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15 mar 2011
9 mar 2011
Resaca de la mujer (trabajadora)
Por lo visto y oído -en un informativo de cuyo nombre no quiero acordarme- ayer no podía escucharse esta canción. (In)evitables consecuencias de este mundo (absurda y) políticamente correcto que hemos edificado entre todos.
7 mar 2011
La Historia se repite (y se ignora)
Fuente | YouTube rtve / PasquiLoLxD
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27 feb 2011
Lo peorcito del cine de 2010
"Los Razzies, considerados los 'anti-Oscar' de la industria, se cebaron hoy con 'The Last Airbender', [...]. Según reveló la fundación Golden Raspberry Award, que entrega los temidos Razzies, 'The Last Airbender' se hizo con las estatuillas (unas frambuesas doradas cuyo valor es inferior a cinco dólares) a la peor película, peor director, peor guión, peor actor de reparto (Jackson Rathbone, que también se lo llevó por 'Twilight Saga: Eclipse') y peor uso del 3D.
La otra gran perjudicada de la velada fue 'Sex and the City 2', que se llevó el galardón de peor actriz (destinado a todo su reparto femenino, formado por Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, Kristin Davis y Cynthia Nixon), peor secuela y peor reparto.
El título de peor actor fue a parar a Ashton Kutcher, por 'Killers' y 'Valentine's Day', mientras que como peor actriz se coronó Jessica Alba, gracias a 'The Killer Inside Me', 'Little Fockers', 'Machete' y 'Valentine's Day'.
La satírica ceremonia, celebrada como es tradición la noche previa a los Oscar, tuvo lugar en el Teatro Barnsdall Gallery, en Hollywood.
Los Razzie -palabra que se puede traducir como pedorreta- se crearon en 1980 como el antídoto al glamour que impone Hollywood anualmente gracias a los premios de la Academia" (EFE).
La máxima imaginable de todas las corrupciones
Rearviewmirror
Fuente | YouTube RT
24 feb 2011
Un deseado 'tranvía'
Fuente | rtve.es
Todavía puede verse en el Teatro Español de Madrid -tranquilo, tienes hasta el 10 de abril- uno de los acontecimientos teatrales de la temporada: 'Un tranvía llamado deseo'; un título que se basta y se sobra para generar expectación, pues su argumento está instalado desde hace décadas en el imaginario (cinematográfico) colectivo. Pero esta nueva versión llega cargada de alicientes, que pasa a valorar Javier Vallejo (El País):
"Para la mayoría, 'Un tranvía llamado deseo' es esa película de Kazan donde el brutal Stanley Kowalski interpretado por un Marlon Brando desbordante se fajaba en lucha desigual con la temperamentalmente frágil Blanche DuBois de Vivien Leigh. Kowalski y DuBois personifican el enfrentamiento entre el estadounidense nuevo, hijo de emigrantes, brutalmente hecho a sí mismo y los últimos vestigios de una aristocracia terrateniente sureña en vías de extinción. Con Blanche, desaparecen del mapa norteamericano el viejo orden, el deseo disfrazado de cortesía, el gusto por la cultura europeizante y un lenguaje trufado de circunloquios insufribles y de citas superfluas.
Es significativo que Kazan conservara en el filme el reparto entero de la producción original de Broadway (dirigida por él mismo), salvo a la actriz protagonista: Laurence Olivier le convenció para que fuera a ver a Leigh, su esposa, en el montaje londinense, y de allí se la trajo. Interpretada por una británica rodeada de norteamericanos, la Blanche marcescente pero atractiva de Leigh simboliza la decadencia de la vieja Europa recién autodestruida durante la II Guerra Mundial.
En la versión actual demoledora, desprovista de sentimentalismo, que Frank Castorf, director de la Volksbühne berlinesa, hizo nueve años atrás, Kowalski era un ex sindicalista de Solidaridad, nostálgico de sus luchas junto a Lech Walesa, y Blanche, una exuberante Marilyn Monroe crepuscular, capaz de fajarse con su antagonista de tú a tú. Al final del combate, cuando parecía que nada más podía pasar, la boca del escenario se elevaba por sorpresa, los restos de una vajilla hecha añicos rodaban estrepitosamente pendiente abajo, y ambos protagonistas, más la bellísima Stella, Mitch y una Eunice mulata, remontaban la pendiente hasta quedar los cinco al borde del abismo, 12 metros sobre las cabezas del público.
El montaje que acaba de estrenar Mario Gas en el Teatro Español es fiel a la época, el espíritu y el ambiente de la obra original e incluso a la imagen que de ella transmite la película, aunque devuelve a Blance DuBois al centro del drama, de donde la desplaza en el cine la interpretación torrencial de Brando: lo fundamental aquí es su intento desesperado de agarrarse al estribo del tranvía de la vida, y su cuesta abajo cuando se cierran las manos que le tendían su hermana Stella, vencida por el poderoso vínculo animal que le une a Kowalski, y Mitch, novio incipiente en cuya medrosa voluntad el veneno de la difamación produce rápido un efecto letal.
