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10 feb 2011

Cómo acabar con los gobernantes autoritarios


Rut Diamint, de la Universidad Torcuato Di Tella (Buenos Aires), y Laura Tedesco, de la Universidad Autónoma de Madrid, son directoras del proyecto de investigación 'Liderazgo, renovación política y prácticas democráticas en América Latina'. Este mes, desde las páginas (virtuales) de Foreign Policy, explican en un artículo (aparentemente) inocente pero (enormemente) necesario "por qué hay líderes malos" y dan algunas psitas sobre "cómo hacer frente a gobernantes autoritarios y decadentes":

"En política asistimos cada día al predominio del personalismo, que afecta a muchos de los gobiernos latinoamericanos. Por ello, la cuestión del liderazgo político adquiere una enorme relevancia. ¿Cómo puede definirse a un líder? Aquel que puede interpretar la situación de conjunto, juzgar escenarios complejos y proponer soluciones viables, afirman algunos autores. Debe ser capaz de establecer una agenda, motivar a sus seguidores a lograrla y cumplirla, y generar acciones y símbolos que proporcionan a los ciudadanos un sentimiento de pertenencia, creando los medios y fines para fortalecer la identidad de los grupos y su cohesión, con la intención de movilizarlos hacia un trabajo colectivo.

El politólogo Joseph Nye sostiene que un buen líder es difícil de definir, ya que la palabra bueno tiene dos acepciones distintas: moralmente bueno o eficiente. Un buen líder sería aquel que ayuda de modo eficaz a un grupo a lograr sus metas. En algunos casos, los objetivos pueden ser malos desde el punto de vista moral, pero eficientemente buenos. Así entendemos que el líder es considerado un elemento crucial y positivo del juego político. Pero, ¿por qué hay líderes malos? ¿Por qué los individuos se dejan seducir por gobernantes ineficientes, incompetentes, inmorales o corruptos? La literatura en ciencias sociales no aborda con profundidad esas cuestiones, a pesar de que en América Latina los gobernantes que fortalecen su posición individual, postergando el bienestar colectivo, son frecuentes.

Este tipo de liderazgo no surge de la nada. Un líder ruin germina donde existen instituciones débiles, partidos políticos deslegitimados, corrupción, dosis de soberbia, falsificación del pasado y desmesurada sed de poder. Esta clase de líder cuenta en general con una oratoria brillante, que combina sentimentalismo con agresividad y firmeza militar con seducción indiscriminada. Con todos estos ingredientes es probable que el resultado sea un conductor interesado en obstaculizar los cambios y alimentar la permanencia de tradiciones como el clientelismo, el caudillismo y el autoritarismo.

Los líderes malos tienen, en general, brillantes capacidades para engañar a propios y ajenos y se crean una cobertura democrática plagada de referéndums, elecciones varias, movilizaciones sociales de apoyo, grupos de colaboradores vestidos del mismo color y eslóganes de vida o muerte. Últimamente, el horizonte político se ha visto inundado de reformas constitucionales que reivindican derechos sociales, políticos, económicos, de minorías y de mayorías. Una vez abandonada la lucha armada, las revoluciones vienen de la mano de la Constitución.  Así se va obteniendo una mezcla inclasificable, que obstruye los rótulos, pero también la razón práctica.

Autoritariamente democráticos, estos líderes rechazan la modernización de los partidos provocando una pobreza programática que influye en el diseño de políticas públicas. Los partidos se deterioran y devienen en meras maquinarias electorales, y los seguidores dejan de ser individuos críticos, dotados de principios e ideas para convertirse en números del marketing político.

