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20 ene 2011

Oriente y Occidente: enemigos eternos

Newsweek | 17 de enero de 2011

En el último número de Babelia, cuya portada habla de "Una guerra sin fin", Josep Ramoneda reseña el último libro de Anthony Pagden, titulado Mundos en guerra. 2.500 años de conflictos entre Oriente y Occidente. Como de costumbre, el intelectual español no se limita a analizar el contenido del libro, sino que esboza un miniensayo acerca de una cuestión a la que, como criticaba ayer Íñigo Sáenz de Ugarte en su blog 'Guerra eterna' a cuenta de la última portada de Newsweek [que tienes más arriba], no se le augura un fin inmediato:

"Dos mil quinientos años y la guerra continúa. Esta es la descorazonadora conclusión a la que nos conduce Anthony Pagden después de ofrecernos, en Mundos en guerra, un brillante friso que narra la historia de las relaciones entre Occidente y Oriente a partir de los grandes momentos de guerra, postración y devastación.

Fue Heródoto el primero que se preguntó 'qué era lo que dividía a Europa y Asia y por qué dos pueblos similares en muchos aspectos habían llegado a concebir odios tan perdurables entre ellos'. Los asiáticos (los de las tierras del sol naciente) 'eran fieros y salvajes, formidables en el campo de batalla' pero, por encima de todo, 'sumisos y serviles. Vivían siempre intimidados por sus gobernantes, a los que no consideraban simples hombres como ellos, sino dioses'. Los europeos (los de las tierras del sol poniente) amaban la libertad por encima de la vida y vivían bajo el imperio de la ley, no de los hombres y aún menos de los dioses. De este surco trazado por el historiador griego germinaron unas pautas culturales que de algún modo siguen alimentando hoy la idea de que Occidente y Oriente son dos mundos separados por dos visiones irreconciliables de la vida humana. El propósito de Anthony Pagden es hacernos comprender que 'los trágicos conflictos que surgen ahora por las tentativas occidentales de reorganizar una parte sustancial del Oriente tradicional a su propia imagen pertenecen a una historia mucho más antigua y potencialmente mucho más calamitosa, de la que la mayoría de ellos tienen incluso una oscura conciencia'.

Este largo camino ha sido jalonado de intentos de destruir la memoria y de condicionar los relatos. En esta historia de guerras y desencuentros, los frentes han cambiado y los antagonistas también. Pero Anthony Pagden pretende demostrar que hay una línea de continuidad a lo largo de los siglos en la interpretación de las diferencias irreconciliables. Y que los recuerdos históricos acumulados, 'algunos razonablemente precisos, otros completamente falsos', siguen alimentando hoy el conflicto. Un conflicto que al decir de Pagden pasa principalmente por la cuestión de la secularización de la sociedad.

Alejandro el Grande, el Imperio romano, las cruzadas, Napoleón, los imperios coloniales del XIX y, ahora, Estados Unidos representan en este gran relato los intentos más genuinos por parte de Occidente de civilizar al mundo oriental, que Pagden explica con sobriedad, sin que el carácter forzosamente panorámico de la descripción mengüe el interés del lector. Pero a partir de la eclosión del islam, la historia entrará paulatinamente en un proceso de criba de actores hasta llegar al presente en que el conflicto Occidente-Oriente se ha reducido a un conflicto entre la civilización occidental judeo-cristiana y sus instituciones liberal-democráticas y la civilización musulmana. Los demás actores asiáticos han ido desapareciendo de esta confrontación. Hasta el punto de que, cuando Pagden hace sus especulaciones sobre el futuro de este conflicto ancestral e interminable, China y las otras potencias asiáticas han desaparecido por completo de la narración.

En esta coyuntura, la doctrina del conflicto de civilizaciones, de Samuel Huntington, que son siete y no dos, cada una de ellas marcada a fuego por el hierro de la religión, es el mejor estimulante ideológico para la pervivencia del conflicto. Anthony Pagden cita la respuesta de Bin Laden cuando se le preguntó si estaba de acuerdo con la idea de Huntington: 'Totalmente. El Libro Santo lo dice muy claro. Los judíos y los estadounidenses inventaron el mito de la paz en la tierra. Eso es un cuento de hadas'.