Apoyado en una eficaz escenografía de Juan Sanz y Miguel Ángel Coso, Mario Gas planea el canto del cisne de Blanche con un hiperrealismo menos minucioso y trabajado que el de sus memorables puestas en escena de 'Franky y Johnny' en el claro de luna y de 'La reina de belleza' de Lenanne. Vicky Peña, actriz tantas veces celebrada, da, por edad, una Blanche muy diferente de las varias que tenemos en la memoria, incluidas las recientes de Cate Blanchett y Rachel Weisz. Esta Blanche, instalada ya en la madurez, parece estar mandando sus naves al combate a la desesperada, con un nivel inicial de afectada coquetería que anticipa el fatal desenlace. Cuando se encandila con el joven vendedor de suscripciones parece reprimirse no tanto por miedo a ir demasiado lejos como por ser consciente de lo difícil que le sería.
Lo mejor de la primera parte es la escena íntima entre Mitch (un convincente Àlex Casanovas) y la protagonista, que abandona su impostura asumida: aquí Peña puede por fin explotar su veta dramática más sincera. El clímax de la segunda parte llega con el cara a cara definitivo entre Blanche, ahora gata sin tejado, y un Kowalski portuario interpretado con naturalidad de chico de barrio por Roberto Álamo, bajo una luz racheada veermeriana obra de Juan Gómez Cornejo. La difícil escena final mantiene la tensión cenital precedente. Ariadna Gil es una Stella con encanto, falta de punta dramática.
Quizás a un proyecto comercial hecho con sentido artístico, como éste, no quepa pedirle una lectura del texto más personal, pero sí una definición de producción y dramática más afinadas. El público de una función de a diario lo aplaudió todo y ovacionó a Vicky Peña".
Fuente | YouTube Juanjo Seoane / EFE
El mundo al revés en Buenafuente
Fuente | YouTube El Terrat
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23 feb 2011
El (desen)canto del cisne de Aronofsky
Fuente | YouTube Top Cinema TV
El nuevo extrañamiento cinematográfico de Darren Aronofsky está ya en las carteleras españolas. Lleva por título 'Cisne negro' y supone un capítulo más de la ecléctica intrahistoria del subgénero de películas en torno a la danza, de la que en estas últimas fechas se han estrenado -y se estrenarán- algunas notables muestras. La crítica ha caído rendida, una vez más, ante el heterodoxo creador de 'Pi, fe en el caos', 'Requiem por un sueño', 'La fuente de la vida' y 'El luchador'. Para muestra, un botón: Jordi Costa en El País:
"Las articulaciones del pie de una bailarina crujen con el estruendo de las placas tectónicas en una de las poderosas imágenes que abren la última película de Darren Aronofsky: un plano detalle que transforma el cuerpo de Natalie Portman en inesperado escenario de una película de catástrofes.
Como ya hiciera en la precedente 'El luchador', el cineasta se apropia del cuerpo de su protagonista para convertirlo en cordero sacrificial, objeto condenado a la extenuación expresiva a lo largo de un 'tour de force' formal que antepone, aquí, la estilización 'high class' a esa falsificación de una crudeza visceral que caracterizaba a la película anterior. Sería, no obstante, un error descifrar 'Cisne negro' tan solo a la luz de 'El luchador': el cineasta parece haber logrado aquí la síntesis perfecta de su poética, pues, más allá de esa exploración del cine como prolongación del 'body art', su película propone una inmersión, sin asideros, en las profundidades de una subjetividad fracturada, prolongando las propuestas de 'Pi' (1998) y 'Réquiem por un sueño' (2000).
'Cisne negro' cuenta una historia aparentemente sencilla, pero, tras cada una de sus imágenes y sus sonidos -en el cine de Aronofsky ni un ínfimo grano de celuloide es inocente-, se oculta un sofisticado dispositivo formal que amplifica el alcance de sus transparentes metáforas. El director juega con imágenes -los ecos del rostro de la Portman- y sonidos -el batir de las alas de un cisne- casi subliminales para colocar al espectador en el centro mismo del laberinto interior de Nina, la bailarina que abraza su lado oscuro, desborda su sexualidad reprimida y asume su autodestrucción en su demoledor camino a la perfección.
Es inevitable mencionar 'Las zapatillas rojas' (1948) como gran referente, pero, en este juego a la vez culterano y efectista que no renuncia a evocar 'Repulsión' (1965), 'Lo importante es amar' (1975), 'Carrie' (1976), 'Perfect Blue' (1998) e incluso 'Showgirls' (1995), quizá lo más sorprendente sea su reivindicación del formalismo 'grandguignolesco' del 'giallo': 'Cisne negro', que lanza no pocos guiños a la trilogía de 'Las tres madres' de Argento, sería, en suma, la perfecta hermana aristocrática de su 'Terror en la ópera' (1987). El clímax final conquista la grandeza de lo inefable: una apoteosis de cine puro, que de ningún modo puede (ni, por supuesto, merece) ser reducida a palabras".