En los últimos años, los líderes parecen estar en ascenso y los partidos en decadencia y, sin embargo, las democracias necesitan de ambos para funcionar adecuadamente. La ascensión de los líderes no amenaza necesariamente el funcionamiento democrático de los gobiernos, en tanto y en cuanto las formaciones políticas sigan actuando como maquinarias de producción de programas que aseguran su coherencia, su coordinación y supervisan su implementación. Para ello se requiere que las instituciones del Estado sean capaces de controlarse entre sí y controlar el ascenso del líder. Pero ésta es una de las debilidades de las democracias latinoamericanas, que junto con el deterioro de los partidos como semilleros de dirigentes y maquinarias ideológicas, provoca una baja calidad de la dirigencia.

En estos contextos, cuando un líder se arroga el poder omnímodo de regular los medios de comunicación, la financiación extranjera a las ONG y se blinda ante la acción de la oposición o se asigna el poder de gobernar por decretos, descalificar a los oponentes o reinventar el pasado, instala en la sociedad la incertidumbre, el cortoplacismo y el culto al personalismo. Gradualmente, la política se vuelve más informal y lo arbitrario se endiosa. La sociedad civil pierde el zenit y queda atrapada por egoísmos, intereses o miedos. Los sindicatos, las fuerzas armadas, la iglesia, las asociaciones empresarias y los medios de comunicación se van polarizando.

¿Qué puede hacerse frente a líderes autoritarios y decadentes? ¿Quién tiene la capacidad de educarlos? Un académico británico, Anthony Seldon, afirmó, frente a recientes actos de corrupción de los parlamentarios, que los ciudadanos tendrían que ser más activos y hacer más por mejorar y proteger los sistemas democráticos. Ciertamente, deberíamos sentirnos responsables y culpables de alimentarnos de movilizaciones desorganizadas que echan presidentes, pero que son incapaces de controlar a funcionarios corruptos e ineficientes anclados en todos los niveles de gobierno.

Una de las soluciones, o al menos un primer paso, es fomentar una sociedad civil que promueva el cambio a través de la condena legal, social y política. Hacer sentir que no todo vale y que una buena política social no puede obnubilar los comportamientos antidemocráticos. La ciudadanía tiene que estar en alerta permanente en lugar de dormitar y despertar cuando la crisis ya está garantizada. Vedar a los líderes corruptos y autoritarios no debería ser tan difícil, pero exige una participación democrática más activa, constante y responsable de la sociedad. No una reacción espontánea y desorganizada, sino una revisión analítica de sus logros reales y de sus mentiras, reproducidas por medios cooptados y por manifestaciones masivas manipuladas".

9 feb 2011

Sacrificar dictadores para salvar al Estado


James Petras, ilustre sociólogo especializado en el imperialismo estadounidense y los conflictos internacionales que de él se derivan, contextualiza la actual política de Obama respecto de la revuelta popular egipcia echando mano de los antecedentes históricos de la estrategia yanqui y extrayendo de ellos las lecciones del pasado que el presidente norteamericano no olvida a la hora de tomar sus decisiones. Ahí va, sin desperdicio:

"Para entender la política del régimen de Obama hacia Egipto, hacia la dictadura de Mubarak y hacia el levantamiento popular es esencial situarlo en un contexto histórico. El punto esencial es que Washington, tras varias décadas de estar profundamente arraigado en las estructuras estatales de las dictaduras árabes, desde Túnez a Marruecos, Egipto, Yemen, Líbano, Arabia Saudí y la Autoridad Palestina, está tratando de reorientar su política para incorporar y/o insertar políticos liberales electos en las configuraciones de poder existentes.

Aunque la mayoría de comentaristas y periodistas vierten toneladas de tinta sobre los 'dilemas' del poder de Estados Unidos, sobre lo novedoso de los acontecimientos de Egipto y los diarios pronunciamientos políticos de Washington, existen abundantes precedentes históricos que resultan esenciales para entender la dirección estratégica de la política de Obama.

La política exterior de Estados Unidos cuenta con un extenso historial de instalar, financiar, armar y apoyar regímenes dictatoriales que respaldan sus políticas e intereses imperiales, siempre que mantengan el control sobre sus pueblos.

