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7 mar 2011

La Historia se repite (y se ignora)

Fuente | YouTube rtve / PasquiLoLxD

23 feb 2011

30 años x 23-F = 690 versiones

Fuente | rtve.es

Hoy se cumplen 30 años del (pen)último golpe de Estado contra nuestra democracia, el perpetrado el 23 de febrero de 1981. Los medios nacionales soportan estos días, a duras penas, el peso de las batallitas particulares, los enigmas amontonados, las versiones de los héroes y los villanos. Hojarasca. Resulta complicado expurgar el estercolero. De entre las toneladas de lugares comunes y argumentaciones extemporáneas, me quedo con lo que se puede ver, oír y leer en este post: la grabación original de los hechos, servida por rtve.es; el montaje sonoro elaborado por Ángeles Afuera e Iván Coca para la cadena SER; el montaje audiovisual confeccionado por elmundo.es; la 'novela gráfica' publicada por el Magazine de El Mundo el pasado domingo; la ochentera visión de El Jueves a modo de videojuego; y el (desmitificador) artículo de Raúl del Pozo en El Mundo, que dice así:

"Presumimos de tener muchos huevos cuando ya se han desvanecido aquellos que nos querían dar matarile. Nos montamos películas falsas con romances de valentía sobre nuestro pasado, no sólo por oportunismo o vergüenza, sino porque pensamos de manera diferente al momento en el que ocurrieron los hechos. La idealización del pasado, además de un mecanismo de defensa, forma parte de la memoria de la resaca, con vacíos y olvidos que rellenamos con fantasía. 'Intento no pensar en cosas pasadas porque si lo hago', escribe Borges, 'lo estaré haciendo sobre recuerdos'. Tal vez por eso evocamos y revivimos el 23-F como una hazaña cuando fue realmente un doblegamiento. Si repasamos los acontecimientos, nos duele la memoria, recordamos nuestras caras tan blancas como el yeso y sólo recuperamos el orgullo al recordar los millones de ciudadanos que se echaron a la calle a defender la democracia.

No es cosa de repasar los nombres de los valientes y cobardes como si aquello hubiera sido un western. Digamos simplemente, que en el golpe, antes del golpe y después del golpe los valientes fueron peor tratados que los prudentes. Los españoles no votaron, un año después, a los más intrépidos, sino a los más juiciosos.

Veremos cómo lo cuentan hoy. Estén atentos al televisor. Comprobarán cómo vuelven a la sede de la fechoría, que no llegó a ser el lugar del crimen por pura casualidad, para contar con juegos verbales, la charlotada como una hazaña. El Congreso de los Diputados es también el diván de la nación, un buen lugar para las evocaciones confabulatorias; los leones son de bronce y no hablarán, a pesar de ser los guardianes del templo de la palabra, al pie del pórtico, delante de las seis columnas de orden corintio. Si hablaran, confirmarían esa máxima a la que tanto apelan los autores de novelas de espías: un traidor, un agente secreto. Un traidor vale más que 100 valientes. Allí no hubo 100 héroes, ni siquiera 90, apenas tres o cuatro: Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Gutiérrez Mellado y alguno más. Tal vez se portaron con tanta audacia porque eran los más desesperados y asustados.

Aquella no fue la hazaña de Daniel ni la de Don Quijote cuando se quedó solo con una espada ante el león que abrió la boca y sacó dos palmos de lengua, lavándose con ella el rostro, antes de volver a la jaula. Yo estaba allí y no echo planas a nadie. En ningún momento pensé morir como un romano, pasé más miedo que en el dentista cuando me apuntaba con las manos temblorosas un cabo primero de la Guardia Civil de Tráfico.

Y así casi todos. Veremos y escucharemos cómo lo cuentan los padres de la Patria, cómo rememoran aquel esperpento cuando ya está en el desolladero".