Obviamente el estadio actual de esta guerra interminable tiene su icono en el 11-S. Tanto desde Al Qaeda, al afirmar que su ataque a las Torres Gemelas de Nueva York demostraba que la democracia liberal occidental estaba moralmente corrompida, como desde la administración americana con el discurso de Bush sobre el eje del mal, se quiso dar una dimensión moral al conflicto: cristianos contra musulmanes. Y de hecho los cristianos de países de religión islámica están sufriendo las consecuencias.

Anthony Pagden, para cerrar el libro, vuelve a Heródoto: lo que había diferenciado a los griegos de los persas era 'una forma exclusiva de organización política, la isonomía (el orden de igualdad política)', y son 'los principios fundamentales de la isonomía convertidos ya en democracia liberal moderna los que definen más que ninguna otra cosa Occidente, tanto para los musulmanes como para los no musulmanes'. Occidente actúa conforme a tres ideas que, según Pagden, confunden sus estrategias: la idea de que todo el mundo quiere la libertad individual, la idea de que la democracia es algo natural, y la idea de que todo proceso democrático debe conducir necesariamente a la creación de una democracia liberal burguesa. Con estos prejuicios de partida, la democracia sólo puede exportarse a golpe de pistola. Sisífico empeño, como demuestran las experiencias de Afganistán y de Irak.

Para Pagden, la cuestión clave es la secularización, la separación de la religión y del Estado: 'Al final esto es lo que diferencia a Occidente, y a la mayoría de las sociedades actuales del mundo musulmán, de lo que harían de ellas los islamistas'. Y hoy el islam, en muchas partes del mundo, se ha convertido en 'una religión de protesta y resentimiento, en gran parte comprensible, en parte justificable, pero en el conjunto estéril'. Pero en el terreno del fundamentalismo no puede decirse precisamente que Estados Unidos vaya a la zaga, en un momento en que el fundamentalismo cristiano ha emprendido su particular cruzada contra el presidente Barack Obama, al que intentan colocar un aura de sombras islámicas.

Lejos del sueño de la convivencia entre israelíes y árabes que se hundió definitivamente con la guerra de los Seis Días, lejos de que la secularización crezca a ambos lados, cuando la derecha americana y parte de la europea apelan a la restauración moral, las fronteras del conflicto se difuminan: los musulmanes habitan las periferias de las metrópolis europeas. Y encuentran en el islam un hogar cultural y una justificación para el odio cuando se sienten excluidos y maltratados.

A pesar de las dificultades, no todo es negativo en la convivencia de los musulmanes con los europeos. Viven en condiciones difíciles y, a menudo, humillados por unas clases medias europeas que proyectan su inseguridad en el racismo y el desprecio al paria y, sin embargo, la mayoría asume paulatinamente los modos de vida de los europeos. Al Qaeda tiene capacidad de aterrorizar y con la ayuda de sus enemigos consigue que su discurso esté siempre en primer plano. Pero su capacidad de movilización de las sociedades islámicas es escasa y la idea de que el mundo árabe pueda unirse a ella en una guerra contra Occidente es pura fantasía. Al Qaeda es un problema más grande para los países musulmanes que para Occidente.

No obstante, Anthony Pagden concluye en clave pesimista: 'Mientras haya quienes insistan en que debería existir, el antiguo combate entre Oriente y Occidente continuará existiendo. Puede limitarse, de momento al menos, a ataques terroristas y brotes de manifestaciones públicas de odio, pero no será menos agrio, ni a la larga menos infructuoso, de lo que ha sido durante los dos últimos milenios'. ¿Pesimismo de la razón o simetría estética al poner el 'the end' a su fantástica superproducción? Podría ser, sin embargo, que fuera el carácter impreciso conceptualmente de los propios conceptos de Oriente y Occidente lo que provoque la desazón final que puede sentir el lector.