En el pasado, presidentes republicanos y demócratas trabajaron estrechamente durante más de 30 años con la dictadura de Trujillo en la República Dominicana; instalaron el régimen autocrático de Diem en el Vietnam pre-revolucionario en la década de 1950; colaboraron con dos generaciones de los regímenes de terror de la familia Somoza en Nicaragua; financiaron y promovieron el golpe de Estado militar en Cuba en 1952, en Brasil en 1964, en Chile en 1973, y en Argentina en 1976, así como sus posteriores regímenes represivos. Cuando los levantamientos populares desafiaron esas dictaduras respaldadas por Estados Unidos y parecía probable que triunfara una revolución social y política, Washington respondió con una política de tres vías: criticar públicamente las violaciones de los derechos humanos y abogar por reformas democráticas; indicar de manera privada el mantenimiento del apoyo al gobernante; y en tercer lugar, buscar una élite alternativa que pudiera substituir a quien estaba en el cargo conservando el aparato del Estado, el sistema económico y el apoyo a los intereses estratégicos imperiales estadounidenses.

Para Estados Unidos no hay relaciones estratégicas sólo intereses imperiales permanentes: preservar el Estado cliente. Las dictaduras asumen que sus relaciones con Washington son estratégicas, de ahí su sorpresa y su consternación cuando se sacrifican para salvar el aparato del Estado. Ante el temor de la revolución, Washington tuvo clientes déspotas reticentes a marcharse asesinados (Trujillo y Diem). A algunos se les proporcionan refugios en el extranjero (Somoza, Batista), a otros se les presiona para que compartan el poder (Pinochet) o se les nombra profesores visitantes en Harvard, Georgetown o en algún otro puesto académico 'de prestigio'.

El cálculo de Washington sobre cuándo remodelar el régimen se basa en una estimación de la capacidad del dictador para enfrentarse a la rebelión política, de la fuerza y la lealtad de las fuerzas armadas y de la existencia de un sustituto maleable. El riesgo de esperar demasiado tiempo, de quedarse con el dictador, es que el levantamiento se radicalice: el cambio subsiguiente barre tanto al régimen como al aparato estatal, convirtiendo una revuelta política en una revolución social. Justo un 'error de cálculo' de ese tipo se produjo en 1959 en el período previo a la revolución cubana, cuando Washington se mantuvo al lado de Batista y no fue capaz de presentar una coalición alternativa pro estadounidense viable y vinculada al viejo aparato estatal. Un error de cálculo similar ocurrió en Nicaragua cuando el presidente Carter, al tiempo que criticaba a Somoza, aguantó y se mantuvo pasivo mientras se derrocaba al régimen y las fuerzas revolucionarias destruían al ejército, a la policía secreta y al aparato de inteligencia, entrenados por Estados Unidos e Israel, y pasó a nacionalizar las propiedades estadounidenses y a desarrollar una política exterior independiente.

Washington se movió con mayor iniciativa en Latinoamérica en la década de 1980. Promovió transiciones electorales negociadas que sustituyeron a los dictadores por manejables políticos neoliberales electos, quienes se comprometieron a preservar el aparato estatal existente, a defender a las élites extranjeras y locales, y a respaldar la política regional e internacional de Estados Unidos.

Obama ha sido extremadamente reticente a derrocar a Mubarak por varias razones, aun cuando el movimiento crece en número y se profundiza el sentimiento anti-Washington. La Casa Blanca tiene muchos clientes en todo el mundo -entre ellos Honduras, México, Indonesia, Jordania y Argelia- que creen tener una relación estratégica con Washington y quienes perderían confianza en su futuro si Mubarak fuera abandonado.

En segundo lugar, las influyentes organizaciones pro-israelíes de Estados Unidos (AIPAC, los presidentes de las principales organizaciones judías estadounidenses) y su ejército de escribas han movilizado a los líderes del Congreso para que presionen a la Casa Blanca con que siga apostando por Mubarak ya que es Israel el principal beneficiario de un dictador atragantado para los egipcios (y los palestinos) pero a los pies del Estado judío.