Fuente | YouTube FoxwTV
Radiohead reina en el limbo
Fuente | YouTube Radiohead
El nuevo disco de Radiohead, 'The King of Limbs', está disponible en la red desde el pasado 18 de febrero, un día antes de lo previsto: de momento, solo se puede adquirir en edición digital; para la versión 'física' habrá que esperar hasta el 28 de marzo; y el 9 de mayo llegará la versión limitada: un 'newspaper album' que incluirá dos vinilos transparentes de 10", el CD, un código de descarga y diferentes piezas de artwork.
Para celebrar el lanzamiento, el grupo británico ha estrenado el videoclip del primer single de su último trabajo, 'Lotus Flower', dirigido por Garth Jennings y en el que Thom Yorke se desmelena según la coreografía ideada por Wayne McGregor.
Portada del disco
Fuente | Rockdelux
'Spartacus' llega a España
Fuente | YouTube Starz
Por fin se estrena en España 'Spartacus: sangre y arena', la serie que removió las entrañas de los telespectadores norteamericanos en 2010. La cita es hoy, en Cuatro, a las 22.30 h.
Fuente | YouTube Cuatro
22 feb 2011
Todas las luces de Kanye West
Fuente | YouTube VEVO
El número uno del hip hop contemporáneo -y de la música negra, en general-, Kanye West, estrena nuevo videoclip, como enésimo acto promocional de su (unánimemente) reconocido último disco, 'My Beautiful Dark Twisted Fantasy'. La pieza, 'All of the Lights' -una (impagable) reunión de estrellas de la galaxia pop que incluye a Rihanna y Kid Cudi con coros de Fergie, Charlie Wilson, John Legend, Tony Williams, Alicia Keys, La Roux, The Dream, Ryan Leslie, Alvin Fields and Ken Lewis-, ha sido dirigida por Hype Williams y es una joya indispensable para los amantes de la tipografía (lumínica) y otros placeres (más carnales).
(Hola y) adiós de Toreros Muertos
Toreros Muertos | Mi agüita amarilla | 30 años de éxitos | 1986
Pablo Carbonell, Guillermo Piccolini, Many Moure y César López fueron los artífices a mediados de los 80 de uno de los fenómenos más particulares de la Historia de la música española: Toreros Muertos. Con un nombre que haría las delicias de los más recalcitrantes antitaurinos catalanes, la banda no pasó de ser la broma infinita de la 'Movida madrileña' postdictatorial, el capricho de niño rico de un polifacético artista que desde entonces se convirtió en un rostro familiar de la (contra)cultura patria en sus múltiples versiones. Separados desde hace dos décadas y (re)juntados ocasionalmente, la semana que viene los Toreros Muertos se despiden oficialmente con un concierto en Madrid y una gira posterior por Colombia. Manifiestan, para la ocasión, "ganas de enseñarle a estas nuevas generaciones que hubo un tiempo en el que había grupos que ejercían la libertad de expresión, que usaban el humor como arma arrojadiza, que planteaban los conciertos como la posibilidad de desparramar y tenían cabida en el universo pop”. Sea; y sirva para recordar -una vez más- el (gran) éxito más escatológico que las masas escucharon en nuestro país: 'Mi agüita amarilla'.
20 feb 2011
All-Star
Fuente | YouTube NBA
El atletismo y la parafernalia -publicitaria, cómo no- se imponen en el fin de semana de las estrellas del baloncesto mundial. ¡Maldito siglo XXI!
16 feb 2011
'Valor de ley': cercano Oeste
De acontecimiento cinematográfico puede catalogarse la revisión que los hermanos Coen han hecho de un clásico (menor) del western: 'Valor de ley'. Y de acontecimiento literario hemos de hablar, irremediablemente, ante este miniensayo edificado alrededor de dicho estreno, en particular, y del cine del Oeste, en general, por Rodrigo Fresán sobre los cimientos de ABC Cultural:
"De tanto en tanto, parece que se ha ido para no volver. Pero siempre regresa. Y es que en el western -como género y especie- se enredan las raíces de la antigüedad, crecen las ramas del presente, y brotan los frutos del futuro.
Si se quiere, porque se puede -y mientras desenvainan los samuráis y cantan los juglares y narco-mariachis y gimen las damiselas a la espera de su caballero andante y vagan los hobbits- es posible releer a Troya como antepasada de Tombstone. A David solo ante el peligro escenificando un duelo al sol con Goliath. A Robin Hood como pistolero de perfecta puntería enfrentándose a los despóticos e intrusos hacendados de Nottingham. Al Quijote y a Sancho como dos justicieros poseídos por el espíritu de ancestrales marshalls bebiendo alrededor de una mesa redonda. A Heathcliff como el forastero que retorna a Cumbres Borrascosas para vengarse y reclamar lo que considera suyo. A Peter Pan como un Billy The Kid en contra del orden establecido por el Capitán Garfio. A Jay Gatsby (no parece casual que Fitzgerald haya subtitulado su inconclusa El último magnate como un western) como el melancólico cowboy de final trágico. Y a Martín Fierro como un fuera de ley en el Lejano Sur donde, dicen, Butch Cassidy & The Sundance Kid dispararon sus tiros del final.
