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27 feb 2011
La máxima imaginable de todas las corrupciones
4 feb 2011
La posmodernidad
Fuente | FronteraD
El (melómano) escritor Andrés Ibáñez muestra en su blog de FronteraD su asombro ante las reticencias del mundo moderno -y sus culturetas miembros- a ser denominado como posmodernidad y, de paso, reparte hostias a diestro y siniestro:
"El PSOE es un partido de izquierdas que pretende nacionalizar todas las empresas, abolir la propiedad privada y destruir la familia tal como la comprendemos. El PP, por su parte, un partido de extrema derecha que desearía cerrar el Congreso de los Diputados y terminar con el sistema de elecciones generales. La Iglesia Católica es una institución de carácter fascista que defiende la superioridad del hombre sobre la mujer, la violencia doméstica y los abusos sexuales. Sólo en un contexto intelectual de similar rudeza, inexactitud y, verdaderamente, malevolencia, podríamos encontrar una descripción de la actitud posmoderna como aquella que afirma que los hallazgos de la ciencia no son verdades objetivas que se corresponden con una realidad externa, sino meras construcciones culturales y sociales.
Ustedes dirán que me repito, que este artículo ya lo he escrito. Pero es que, para mi gran asombro, la campaña contra la posmodernidad no ceja. Y es una campaña absurda, porque la posmodernidad es la época que vivimos nos guste o no. Veo la campaña cada vez que pongo mis ojos en alguna publicación cultural prácticamente de cualquier ámbito, dentro del mundo de las ciencias humanas o del de las ciencias naturales. Hay incluso muchos ejemplos de intelectuales y de artistas posmodernos que reniegan públicamente de la posmodernidad que ellos mismos practican, a la que ellos mismos pertenecen.
Esto nunca había pasado antes. Normalmente, las ideas nuevas y los paradigmas nuevos se encuentran con una cierta resistencia inicial y luego son naturalmente integrados y se convierten, a su vez, en el centro del pensamiento dominante. Esto era lo que había pasado siempre, dentro de una coreografía que nos habíamos acostumbrado a considerar como el movimiento casi natural de la historia de occidente. Las nuevas ideas, los nuevos estilos, las nuevas músicas, las nuevas modas pasan de ser la 'vanguardia' a convertirse en 'main stream' para, con el tiempo, convertirse en tradición. Todos sabemos que este proceso no implica necesariamente un 'progreso' cualitativo (no es 'mejor', por ejemplo, la música de Mozart que la de Bach), y sabemos que dicho progreso es holístico, es decir, que no procede por sustituciones, sino por nuevas integraciones de elementos. Es decir, no por escalones, sino por 'holones', de manera que lo que en una época se considera opuesto (la discusión ente wagnerianos o antiwagnerianos de fines del XIX, por ejemplo), en la siguiente época pasa a formar una unidad y a oponerse, en otro nivel, a otra cosa (la oposición compositores tonales y atonales, por ejemplo, todos los cuales pueden defender por igual a Wagner).
Lo que sucede es, pues, sumamente extraño. La posmodernidad sigue siendo vista como algo extraño y ajeno a la verdadera cultura. El rechazo es casi unánime, y proviene de un 'establishment' enquistado de una forma anacrónica en un modelo cultural que se niega a relativizar sus propios postulados. Es un holón rebelde, que no quiere pasar al siguiente holón. Llevamos ya medio siglo de posmodernidad, de literatura posmoderna, de pensamiento posmoderno, de ciencia posmoderna, de psicología posmoderna, de sociología posmoderna, de política posmoderna, pero a pesar de todo seguimos afirmando que los posmodernos son el diablo. O, como decía más arriba, que los posmodernos afirman que lo que dice la ciencia no es más que una construcción cultural y que la realidad objetiva no existe.
Realmente, si la posmodernidad dijera eso, los pensadores posmodernos serían una pandilla de estúpidos y no habría que darle más vueltas al asunto. Si el posmodernismo fuera, al menos en parte, una negación de la ciencia, entonces habría que combatirlo con todas nuestras fuerzas, porque sería una fuerza destructiva y dañina.
Hoy sabemos que el modelo del átomo como un 'núcleo' pequeñito alrededor del cual 'giran' unos 'electrones' todavía más pequeñitos, no es exacto. Sabemos también que el cerebro y las creencias tienen mucho que ver con las enfermedades físicas. Las ciencias adelantan que es una barbaridad, y crean diferentes modelos del universo y del ser humano. Eso es todo. Nuestro modelo no es el mismo que teníamos en 1929. Me parece increíble que sea necesario seguirlo discutiendo".
Neurocultura: el futuro
Fuente | Cultura 3.0
Vamos a ponernos serios, que llega el futuro de la mano de Francisco Mora Teruel y Cultura 3.0:
"¿Qué es ese abstracto gigantesco, esa extraña carpa transparente e invisible que cubre las transacciones de los seres humanos y que llamamos cultura? Haciendo una apretada síntesis de las más de 150 definiciones que se han dado, Kroeber y Kluckhohn, hace más de medio siglo, señalaron que 'la cultura es un producto, es histórico, incluye ideas, patrones y valores, es selectiva, es aprendida, está basada en símbolos y es una abstracción de la conducta y de los productos de la conducta'. De todo ello quiero resaltar la característica histórica, es decir, el hecho de que las culturas se suceden con el tiempo, renovando, en esas sucesiones, las lecturas de los valores y las normas que han presidido las interacciones sociales. Y es ahora cuando estamos a las puertas o quizá ya entrando en un nuevo ciclo de cultura. La Ciencia, que forma parte de la vida moderna, es la protagonista de ese nuevo ciclo. En él, aparecerá una concepción nueva y diferente de quiénes somos los seres humanos, y en él, también, habrá nuevas respuestas a las preguntas sobre qué nos hace ser animales morales. Esta nueva cultura posiblemente presidirá los cambios sociales revolucionarios que se avecinan, esta vez basados en el conocimiento de cómo opera nuestro cerebro, órgano productor de cuanto somos y origen último de cómo nos comportamos. Eso es Neurocultura.