Como resultado, el régimen de Obama se ha movido lentamente; con miedo y bajo la presión del creciente movimiento popular egipcio, busca una fórmula política alternativa que elimine a Mubarak, mantenga y fortalezca el poder político del aparato estatal, e incorpore una alternativa electoral civil como medio de desmovilizar y desradicalizar el vasto movimiento popular.

El principal obstáculo para derrocar a Mubarak es que un sector importante del aparato del Estado, especialmente los 325.000 miembros de la Fuerzas de Seguridad Central y los 60.000 de la Guardia Nacional, se encuentran directamente bajo el mando del Ministerio del Interior y de Mubarak. En segundo lugar, los generales del Ejército (468.500 miembros) han reforzado a Mubarak durante 30 años y se han enriquecido gracias a su control sobre las muy lucrativas empresas de una amplia gama de sectores. No apoyarán ninguna 'coalición' civil que ponga en cuestión sus privilegios económicos y su poder para establecer los parámetros políticos de cualquier sistema electoral. El comandante supremo de las fuerzas armadas de Egipto es cliente de Estados Unidos desde hace mucho tiempo y un servicial colaborador de Israel.

Obama está decididamente a favor de colaborar con y garantizar la preservación de estas instancias coercitivas. Pero necesita asimismo convencerles de la substitución de Mubarak y de que permitan un nuevo régimen que pueda desactivar el movimiento de masas cada vez más opuesto a la hegemonía estadounidense y a la sumisión a Israel. Obama hará todo lo necesario para mantener la cohesión del Estado y evitar divisiones que puedan conducir a un movimiento de masas -la alianza de los soldados que podría convertir la revuelta en una revolución.

Washington ha abierto conversaciones con los sectores liberales e islamistas más conservadores del movimiento anti-Mubarak. Al principio trató de convencerlos de que negociasen con Mubarak -un callejón sin salida que fue rechazado por todos los sectores de la oposición de arriba a abajo. A continuación, Obama trató de vender una falsa 'promesa' de Mubarak: que no participaría en las elecciones dentro de nueve meses.

El movimiento y sus dirigentes rechazaron esa propuesta también. Así que Obama lanzó la retórica de 'cambios inmediatos' pero sin ninguna medida de fondo que la respaldara. Para convencer a Obama de su mantenido poder entre las bases, Mubarak envió al lumpen matón de su policía secreta a que se apoderase violentamente de las calles del movimiento. Una prueba de fuerza: el Ejército no hizo nada; el asalto hizo subir la apuesta de una guerra civil de consecuencias radicales. Washington y la UE presionaron al régimen de Mubarak para que echara marcha atrás -por ahora. Pero la imagen de un ejército favorable a la democracia se vio empañada por los muertos y por miles de heridos.

A medida que la presión del movimiento se intensifica, Obama está presionado por el lobby israelí favorable a Mubarak y su comitiva del Congreso, por una parte, y por otra, por asesores con conocimientos que le piden que siga las prácticas del pasado y avance de forma decidida sacrificando al régimen para salvar al Estado ahora que la opción electoral de liberales-islamistas sigue estando aún sobre la mesa.

Pero Obama duda, y cual precavido crustáceo, se mueve hacia los lados y hacia atrás, creyendo que su propia retórica grandilocuente es un sustituto de la acción... con la esperanza de que tarde o temprano, el levantamiento acabará en mubarakismo sin Mubarak: un régimen capaz de desmovilizar a los movimientos populares y dispuesto a promover elecciones que den lugar a representantes elegidos que sigan la línea general de sus predecesores.

