1 feb 2011

Jonathan y el futuro de la dirección de orquesta



Rubén Amón, especialista clasicista del diario El Mundo, se choteaba hoy, mezclando bromas y veras, de los melómanos más conservadores echando mano del (pen)último fenómeno musical de la red:

"El director Jonathan se ha hecho un hueco en la red. Tiene sólo tres años y todavía no se ha puesto delante de una orquesta verdadera, pero su versión del último tiempo de la 'Quinta sinfonía' de Beethoven forma parte de los hitos internáuticos, tal como se desprende de los cuatro millones de visitas que ha reunido en el 'auditorio' de Youtube.

Habrán visto la vitalidad y la energía de la criatura. También habrán apreciado que el pequeño Jonathan sabe dar muchas entradas y que se maneja con rigor desde el pianissimo al fortissimo, tomando como referencia la versión de Karajan y adoptando una actitud bastante más vehemente de cuanto caracterizaba al apolíneo maestro salzburgués.

Me ha aparecido oportuno traer a Jonathan para airear el debate sobre el discutido talento de los directores contemporáneos. Ya habrán escuchado ustedes el quejido apocalíptico de ciertos melómanos, según los cuales  ha quedado eternamente vacante el trono de Furtwängler y no han aparecido alternativas, si quiera, a la generación del ya mencionado y difunto Karajan.

Me cuesta trabajo participar de semejante punto de vista. Y no sólo por la vigencia de las vacas sagradas contemporáneas -Maazel, Barenboim, Abbado, Muti, Harnoncourt, Mehta, Jansons, Gergiev, Chailly, Rattle...-, también porque se han descarado con holgura los maestros del siglo XXI.

El ejemplo más elocuente es el de Gustavo Dudamel -más energía y musicalidad que hondura-, aunque llama la atención la personalidad de otros compañeros menos mediáticos (Harding, Yamada, Wellber...) que garantizan la cuestión sucesoria [...].

Y Jonathan se descara como una promesa. Sirva como prueba su 'versión' de la 'Primera' de Brahms. Ya quisieran muchos directores comunicar la música propia como este chico comunica la ajena".

La restauración: (arte y) oficio

Durero | Adán y Eva | 1507

El brillo de la Cultura (con mayúsculas) esconde un puñado de minúsculos oficios -forzados a malvivir en la sombra del olvido- si no menores, sí menospreciados: sin duda por falta de conocimiento. Contribuyen a que lo creado tiempo atrás permanezca, mas no los valoramos cuando una firma reconocible nos ciega el entendimiento. Por eso merece la pena leer este breve homenaje de Gabriel Albiac a los restauradores publicado en ABC Cultural:

"La obra de arte es una súplica de eternidad alzada sobre materia efímera (toda materia lo es). Escapa al tiempo que la acosa, solo haciendo de la precariedad física en la cual fue forjada, principio de sus metamorfosis. No es inmortal, por más que nos guste llamarla de ese modo. Basta con pasear entre la ruinas atenienses para entenderlo. Pero algo eterno sobrevive aun en la destrucción de la frágil materia de la cual, como nosotros, como todo, su belleza ha sido hecha. Eso queda en la memoria, como un lugar sagrado. Aunque sea la memoria, desde luego, la que tantas veces inventa la obra imaginada, allá donde de la real se perdió todo. Nuestra Grecia es, así, una limpia geometría de mármol blanco. ¿Qué importa si la Grecia real era polícroma? Nuestro fantasma de Grecia no admite ser afeado con colores. Y ese fantasma
-no Grecia- es el que nos hace griegos.

El del restaurador es un tenaz combate con el tiempo. Que será al fin vencedor, porque el tiempo acaba por horadar todo. Es el mal, el tiempo, como aquilata Ezra Pound. Por eso es tan hermoso darle batalla perdida.

El Prado muestra durante estos meses un ejemplo exquisito de esta batalla contra lo precario: 'Adán' y 'Eva', dos óleos prodigiosos sobre panel de pino realizados por Durero en 1507. Hace medio milenio: o sea, nada. Luminosos ahora, como los quiso la clara geometría de aquel oscuro alemán que, después de haber leído La divina proporción, de Luca Pacioli, supo fijar su propio canon, más esbelto, en esos dos paradigmas humanos de tamaño natural, en desnudez fluida y sosegado abandono al ojo que los mira.