De igual modo, más cerca, la llegada de Obama a la blanquísima Casa Blanca evoca las gracias raciales de Mel Brooks en la amorosamente paródica Sillas de montar calientes. Un geriátrico Jack Palance funciona como ruda terapia cardinal para Billy Crystal y sus amigos aburguesados por la metrópoli. 'El hombre que susurra a los caballos' es la variante terapéutica y casi new age del mito. Y los arreadores gay de 'Brokeback Mountain' y el country-singer de 'Corazón rebelde' muestran diferentes facetas del mismo perfil.
Y hasta el infinito y más allá, pero siempre hacia el Oeste: Chartlon Heston enfrentándose a tribus de simios, el mortal robot de Yul Brynner en aquel parque temático, Darth Vader como el definitivo gunslinger con sable láser, Marty McFly poniendo rumbo a un tiempo de sombreros y balas en la tercera parte de 'Regreso al futuro', y el retro Woody uniendo fuerzas con el sci-fi Buzz en la trilogía 'Toy Story'.
Y es que todo va a dar al western porque el western da para todo. Allí entra cualquier gran actor o director que se precie de tal (el western como asignatura a rendir tanto por Brando como por Clift; y estoy convencido que Stanley Kubrick tarde o temprano habría atado su cámara a las puertas de una taberna, aunque el buen Espartaco y el malvado Alex ya tengan trazos bandoleros).
Y del western sale también la serie negra (donde el saloon ha sido suplantado por el café americain extranjero de nombre Rick's o el garito clandestino donde fluye el whisky de contrabando). Ya saben: cielos de fuego, cúpula para un éxtasis catedralicio del paisaje, y perfume de pólvora, y esas calles donde siempre ruedan esas misteriosas bolas de paja que no se sabe de dónde vienen ni a dónde van.
Y '¡Acción!', grita alguien con un pañuelo cubriéndole la boca y el cine norteamericano arranca con el robo a un tren (mientras que el francés lo hace con un tren entrando a una estación) y la literatura 'Made in USA' abre sus puertas a forajidos y aborígenes con el fronterizo James Fenimore Cooper y El último mohicano. Después, los dibujos y cuadros y grabados de Frederic Remington y la fascinación eterna por las armas de fuego -amor u odio- de todo un pueblo y de algunos que, en ocasiones pierden el sentido de la orientación, salen del O.K. Corral (al que viajó Camilo José Cela en su inclasificable Cristo versus Arizona), se suben al taxi de Robert De Niro luego de hablar solos frente a un espejo negro, para bajarse en las aulas de Columbine. Un ser nacional que se apoya -seamos incorrectamente políticos- en un mecanismo implacable: enviar al Oeste a hombres blancos salvajes para que acaben con los hombres rojos salvajes (pielesrrojas & Co.) y, una vez concluida la faena, enviar a más hombres salvajes para que pongan un poco de orden. Y así, capa tras capa hasta fundamentar aquello que, no en vano, se conoce como Salvaje Oeste.
Este entramado simple y cíclico de viaje y recompensa, claro, pone a prueba a los creadores cuando se trata de reclamar como propia esa atracción de multitudes. Pasión que -en su Historia universal de la infamia- el genial enumerador Jorge Luis Borges disecciona con un 'Detrás de los ponientes estaba el hacha demoledora de cedros, la enorme cara babilónica del bisonte, el sombrero de copa y el numeroso lecho de Brigham Young, las ceremonias y la ira del hombre rojo, el aire despejado de los desiertos, la desaforada pradera, la tierra fundamental cuya cercanía apresura el latir de corazones como la cercanía del mar. El Oeste llamaba'.
Y ese es parte del 'problema': el Oeste llama tanto y a tantos, sus puertas batientes de saloon siempre abiertas, y todos se sienten convocados por la siempre fecunda generosidad de sus clichés y lugares comunes y responsables de la, por fortuna, nunca del todo domesticada postal. Aunque más de uno debería ser expulsado de allí a patadas por el Sargento Kirk o cubierto de alquitrán y plumas.