Fuente | El Jueves

22 feb 2011

El burdel, Cercas y Espada

Arcadi Espada y Javier Cercas
Fuente | Letras Libres

El asunto del 'lupanar en Arganzuela' va camino de convertirse en el alimento más provechoso del panorama mediático español del modernísimo siglo XXI. Tras la apariencia de chisme cultureta se esconde una de las más sustanciosas lecciones periodísticas que ha deparado la profesión en los últimos tiempos. Por eso merece la pena seguir de cerca este duelo -en el que ambos contendientes esgrimen un arma tan (in)ofensiva como el teclado-; por eso me parece tan acertado el análisis que de él hace Daniel Gascón en el blog de la redacción de Letras Libres:

"Arcadi Espada y Javier Cercas mantienen desde hace años una polémica sobre la verdad periodística y literaria. En España no abunda ese tipo de controversias enriquecedoras que, cuando descienden lamentablemente de la teoría al insulto, recuerdan la frase de Woody Allen: “los intelectuales son como la Mafia: solo matan a los suyos”.

Hace unos días, Cercas escribió un artículo donde defendía a Francisco Rico, que había publicado un texto contra la ley del tabaco donde decía que no había fumado en su vida. Muchos lectores, que sabían que el filólogo es un hombre a un cigarrillo pegado, protestaron. Cercas les acusaba de no tener sentido del humor y defendía que “el periodismo es un ensayo de comprensión imaginativa del presente”, “no una mera acumulación de hechos sino una interpretación de los hechos”, y que no debemos exigir que todo lo que se cuenta en el periódico responda a la verdad de los hechos. El martes, Arcadi publicó una columna en El Mundo donde contaba que Cercas había sido detenido en una redada en un prostíbulo de Arganzuela. Algunos medios implicaban a Cercas en una trama de explotación de mujeres y Espada salía en su defensa.

Como ha explicado el propio Espada, lo que contaba la columna era falso: el periodista aplicaba los argumentos de Cercas al autor de Soldados de Salamina. Usaba con brillantez un procedimiento similar al que había empleado en un fragmento de Diarios:

'El célebre periodista español Mariano de Cavia mintió un siglo antes escribiendo un artículo donde narraba el incendio del Museo del Prado. Mucha gente lo creyó. Lo que Cavia quería, justamente, era evitar la posibilidad del incendio y convencer a las autoridades de la necesidad de mejorar la seguridad en el museo. Nunca sabremos si con ese artículo se evitó la quema del Prado y tamaña desgracia para la Humanidad. Pero sí sabemos que Alfonso Hueste-Medina, un anciano coleccionista de arte de Madrid, seguramente ya enfermo, murió de un infarto fulminante en su palacete de Serrano, seguramente después de llamar, horrorizado, a su criada y empezar a relatarle lo que contaba Cavia. No hay duda de que el Prado se quemó para él.

A la mañana siguiente

Ni Alfonso Hueste-Medina ni su historia son reales. Espero que hayan aprendido la lección'.

No creo que sea exacto decir que Espada 'ha lanzado un bulo' ni una calumnia, aunque el ejemplo que usa ha podido crearle más problemas a Cercas que otros a los que podría haber recurrido. En la disputa hay un elemento de antipatía personal, que también se ve en algunos de los que han criticado el correctivo de Espada. Pero, en todo caso, Cercas se equivocaba en su defensa de Francisco Rico. El periodista que introduce la ficción en un texto del periódico está violando su pacto con el lector. Ni siquiera tiene el mérito que supone obtener la suspensión del escepticismo, como en una novela, porque opera gracias a la credibilidad de los hechos reales y el lector asume de entrada que lo que le cuentan es cierto. Es un engaño. A diferencia del periodismo, la literatura no es verdad ni mentira, sino ficción, y sabemos que crea objetos y significados simbólicos, pero ese periodismo falaz o 'imaginativo' genera de forma fraudulenta significados simbólicos, que son muy peligrosos cuando no los identificamos como tales, y los genera, además, sobre objetos y personas de verdad. El propio Cercas, que hoy vuelve a escribir sobre el asunto, ha demostrado que entiende esa diferencia en otros textos. Su admirable libro sobre el 23-F, Anatomía de un instante, distingue claramente entre los hechos comprobados y la especulación. En términos pragmáticos, ese tipo de periodismo incumple como poco la máxima de calidad de Paul Grice. Eso perjudica a quien lo lee, al periódico y a menudo a un tercero. Y dinamita todo su discurso, porque la frontera entre realidad y ficción es el único lugar donde se cumple el principio homeopático: una sola gota de mentira contamina todo el contenido y desautoriza al emisor".