Ciertamente, los conflictos se hacen eternos cuando hay voluntad e interés en que se perpetúen. Occidente ha reencontrado en el mundo musulmán el papel de enemigo contra el que cohesionarse ideológicamente que dejó vacante el hundimiento de los sistemas de tipo soviético. Y el antioccidentalismo es muy rentable para que los autócratas y los teócratas islámicos mantengan sometidas a sus poblaciones. Probablemente, Pagden comete un error muy común entre los dirigentes occidentales: centrarse en los verdugos y olvidar a las víctimas, fijarse en Al Qaeda o en los ayatolás y no reconocer a los miles de ciudadanos de sus países que buscan la libertad, se la juegan para defenderla y esperan de Occidente complicidad y no la absurda pretensión de imponer los derechos humanos a punto de pistola".

18 ene 2011

Las guerras de 2011

Fuente | galleryone.ca

Según la ong International Crisis Group, hay dieciséis conflictos en gestación que habrá que vigilar en los próximos meses. Llegaron tarde a la revolución tunecina, pero no hay que perder detalle de la nefasta predicción que publica Foreign Policy:

"En la actualidad hay en todo el mundo casi tres docenas de conflictos rugientes, desde los valles de Afganistán hasta las junglas de República Democrática del Congo, pasando por las calles de Cachemira. ¿Pero cuáles son las crisis que pueden estallar en 2011? He aquí varios lugares preocupantes que componen esta lista.

Costa de Marfil: Este país se encuentra al borde de lo que puede ser un terrible 2011. Tras un retraso de cinco años, Costa de Marfil celebró elecciones presidenciales el 31 de octubre. La primera ronda, pacífica, recibió los elogios de la comunidad internacional, pero la segunda, entre el presidente actual, Laurent Gbagbo, y el ex primer ministro Alassane Ouattara, se vio enturbiada por choques y acusaciones de fraude por ambas partes.

Colombia: A primera vista, las perspectivas del país latinoamericano para 2011 parecen muy buenas. El nuevo presidente, Juan Manuel Santos, ha sorprendido a muchos de quienes le criticaban con sus audaces propuestas de reforma, muchas de ellas dirigidas a abordar las raíces del conflicto civil con los rebeldes de izquierda desde hace 46 años. Ha reparado las relaciones con los vecinos Venezuela y Ecuador, se ha comprometido a proteger a los defensores de los derechos humanos y ha propuesto leyes para ayudar a reasentar a los cuatro millones de desplazados del país. Sin embargo, no todo es bueno. A pesar de una serie de pérdidas estratégicas en los últimos años -en territorio y en líderes destacados-, las guerrillas izquierdistas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), siguen teniendo unos 8.000 miembros armados y aproximadamente el doble de partidarios.

Zimbabue: Conviene no perderlo de vista en 2011, para ver cómo el gobierno de unidad del país -que agrupa al presidente Robert Mugabe y al líder de la oposición, el primer ministro Morgan Tsvangirai, merece su nombre conciliador cada día menos. ¿Cuál será el momento más delicado? Las elecciones. Ambos desean celebrarlas, pero no están de acuerdo en qué debe someterse a la decisión de los ciudadanos.

Irak: Está hoy mucho mejor que en 2007, cuando cada día morían casi dos docenas de iraquíes por atentados suicidas. Sin embargo, no tiene todavía un horizonte despejado. Y hoy no son los activistas sino los políticos quienes representan la peor amenaza. El nuevo Ejecutivo, formado en diciembre tras nueve meses de negociaciones, es débil y carece de las instituciones necesarias para gobernar con eficacia. La burocracia iraquí está recién nacida y es frágil, y sus Fuerzas de Seguridad dependen todavía demasiado de la formación, la logística y los servicios de inteligencia estadounidenses. Mientras tanto, abundan las quejas de grupos minoritarios y refugiados repatriados, y no parece que el Estado vaya a ser capaz de responder a todas esas demandas políticas. La violencia sectaria asoma de vez en cuando con nuevos brotes, y no está ni mucho menos aplacada por completo; en noviembre murieron aproximadamente 300 iraquíes en actos violentos.