Así, el conservadurismo de series televisivas como 'Bonanza' y sus infinitos derivados encuentran de tanto en tanto su contraparte freak en 'The Wild Wild West' o 'Kung Fu' o la futurista 'Firefly/Serenity' o, tras los pasos de Walter Hill, la shakespeare-dickensiana 'Deadwood' vía HBO. Lo previsible y anquilosado de buena parte de John Wayne (quien estuvo en lo mejor y en lo peor del asunto) es talado por la potencia mítica y el silencio místico de los spaghetti westerns de Sergio Leone bien digeridos por su aprendiz Clint Eastwood. La ultraviolencia en cámara lentísima de Sam Peckinpah (con Bob Dylan llamando a las puertas del cielo) corrige el desatino de Elvis con pañuelo al cuello gorgojeando 'Love Me Tender' y de tanto western para que desfilen estrellas teen. Y, sí, de tanto en tanto, se disparan rarezas como 'Dos hombres y un destino' y 'El rostro impenetrable'; la variante integrista à la Lawrence de Arabia en 'Un hombre llamado caballo' o Jeremiah Johnson o 'Bailando con lobos'; la aproximación urbana/contracultural de 'Cowboy de medianoche'; la kafkiana 'Dead Man'; y, más recientemente, delirios psicotrónicos como la adaptación del cómic donde galopa 'Blueberry' y joyas como 'El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford'.
Y, ahora, la inesperada pero bienvenida resurrección de 'Valor de ley'. Remake de un clásico de Henry Hattaway por el que Wayne ganó Oscar y Globo de Oro en 1969 y que ahora los hermanos Coen (quienes ya habían firmados pseudo-westerns como 'Fargo' o la muy asombrerada 'Muerte entre las flores' mientras ponían a un veterano de rodeos a narrar las desventuras de Lebowski) hacen suya y nada más que suya.
Y 'Valor de ley' -que también es una gran novela, más detalles adelante- es un buen punto de inflexión donde cabe la reflexión sobre los riesgos de mirar y escribir 'una de vaqueros'. No es fácil y resulta muy arriesgado, pero siempre resulta tentador ese WANTED en el póster ofreciendo recompensa a quien escriba un gran western con calibre de Gran Novela Americana. De este modo, por cada tonelada de Louis D'Amour o de Zane Grey o del español Manuel Lafuente Estefanía (no olvidar que aquí se filmó mucho western extranjero en plan '800 balas' de Álex de la Iglesia; y desafío personal: ¿alguna vez Javier Marías se sacará de la manga el naipe marcado de ese western que, seguro, lleva dentro?) se han desenterrado, de tanto en tanto, grandes pepitas de oro. Ejemplos: El hombre malo de Bodie de E. L. Doctorow, el clacisismo de Walter Van Tilburg Clark y Glendon Swarthout, la extraterrestre Girl in Landscape de Jonathan Lethem, la inconclusa The People de Bernard Malamud, las dos partes de Pequeño gran hombre (llevada al cine por Arthur Penn, con Dustin Hoffman) de Thomas Berger, El monstruo de Hawkline de Richard Brautigan, aquella saga de Larry McMurtry, la mutación fantasy de Stephen King en su ciclo de La torre oscura, el resumen multimediático que hace David Thomson en Silver Light, los diálogos masca-tabaco de Elmore Leonard, la bíblica tormenta de palabras que es Meridiano de sangre de Cormac McCarthy, quien volvió allí, más apaciguado pero no demasiado, para su 'Trilogía de la frontera'.
Y -por último pero no en último lugar- Valor de ley, best-seller de 1968 del 'escritor de culto de los escritores de culto' llamado Charles Portis (Eldorado, Arkansas, 1933).
Admirado incondicionalmente por nombres como Norah Ephron, Ira Levin, Roy Blount Jr., Walker Percy, Jonathan Lethem, Ron Rosenbaum, Donna Tartt, George Pelecanos, Richard Condon, Tom Wolfe y Roal Dahl. Y poco dado a entrevistas y declaraciones. Raro, rarísimo, autor de otras cuatro novelas muy desopilantes y bastante pynchonianas adoradas por sus fans y pobladas por perdedores a la altura de Ignatius Reilly, en Valor de ley Portis -como en 'Shane' o en 'Centauros del desierto' o en 'El jinete pálido'- Portis propone una trama 'con joven testigo'. Pero no se queda ahí y agrega, también, una voz. La de una casi anciana totalmente solterona en la Depresión que, alguna vez, en el Far Far Far West, fue una intrépida chica de catorce años llamada Mattie Ross. Así, algo que podía entenderse tanto como un 'Mujerzota' o 'Acribillar a balazos a un ruiseñor' o 'La buena, el malo y el feo' o, mejor, 'La guardiana entre el whiskey de centeno'. Ya se dijo: una novela 'de voz' -de voz como la de Huck Finn o la de Holden Caulfield- en la que una joven huérfana contrata a Rooster Cogburn, un crepuscular tirador tuerto adicto a mitificar su cada vez más lejano y amplio pasado, para vengar el asesinato de su padre a manos del miserable Tom Chaney. Algo que puede leerse y disfrutarse como parodia y pastiche pero, también, como potente destilado/homenaje a la literatura de stetson y colt. Todo -rastros tantas veces seguidos- sin obviar el ingrediente particular y fundamental de la mezcla: el muy particular fraseo y léxico de la vieja por siempre joven, potenciado por los Coen en su adaptación de ley. Una road novel a caballo que permaneció veintidós semanas en la lista de más vendidos de The New York Times y considerada hoy un clásico moderno no sólo del género y que -dicen los que lo conocen- incomoda un poco a su autor por el volumen de atención recibida a lo largo de los años. Algo así como su Lolita con su título -ese True Grit- ingresando como modismo en el habla popular norteamericana junto al Catch-22 de Joseph Heller y convirtiéndose, en el decir de Pelecanos, en 'un tesoro para todas las edades', en el de Tartt en 'el único libro que le gustó a mi bisabuela, a mi abuela, a mi madre y a mí' y en el del crítico Ed Park en algo 'Como Cormac McCarty; pero divertido'.
