sobre qué nos hace ser animales morales. Esta nueva cultura posiblemente presidirá los cambios sociales revolucionarios que se avecinan, esta vez basados en el conocimiento de cómo opera nuestro cerebro, órgano productor de cuanto somos y origen último de cómo nos comportamos. Eso es Neurocultura.

Neurocultura es un proceso en el que, a la luz de los conocimientos que aportan las Ciencias del Cerebro, se producirá una reevaluación de las Humanidades. Es un puente a través del cual se van a unir, definitivamente, esos dos grandes cuerpos del saber, las Humanidades por un lado y las Ciencias por otro. Es un proceso en el que se reevaluarán la Filosofía, la Ética, la Sociología y el Derecho, la Economía y el Arte y, desde luego, también la Religión. Y todo ello nos llevará a reevaluar nuestra concepción del mundo, porque hoy comenzamos a saber que nuestro cerebro es a su vez creador y espejo de cuanto sucede y que todo pensamiento y conducta humana residen en su funcionamiento y los códigos que lo sustentan. En realidad el cerebro es ese último rincón donde se mece y crea cada ser humano. Como ha señalado Iñaki Beti, de la Universidad de Deusto, 'la Neurociencia se encuentra en el umbral de llegar a constituir una teoría unificada de lo humano, más allá de la tradicional división de los saberes en humanísticos y científicos. Ello puede suponer un impacto tan grande en la visión de la persona como el que conllevó el darwinismo'.

En definitiva, Neurocultura quiere decir un encuentro entre la Neurociencia, que es el conjunto de conocimientos sobre cómo funciona el cerebro, y el producto de ese funcionamiento, que es el pensamiento, los sentimientos y la conducta humana. Decía Kandel, uno de los últimos premios Nobel en Neurociencia: 'Mientras las Ciencias y las Humanidades continúen teniendo sus propias y separadas preocupaciones, deberíamos llegar a darnos cuenta de que ambas se generan a través de un diseño computacional común: el cerebro humano'. Del estudio de ese diseño (Ciencia) y sus productos (Humanidades) nace el nuevo marco de cultura que venimos comentando.

El epicentro de esta nueva visión que llamamos Neurocultura no nace sólo de la Neurociencia como tal, sino del reconocimiento, una vez más, de que la existencia humana procede de un largo proceso de azar, necesidades y reajustes que han durado millones de años. La Neurociencia, a la luz de ese proceso evolutivo, está desentrañando los mecanismos que elaboran el funcionamiento del cerebro y con ello llegando a conocer cómo percibe y posiblemente 'construye' la realidad que nos rodea. Es ahora cuando empezamos a entender que las elaboraciones perceptivas e intelectuales de nuestros cerebros tienen que ver con los códigos ancestrales anclados y escondidos en sus profundidades. Nada ocurre, ni nada existe del mundo humano, que no haya sido filtrado y elaborado por el cerebro, sea la percepción de una hermosa obra de arte, la elaboración de una compleja formulación matemática o el sentimiento profundo de haber alcanzado a Dios. Si queremos decodificar las percepciones y los sentimientos y los pensamientos e ideas que mueven las sociedades humanas, hay que conocer los mecanismos a través de los cuales ese órgano que llamamos cerebro las produce.

De todos estos planteamientos emergerán preguntas como éstas: ¿cómo han aparecido a lo largo del proceso evolutivo y cómo operan los circuitos neuronales de la corteza prefrontal, claves en los razonamientos y sentimientos morales? ¿Qué códigos cerebrales elaboran la maldad y la bondad y sus significados? ¿Qué mecanismos operan en el control de las emociones y los sentimientos y alcanzan a la planificación responsable de la vida de una persona, a su intimidad y su dignidad? ¿Cuál es el substrato cerebral de las conductas antisociales y cómo pueden ser modificadas? ¿Existe el yo o la mente como entidad única y subjetiva en el cerebro? ¿Cómo crea el cerebro la conciencia humana? ¿Cómo alcanza el cerebro los procesos de abstracción y con ellos el conocimiento y la creatividad? ¿En qué medida saber que nuestras decisiones son producto de la actividad de ciertas áreas del cerebro que codifican para la recompensa va a cambiar el mundo que conocemos y nuestros sentimientos de seres libres? ¿Se avecina una nueva forma de pensar y entender la conducta humana?".