Neurocultura es un proceso en el que, a la luz de los conocimientos que aportan las Ciencias del Cerebro, se producirá una reevaluación de las Humanidades. Es un puente a través del cual se van a unir, definitivamente, esos dos grandes cuerpos del saber, las Humanidades por un lado y las Ciencias por otro. Es un proceso en el que se reevaluarán la Filosofía, la Ética, la Sociología y el Derecho, la Economía y el Arte y, desde luego, también la Religión. Y todo ello nos llevará a reevaluar nuestra concepción del mundo, porque hoy comenzamos a saber que nuestro cerebro es a su vez creador y espejo de cuanto sucede y que todo pensamiento y conducta humana residen en su funcionamiento y los códigos que lo sustentan. En realidad el cerebro es ese último rincón donde se mece y crea cada ser humano. Como ha señalado Iñaki Beti, de la Universidad de Deusto, 'la Neurociencia se encuentra en el umbral de llegar a constituir una teoría unificada de lo humano, más allá de la tradicional división de los saberes en humanísticos y científicos. Ello puede suponer un impacto tan grande en la visión de la persona como el que conllevó el darwinismo'.
En definitiva, Neurocultura quiere decir un encuentro entre la Neurociencia, que es el conjunto de conocimientos sobre cómo funciona el cerebro, y el producto de ese funcionamiento, que es el pensamiento, los sentimientos y la conducta humana. Decía Kandel, uno de los últimos premios Nobel en Neurociencia: 'Mientras las Ciencias y las Humanidades continúen teniendo sus propias y separadas preocupaciones, deberíamos llegar a darnos cuenta de que ambas se generan a través de un diseño computacional común: el cerebro humano'. Del estudio de ese diseño (Ciencia) y sus productos (Humanidades) nace el nuevo marco de cultura que venimos comentando.
El epicentro de esta nueva visión que llamamos Neurocultura no nace sólo de la Neurociencia como tal, sino del reconocimiento, una vez más, de que la existencia humana procede de un largo proceso de azar, necesidades y reajustes que han durado millones de años. La Neurociencia, a la luz de ese proceso evolutivo, está desentrañando los mecanismos que elaboran el funcionamiento del cerebro y con ello llegando a conocer cómo percibe y posiblemente 'construye' la realidad que nos rodea. Es ahora cuando empezamos a entender que las elaboraciones perceptivas e intelectuales de nuestros cerebros tienen que ver con los códigos ancestrales anclados y escondidos en sus profundidades. Nada ocurre, ni nada existe del mundo humano, que no haya sido filtrado y elaborado por el cerebro, sea la percepción de una hermosa obra de arte, la elaboración de una compleja formulación matemática o el sentimiento profundo de haber alcanzado a Dios. Si queremos decodificar las percepciones y los sentimientos y los pensamientos e ideas que mueven las sociedades humanas, hay que conocer los mecanismos a través de los cuales ese órgano que llamamos cerebro las produce.
De todos estos planteamientos emergerán preguntas como éstas: ¿cómo han aparecido a lo largo del proceso evolutivo y cómo operan los circuitos neuronales de la corteza prefrontal, claves en los razonamientos y sentimientos morales? ¿Qué códigos cerebrales elaboran la maldad y la bondad y sus significados? ¿Qué mecanismos operan en el control de las emociones y los sentimientos y alcanzan a la planificación responsable de la vida de una persona, a su intimidad y su dignidad? ¿Cuál es el substrato cerebral de las conductas antisociales y cómo pueden ser modificadas? ¿Existe el yo o la mente como entidad única y subjetiva en el cerebro? ¿Cómo crea el cerebro la conciencia humana? ¿Cómo alcanza el cerebro los procesos de abstracción y con ellos el conocimiento y la creatividad? ¿En qué medida saber que nuestras decisiones son producto de la actividad de ciertas áreas del cerebro que codifican para la recompensa va a cambiar el mundo que conocemos y nuestros sentimientos de seres libres? ¿Se avecina una nueva forma de pensar y entender la conducta humana?".
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2 feb 2011
Jesucristo ¿era gay?
Fuente | El Estafador
El número 67 de El Estafador, la magnífica selección de humor gráfico que se publica online cada miércoles, está dedicado hoy a 'los ex' e incluye viñetas tan geniales como la de arriba, obra de Hola Por Qué.
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28 ene 2011
Dios bendiga el ateísmo
Decía Luis Buñuel que era "ateo por la gracia de Dios", y Pat Condell, un peculiar comediante británico heredero del sarcasmo del cineasta aragonés, da la bienvenida a los visitantes de su página web rogando que "Dios bendiga el ateísmo". Condell se ha hecho mundialmente famoso gracias a una serie de monólogos que lo han aupado hasta uno de los lugares de privilegio de YouTube -las visitas a su canal se cuentan por decenas de millones-. Así se presenta a los (in)fieles que cometen la osadía de seguir con devoción sus ácidos sermones: "Hola, soy Pat Condell. No respeto tus creencias y no me importa si te ofendo. Salud".
24 ene 2011
Ser ateo no tiene cura
Fuente | Sinergia sin Control
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