Sin embargo, hay muchas incertidumbres en una remodelación política: una ciudadanía democrática, el 83% desfavorable a Washington, poseerá la experiencia de la lucha y la libertad para exigir un reajuste político, especialmente, dejar de ser el policía que hace cumplir el bloqueo israelí sobre Gaza, y prestar apoyo a los títeres de Estados Unidos en el Norte de África, en Líbano, Yemen, Jordania y Arabia Saudí. En segundo lugar, las elecciones libres abrirán el debate y aumentarán la presión para un mayor gasto social, para la expropiación del imperio de setenta mil millones de dólares del clan Mubarak y de sus compinches capitalistas que saquean la economía. Las masas exigirán la redistribución del gasto público del exagerado aparato represivo al empleo productivo que genere puestos de trabajo. Una apertura política limitada puede conducir a un segundo asalto en el que nuevos conflictos sociales y políticos dividan a las fuerzas anti-Mubarak, un conflicto entre los defensores de la democracia social y los partidarios del electoralismo elitista neoliberal. El momento de la lucha contra la dictadura es sólo la primera fase de una lucha prolongada hacia la emancipación definitiva no sólo en Egipto sino en todo el mundo árabe. El resultado depende del grado en que las masas desarrollen su propia organización independiente y a sus líderes".

8 feb 2011

Perlas informativas (y una china) de enero


Pascual Serrano publica una nueva entrega de sus ya clásicas 'perlas informativas', esta vez correspondientes al mes de enero de 2011, de cuyo collar entresacamos algunas piezas:

"Periodistas asesinados: No dejamos de escuchar en los medios de la derecha que los gobiernos progresistas latinoamericanos están atentando constantemente contra la libertad de expresión y los periodistas. Pues bien, el 28 de diciembre, la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC), difundió un balance sobre la peligrosidad del ejercicio periodismo en América Latina en 2010, año en el que treinta y cinco periodistas fueron asesinados en esa región. Según señalaron, 'México (14), Honduras (9) y Colombia (7), son los países con mayor tasa de crímenes y más altos grados de impunidad'. Por cierto, ni bolivarianos, ni comunistas, ni socialistas. Todos ellos con gobiernos de derecha.

Terrorismo malintencionado: El 2 de enero, RNE Radio 5 informa en su noticiero de una bomba en Egipto. Recoge unas declaraciones del presidente del país, Hosni Mubarak, que, según la traducción, dice: 'Se trata de un terrorismo malintencionado, dado que han atacado tanto a cristianos como a musulmanes'. Si solo atacase a los de una religión, ¿no hubiera sido malintencionado?

Banquero detenido: ¿Quién dijo que los tribunales no habían actuado contra ningún banquero después de la crisis financiera a la que nos han llevado? Por El País el 20 de enero sabemos que la policía suiza detuvo el día anterior al ex banquero Rudolf Elmer. Eso sí, ¿su delito?: haber violado el secreto bancario del banco en el que trabajaba como jefe de operaciones en las Islas Caimán al haber entregado a Wikileaks dos cd con datos de clientes que engañaron al fisco de sus países. Y es que los banqueros pueden provocar bancarrotas que requieran la aportación millonaria de dinero público, pero nunca decir los nombres de los que no pagan a Hacienda.

Prohibidos y gratis: El pasado mes de enero el escritor brasileño Paulo Coelho denunciaba que las autoridades iraníes habían prohibido sus libros que, desde hace años, se publicaban con éxito en ese país. Como respuesta el escritor ha puesto gratuitamente en su web a disponibilidad de los internautas sus libros en idioma farsi (persa). De modo que ha sido necesaria la existencia de obstáculos políticos para que se eliminaran los económicos (disponer de dinero para comprar los libros). En el resto de los países tenemos un gobierno que nos permite acceder a los libros del escritor, pero necesitamos el dinero. En Irán ya pueden acceder a los libros sin necesidad de dinero. El derecho impedido por el poder político ha supuesto alcanzar el derecho impedido por el poder económico.