'Valor de ley' -muy por encima de las recientes 'El tren de las 3:10 a Yuma' o 'Apaloosa'- se ha convertido en el título más exitoso en toda la filmografía de los hermanos Coen, camino de ser el western más visto de toda la historia del cine, multinominado al Oscar y al Bafta. Y, sí, un nuevo retorno de lo que nunca nos abandona a nuestra suerte por más que -como en el final de toda aventura de Lucky Luke- el solitario cowboy muy lejos de su hogar se marche, apenas por un rato y hasta la próxima, cantando hacia el crepúsculo inmortal de ese siempre tan cercano lejano Oeste.
Valor de ley -descatalogada hace décadas, alguna vez también editada en España como Maite- acaba de ser reeditada por De Bolsillo coincidiendo con el estreno de la adaptación cinematográfica de los hermanos Coen protagonizada por Jeff Bridges, Matt Damon, Josh Brolin y la joven Hailee Steinfeld".
El mate más espectacular del año
Fuente | YouTube Baloncesto Breogán
La canasta del año no se vio en la NBA, ni en las ligas (mayores) europeas. El mate más espectacular en mucho tiempo tuvo lugar el pasado fin de semana y fue obra de Betinho, jugador portugués del Breogán de Adecco Oro.
"Telebasura tu puta madre"
Fuente | YouTube rtve
Un capítulo más de la (dolorosa) intrahistoria de Twitter ha sido escrito en los últimos días. Y así lo ha descodificado un inmisericorde Javier Pérez de Albéniz en su blog:
"Telebasura tu puta madre, guapa', escribió Jordi González en esa ruleta rusa llamada Twitter. Y después, arrastró el ratón a la casilla 'Tweet' y apretó el botón izquierdo. Cagada. El bueno de Jordi respondió así, en caliente, a una twittera que había dicho lo que muchos pensamos: que Telecinco hace telebasura. Ese macarra, zafio y desproporcionado 'Telebasura tu puta madre, guapa' llegó, firmado por todo un presentador de televisión, a los 14.562 insensatos que siguen a González, gurú de la... telebasura.
Es evidente que Twitter lo carga el diablo. Lo fascinante no es ya la utilización precipitada, acalorada e irresponsable de las redes sociales, algo normal en un país de cotorras como el nuestro. Lo verdaderamente fascinante es lo mal que asume la gente las críticas, aunque sean razonables, argumentadas e incluso comedidas. Analicemos el caso de Jordi González...
Jordi no es catedrático de comunicación audiovisual, ni filósofo socrático, ni tan siquiera un intelectual de medio pelo. Jordi es presentador de 'La noria' y 'Más allá de la vida', dos ejemplos perfectos de cuán repugnante puede llegar a ser la televisión. Amarillos, manipuladores, groseros. Lo que cordialmente llamamos 'telebasura'. Gracias a estos programas miserables Jordi tiene un sueldo espectacular, es conocido en toda España y su futuro dentro del mundo de la televisión comercial es inmenso. Jordi es una estrella, un triunfador, que lo tiene todo, excepto una cosa. Prestigio. Una pena, porque lo que Jordi valora con mayor intensidad en estos momentos, lo que desea por encima de todo lo demás, es precisamente eso. Prestigio.
Suele pasar. Una vez que las cuentas del banco están saneadas, que te piden autógrafos por la calle y te invitan en los restaurantes, lo importante es obtener cierto reconocimiento social. ¿Crear una ONG o una fundación? Cualquier cosa excepto que te relacionen con la tele cochambre. Las grandes estrellas de la televisión sensacionalista reniegan, bipolares ellas, de aquello que las ha hecho ricas y famosas. Y quieren, mecachis, algo que resulta incompatible con su trabajo. Prestigio. Ahí tienen a Javier Sardá, Jorge Javier Vázquez, Boris Izaguirre o a Ana Rosa Quintana, ejemplos perfectos de astros de la telebasura con ínfulas intelectuales. 'Soy una chica de barrio ilustrada', dice una Ana Rosa convencida de que 'el término telebasura es un insulto para los profesionales'.