Basta con dar la vuelta para admirar el prodigio del artesano contra la erosión de estos cinco siglos. Los bastidores de madera que restablecen la solidez del pino, muy deteriorado, sobre el cual Durero pintó a Adán. El casi intacto dorso de la tabla de Eva. Volver a ver la obra como la vio su autor al terminarla. Ese milagro de combatir al tiempo y de no ser vencido".

La audiencia (de TV) manda

Fuente | PRNoticias

¿Populista o popular?

Fuente | l'Humanité

En medio de la mayor oleada de revoluciones populares que se recuerda en la Historia contemporánea, no viene mal reflexionar sobre las diferencias entre popular y populista, como hace el profesor Benoit Schneckenburger en l'Humanité:

"En este periodo de balances, es necesario constatar el regreso del anatema de 'populista'. No pasa una semana sin que un comentarista califique a este o ese de 'populista'. Se encuentra en todas las revistas, los dirigentes europeos la esgrimen para amordazar las críticas contra los impopulares planes de rigor, y hace poco se invocó para justificar el proyecto de puesta en marcha del referéndum a iniciativa popular: popular, sí, pero sobre todo nada de populista!! [...].

El epíteto de populista busca desde siempre a su objeto. Pertenece a estas palabras comodín que abundan en la política espectáculo. Todo el mundo la cita pero nadie dispone de una definición adecuada. Es más polémico que descriptivo y permite poner en el mismo saco a demagogos y demócratas. Al calificar a alguien como populista se quiere designar a aquel que, por demagogia, disfruta con el miedo del pueblo y se apoya en la masa para llegar al poder. Pero el miedo también es propio de las élites, quienes nunca llegan a confiar en el pueblo. En esto reside toda la ambigüedad de nuestro régimen, que constitucionalmente quiere unir democracia y republicanismo. A un nivel más profundo, hay un prejuicio antidemocrático duro de pelar en teoría política: el pueblo da miedo.

Desde la antigüedad, Platón y Aristóteles le niegan cualquier competencia política. Platón, en La República, nos muestra el retrato del demócrata como objeto de deseos sin fin, incapaz de someterse a una decisión racional. Aristóteles, en su célebre tipología de regímenes políticos, clasifica la democracia en el nivel de regímenes desviados, temiendo que el pueblo, o sea la gran mayoría, se alce frente a la minoría de los más ricos y excelentes. En esta partida de cartas ya está en juego la oposición entre el pueblo y las élites. Se podría pensar que la modernidad iba a alterar este orden, pero la realidad es más compleja. Cierto, Rousseau ha visto muy bien lo que había de revolucionario en Maquiavelo: el pueblo humilde de los Ciompi (1) a veces juega un rol destacado. Y Maquiavelo es, para él, el más grande entre los republicanos. Se cierra paréntesis. Los fundadores del Estado moderno mantienen al pueblo en el oprobio, como Jean Bodin (2) que, introduciendo, en 1576, el concepto de soberanía, no dio tregua hasta que la democracia fue imposible e impensable. Según él, el pueblo se reducía al 'populacho que debe ponerse en fila a palos'.

La era de las revoluciones, de Estados Unidos a la Revolución francesa, no cesa de prolongar estas tensiones entre la aspiración al orden y el temor al pueblo. Los 'Federalist Papers' (3): publicados con motivo de la promulgación de la Constitución de Estado Unidos, lo dejan claro. Se trata de rechazar la tiranía de la democracia.

A partir de entonces todas las críticas a la Revolución francesa se realizan a este nivel. Una larga tradición antidemocrática en Francia encuentra reivindicación precisamente en el argumento traído por Tocqueville, de vuelta de Estados Unidos.