Venezuela: Durante los próximos 12 meses, habrá que observar al presidente venezolano, Hugo Chávez, mientras lleva hasta el extremo su variante de socialismo del siglo XXI. Después de haber perdido la mayoría en al Parlamento en septiembre, Chávez ha estado trabajando para asegurarse de que la nueva legislatura dominada por la oposición sea irrelevante. El presidente ha consolidado su control del Ejército y la policía, ha nacionalizado más empresas privadas y ha conseguido que la Asamblea Nacional saliente, progubernamental, le concediera poderes provisionales para “gobernar por decreto”.

Sudán: En 2005 terminaron dos decenios de guerra con la firma del Acuerdo Integral de Paz (AIP). Pero ahora que este inicia sus últimas fases, esa delicada paz corre peligro. Aunque la prioridad internacional ha sido garantizar la celebración del referéndum, la estabilidad a largo plazo de la región necesita que el norte y el sur de Sudán sean capaces de mantener una relación positiva.

México: Hace cuatro años que el presidente mexicano, Felipe Calderón, declaró la guerra contra los narcotraficantes del país. En ese periodo, 30.000 personas han sido víctimas del conflicto, muchas de ellas en la frontera con Estados Unidos, en gran parte como consecuencia de las luchas internas entre bandas rivales para controlar los pasillos de la droga. Hoy, Ciudad Juárez, una urbe fronteriza próxima a Texas, compite con Caracas por el título de ciudad con más muertes del mundo. En los últimos 12 meses, la violencia se ha extendido a centros culturales y económicos del país que antes se consideraban inmunes a la penetración de la droga. Por el norte, las rutas del crimen organizado mexicano llegan ya a casi todas las áreas metropolitanas de Estados Unidos. En resumen, pese al paquete de ayuda de 400 millones de dólares (unos 300 millones de euros)  anuales de EE UU y los grandes aumentos de los fondos para el Ejército, no está nada claro que el gobierno de México esté ganando -o pueda ganar- esta batalla.

Guatemala: La guerra de México contra la droga está teniendo repercusiones en toda Latinoamérica. Ante las presiones del Gobierno mexicano, los cárteles más terribles están buscando territorios más cómodos y encontrándolos en Guatemala, donde el Estado es débil y las instituciones frágiles. Si las cosas se ponen verdaderamente mal en 2011, este país podría acabar acogiendo una guerra perpetua de desgaste entre diversos cárteles, que rivalizan por el control de las rutas de la droga -y, cada vez más, los del tráfico de seres humanos- hacia Estados Unidos.

Haití: La naturaleza fue cruel con la isla en 2010, pero este año puede ser la política la que maltrate a Haití. El país más pobre del hemisferio occidental comenzó el año con un devastador terremoto en enero que mató a más de 300.000 personas y continuó con una epidemia letal de cólera y un proceso de reconstrucción lento y difícil que sigue muy retrasado y lleno de obstáculos. Las elecciones presidenciales del 28 de noviembre, que deberían haber desembocado en la formación de un nuevo gobierno legítimo, están paralizadas por las acusaciones de fraude. No se decidirá quién es el vencedor hasta que se celebre una segunda ronda en enero, pero ya han estallado protestas sobre lo que algunos consideran la injusta exclusión de varios candidatos.

Tayikistán: Una tierra de extraordinaria belleza, una pobreza terrible y unos líderes codiciosos, Tayikistán puede muy bien convertirse en un territorio perfecto para las guerrillas -procedentes de Asia Central y otros grupos musulmanes de Estados de la antigua Unión Soviética- que llevan años luchando junto a los talibanes y ahora quizá estén pensando en volver a su país para ajustar las cuentas a los brutales y corruptos dirigentes de la región.