La felicidad pasa por conformarnos con lo que tenemos. ¿Somos profesionales de la telebasura? Pues tan contentos. Asumamos nuestras miserias, levantemos la cabeza, disfrutemos del Audi y de los aplausos de regidor y, sobre todo, sintámonos orgullosos de haber conseguido tanto con tan poco. Esta es, no lo olvide, una sociedad grande, libre y sucia. 'Las cadenas privadas emiten lo que les sale de los... testículos', sentenció el pasado sábado en 'La noria' un Jordi González crecido. Tiene toda la razón. La pena es que de los testículos sólo les salga... telebasura. Lo siento por sus egos, sedientos de prestigio".
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Por fin: ¡pasaron los Goya!
Fuente | YouTube EFE
Oti Rodríguez Marchante, crítico de cine de ABC, enviaba ayer esta crónica de la gala de los Goya desde Berlín, retrato agridulce del presente del cine español:
"Como tantos otros años, lo mejor de esta última ceremonia de entrega de los Premios Goya es que ya pasó. Y pasó lo que tenía que pasar: que estuvieron todos (casi), que habló el presidente con voz de ex presidente, que ganó el que tenía que ganar y perdieron los que tenían que perder, que la gala se alargó y se espesó tanto que al final de la velada, en el momento de los grandes premios, no había ni tiempo ni ganas para prestarles más que los despojos y saldos de nuestra atención... Así son los Goya y, en general, la vida: solemos embobarnos en lo accesorio y cuando llega lo sustancial no hay modo de estar bien despierto. Algunas frases del discurso de Álex de la Iglesia, algún chiste de Buenafuente o de Santiago Segura, la genuina sencillez del ganador, Agustí Villaronga, la alegría a veces tan aparentemente dolorosa y descontrolada de algunos premiados, sus padecimientos en la palestra y su letanía de gracias y cariños... En fin, nunca queda gran cosa de esta ceremonia para el que sólo mira.
Los Goya de este año, como es tradición en ellos, venían precedidos por una sorprendente sensación de asedio: el cine es una plaza tranquila y creativa, pero un ejército gigantesco y beligerante la ha rodeado y mantiene allí cercados y amenazados a todos sus habitantes. Al enemigo de la plaza del cine siempre puede uno imaginárselo bestial, demoníaco, cruel..., y puede esconderse tras el nombre de 'mercado', 'taquilla', 'imperialismo', 'guerra ilegal', 'ley fulana o ley mengana', 'piratería' y en esta última edición se le ha llamado incluso 'internet', lo que ha producido alguna que otra fisura, pequeña, en lo macizo e impenetrable de la plaza. Aunque se situaran en lugares y planos estratégicos los rostros de ministras tensas para tapar cualquier intento de fuga por esas fisuras... El gesto de Leire Pajín al discurso de Álex de la Iglesia era como para irse santiguando..., 'madre del amor hermoso'.
Y tal es la sensación de grupo asediado que provocan tradicionalmente en las fechas coincidentes con estos premios, que no es difícil ver a todos nuestros grandes nombres del cine durante la velada como algo homogéneo, autómata, movido por la misma palanca y hacia el mismo objetivo o lugar. Y si tiene uno ganas de fantasear puede considerar que en vez de una ceremonia, lo que está viendo es una sesión; una sesión, por ejemplo, de un grupo de autoayuda o, mejor aún, una reunión de Alcohólicos Anónimos, a la que se acude (y lo digo por lo visto en las películas o leído en algún libro como ese estupendo titulado 'Vino torcido') con un problemón, un idea fija, un protocolo y un objetivo común y en las que uno se dirige a los demás, les cuenta sus tensiones, sus esfuerzos y luego, entre lágrimas, agradece la dedicación y el trabajo que hacen por él un montón de personas cercanas y queridas... Que pase el siguiente...
Llegados a este punto, creo que para la próxima sesión o reunión de los Premios Goya deberían incorporar ese bálsamo para la voluntad que se aplica al comienzo de esas reuniones de Alcohólicos Anónimos y que dice del siguiente modo: Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que sí puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia. Y ya con el bálsamo untado, incluso podrían elegir una comisión para que pusiera manos a la obra y no hubiera equívocos en las concesiones y cada cualidad se correspondiera con su verbo oportuno; es decir, no ser tan sabio, tan sabio que se quiera cambiar lo que es ya inalterable, como ponerle puertas al campo, o a internet, que es más grande y verde; ni puertas, ni mucho menos barrotes... Hay que cambiar lo que sí se pueda cambiar, y en un párrafo del alegato de Álex de la Iglesia daba la impresión de que a este hombre (que iba a perder durante la ceremonia, además, prácticamente a todo lo que jugaba) el Señor le había concedido al menos serenidad, valor y sabiduría. Dijo, entre otras cosas:
'Sólo ganaremos al futuro si somos nosotros los que cambiamos, los que innovamos, adelantándonos con propuestas imaginativas, creativas, aportando un nuevo modelo de mercado que tenga en cuenta a todos los implicados: autores, productores, distribuidores, exhibidores, páginas web, servidores, y usuarios. Se necesita una crisis, un cambio, para poder avanzar hacia una nueva manera de entender el negocio del cine'.