Durante los años 60, algunos teóricos liberales se creyeron en el deber de promover una tesis: la supervivencia de la democracia liberal supone una forma de apatía política de las clases populares. Esta tesis se desarrolló sobre todo en el mundo anglosajón, aunque en Francia llevó a Aron, autor de referencia tanto para los liberales de derecha como los de izquierda, a tesis que ya nadie apoyaría, afirmando incluso que hay un origen 'genéticamente' determinado a ser o no competente. Textos que ya muy pocos citan en la actualidad. Contra la defensa de la apatía y la promoción de las élites competitivas, el historiador Moses I. Finley recuerda que, para los antiguos griegos, los problemas políticos no eran tan complejos. Los dirigentes eran escogidos por sorteo, considerándose a todos aptos para ejercer su ciudadanía y discutir las leyes sobre un fondo de igualdad perfecta.

Lo que ocurre es que la élite, antes conocida como aristocracia, tiende siempre a justificar su competencia en exclusiva denunciando el abandono del pueblo y de los que podrían aprovecharse. Esto equivale a olvidar la lección de la Ilustración, aquella de Kant, más republicano que demócrata a pesar de todo. 'Después de volver tonto al ganado y de haber tomado precauciones para que estas pacificas criaturas no tengan permiso para dar el menor paso mas allá del recinto donde están encerradas, se les muestran todos los peligros que acechan si se atreven a aventurarse solas al exterior. Ahora bien, en realidad este peligro no es tan grande, ya que finalmente podrían aprender sin problemas a avanzar, después de unas cuantas caídas'.

Confiar en el pueblo hoy en día consiste menos en lanzarle anatemas que en preguntarse por qué una proporción cada vez mayor no se reconoce en sus representantes. Más que temer al pueblo sería necesario apostar por su mayor implicación, dándole los medios para participar en las decisiones, en su elaboración. La democracia participativa, si ella no se convierte en un mero plebiscito del mandato, puede constituir una vía.

A menos que la crisis no sea más profunda, y sea necesaria una refundación de la base constitucional y social. ¿No era este precisamente el proyecto de la Comuna de París que, hace ya ciento cuarenta años de ello, intentó una primera experiencia de gobierno popular?

Notas de traducción:

(1) Ciompi: La revuelta de los Ciompi fue un levantamiento popular que aconteció en Italia en el siglo XIV. Maquiavelo describe la revuelta en su Historia florentina.

(2) Jean Bodin (1529/30-1596) fue un destacado intelectual francés que contribuyó a la formación de la teoría política del absolutismo.

(3) Federalist Papers. Publicados en 1788, fueron un conjunto de 85 artículos que defendían la ratificación de la constitución de los Estados Unidos".

Opiniones (dibujadas)

Fuente | Sins entido
Hasta el 12 de febrero puede visitarse en el Espacio Sins entido (Madrid) la exposición 'Opiniones. Prensa e Ilustración', que gira en torno a la labor de los ilustradores dentro del ámbito de la opinión periodística. Los autores que participan en esta muestra colectiva colaboran habitualmente en los periódicos más importantes de España y del mundo: Max, Javier Olivares, Fernando Vicente, Miguel Gallardo, Raúl Arias, Enrique Flores y Mikel Casal.

Fuente | Comicteca

El malestar de la izquierda

Fuente | Público

Justo Zambrana, economista que en el pasado asumió altas responsabilidades sindicales y políticas, lleva años analizando las entrañas de la izquierda -su ideología- con el objetivo de extraer las razones de su malestar y, si fuera posible, concluir las soluciones para sacarla de ese estado. En este artículo, difundido por Público, propone refundar la izquierda, recomponer una ideología desfasada:

"Conforme pasan los meses, la izquierda política, en especial europea, comprueba perpleja que las salidas a la crisis que se preveían por la izquierda no sólo no se producen, sino que ocurre lo contrario. Hay un consenso generalizado de que lo ocurrido ha venido incubándose en las prácticas económicas de absoluto laissez-faire que se implantaron en los años ochenta. La tesis central del liberalismo conservador según la cual los mercados se autorregulan a sí mismos, haciendo inútil y perniciosa la intervención política, ha recibido el más rotundo de los desmentidos. Y, sin embargo, el poder político se tiñe más de conservador y ni siquiera se gana en el discurso, condición previa para ganar el poder.