Hezbolá terrorista: El 26 de enero El País comenzaba una noticia así: 'El partido-milicia chií Hezbolá, considerado terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, ya gobierna en Líbano'. Pero no es verdad que Hezbolá esté considerado terrorista por la UE. Basta observar el listado de organizaciones terroristas de la UE publicado por la web de la Guardia Civil para comprobarlo. De hecho Hezbolá, un partido político legal libanés que posee unas milicias, como todos los partidos de ese país, y ostenta desde hace años la presidencia del Parlamento del Líbano. Claro que si las noticias de Beirut (Líbano) las escribe el corresponsal ubicado en Jerusalén (Palestina), que se encuentra a 230 kilómetros se comprende que pasen esas cosas.

Censurar y apagar: Si en plena fase de movilizaciones y protesta, el gobierno de Cuba o Venezuela bloquearan el acceso a internet en todo el país e incluso también los mensajes de texto por el móvil, el término utilizado por la prensa internacional sería, como mínimo, 'censura'. Pero como se trata de Egipto, la BBC tituló el 28 de enero: 'Egipto apaga internet'. Y, por supuesto, las declaraciones recogidas son del tipo 'En una acción sin precedentes en la historia de internet, el gobierno egipcio parece haber ordenado a los proveedores del servicio apagar todas las conexiones internacionales a internet".

Solo un pero: quien se dedica a afear la conducta (profesional) de los demás, debe poner cuidado al airear sus filias y fobias (ideológicas): por muchas veces que lo escriba Serrano, de momento, Jerusalén es la capital de Israel, no de Palestina.

7 feb 2011

10 razones para legalizar las drogas

Fuente | Huasipungo


"1. La legalización pondría fin a la parte exageradamente lucrativa del negocio del narcotráfico, al traer a la superficie el mercado negro existente.

2. La legalización reduciría dramáticamente el precio de las drogas, al acabar con los altísimos costos de producción e intermediación que implica la prohibición. Esto significa que mucha gente que posee adicción a estas sustancias no tendrá que robar o prostituirse con el fin de costear el actual precio inflado de dichas substancias.

3. Legalizar las drogas haría que la fabricación de dichas sustancias se encuentre dentro del alcance de las regulaciones propias de un mercado legal. Bajo la prohibición, no existen controles de calidad ni venta de dosis estandarizadas.

4. El narcotráfico ha extendido sus tentáculos en la vida política de los países. La legalización acabaría con esta nefasta alianza del narcotráfico y el poder político.

5. Legalizar las drogas acabaría con un foco importante de corrupción, la cual aumenta en todos los niveles del gobierno debido a que una substancial parte de toda clase de autoridades han sido comprados, sobornados o extorsionados por narcotraficantes, creando un gran ambiente de desconfianza por parte de la población hacia el sector público en general.

6. Los gobiernos dejarían de malgastar miles de millones de dólares en el combate de las drogas, recursos que serían destinados a combatir a los verdaderos criminales: los que le violan los derechos a los demás (asesinos, estafadores, violadores, ladrones).

7. Con la legalización se acaba el pretexto del Estado de socavar nuestras libertades civiles con el fin de llevar a cabo esta guerra contra las drogas. Intervenciones telefónicas, allanamientos, registro de expedientes, censura y control de armas son actos que atentan contra nuestra libertad y autonomía como individuos.

8. Legalizar las drogas desactivará la bomba de tiempo en la que se ha convertido Latinoamérica, especialmente en los países andinos, Centroamérica y México. Esto ha llevado a una intervención creciente por parte de Estados Unidos, país que desde hace más de una década ha venido fortaleciendo su presencia militar en la región de una manera nunca vista desde el fin de la Guerra Fría.