Pakistán: Cuesta recordar un periodo en el que Pakistán no pareciera estar al borde del abismo. Este año no va a ser ninguna excepción. El país afronta una crisis humana en su parte central, donde las inundaciones han desplazado a 10 millones de personas, la amenaza contra la seguridad que representan los grupos terroristas que actúan en suelo paquistaní, y la inestabilidad política de un gobierno débil que todavía trata de ejercer el control civil sobre un Ejército todopoderoso.

Somalia: Si sigue yendo hacia abajo en 2011, todo el país puede acabar en manos de los insurgentes islamistas. Hasta ahora, el gobierno de transición, respaldado por la ONU, ha resistido los ataques de los rebeldes sólo gracias a la protección de la fuerza de paz de la Unión Africana; es un gobierno débil y dividido, nacional sólo en teoría. Además, la capital, Mogadiscio, sufre un asedio continuo de los combatientes, una realidad que ha hecho que millones de personas hayan huido de sus casas sólo en este año. Cuando el Gobierno obtiene victorias sobre los rebeldes, se cuentan en calles y manzanas, que tienen que capturar una a una.

Líbano: Si se tiene en cuenta que todavía sufre las consecuencias de una guerra con Israel en 2006 que dejó como legado un precario equilibrio de poder entre los cristianos y los fundamentalistas islámicos, se puede decir que el país de los cedros está hoy más al borde del desastre que nunca. En los próximos meses, se espera que un tribunal internacional formule cargos contra varios miembros de Hezbolá por el asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri, una medida que puede desatar luchas sectarias en todo el país. Sobre todo, los procesamientos podrían acabar con el frágil acuerdo de reparto de poder conseguido en Doha en 2008. De ser así, Líbano podría sufrir la vuelta a los asesinatos políticos, la guerra abierta entre distintos grupos o nuevos intentos del Partido de Dios de reafirmar su poder político y militar.

Nigeria: El 2010 fue uno de los más difíciles para este país africano: el presidente de Nigeria desapareció por motivos médicos -y luego falleció-, cientos de personas murieron por la violencia sectaria entre musulmanes y cristianos en la región central del país, y la amnistía rebelde en la región petrolífera del Delta del Níger se rompió, produciéndose una serie de atentados y secuestros. Y no parece que 2011 vaya a ser mejor para el país más poblado de África. Está previsto que se celebren elecciones presidenciales en primavera; las últimas, en 2007, dejaron asombrados a los observadores internacionales que vieron las flagrantes intimidaciones y manipulaciones de urnas.

Guinea: Comienza 2011 con ciertas esperanzas. En diciembre, este país de África occidental presenció la toma de posesión del primer presidente electo de su historia, Alpha Condé. Tras décadas de gobiernos autocráticos, seguidas de un golpe en 2009, este nuevo sistema es verdaderamente un milagro.

R. D. del Congo: Años después del final oficial de la segunda guerra del Congo, que se prolongó de 1998 a 2003 y fue responsable de hasta 4,5 millones de muertes, franjas enteras del inmenso país centroafricano continúan en armas. En las provincias orientales de Kivu, un Ejército nacional sin disciplina combate a los grupos rebeldes por el control del territorio. En medio del torbellino de violencia y violaciones que dejan a su paso, la mayor fuerza de paz que ha desplegado la ONU en el mundo se ve impotente para proteger incluso a los que más cerca viven de sus bases. Lo que acecha detrás del conflicto es la vasta riqueza natural del Congo, que es el ejemplo perfecto de la llamada maldición de los recursos. El Gobierno, los guerrilleros, las empresas privadas y los ciudadanos buscan la forma de beneficiarse del oro, el cobalto, el cobre, el coltán y todos los demás minerales existentes bajo el suelo del país, sobre todo en el este y el sur, mientras que el Ejecutivo central tiene su sede a 1.500 kilómetros al oeste y está separado de las provincias orientales por una jungla impenetrable y una lengua y una etnia distintas. Los grupos rebeldes siguen recorriendo las regiones fronterizas orientales y ejerciendo su autoridad de manera impune y cruel. Ni el Gobierno ni los grupos rebeldes tienen la fuerza suficiente para vencer, pero ambos tienen los recursos necesarios para luchar indefinidamente".