Si vamos al origen, tres son los valores que han servido de motores a la izquierda política. El primero, la idea de emancipación como liberación y autorealización del potencial humano. Fue la idea de más peso en los premarxistas y en el joven Marx. El segundo ideal era la racionalidad. Frente a la superchería de muchas costumbres, la izquierda apostaba por la razón como fuente única de valores. El tercero, cómo no, es el ideal de igualdad. Dado que los dos primeros se comparten con el liberalismo hasta el punto de que Prieto se declaraba socialista a fuer de liberal, el elemento igualdad ha sido el que más ha jugado como definidor del ser de izquierdas.

Los tres valores sufren fuertes turbulencias en la actual sociedad informacional. La emancipación sirve como diferenciación de izquierdas sólo allí donde la derecha es más conservadora que liberal. Es lo que ocurre en Estados Unidos o en España. En la práctica, desde Mayo del 68 para acá, la emancipación individual, degradada, la están proporcionando los consumos de bienes y experiencias que disuelven lazos sociales al tiempo que sustituyen al ciudadano crítico por el ciudadano conforme.

El segundo, la razón, aparece zarandeado por el rebrote de los identitarismos de todo tipo que acompañan la globalización. Hasta la crisis económica, esta cuestión ocupaba el centro del escenario político, y la izquierda europea se ha movido con notable incomodidad y muchas contradicciones en un terreno que es vivero de votos. O, para la izquierda, sangría de votos. El problema no sólo se da en el interior de las sociedades. Internacionalmente también prima la identidad.

Y, finalmente, el valor por excelencia, la igualdad. Hace casi un siglo que la socialdemocracia rompió con el comunismo y apostó por combinar mercado y Estado, economía y política. Desde entonces, Europa ha visto florecer los Estados de bienestar; el mejor mix de libertad, igualdad y seguridad. Las políticas económicas que han conducido a ello han tenido su mayor sostén en el pensamiento económico de Keynes. ¿Por qué, en esta crisis, la vuelta a Keynes sólo sirve para recomponer la situación causante de los males y no para alcanzar un nuevo equilibrio social como ocurriera tras la crisis del 29? Esa es la cuestión.

Cuatro son las causas centrales que pueden explicar lo que pasa. La primera es el modo en que se lleva a cabo la globalización. La globalización es una realidad económica, pero no política. Vivimos un mundo claramente asimétrico, cada vez más global por la economía y la tecnología y cada vez más local por la política. Con un agravante: los motores de la situación son la tecnología y el mercado. La política sólo interviene a toro pasado. La esencia del pensamiento keynesiano es la intervención de la política en economía, pero sus recetas están concebidas en el marco del Estado-nación y hoy el Estado-nación cada vez pinta menos, económicamente hablando. ¿Ejemplos? Todos, incluido España. El margen para cualquier política económica nacional es mínimo.

Detrás se constata la segunda causa: la financiarización del capitalismo. Hoy el tamaño de los activos financieros equivale a varias veces el PIB mundial. Con dos agravantes: la tecnología mueve estas masas de capital a la velocidad de la luz y las doctrinas dominantes de laissez faire han permitido que los apalancamientos de diferente signo multipliquen su potencia. No es de extrañar, pues, que no haya demanda (de consumo e inversión) capaz de contrarrestar esta oferta y que, desde hace 20 años, las “burbujas” se sucedan las unas a las otras. Cada vez que sobra capital, hay burbuja. Si en los años setenta se puso fin a la era keynesiana porque generaba inflación, qué decir de esta época neoliberal que acarrea una burbuja tras otra.

Derivada de este exceso de capitalización, la tercera causa. La realidad camuflada de la sociedad a crédito. Y de los países a crédito. Puesto que usted no tiene porque no gana suficiente, no se preocupe que se lo prestamos. Así, la desigualdad se disimula y el dinero que sobra se coloca de un modo rentable. Lo que dificulta terriblemente el fenómeno es nuevamente su carácter global. El crédito distorsiona el interior de las sociedades ricas, pero también genera desequilibrios en la economía mundial.