9. En una sociedad en donde las drogas son legales, el número de víctimas inocentes producto del consumo y la venta de estupefacientes se vería reducido substancialmente. Gran cantidad de personas que nunca han consumido estas sustancias o que no están relacionadas con la actividad se ven perjudicadas o incluso pierden la vida debido a las 'externalidades' de la guerra contra las drogas: violencia urbana, abusos policiales, confiscación de propiedades, allanamientos equivocados, entre muchos otros.

10. La legalización conducirá a que la sociedad aprenda a convivir con las drogas, tal y como lo ha hecho con otras sustancias como el alcohol y el tabaco. El proceso de aprendizaje social es sumamente valioso para poder disminuir e internalizar los efectos negativos que se derivan del consumo y abuso de ciertas sustancias".

15 ene 2011

El "gesto de respeto" de Manolo García

Dibujo de Manolo García

Ante el aplazamiento del concierto que tenía programado para el 10 de febrero en Buenos Aires (Argentina), esta ha sido la reacción de Manolo García:

"Aplazar o cancelar un concierto son decisiones extremas contra las que siempre he luchado pero cierto es que a veces las cosas escapan de nuestra voluntad y no son como uno quisiera.
Siento muy sinceramente este nuevo aplazamiento de mi concierto en Buenos Aires. Puede sonar extraño porque es la segunda vez  pero quiero que sepáis que está en mi voluntad tocar en Buenos Aires y, si pudiera ser, en otras ciudades de la República Argentina. Por supuesto intentando extender el viaje a otros países.

Esta situación es nueva para mí en veinticinco años de escenarios. Jamás había cambiado un concierto dos veces de fecha y sólo en muy contadas ocasiones en mi vida he tenido que cambiar de día un concierto por causas de fuerza mayor. Y hablo de algún millar largo de conciertos.

Es cierto que en mis giras en España me siento muy a gusto y muy bien tratado. Cómo no decirlo tras todos estos años. Estoy agradecido de la gran oportunidad que se me ha dado pero a la vez, por razones personales y sentimentales, en cada pequeño concierto que he ofrecido en Latinoamérica, si me permitís, me he sentido como en casa por todas las atenciones y el afecto recibido. Y con cada uno de los países he ido adquiriendo un íntimo pero firme vínculo que ninguna situación ajena a mí va a romper.

No he ocultado nunca mi gusto por las giras y los conciertos por su parte musical y además porque me ofrecen la oportunidad magnífica de sentir que aporto algo, por poco que sea, a los demás y que, a cambio, la inyección de energía y vida que recibo es altísima. Es por esto mi pesar por no poder acudir próximamente al concierto convocado en Buenos Aires y porque siempre he sentido que no es honroso no cumplir la palabra dada. Este sentir se extiende a otros países en los que puedo llegar a notar un mínimo pero suficiente interés por mi música. México, Argentina, Venezuela, Perú, Chile, Colombia, y otros países de habla hispana... En algunos de ellos he tocado anteriormente percibiendo perfectamente el calor y el cariño en la acogida hacia mi música.

A riesgo de repetirme, insisto en que esta situación no sólo es nueva para mí sino que también es muy estresante y me deja un amargo sabor de boca. Como no sé cómo resarcir a las personas que habían comprado la entrada y que por segunda vez se quedan sin concierto (igual que yo) y demostrarles mi sincera decepción me gustaría hacerles llegar, aunque suene a premio de consolación (y no es así, más bien es un gesto de respeto), una colección de mis cuatro discos publicados en España más el cd libro recopilatorio 'De mares y visiones' y una lámina con un dibujo mío, por supuesto además de la devolución del importe de la entrada. 

Dado que no tenemos forma activa de llegar a vosotros, os ruego que por favor contactéis con el correo que aquí os indico: perro@galea.e.telefonica.net

Espero sinceramente que nos veamos pronto y que pueda tocar para vosotros, si así lo deseáis, canciones de un nuevo disco que estoy componiendo y grabando con toda la ilusión del mundo. Como siempre.

Un abrazo a todos,

Manolo García"