1 feb 2011

La restauración: (arte y) oficio

Durero | Adán y Eva | 1507

El brillo de la Cultura (con mayúsculas) esconde un puñado de minúsculos oficios -forzados a malvivir en la sombra del olvido- si no menores, sí menospreciados: sin duda por falta de conocimiento. Contribuyen a que lo creado tiempo atrás permanezca, mas no los valoramos cuando una firma reconocible nos ciega el entendimiento. Por eso merece la pena leer este breve homenaje de Gabriel Albiac a los restauradores publicado en ABC Cultural:

"La obra de arte es una súplica de eternidad alzada sobre materia efímera (toda materia lo es). Escapa al tiempo que la acosa, solo haciendo de la precariedad física en la cual fue forjada, principio de sus metamorfosis. No es inmortal, por más que nos guste llamarla de ese modo. Basta con pasear entre la ruinas atenienses para entenderlo. Pero algo eterno sobrevive aun en la destrucción de la frágil materia de la cual, como nosotros, como todo, su belleza ha sido hecha. Eso queda en la memoria, como un lugar sagrado. Aunque sea la memoria, desde luego, la que tantas veces inventa la obra imaginada, allá donde de la real se perdió todo. Nuestra Grecia es, así, una limpia geometría de mármol blanco. ¿Qué importa si la Grecia real era polícroma? Nuestro fantasma de Grecia no admite ser afeado con colores. Y ese fantasma
-no Grecia- es el que nos hace griegos.

El del restaurador es un tenaz combate con el tiempo. Que será al fin vencedor, porque el tiempo acaba por horadar todo. Es el mal, el tiempo, como aquilata Ezra Pound. Por eso es tan hermoso darle batalla perdida.

El Prado muestra durante estos meses un ejemplo exquisito de esta batalla contra lo precario: 'Adán' y 'Eva', dos óleos prodigiosos sobre panel de pino realizados por Durero en 1507. Hace medio milenio: o sea, nada. Luminosos ahora, como los quiso la clara geometría de aquel oscuro alemán que, después de haber leído La divina proporción, de Luca Pacioli, supo fijar su propio canon, más esbelto, en esos dos paradigmas humanos de tamaño natural, en desnudez fluida y sosegado abandono al ojo que los mira.

Basta con dar la vuelta para admirar el prodigio del artesano contra la erosión de estos cinco siglos. Los bastidores de madera que restablecen la solidez del pino, muy deteriorado, sobre el cual Durero pintó a Adán. El casi intacto dorso de la tabla de Eva. Volver a ver la obra como la vio su autor al terminarla. Ese milagro de combatir al tiempo y de no ser vencido".

31 ene 2011

Lo quiero todo

Fuente | El País

Leo a Javier Gomá en Babelia: "No tengo intención ni mucho menos de renunciar a cuanto ya he elegido, ¡no tengo intención de renunciar a nada! Pero recuerdo que la gente me decía: 'No lo puedes tener todo; tienes que elegir' y ahora estoy en condiciones de responder a la gente y responderme a mí mismo con potente voz: 'No, no quiero elegir. ¡Yo lo quiero todo!'. Ya no más dilemas, aporías, antagonismos, 'aut-aut' kierkegaardianos, alternativas insuperables. Lo quiero absolutamente todo. Lo grande y lo menudo, la ebriedad y la rutina, la pasión y la felicidad, el placer y la virtud, la vulgaridad y la ejemplaridad, la vocación y la profesión, esta vida y la otra, la altura y el peso, la gravedad y la gracia, la ingenuidad y la lucidez, la experiencia y la esperanza, la altura y la profundidad, el norte, el sur, el este y el oeste, incluyendo, como leí en algún sitio, el 'cuerpo' y el 'arma', y todo ello hasta alcanzar el grado que indica el libro de Sackville-West: All Passion Spent. Ahora que ya estoy pasablemente adaptado al mundo, lo quiero todo sin renunciar a nada, aunque también -es importante añadir- sin presunción".