Todo ello -y es lo cuarto- con una transformación tecnológica que está cambiando de raíz la vida de la especie humana en el planeta. Una tecnología que transforma todas las anteriores y que, lejos de versar sobre la naturaleza, versa sobre el hombre mismo y su dimensión más básica, la comunicación.

En este panorama, la izquierda política tiene serios problemas para articular un relato. Más que refundar el capitalismo, que no se deja, quizá tengamos que pensar en dar una alternativa refundando la izquierda. Ante todo, recomponiendo una ideología; o sea, un marco conceptual para abordar la realidad".

Las lecciones del 'Veneno'

Lo que sigue es un acto de amor:

"Cuánto hemos aprendido con él. Cuánta sabiduría de andar por casa que es la que le salva a uno de puertas para adentro de uno mismo y la que importa para moverse por la vida sin zozobrar demasiadas veces. Escucharle es como escuchar a la calle y que te diga... Y él dice y ha dicho muchas cosas. Dice muchas cosas sensatas, hermosas, divertidas y locas que yo me apunto en mi libreta de papel de estraza con un lápiz grueso para que no se me borre...

Hay cosas que te enseñan en la universidad y otras, muchas más, las esenciales, que las aprendes de la gente, de gente como él, que es muy de la gente y habla como la gente sólo que con más gracia y poesía que la mayor parte de las personas... Y al mismo tiempo, con una sencillez que es la de todos los días...

Como cuando te explica que el desamor no es otra cosa que echar de menos una cama revuelta, ese zumito de naranja en la cocina, el crujir de unas tostadas, unas revistas abiertas, los besos bajo el agua de la alcachofa e incluso esos pelos en la ducha... Y cuando dejas de querer, cuando te dejan de querer te sientas en la cama y te sientes como si tu guitarra hubiese dejado de sonar, como si tuvieras seis pájaros en mano pero ninguno de ellos vuela.

Y se te llenan de telarañas las costuras de la cama... y te das cuenta de que echas de menos lo que antes echabas de más... Y hablando de más y menos: ¿se puede decir más con menos?

Él es el poeta de las frases pequeñas que te crecen por dentro como una planta de marihuana, que tiene aroma y te coloca... El tío que dice cosas como sin pensar que son las que va silbando la brisa del mar... Cuánto nos han enseñado a vivir, a querer, a desquerer, sus letras, sus poemas...

Nos han enseñado que hay que llevar roto el sombrero para que los rayos entren en tu cabeza. Y que cuando algo te quema por dentro no hay mejor remedio que el abanico de cristal del suave viento, que es gratis y es fresco.

Nos ha enseñado a no pedirle mucho a la vida. Sólo que te dejen hablar sin cambiar la voz, caminar sin muletas, hacer el amor sin pedir permiso, escribir en un papel sin raya. O si esto parece demasiado, que te dejen escribir sin tener que cambiar la voz, caminar sin rayas, hablar sin que haya que pedir permiso y a hacer el amor sin muletas... O bien si esto aún parece demasiado, que te dejen hacer el amor sin cambiar la voz, que te permitan escribir sin muletas, caminar sin que haya que pedir permiso, hablar sin rayas...

Nos ha enseñado que la vida no vale un duro si no eres capaz de darte cuenta de lo que merece la pena y que el mundo es una tontería si vas dejando que se escape lo que más querías...

Y nos ha enseñado a no hacer caso de las voces que hablan de lo que no conocen y a hablarle a la gente de las cosas que sólo tú sientes y a no arrepentirse de llevar en la cara lo que piensas. Yo trato de hacerle caso a su voz porque creo que algo sabe y conoce y porque hay frases suyas que son para mí un firmamento, un firmamento de luces que te iluminan, un firmamento que firmo, confirmo y reafirmo... Y por encima de todas ellas, éstas: que hay que enamorarse de la vida, aunque a veces duela... Que si tengo frío, busco candela... Y que la vida se pasa volando y tú vas y vienes pero al menos en ese camino, te entretienes...".