Demasiados verbos para una sola recomendación: innovar, proponer, cambiar, avanzar, entender... Lo complicado que resulta entender (casi descifrar) la relación apasionada y lujuriosa entre el público, el cine, la cultura y la Red se podía leer el otro día en unas líneas de un magnífico artículo de Amador Fernández-Savater, cuando, sorprendido por el desconocimiento total del asunto de sus contertulios (todos presentes en la ceremonia, empezando por la ministra Sinde), asegura que 'la idea que tratan de imponernos los estereotipos es la siguiente: si yo me atocino la tarde del domingo con mi novia en el cine viendo una peli cualquiera, estoy valorando la cultura porque pago por ella. Y si me paso dos semanas traduciendo y subtitulando mi serie preferida para compartirla en la Red, no soy más que un despreciable consumidor parásito que está hundiendo la cultura'... No es un lenguaje distinto; ni siquiera es un idioma distinto..., es otra cultura, es otro mundo, otro universo, pero es en él donde tendremos que vivir.
Y mientras el mundo del cine encuentra su modo de cambiar y una nueva manera de entender su relación con el público, la ceremonia de los Premios Goya ni se inmuta: se 'baja' o se 'descarga' a sí misma cada año como si se hubiera mantenido en un recipiente digital 'al vacío'... Buenafuente cambia de gafas (o las gafas cambian de Buenafuente), Santiago Segura cambia de chiste (siempre bueno), Bardem cambia de Goya (o Goya cambia de Bardem) y la Academia cambia de presidente. Todo cambia y nada cambia en un lampedusiano viento cuyo golpe de aire se ha llevado este año la esencia del Goya a Cataluña y el pulso entre Icíar Bollain y Álex de la Iglesia lo ha ganado Agustí Villaronga y su película, 'Pan negro'.
Personalmente, celebro el premio a Villaronga, al tiempo que lamento lo de Álex de la Iglesia, lo de Icíar Bollain y, especialmente, lo de Rodrigo Cortés, cuya película, 'Enterrado', es uno de los ejercicios de talento cinematográfico más impresionante desde hace muchos años.
Y celebro que exista una cosa llamada internet y que pueda 'atrapar' en ella la señal de Televisión Española, porque era el único modo que teníamos muchos de ver la gala en medio del Festival de Cine de Berlín. Sí, fue fatigosa, abundante, consabida y pretenciosa, pero si no llega a ser por internet, ni me entero".
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15 feb 2011
'Hoy': La Bien Querida
La Bien Querida | Hoy | Fiesta | 2011
Fuente | YouTube Elephant Records
'Romancero' fue un hito a nivel nacional. Así lo demuestran las múltiples portadas de revistas especializadas, los éxitos en países como México y Estados Unidos, las nominaciones como disco del año en los medios más reputados, los Premios de la Música a Mejor Álbum y Artista Revelación, la participación en 'Una Ópera Egipcia' de Los Planetas, presencia en los mejores festivales (FIB, Primavera Sound, South Pop...), e incluso la mención como uno de los discos de la década pasada por una publicación tan prestigiosa como Rockdelux. Pero 'Fiesta' da un salto más allá. Demuestra que aquello no fue algo efímero, sino una realidad tan aplastante como que Ana Fernández-Villaverde, La Bien Querida, es de lo más importante que le ha pasado al pop español en los últimos años.
De nuevo contando con la colaboración de David Rodríguez (Beef, La Estrella de David), 'Fiesta' hace honor a su nombre: una celebración inigualable, un homenaje involuntario a la música, un regalo para los oídos de todos aquellos que adoran la música. Inclasificable e irrepetible, indefinible pero sobre todo emocionante, la música de La Bien Querida juega con los estilos para dar finalmente el golpe maestro. Porque una vez más podemos escuchar flamenco, rumbas, rancheras, música mozárabe, valses, electrónica, ¡e incluso un solemne paso de Semana Santa! Pero todo ello siempre al servicio del pop, de unas melodías imperecederas, y sobre todo una lírica inolvidable, que incluye frases que nos rompen el corazón irremediablemente: 'Hay cosas que hubiera preferido no saber / Y todo lo que sabes que no quiero comprender / pero hoy al volverte a ver, / decidí empezar a quererte otra vez' canta en 'Hoy', single de presentación del disco, mientras que en 'Sentido Común' nos dice 'Me estás robando horas de sueño, / me estoy mintiendo y me lo creo, / pero como te estoy queriendo / no tiene memoria ni tiene tiempo'.
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Arturo Pérez-Reverte 'dixit'
Entrevista de Casimiro García-Abadillo a Arturo Pérez Reverte | En confianza | Veo7 | 13 de febrero de 2011
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