28 ene 2011

Hábitos de lectura y compra de libros


Desde el año 2000, la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), con la colaboración de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura, realiza el estudio de 'Hábitos de lectura y compra de libros en España'. Este estudio reviste la forma de Barómetro y la presentación de resultados, que hasta 2009 había sido trimestral, es cuatrimestral en el año 2010. Los que siguen son algunos de los datos más destacados que arroja:

-El 57% de la población de España mayor de 14 años lee en su tiempo libre, mientras que el 21,5% afirma leer por motivos de trabajo o estudios.

-El porcentaje de lectores frecuentes en su tiempo libre se ha incrementado en dos puntos respecto a 2009 hasta situarse en el 43,7% de la población. Desde el año 2001 este porcentaje ha crecido en 7,7 puntos.

-El perfil del lector en España sigue siendo el de una mujer, con estudios universitarios, joven y urbana que prefiere la novela, lee en castellano y lo hace por entretenimiento.

-El 5,3% de la población de España lee libros en soporte digital, pero sólo el 1,0% lo hace a través del e-Reader.

-Siete comunidades autónomas (Madrid, País Vasco, La Rioja, Cantabria, CataluñaAragón y Navarra) superan la media nacional de lectores de libros (57,0%).

-El 100% de la población de entre 10 y 13 años leen libros al menos una vez al trimestre.

-El 40,7% de los entrevistados 61,1% de los lectores compraron libros no de texto y se decantaron por la novela histórica o de aventuras y acción.

-Mejora ligeramente la asistencia a las bibliotecas de la población mayor de 14 años, situándose en el 29,1%.

-Los pilares de la tierra, de Ken Follet es el libro más leído, mientras que María Dueñas con El tiempo entre costuras es la más comprada en 2010.

El 60,3% de la población española mayor de 14 años afirma leer libros, en cualquier formato, ya sea por ocio o por motivos de trabajo o estudios. Estos lectores han leído una media de 9,6 libros en los últimos doce meses. Si tenemos en cuenta sólo a la población que afirma leer en su tiempo libre, el porcentaje alcanza el 57,0%. El porcentaje de lectores frecuentes, aquellos que leen con una frecuencia diaria o semanal, se incrementa en dos puntos, con respecto al año anterior, y se sitúa en el 43,7% de la población. Hay que señalar que desde que en el año 2000 se inició la publicación del Barómetro se ha observado una tendencia creciente en el número de lectores frecuentes que ha pasado del 36,0% al 43,7% en los últimos diez años.

23 ene 2011

La obra o la vida


Viene de antiguo el debate acerca de si en un artista la vida y la obra son un todo indivisible o van cada una por su lado. Se intensifica dicho debate en aquellos casos en que una mancha vital ensucia una impoluta trayectoria artística. Y eso es precisamente lo que ha sucedido en los últimos días en Francia en torno a la pertinencia o no de celebrar de manera 'oficial' el medio siglo de la desaparición de Louis-Ferdinand Céline, uno de sus novelistas más potentes. Arcadi Espada daba ayer su punto de vista sobre la cuestión:

"Tras arduas deliberaciones consigo mismo el ministro de Cultura francés, un Mitterrand, ha decidido que no conmemorará no sé qué aniversario de Céline. La razón que ha dado es su insoportable antisemitismo. No me interesa ahora el debate sobre el genio y sus opiniones. La legitimidad intelectual de distinguir entre significante y significado. Si el antisemitismo que se le achaca forma parte de la obra que hay que celebrar o de la vida que conviene despreciar. Todo eso que nunca se plantea cuando se celebra a Neruda y su oda a Stalin. Lo interesante y reprobable es el sentido que adquiere la conmemoración en nuestra época, se trate de un aniversario o de un monumento público. La conmemoración se entiende no como recuerdo, sino como masaje. La evidencia de que el aniversario de un Céline debería ser la ocasión preciada de discutirlo no se tiene en cuenta. Los programadores culturales no dan opción: o el agasajo ruborizante o la 'damnatio memoriae' romana. El mundo mermelado de la memoria histórica".