Lo que has leído es un acto de amor -firmado por Javier Gallego- al arte (literario y musical) de Kiko Veneno, trenzado con retales de estrofas y estribillos del cantaor pop de Figueres, aquel por el que, desde hace muchos años, despreciamos los antídotos para determinados tósigos.

El arte de ir al baño

Fuente | TecnoCulto

Competitividad y justicia según Sostres

Fuente | Vaya Cosas!!!

Un individuo que advierte a quienes osan acceder a su blog que "Escribir es meterse en problemas" ha de tener muy clara su vocación de kamikaze juntaletras. Le ocurre, y en grado sumo, al ínclito Salvador Sostres, indisimulado arribista mediático -acogido generosamente por El Mundo- cuya lectura está desaconsejada por los facultativos, pero al que hoy le cedemos (gustosos) parte de nuestro espacio para que los (des)prevenidos sepan con quién se juegan su salud mental si deciden echarle un pulso (lector) a sus artículos:

"Éstas son las diez medidas que Rajoy no osa tomar y con las que saldríamos de inmediato de la crisis, logrando un país más competitivo y una sociedad más justa.

1) Nada gratis. Acabar con la idea de que el Estado tiene que pagarte la vida. Ni la sanidad ni la enseñanza ni nada. Que cada ciudadano tenga claro desde pequeño que todo va a tener que ganárselo con su esfuerzo y su talento. El Estado sólo intervendrá cuando alguien no esté claramente en condiciones de competir por algún tipo de tara física o mental. Y no lo hará a través del concepto de subvención, sino del de caridad. La igualdad de oportunidades es una entelequia que ni existe ni existirá jamás, que no está en la condición humana y no puede continuar funcionando como excusa para que unos pocos paguen lo de los demás.

2) Redes privadas de hospitales y colegios. El Estado no tiene que construir ni una cosa ni la otra haciendo competencia desleal a la iniciativa privada.

3) Acabar con las subvenciones. El Estado no tiene que subvencionar nada ni alterar la estimulante competición entre los ciudadanos libres.

4) Cierre de las televisiones públicas. Los empresarios de la comunicación son los que tienen que hacer televisiones, periódicos y radios; y no el Estado. Ni el Estado ni cualquier otra administración pública tienen que dar ningún tipo de subvención (véase medida tercera) a ningún diario: ni directa ni indirecta. La propaganda institucional es una estafa. Partidos políticos y sindicatos tienen que vivir de donaciones privadas o de las cuotas de sus militantes, y disolverse si no son rentables.

5) Libertad de horarios. El Estado no es nadie ni tiene que regular para nada los horarios que cada ciudadano libre tenga en su negocio. Cada bar o discoteca tiene que poder abrir hasta la hora que decida su propietario. Si los clientes hacen ruido al salir, que sean multados por la policía si realmente infringen alguna ley.

6) Abolición de los convenios. Empresario y patrón tienen que poder negociar bilateralmente, es decir, libremente, sin ningún tipo de coacción, su relación laboral. Si cualquiera de los dos no cumple con su parte, que el peso de la ley caiga sobre él.

7) Abolición de los comités de empresa. Acabar con este atraco al empresario que son los comités, con sus miembros, con sus liberados, y toda esta gente que hace cualquier cosa menos su trabajo.

8) Abolición del derecho de huelga. En un Estado repleto de garantías y con libertad para que cada cual pacte sus condiciones laborales, la huelga general es siempre un chantaje.

9) Igualdad ante la ley. Si somos iguales ante unas leyes, lo tenemos que ser ante todas ellas. Que cada ciudadano pague el mismo porcentaje de impuestos. Igualmente, los ricos continuarán pagando mucho más que los pobres.

10) Ponderación del voto. Todo el mundo tiene derecho a voto pero el valor de este voto tiene que estar ponderado por la aportación que el individuo hace al Estado (declaración de renta). Es justo y proporcional que quien más aporta, más decida; y sería muy beneficioso que aquellos que más éxito han tenido más pudieran iluminarnos, y que su opinión fuera mucho más importante que la de los que siempre han fracasado".

Los pilares de la inteligencia